ERIC
Llego el lunes y por ende el día que empiezan los pasantes, no sé en qué momento creí que era buena idea recibirlos, no me gusta tener estudiantes que no saben como funciona todo aquí. Sé que recién inician, que necesitan la experiencia y que nosotros podemos entregarla, pero no soporto a los incompetentes.
Ya Antonio dejo los perfiles universitarios de cada uno en mi escritorio, les di una rápida pasada y algunos son bastantes prometedores. Espero no defraudarme.
Me fijo en el reloj y me pongo de pie para la introducción, salgo de mi oficina e inmediatamente un delicioso aroma inunda mis fosas nasales alterando mis sentidos, chocolate, vainilla y caramelo. Jamás en mis años de vida había presenciado una esencia tan maravillosa y cautivadora.
–¡Mate! ¡Mate! – aúlla de alegría mi lobo Owen.
Mi mente queda en blanco por unos segundos, ignoro completamente lo que mi lobo y dice y sigo caminando hacia el grupo de estudiantes donde aquel delicioso aroma se intensifica. Owen luchaba contra mi fuerza para salir a la superficie a reclamar a su mate, pero un cosa era clara. No podía suceder ¿las razones? Solo olía a humano. A excepción de Antonio, que aparte de trabajador acá en la empresa era parte también de la manada de mis padres.
Agudizo mis sentidos para determinar cual de todos es y mi vista recae en una hermosa joven, pelo castaño, ojos grandes y grises, nariz pequeña y respingona, labios rosas y pestañas largas. Joder, era hermosa.
–Vamos acércate, quiero olerla de más cerca – aúlla Owen.
–Olvídalo, no la quiero.
–¿¡Qué!? ¿Cómo qué no?
–Es humana – le recuerdo –. Además, es una jovencita.
–Yo sí la quiero, es hermosa – ronronea con fuerza.
Vuelvo a ignorarlo comenzando a hablar sobre la empresa dándole pequeñas miradas a la hermosa joven frente a mí, hasta que veo como uno de sus compañeros se acerca a ella y la invita a salir. Los celos y la rabia me llegan rápidamente sin siquiera poder evitarlo.
–¿Disculpen? ¿Mi charla interrumpe su conversación? – digo mirándola a los ojos sin poder controlar la frialdad de mis palabras.
–No, no, yo solo...
–¿Su nombre señorita?
–Sofía Parson.
–Muy bien señorita Sofía, si quiere hablar sobre su vida privada la puerta es ancha para que lo haga fuera – respondo indicándole la salida, rogando en mi interior para que no se vaya –. Sino la invito a concentrarse en esto, si quiere que le vaya bien, obviamente.
Asiente sin volver a decir nada y yo continúo explicando lo que deben hacer, inconscientemente mi mirada recae en ella cada cierto tiempo.
–Fuiste muy brusco, ahora no nos querrá – me reprende mi lobo.
–No me interesa, ya te dije que no la quiero.
–Pues yo sí, así que te jodes.
¥
SOFIA
La introducción termina y Antonio nos dirige a cada uno de nosotros a nuestras pequeñas oficinas. Uno a uno nos fue dejando, cada vez más lejos de la oficina del jefe, lo cual agradezco debido al bochornoso momento que pase debido a mateo. Lo único que espero es que no me perjudique y no afecte mi compromiso con esta pasantía.
–Bueno señorita Parson, aquí esta su cubículo – menciona Antonio a mi lado dándome acceso a la pequeña oficina –. Sobre la pesa hay un par de carpetas con los ingresos que hemos tenido últimamente en un área especifica de la empresa, hemos tenidos dudas al respecto sobre los balances que se encuentran ahí, su misión es encontrar el error que se encuentra en ellos – agarra el pomo de mi puerta dándome una sonrisa –. Tiene hasta el fin de la semana para entregarlo, suerte.
Cierra la puerta dejándome completamente sola e inmediatamente un suspiro sale de mis labios, me doy media vuelta observando el escritorio donde hay una computadora portátil, una libreta, lápices y las carpetas.
Camino hacia la silla dejando mi bolso colgado en su respaldo y me siento frente a todas mis nuevas cosas. Detallo el lugar formando una sonrisa en mi rostro, agarro las carpetas con mis manos ligeramente temblorosas por la emoción y las abro.
–Vamos Sofía, tú puedes – me di ánimos comenzando a leer.
¥
ERIC
–Volvamos con ella – reclama Owen haciéndome rodar los ojos –. Quiero verla.
–No, ya te dije que no.
–¿Por qué no? Es nuestra compañera, la he esperado mucho tiempo.
–Tu sí, pero yo no. Además, es una jovencita.
–Jovencita y virgen – ronronea Owen dejándome impresionado.
–¿Qué dijiste? ¿estás seguro de eso?
–Sí, huele delicioso. A pureza – vuelve a ronronear –. A que ningún otro hombre la ha tocado.
Un sentimiento de posesividad se instala en mi pecho al saber que es virgen, eso quiere decir que seré el primero y solo será mía. Nadie nunca más podrá tocarla. Sacudo mi cabeza alejando esos pensamientos, no es de nosotros, nunca lo será.
Me centro en los papeles que tengo frente a mi escritorio y mando un par de correos antes de que Antonio entre en mi despacho.
–Ya están todos ubicados – menciona sentándose frente a mi –. ¿Por qué hueles a posesividad?
–La encontré.
–¿A quién? – pregunta alzando una ceja
–A mi compañera – aprieto el puente de mi nariz.
–¡¿Qué!? ¿Dónde?
–Aquí, es una de las jovencitas que llegaron a la pasantía.
Me mira serio por unos segundos antes de empezar a reír logrando que frunza mi ceño.
–¿Es broma? Apenas tienen veinte años.
–Créeme que lo note – ruedo mis ojos.
–¿Y que harás? ¿la reclamaras? Te recuerdo que es humana.
–También se eso joder – me levanto de mi silla –. No hare nada.
–¿Acaso no te gusta? ¿Cuál de todas era?
–No es que no me guste, Owen se vuelve loco por ella, pero que carajos hare yo con una joven de veinte y más encima humana.
–Bueno... puedes hacer muchas cosas – alza sus cejas repetidas veces.
–Idiota – gruño haciéndolo reír –. No hare nada de eso con ella, además es virgen.
–¿Virgen? – suelta una carcajada –. Oh joder, te toco el paquete completo. Aunque viéndole el lado positivo eso indica que serías el único que la tocaría, es un verdadero orgullo que ella sea tu compañera.
–Soy un hombre de 40 años, si bien no los aparento por mis genes ¿Qué planeas que haga? No quería encontrarla y más encima me toca ella.
–Bueno, la diosa luna hace las cosas por una razón. No deberías cerrarte así a lo que te entrega.
–Nunca debí haber aceptado esta pasantía – vuelvo a apretar el puente de mi nariz cerrando mis ojos.
–¿Quieres que la ubique en una oficina más cerca? – puedo sentir el tono de picardía en su voz.
–¿Dónde la ubicaste?
–En la última oficina.
Medito por unos segundos la oferta pensando en las cosas que podría hacerle si la tengo más cerca, en como su delicioso aroma podría incluso llegar a filtrarse en mi oficina. Niego descartando también esa idea de mis pensamientos y me encamino hacia la puerta para abrirla.
–No, déjala ahí – le hago una seña para que se vaya causándole risa –. Ahora vete, quiero estar solo.
–Como digas – camina hacia la puerta –. Nos vemos.
Paso las manos por mi pelo con frustración y vuelvo a mi escritorio para tomar mi celular junto a mi chaqueta e irme de aquí, necesito aire. Comienzo por caminar nuevamente hacia la puerta, pero me detengo cuando veo a María ingresar cerrándola tras de ella.
–¿Qué quieres? – prácticamente le gruño.
–Te ves molesto ¿sucedió algo?
–No, solo mal día.
–Pero si aún no es ni medio día Eric – mira la hora en su reloj de muñeca.
–Lo que sea, no te interesa.
Camino hacia la puerta intentando esquivarla, pero su mano se aferra a mi brazo.
–Puedo ayudar a que te relajes – utiliza voz seductora que no me llega a causar nada.
Sus manos rodean mi cuello alzándose en puntas para besar mis labios. Su lengua se adentra en mi boca enredándose con la mía, mientras mis manos las deslizo por su cintura hasta sus caderas pegándola más a mi cuerpo. Sus labios dejan los míos arrastrándolos hacia mi cuello y un fuerte gruñido sale de mi pecho.
–Suéltame – Owen la empuja tomando control de mi cuerpo –. No me vuelvas a tocar.
–¿Owen? ¿Qué sucede? – intenta volver a tocarme, pero la evita.
–Dije que no, solo mi chiquita puede tocarme.
–¿Qué? ¿La encontraste?
–Sí, ahora fuera – la agarra de un brazo y la arrastra fuera de la oficina cerrando la puerta en su cara.
–Pero ¿Qué carajos te sucede? – lo reprendo volviendo a tomar control de mi cuerpo.
–Simple, no quiero estar con ella. No huele rico.
–Antes no te molestaba – blanqueo los ojos acomodando mi ropa.
–Tu lo dijiste, antes. Ahora tenemos a nuestra chiquita y solo ella podrá tocarnos.
–No me jodas, no sirvo para estar en abstinencia.
–Entonces conquistemos a nuestra compañera.
–No, estas loco – digo saliendo de la oficina caminando al ascensor –. No haremos eso.
–Bueno entonces prepárate para un largo tiempo sin sexo.
Decido ignorarlo cuando me adentro en el ascensor dejándome estático cuando caigo en cuenta que no estoy solo y que ella se encuentra aquí. Sus ojos grises conectan con los míos bajando todas mis murallas, volteo hacia las puertas con la intención de salir, pero se cierran dejándome encerrado junto a mi hermosa compañera.
Chasqueo la lengua maldiciendo en voz baja y me mantengo a una distancia prudente de ella.
–¿A que piso va? – pregunta erizando mi piel con su voz aterciopelada.
–Subterráneo – contesto sin mirarla.
Escucho como aprieta un botón y yo inhalo el aire deleitándome con su esencia logrando que Owen ronronee en mi pecho.
Estoy jodido.
ERIC
–Buenos días jóvenes – hablo captando la atención de todos los pasantes –. Como saben tenían hasta hoy viernes para entregar sus trabajos, así que los quiero sobre mi escritorio ahora.
Varios de ellos se miraron con miedo, ninguno avanzo para entregarlo y ya comenzaban a enojarme. Se supone que son dedicados, esto vale una nota en su universidad ¿y nadie lo hizo? Abro mi boca para comenzar a lanzar insultos, pero me cayo cuando mi hermosa compañera se abre paso entre todos con carpeta en mano.
–Es demasiado hermosa – susurra Owen como si alguien más pudiera oírlo –. ¿podemos probarla?
–No.
–Aquí esta el mío señor Black – habla dejando la carpeta sobre mi escritorio sin mirarme demasiado.
–Gracias señorita Parson.
Espero que me mire, que me sonría, pero solo asiente y vuelve a su lugar. Mi ceño se frunce ante su rechazo.
–Fuiste muy duro con ella el primer día, ahora no nos quiere – me reclama mi Lobo –. Solucionémoslo con un besito.
La tentación de rodar mis ojos es alta, pero me contengo.
–No podemos besarla, soy su jefe, además no la quiero.
–Pero yo sí.
–Pues te jodes.
Poco a poco varios comienzan a acercarse dejando sus trabajos y por sus caras sé que son un asco. No pienso corregirlos, se los daré a alguien más. El único que si revisare es el de ella.
–¿Y podemos compensarla con besos cuando veamos que es bueno?
–Ya te dije que no. Además, quizás ni besar sepa.
–Mucho mejor, nosotros le enseñamos – ronronea.
–¡Diosa! Dame paciencia – digo para luego ignorarlo.
Continue admirando a cada estudiante antes de hablar sobre lo que les vendría la siguiente semana, este solo era un trabajo introductorio a lo que harían y luego de este comenzaría a contar en su nota final. Al cabo de veinte minutos los despache fuera quedándome solo con Antonio.
–Tu cara de culo solo los espanta más – ríe con ganas sentándose frente a mi escritorio –. ¿Iras mañana a la fiesta de la empresa?
–Joder, lo había olvidado completamente, pero no creo que asista.
–¿Seguro? – me da una sonrisa cómplice.
–¿Qué sucede? – alzo una ceja.
–Escuche a tu mate hablar con el tal mateo – un gruñido sale de mi pecho –. Creo que tiene intenciones de invitarla.
–¿Qué el qué? – prácticamente gruñí.
–Sí – asiente aun con la sonrisa en su rostro –. Aunque ella no le da mucha atención.
–¿En serio? – pregunte con asombro.
–Ajá.
Asiento con la cabeza complacido con su comentario, no le da atención. ¿Por qué lo habrá hecho? ¿acaso por mí? No lo creo, aun no sabe nada sobre nuestra existencia. Agarro mis cosas para salir de la oficina seguido de Antonio y camino hacia el ascensor. El delicioso aroma a caramelo inunda mis fosas nasales haciendo ronronear a Owen en mi interior, me voltee para buscarla porque sabia que estaba justo tras de nosotros esperando el ascensor y ahí estaba con la vista en su celular. Mire de reojo a Antonio que tenía y sonrisa burlona en la cara. El pitido de que había llegado a nuestro piso me saco de mis pensamientos y me adentre en el junto a todos los demás.
Mi espalda quedo pegada contra la pared dándome una deliciosa vista de mi compañera que quedo justo frente a mí. La falda de tubo de adhería a sus caderas y trasero de una manera espectacular, sus tacos pronunciaban el musculo de sus piernas, su cabello caía sobre su espalda ocultando el blazer que llevaba puesto ese día y su esencia calaba en mis fosas nasales nublándome el juicio.
–¿Entonces con quien vendrás a la fiesta? – escucho que me pregunta Antonio.
Frunzo el ceño mirándolo sin entender, le dije que no vendría.
–Dudo que asista – volví a recordarle.
–¡Oh vamos! Estará divertida – me alza las cejas repetidas veces.
–No lo sé, quizás le diga a María que me acompañe.
Siempre he recurrido a ella para cosas como estas, no me gusta sociabilizar mucho y ella siempre esta disponible cuando la requiero. En todos los sentidos.
–Lo más seguro es que te diga que sí – blanquea sus ojos –. Siempre está disponible para ti.
Abro la boca para responder, pero nuevamente el sonido de que llegamos a nuestro piso me desconcentra, las puertas se abren y mi compañera sale rápidamente de la caja metálica. Le doy una ultima mirada viendo como sale por las puertas de vidrio hacia la calle antes que las puertas vuelvan a cerrarse dirigiéndose al estacionamiento.
¥
SOFÍA
¿Acaso a dicho que siempre tiene a alguien disponible? ¿Quién es maría? Supongo que alguna de las mujeres que debe frecuentar, dudo que alguien tan guapo como él este solo. Espera, acaso dije ¿tan guapo como él? ¡Dios! Por qué pienso en eso.
Salgo del edificio con una presión extraña en el pecho, debo comer algo, él haberme saltado el almuerzo no fue una buena idea. Se me debe haber bajado el azúcar y por eso siento esta incomodidad, pero no tengo tiempo. Debo comprar un vestido, así que comprare algo para ir comiendo mientras vitrineo.
Compro un pequeño sándwich a una señora en la calle y comienzo a caminar por las tiendas, en busca de un vestido. Me adentro en una donde puedo ver en vitrina las lentejuelas rosadas que llaman inmediatamente mi atención, pero me detengo a rebuscar en mi bolso cuando el sonido de mi celular llama mi atención.
–Diga – respondo sin fijarme quien llama.
–Hola Sofía – la voz de Mateo llega a mis odios –. ¿Cómo te encuentras?
–Todo bien, ¿y tú?
–Bien, mira llamaba para consultarte algo que ronda por mi cabeza hace días.
–Soy toda oídos – respondo indicándole a la vendedora el vestido de la vitrina.
Digo mi talla tapando el micrófono de mi celular y la sigo cuando me responde que si la tiene.
–Entonces ¿Qué me dices?
Frunzo el ceño volviendo a concentrarme en la conversación.
–Discúlpame ¿Qué decías? Me desconcentre.
–Te preguntaba si querías ir conmigo a la gala – habla con un suspiro.
¿Ir con él? Bueno, no tengo pareja para la gala y no me gustaría ir sola, mas que no conozco a nadie. Si no contamos a Antonio y al jefe, y ellos irán acompañados. O al menos el jefe lo hará, con la tal María.
–¿Sofía? – vuelvo a escuchar su voz contra mi oído.
–Sigo aquí – respondo meditando por unos segundos –. Si esta bien, acepto ir contigo.
–Genial – su voz se escucha entusiasta –. Pasare por ti a las 8, me envías tu ubicación.
–De acuerdo.
–Nos vemos hermosa, adiós.
–Adiós – me despido sintiéndome ligeramente incomoda por la forma en que me llamo.
Solo espero que no confunda las cosas.
¥
Termino de dar unos últimos retoques a mi maquillaje y me levanto de mi tocador para colocarme el vestido. Siempre lo coloco al ultimo para evitar ensuciarlo, me quito la bata de seda y comienzo a deslizar el vestido por mi cuerpo.
Es realmente hermoso, esta repleto de lentejuelas rosadas, pero no un rosado fuerte sino mas bien un rosado pastel. Tiene un escote en la parte frontal que llega un poco más abajo que mis pechos, cubre hasta la mitad de mis muslos y mi espalda queda descubierta con dos tiras entrelazadas que lo mantienen firme.
Doy una sonrisa a mi aspecto final, me gusta lo que veo.
Me coloco mis tacones que combinan perfectamente con el vestido y luego echo un par de cosas en una pequeña cartera. Camino hacia mi pequeña sala de estar para tomar mi abrigo y esperar a Mateo, pero el citófono me interrumpe.
–¿Diga? – consulto apretando el botón.
–Sofía, soy yo – escucho la voz de Mateo del otro lado.
–Bajo enseguida.
Agarro un abrigo y salgo de mi piso dejando la puerta bien cerrada, bajo el ascensor hasta el vestíbulo. Las puertas se abren y puedo divisar a Mateo de pie con una rosa en la mano.
–Estas muy linda – me sonríe entregándome la flor.
–Gracias – respondo aceptándola.
–¿Vamos?
–Sí – camino junto a él hacia fuera del edificio.
Nos adentramos en su auto y lo pone en marcha moviéndonos por la ciudad. La conversación fue trivial, si bien no me desagrada pasar tiempo con él, dudo que alguna vez podamos ser algo más porque no me llega a interesar más que una posible amistad.
Unos cuantos minutos y llegamos hacia el edificio donde se realizará la gala, muchas personas se encuentran fuera esperando entrar y cientos de reporteros se encargan de sacar fotos o entrevistar a los empresarios más importantes. Mateo se estaciona a unos cuantos metros de la entrada y caminos hacia ella manteniendo nuestra relajada conversación.
Comenzamos a subir las escaleras siendo encandilados por los flashes, agradezco que nosotros solo seamos pasantes y no tener que posar o dar entrevistas, no podría hacerlo. Nos adentramos en el edificio siguiendo a las personas que caminan en la misma dirección, hasta que llegamos a un salón decorado elegantemente, varias mesas se encuentras organizadas, personas de catering se pasean con bandejas de comida y bebestibles y una pequeña banda se encuentra sobre el escenario tocando una delicada melodía.
–Iré a revisar cual es nuestra mesa – me informa Mateo –. Espérame aquí.
–Iré a la barra – contesto antes de que se vaya.
–De acuerdo, te buscaré ahí.
Camino hacia la barra para conseguir algún jugo ya que no soy muy fanática de las bebidas alcohólicas, el barman inmediatamente me atiene y mientras espero inspecciono el lugar y las personas. Intentando buscar a alguien en particular el cual no sé porque estoy buscando.
–Sofía – escucho una voz familiar que logra sobresaltarme –. Tanto tiempo sin verte.
Volteo en dirección a la voz justo cuando el barman se acerca a entregarme mi jugo, agradezco con una sonrisa tensa y luego conecto mis ojos con aquellos ojos marrones que reconozco muy bien.
–Tomás – mantengo la sonrisa lo mejor que puedo en mi rostro –. La verdad si, mucho tiempo.