En la penumbra del pasillo trasero, me soltaron bruscamente.
Caí de rodillas, el dolor en las rótulas fue agudo, pero no se comparaba con el dolor que sentía por dentro.
Mis ojos se fijaron en la puerta por la que me habían echado. Escuchaba los aplausos del público para el siguiente concursante.
Mi humillación era su entretenimiento.
Me levanté, temblando, y volví a la entrada del escenario.
Quería recoger mi tablet rota, el póster arrugado. Eran míos. Eran todo lo que me quedaba.
"¿A dónde crees que vas?" , dijo una voz burlona.
Era Ricardo. Salió al pasillo, aflojándose la corbata de seda. Me miró de arriba abajo con asco.
"Llorar no va a arreglar tu acento falso, muñeca" .
La rabia me quemó la garganta, ahogando las lágrimas. Me enderecé, mirándolo directamente a los ojos.
"Tú eres el fraude" , dije, mi voz sonó más fuerte de lo que esperaba. "Tu pronunciación fue una vergüenza. No tienes ni idea de lo que hablas" .
La sonrisa de Ricardo se desvaneció.
"¿Qué dijiste, pendeja?" .
"Dije que eres un ignorante" , repetí, dando un paso hacia él. "Te reto. Ahora mismo. Sube de nuevo al escenario conmigo. Llamaré a mis contactos en Oaxaca, a los verdaderos hablantes, a los que sí saben. Que ellos decidan quién es el farsante" .
Por un instante, vi pánico en sus ojos. Un pánico real.
Un par de técnicos que pasaban por ahí se detuvieron, curiosos. Vieron mi rostro desafiante y la expresión alterada de Ricardo. La duda empezó a flotar en el aire.
Pero la esperanza duró poco.
Javier, el presentador, apareció corriendo, flanqueado por los mismos dos guardias de seguridad.
"¡Se acabó! ¡Ya te lo dije!" , gritó, con la cara roja de furia. "El show terminó para ti. ¡Lárgate de aquí ahora mismo!" .
"Él es un mentiroso y lo voy a demostrar" , insistí, señalando a Ricardo.
"¡Ya basta!" , gritó Javier. "¡Seguridad, sáquenla!" .
Los guardias me agarraron de nuevo, esta vez con más fuerza. Uno me sujetó el brazo izquierdo con tanta violencia que sentí un dolor agudo.
"¡Suéltenme!" , grité, tratando de zafarme. "¡No tienen derecho!" .
En el forcejeo, el guardia me empujó contra una estructura metálica del escenario. El borde afilado me rasgó la manga de la blusa y la piel del brazo.
Un ardor intenso se extendió desde el codo hasta la muñeca.
Miré hacia abajo y vi una línea roja de sangre que empezaba a brotar.
"Mira lo que me hiciste…" , susurré, más para mí que para ellos.
Ricardo se acercó, mirando mi brazo con una sonrisa torcida.
"Deberías tener más cuidado" , dijo con falsa preocupación. "A veces, cuando te metes donde no te llaman, te puedes lastimar" .
Me arrastraron por el pasillo, mis pies apenas tocaban el suelo.
Me sacaron por una puerta trasera y me arrojaron a un callejón oscuro y húmedo.
La puerta se cerró de un portazo, dejándome sola con el olor a basura, el dolor en mi brazo y el eco de las risas de Ricardo.