Capítulo 2

Luke continuó cortando el césped, pero su mente estaba llena de preguntas. ¿Realmente era posible que la aparentemente respetable señora Prince fuera la misma RedWitch que había conocido en línea la noche anterior? La idea parecía completamente fuera de lugar, pero no podía evitar pensar en ello.

El joven no podía dejar de ver cómo la señora Prince se encargaba de su jardín. Sin duda era el exactamente el mismo tatuaje: una Luna Creciente con flores, y por lo que estaba viendo de la forma de sus curvas, especialmente sus nalgas, todo parecía indicar que sí, RedWitch era la señora Sophie Prince.

Después de terminar de cortar el césped, Luke se dirigió al interior de su casa, donde sus hermanos menores jugaban alegremente en la sala de estar. Debía de empezar a preparar el almuerzo para todos, y cerciorarse de que la cena esté lista antes de irse al trabajo, pero primero tenía algo que revisar. Luke subió a su habitación y encendió su computadora, decidido a investigar más a fondo.

Después de una rápida búsqueda en línea, descubrió que RedWitch era una modelo de cámara web bastante popular en ciertos círculos. Había participado en numerosos shows privados y tenía una gran cantidad de seguidores en sus redes sociales. La mayoría de la información que encontró coincidía con la apariencia física de la señora Prince, a excepción de su cabello pelirrojo. Pero ambas, tanto RedWitch como la señora Prince parecían tener en común la edad: aproximadamente treinta y cinco años.

Luke no podía creer lo que estaba descubriendo. ¿Cómo era posible que la respetable esposa de su vecino llevara una doble vida como modelo de cámara web? ¿Qué secreto ocultaba bajo su apariencia de ama de casa? Sentía una extraña mezcla de asombro, confusión y excitación por haber hecho esa conexión.

—¿Qué secretos guarda, señora Prince? —preguntó Luke en voz alta, mientras cliqueaba en unos de los hipervínculos que lo redireccionaban a su cuenta de venta de contenido. Las fotos que había en ella eran de lo más sugerentes, pero en todas aparecía luciendo la máscara que le cubría la mitad de la cara y el cabello pelirrojo. Si ese cabello era una peluca se notaba que era de primerísima calidad.

La curiosidad de Luke seguía creciendo, y a medida que investigaba más sobre RedWitch, descubría que ella tenía una gran cantidad de seguidores y fanáticos. Algunos de ellos pagaban generosas sumas de dinero por sus shows privados. La doble vida de la señora Prince se volvía cada vez más intrigante, y Luke no podía evitar preguntarse qué la había llevado a embarcarse en esa aventura.

Los comentarios que sus fanáticos y seguidores le dejaban eran de todo tipo, aunque todos tenían algo en común: todos eran muy subidos de todo, y en todos le ofrecían pagarle un extra a cambio de que se quite la máscara.

«Vamos hermosa. Sé que tienes un rostro angelical debajo de esa fea máscara.»

«La máscara arruina el efecto. Te pagaré cien dólares más si te la quitas, que dices?»

«Me pregunto qué hay debajo de esa máscara. Vamos, no seas tímida y muestra tu belleza.»

Mientras se acariciaba los labios, observando el perfil de la señora Prince en aquella página de shows por webcam, advirtió que la misma enseñaba los horarios en los que, por lo general, RedWitch estaba en línea: De Lunes a Sábados, desde las nueve de la mañana hasta el mediodía y desde las dos hasta las cinco de la tarde. Qué casualidad… Eran los horarios de trabajo del señor Prince. Esporádicamente se conectaba bien entrada la noche, pero esos eran sus horarios fijos.

Se fijó en la hora. Ya pasaban de las nueve. Se asomó a la ventana y no vio a la señora Prince en el jardín. ¿Acaso ya estaría en la plataforma a punto de dar el show? Se fijó en el perfil de RedWitch y se percató que la misma ya estaba en línea. Ingresó a su sala de chat y allí estaba la enigmática modelo, luciendo la misma máscara que había usado la noche anterior y una bonita blusa rosada que resaltaba aún más la blancura de su piel.

Estaba escuchando música: blues. Luke nuevamente se asomó a la ventana, pero no escuchó ningún ruido que proviniera de su vecina. Si estaba transmitiendo en ese momento, no tenía idea de en qué parte de la casa lo estaba haciendo. Seguramente tenía que ser una donde, en caso de que su marido llegase de improvisto, pudiese ver todo lo que pasara en la calle. Tenía a su alrededor una decoración muy bonita, se notaba que debía ganar bien como modelo porque ese mobiliario lucía caro y moderno, además de la silla que usaba para la computadora, o donde sea que esté transmitiendo.

Quiso escribirle un mensaje, pero la página lo obligaba a crear una cuenta. Resoplando y algo molesto, creo el perfil. El sobrenombre que se eligió salió sin querer: RedHunter. Él era el cazador y ella la bruja a la que estaba cazando.

Cuando ingresó, RedWitch lo saludó con una sonrisa.

—Hola, RedHunter —dijo sonriendo—. Creo que es la primera vez que entras, ¿no es así?

Rápidamente, Luke tecleó una respuesta.

«Sí. Es mi primera vez aquí. Gracias por notarlo.»

La señora Prince sonrió.

—Pues en ese caso tienes un regalo de bienvenida. ¿Qué prefieres? —RedWitch tomó de la mesita que tenía a su lado tres sobres de distintos colores—. ¿Negro, azul o amarillo?

Luke se quedó pensando. Ninguno de esos colores podía indicarle nada de buenas a primeras, así que eligió el color que más usaba.

«Negro. Elijo el sobre negro.»

RedWitch lo abrió y le mostró lo que decía la tarjetita en su interior.

—Te ganaste veinte segundos de caricias al Único. ¡Felicidades! —le dijo mientras se posicionaba de tal manera que todo su trasero quedaba a la vista, pero no se podía ver absolutamente nada, dejando todo a la imaginación. Lubricó su dedo con su propia saliva, y lo metió debajo de la fina tela de la tanga. Era evidente que estaba acariciando una parte que no había sido pensada para ese tipo de atenciones, pero que dejaron a Luke embobado, resoplando, caliente y deseando ver más.

«Me gustaría ver más…» suplicó en el chat. La señora Prince sonrió con seducción.

—Cuando quieras, estoy disponible para un privado —le dijo.

Era evidente que le había dicho «si quieres ver más, vas a tener que pagar», pero lo había dejado claro de una manera muy sutil. Mientras pensaba qué iba a hacer con esa invitación, la pantalla se congeló, avisando que la modelo se encontraba en un show privado. Seguramente alguno de sus muchos seguidores que quería ver más de cerca al Único…

Mientras esperaba a que ella regrese, se puso a pensar que iba a hacer. Deseaba con toda su alma ver más de lo que había visto ayer en casa de Alkali. Realmente había quedado loco, totalmente loco, al ver lo que había visto anoche, más lo que había visto hace unos momentos; pero era muy consciente de que pagar cinco dólares el minuto era una locura. Su familia necesitaba ese dinero. Tenía que ver otras maneras de poder seguir disfrutando de las hermosas vistas de RedWitch sin llevar a su familia a la quiebra.

En tanto pensaba qué hacer, RedWitch volvió de su show privado. A pesar de que tenía una sonrisa en la cara se notaba a la legua que estaba cansada.

Luke golpeó los botones del teclado.

«Ya volviste.»

La señora Prince leyó el mensaje y sonrió.

—Sí, ya estoy acá, cielo. ¿Pensaste mi oferta en un show exclusivo para ti? —le preguntó.

«Me encantaría, pero ando corto de tokens.»

—Deberías recargar apenas puedas. Te aseguro de que no te arrepentirás para nada.

«De eso estoy seguro… Con sólo mirarte puedo adivinar que serían unos minutos en el cielo mismo.»

RedWitch empezó a reír.

—Qué cosas dices, Hunter. Me haces sonrojar.

La conversación entre Luke (RedHunter) y RedWitch se volvía cada vez más intensa y sugerente. Aunque Luke estaba corto de tokens y no podía permitirse un show privado en ese momento, la modelo seguía coqueteando con él y parecía dispuesta a mantener la conversación interesante y la tensión en el chat era palpable.

Luke, aunque excitado por la situación, sabía que tenía que mantener la cabeza fría y no dejarse llevar por la emoción. Su prioridad era su familia y su situación financiera, por lo que gastar dinero en shows privados no era una opción sensata. Sin embargo, estaba decidido a descubrir más sobre la vida secreta de la señora Prince como RedWitch.

«Hace cuanto que eres modelo?», le preguntó. La señora Prince le sonrió.

—Desde hace algunos años —respondió sonriendo.

«Y lo disfrutas?», quiso saber.

—Por supuesto que sí. Me gusta hacer sentir deseados a los hombres, y que ellos me deseen a mí. —fue su respuesta.

Aunque en su interior, Luke pensaba que, quizás, el verdadero motivo por el cual la señora Prince estaba haciendo ese trabajo era por necesidad. No vivían en la mejor zona, y en teoría el trabajo de su esposo como trabajador de uno de los casinos de Salem tendría que ser suficiente para mantenerlos a ambos, pero al parecer el buen Arthur no estaba dispuesto a compartir las ganancias de su trabajo.

«Pues déjame decirte que eres absolutamente deseable. Me vuelves loco.» confesó Luke, observando y perdiéndose en el sugerente escote de la blusa color rosa chicle que usaba esa mujer en ese momento.

El chat continuaba escalando en tono y sensualidad. A pesar de sus preocupaciones financieras, Luke se sentía cada vez más atraído por la enigmática mujer detrás de la máscara. La señora Prince, o RedWitch, parecía disfrutar de la atención y el coqueteo, lo que aumentaba la tensión en la sala.

La confesión de Luke sobre lo atractiva que encontraba a RedWitch no pasó desapercibida, y la respuesta de la modelo no hizo más que aumentar la tensión en la conversación. Su sugerente vestimenta y la forma en que interactuaba con Luke dejaban claro que estaba dispuesta a seguir jugando con él.

—Eres muy amable, Hunter —respondió RedWitch con una sonrisa coqueta—. Me encanta saber que despierto pasiones. ¿Hay algo en particular que te gustaría ver?

La oferta de RedWitch era tentadora, pero Luke sabía que no podía permitirse gastar dinero en ese momento. Además, su curiosidad sobre la doble vida de la señora Prince como RedWitch seguía siendo su principal motivación.

«Por ahora me contento con tu hermoso tono de voz… Y lo que ese escote le deja a la imaginación», escribió Luke en el chat, mientras en sus pantalones ya asomaba un bulto duro y palpitante.

—¿Luke? —dijo la voz de Tasha en la puerta de su habitación. Más rápido que un bólido, Luke apagó el monitor mientras su hermana menor entraba.

—¿Sí…? —le preguntó rojo de la vergüenza.

No sabía cómo ponerse para tapar lo que era evidente en sus pantalones.

—¿Qué estás haciendo? —quiso saber Tasha.

—Yo, emm… Nada, sólo cosas aburridas. Nada importante —le dijo su hermano mayor—. ¿Necesitabas algo?

—Brandon, Brody y yo tenemos hambre —le dijo Tasha—. Queremos un sándwich.

Luke miró a su hermana pequeña con el ceño fruncido.

—Aún no es hora de almorzar. Si les hago un sándwich luego no van a comer. En el cesto hay frutas —le recordó.

—Pero no quiero fruta. Quiero un sándwich… —replicó su hermana.

Luke se presionó el puente de la nariz.

—Está bien. Les haré medio sándwich a cada uno, pero no más de eso o luego no comerán —advirtió.

Se levantó de su silla y siguió a Tasha hacia la sala de estar, donde sus hermanos lo esperaban para que sus caprichos sean cumplidos.

Mientras caminaba por el pasillo, Luke no pudo evitar preguntarse cómo iba a manejar la curiosidad que tenía sobre la señora Prince y su vida secreta como RedWitch. La tensión sexual y el misterio que rodeaban a la enigmática modelo de cámara web lo habían atrapado por completo, y sabía que tarde o temprano tendría que encontrar una manera de descubrir la verdad sin poner en peligro las finanzas de su familia o su propia privacidad.

Capítulo 3

Luke siguió a su hermana Tasha hacia la sala de estar, donde el resto de sus hermanos gritaban y reían en medio de sus juegos. Mientras sacaba del refrigerador algo de pavo, queso y tomate, mayonesa y kétchup, ya que a su hermana no le gustaba otro aderezo que no sea el kétchup, trató de dejar atrás la conversación caliente con RedWitch y concentrarse en la comida para sus hermanos, pero en su cabeza seguían dando vueltas las imágenes de la señora Prince, con esa forma de ser que no conocía de ella. Para él toda la vida la señora Prince había sido una vecina ejemplar: no se metía en la vida de nadie, ayudaba a mantener la seguridad del barrio donde vivían, colaboraba con las actividades escolares de los niños, a pesar de que ella no tenía hijos; para Halloween y Navidad decoraba la casa, cambiando todos los años la temática de la decoración y daba los mejores dulces. No se imaginaba que, detrás de esa máscara de vecina ejemplar, existía una mujer tan sexual y atrevida.

La curiosidad lo consumía, pero sabía que no podía arriesgar el bienestar de su familia por satisfacer su propio deseo morboso. Tenía que encontrar un punto intermedio entre ambas cosas.

—Niños, a comer —anunció Luke, llevando el plato con los sándwiches a la mesa para que coman sus hermanos.

—¡Queremos comer en la sala! —le gritó Brandon desde la sala.

—¡Por supuesto que no! ¡Luego papá y mamá se enojan conmigo porque ustedes manchan todo de aderezo! —se negó Luke mientras dejaba los platos en la mesa de la cocina—. ¡O vienen a comer en la mesa o me los como yo!

—¡Qué molesto eres, ya vamos!

En lo que sus hermanos comían el snack que les había preparado, Luke navegaba por las redes sociales, respondiendo un par de mensajes desde su celular. Los muchachos estaban organizando un pequeño viaje a la Reservación de Lynn Wood para poder acampar allí y pasar unos cuantos días lejos de todo. Las opiniones estaban divididas porque Alkali prefería ir a la playa, no al bosque, y a Kevin no le gustaba la idea de acampar. En cambio, a Luke le daría lo mismo cualquier decisión, si tan sólo tuviera el dinero para hacerlo.

Cuando sus hermanos terminaron, ya era hora de empezar a preparar el almuerzo. No le gustaba la idea de tener que dejar a sus hermanos sin comer, pero lo cierto era que el dinero escaseaba, y a pesar de contar con dos salarios, eran cinco las bocas que alimentar, y los niños comían como un regimiento. Luke pensó cuales eran las salidas para poder darle a sus hermanos el almuerzo de ese día hasta que sus padres puedan cobrar el salario de ese mes y reabastecer la despensa, y la primera idea que se le ocurrió era buena, si no fuese por la persona a la que involucraba: la señora Prince.

En más de una ocasión, Luke y su madre le habían tocado la puerta a su vecina para preguntarle si no podría prestarles un paquete de arroz o si no había sobrado algo de la cena, y la señora Prince casi nunca les había dicho que no. En una sola ocasión tuvieron una negativa de su parte y fue por algo en particular: una pelea doméstica con su esposo. Esta memoria le hizo preguntarse si la señora Prince estaría dispuesta a ayudarlos nuevamente en esta situación.

Después de sopesar las opciones y recordar la actitud pasada de su vecina, Luke decidió dar el paso y tocar a la puerta de la señora Prince para pedir su ayuda. Sabía que era un acto de humildad, pero su prioridad era asegurarse de que sus hermanos tuvieran suficiente comida para el día, al menos hasta que sus padres pudieran resolver la situación financiera.

—¡Niños, ya vengo! ¡Pórtense bien! —les pidió a sus hermanos mientras tomaba las llaves de la casa y abría la puerta para atravesar el jardín, abrir la puerta de la cerca y caminar hacia el pórtico de la señora Prince. Cuando estuvo frente a la puerta de la casa de su vecina, vaciló un momento sobre si pedirle ayuda o no a la señora Prince. En este momento seguro estaba haciendo un show privado o chateando con algún cliente, no quería molestarla; pero también recordó que ella no sabía que él tenía conocimiento de su doble identidad, así que no tendría que ser sospechoso para ella que su vecino se acercara a pedirle un poco de su ayuda como ya lo había hecho en más de una ocasión.

Luke levantó la mano y tocó el timbre de la casa de su vecina. Aguardó unos segundos…

—¡Ya voy! —dijo la voz de la señora Prince desde el interior de su casa. Pasados unos momentos, Sophie abrió la puerta y se sorprendió de ver su joven vecino en el pórtico de su casa. Era evidente que tenía una gran habilidad para sacarse y ponerse le peluca, el antifaz y ropa común a gran velocidad, seguramente había practicado mucho en caso de que su marido vuelva a una hora no prevista.

—¡Hola, Luke!

—Hola, señora Prince. Espero no molestarla.

—No, para nada, ¿en qué puedo ayudarte?

Luke hizo una pausa antes de continuar. No quería sonar desesperado ni revelar sus problemas financieros.

—Verá, señora Prince, estamos un poco cortos de alimentos en casa hoy y me preguntaba si quizás tendría algo de comida extra que podría prestarnos. Solo necesitamos un poco para el almuerzo, y puedo devolvérselo tan pronto como podamos.

La señora Prince pareció considerar la solicitud por un momento, pero una sonrisa muy amable se dibujó en su rostro.

—Claro, Luke, no hay problema. Tengo algunos víveres adicionales. Ven pasa. ¿Qué les gustaría para el almuerzo?

Luke suspiró aliviado. Había logrado su objetivo sin revelar más de lo necesario.

—Cualquier cosa que pueda prestarnos estaría bien, señora Prince. No queremos causarle ningún problema.

Luke entró por primera vez en su vida al interior de la casa de su vecina. Tenía una decoración sencilla, pero muy bonita. No había más mobiliario que el necesario, lo mismo que algunos adornos y pinturas que alegraban con algo de color las inmaculadas paredes blancas. No había fotos ni desorden. Se notaba que la señora Prince no tenía hijos y estaba atrapada en un matrimonio infeliz, porque la casa olía a tristeza y soledad.

—No es ningún problema en absoluto, querido. Estoy segura de que podemos encontrar algo en mi despensa.

Luke había dado un paso importante al pedir ayuda a la señora Prince. A pesar de su inicial preocupación sobre cómo reaccionaría ella, la amabilidad y disposición de su vecina para ayudar lo reconfortaron. La sonrisa en el rostro de la señora Prince le dio confianza, y la oferta de buscar algo en su despensa dejó claro que estaba dispuesta a ayudar sin hacer preguntas incómodas.

Luke siguió a la señora Prince hacia su cocina, donde ella comenzó a buscar entre los armarios y la despensa en busca de algo para el almuerzo. La cocina estaba ordenada y limpia, lo que concordaba con la impresión de pulcritud que tenía de su vecina.

—Aquí tenemos algunas cosas útiles —dijo la señora Prince mientras sacaba algunos ingredientes—. Voy a darte un poco de todo, ¿qué te parece? Y también tengo algo de lasaña que sobró de la cena de anoche. Mi esposo no va a comerla y sería una pena que se desperdicie.

Luke apreciaba mucho la generosidad de su vecina y se sintió agradecido por su ayuda. Observó cómo la señora Prince sacaba de los armarios todo tipo de latas de conserva y paquetes. Estaba bien abastecida, y tenía de todo a su disposición.

—Es demasiado, señora Prince. Con la lasaña bastaba. Muchas gracias por su ayuda. Prometo devolvérselo tan pronto como podamos.

—No seas modesto, querido. Sé que tus hermanos tienen un buen apetito, lo que es muy bueno en los niños, y no necesito toda esta comida juntando polvo en la despensa —dijo Sophie mientras terminaba de sacar algunos paquetes de sal y de azúcar y los depositaba en la mesa de la cocina. Observó el montón de víveres.

—Supongo que tendré que hacer varios viajes hasta mi casa —sonrió Luke al ver todo lo que había que llevar, cuando sólo le habría bastado un paquete de arroz o unos cuantos huevos.

—Voy al sótano a buscarte una caja vacía —anunció Sophie.

—¿Quiere que lo haga yo?

—No, no. No… no sabrías dónde están —se negó la señora Prince—. Ya regreso, no me demoro nada.

Abrió la puerta de la escalera que conducía al sótano y desapareció tras ella. Había algo en la voz de su vecina cuando ella se negó a que Luke vaya al hacia esa parte de la casa.

Mientras esperaba a que la señora Prince regresara del sótano con una caja para llevar los alimentos, Luke observó la cocina de su vecina. La casa estaba impecable y ordenada, pero había algo en el comportamiento de la señora Prince que le llamó la atención. Su negativa a que él fuera al sótano despertó su curiosidad. Sabía que no debía dejar que sus pensamientos sobre la doble vida de la señora Prince como RedWitch afectaran su relación de vecindad, pero no podía evitar sentirse intrigado. Al parecer, era en el sótano donde tenía montado todo su estudio para las transmisiones.

Cuando la señora Prince regresó con una caja vacía, Luke no pudo evitar hablar con precaución:

—Gracias, señora Prince, pero podría haberla ido yo a buscarla al sótano.

—Lo sé, querido, pero... Es solo que el sótano está un poco desordenado en este momento. No quería que te molestaras en buscar una caja entre todo ese desorden. —la sonrisa de la señora Prince demostraba sinceridad, pero había algo en su tono de voz que dejaba salir a la luz la presencia de una mentirilla, pequeña, pero que escondía algo mayor.

Luke aceptó la explicación de su vecina, aunque aún quedaba un pequeño rastro de curiosidad en su mente. No quería presionarla ni hacerla sentir incómoda, así que asintió y agradeció nuevamente su ayuda.

—Entiendo, señora Prince. Gracias por su amabilidad y por la comida. Aprecio mucho su ayuda.

La señora Prince le entregó la caja y Luke comenzó a llenarla con los víveres que ella le había proporcionado. Era una cantidad generosa de alimentos, y estaba agradecido de que sus hermanos tendrían una comida decente ese día gracias a la señora Prince.

—Espero que esto les ayude, Luke. Si necesitan algo más en el futuro, no duden en pedirlo.

—Esto hará más que sólo ayudar, señora Prince. Muchas gracias.

Sophie ayudó a Luke a llevar la caja hasta la puerta de la cerca y se despidió de él con una sonrisa. Con algo de esfuerzo, Luke entró a su hogar y dejó la caja en la encimera de la cocina mientras tomaba su celular y abría la página web donde la señora Prince hacía sus shows, buscó su usuario y vio la miniatura: el sillón donde por lo general estaba sentada se encontraba vacío. Entró en la sala de chat y ya había algunos usuarios quejándose de la ausencia de RedWitch.

TheMasterFucker: Dónde carajos está? Me está haciendo perder el tiempo. Voy a irme a otra modelo que sí trabaje.

David233: Ya se tardó demasiado. Dijo que era sólo un segundo. Ya lleva desaparecida diez minutos.

JustARandomGuy: No entiendo por qué tarda tanto. Le doy otros cincos segundos. Si no viene me voy a otra sala.

Luke empezó a sentir cómo la sangre hervía en su interior. La señora Prince no era una muñeca inflable, algo que sólo se usa y se tira para placer propio, ella también tenía una vida. Estaba a punto de escribir algo cuando apareció RedWitch, luciendo su melena pelirroja y un apretado sostén de transparencias.

—Lo lamento mucho… Llamaron a la puerta y me demoré más de lo previsto —se excusó con una sonrisa.

JustARandomGuy: No hay problema, hermosa. Acá estamos todos… esperando por ver como te mueves. Quien era en la puerta?

—Sólo mi vecino. Nada serio —respondió sonriendo.

Frankie_is_Stan: Seguro te demoraste porque se la mamaste, no mi vida?

RedWitch dejó salir una carcajada.

—No, no hice eso. Aunque… Ganas no me faltan —respondió con una sonrisa lasciva—. Es un joven muy apuesto y atractivo, y ustedes saben que tengo un gran apetito sexual.

A Luke le latía el corazón tan fuerte que le dolía el pecho. ¿La señora Prince lo encontraba atractivo?

Tomó su teléfono y escribió como RedHunter.

RedHunter: Y si tuvieses la oportunidad, si tu vecino se te insinuara, lo harías con él?

Luke aguardó la respuesta con el corazón en la mano.

RedWitch miró el mensaje de RedHunter y soltó una risita juguetona antes de responder en la sala de chat.

RedWitch: Mi vecino, dices? Bueno, eso sería interesante. Y qué tipo de insinuaciones tendrían que ser, RedHunter?

La respuesta de RedWitch aumentó la tensión en el chat, y varios usuarios comenzaron a especular sobre la posible interacción entre ella y su apuesto vecino. Luke, bajo el disfraz de RedHunter, se encontraba en un dilema. Por un lado, estaba emocionado por la perspectiva de tener una conversación provocativa con la señora Prince en su identidad secreta como RedWitch. Por otro lado, le preocupaba que esto pudiera darle insinuaciones a la señora Prince sobre su verdadera identidad.

Mientras consideraba su respuesta, Luke sintió que estaba cruzando una línea y que tal vez debería detenerse antes de que las cosas se complicaran más. La doble vida de la señora Prince y su propia doble identidad lo habían llevado a un territorio peligroso. ¿Debería seguir con esta conversación arriesgada o retirarse antes de que fuera demasiado tarde?

«¿Qué posibilidades hay de que sepa que soy yo?» se preguntó Luke.

—Las mismas posibilidades que yo me entere que ella es una modelo de webcam —se respondió, y escribió.

RedHunter: Pues… decirte que eres hermosa, sexy, atrevida, que lo vuelves loco, que le encanta como eres y que en las noches sólo puede pensar en ti.

RedWitch respondió con una sonrisa coqueta:

—Vaya, Hunter, eso suena muy tentador. Tal vez debería prestar más atención a mi apuesto vecino en el futuro. ¿Quién sabe qué sorpresas nos depara la vida?

La conversación en la sala de chat estaba tomando un giro cada vez más provocativo, y varios usuarios estaban emocionados por la interacción entre RedWitch y RedHunter. Luke, en su papel de RedHunter, se sentía, ahora sí, totalmente capturado por los encantos y la sensualidad de su vecina.

Mientras los usuarios en la sala de chat continuaban comentando y especulando, la mente de Luke se preguntó si debía seguir con este jueguito secreto o ponerle fin antes de que las cosas se complicaran aún más. Pero más podía la tentación de lo prohibido, así que mandó al diablo a su consciencia, y mientras ponía a descongelar la lasaña que muy amablemente su sexy y dulce vecina le había dado, se prometió que, a como dé lugar, tenía que conseguir dinero para interactuar con el alter ego de Sophie Prince.

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