A la semana volvieron a Buenos Aires, Mateo ya tenía una decisión tomada, era lo mejor, ética y moralmente que se le ocurría hacer. Por lo que llamó a Aye para avisarle que había llegado a la ciudad y que se acercara a su casa, que necesitaba hablar con ella.
Cerca de las de las seis de la tarde, Aye llega a la casa de Mateo. Toca el timbre, nerviosa, lo había escuchado mal a Mateo por teléfono, no parecía el chico alegre que ella conocía, el que siempre se reía o hacia bromas, algunas subidas de tono. No parecía a él, para nada. Sonaba serio y angustiado. La puerta se abre dejando ver a un Mateo con el ceño fruncido, afligido y triste. Eso hace que el corazón de Aye se retuerza dentro de ella. Sin decir una palabra, ella se abalanza sobre él y envuelve su cuello con sus brazos. Mateo al reaccionar acepta su abrazo y la aprieta fuerte contra su cuerpo. Luego de unos segundos, se separan y ella le sonríe mostrándole que no todo está perdido y él con esfuerzo le devuelve la sonrisa. La toma de la mano y la obliga a subir las escaleras para llegar a su habitación.
Una vez ahí, aclama su boca sin miramientos, como si no fuesen a verse nunca más... Y tal vez fuera así, ya que no estaba seguro si ella iba a aceptar la propuesta de él, pero mientras la tuviera cerca en ese momento, la iba a besar y abrazar hasta que ella no quisiera hacerlo más. Se niega a dar por terminado ese amor, iba a ser ella quien dijera punto final.
-Te extrañé -susurra Aye cuando Mateo la dejó respirar.
-Te necesité -murmura él con la voz pastosa-. Te necesito.
Pega su frente a la de ella y cierra los ojos inspirando profundo para sentir su aroma a vainilla.
-Ya estoy aquí -musita.
-Ya estamos aquí -secunda Mateo.
La lleva a la cama obligándola a acostarse y él se tiende a su lado abrazándola y acariciándole el brazo quedamente. Se perdieron en el tiempo estando así. Ninguno de los dos hablaba, no decían nada, solo se acariciaban perdidos en el silencio y sus pensamientos. Lo único que se escuchaba era la tranquila respiración de ellos.
-¿Cómo está tu mamá? -se interesa Aye, no iba a preguntarle como estaba él, ya sabía cómo estaba, lo sentía. No era necesario preguntarle.
-Va a estar bien. Tiene a mucha gente a su lado -contesta y luego de un suspiro decide que ya es hora de hablar. Se sienta y se acomoda para estar frente a ella-. Tenemos que hablar -anuncia.
-¿Qué pasa? -indaga Aye sentándose también.
-No sé cómo decir esto. No sé cómo expresarme; por dónde empezar...
-Solo dilo, como salga -expresa Aye y Mateo asiente.
-Mi abuela dejó la empresa en mis manos. En realidad, puedo decir que no, pero no se sentiría bien hacer eso, me sentiría un cobarde y temo no ser un orgullo para ella. Estuve pensando mucho y creo que mi lugar es en frente de esa empresa -Aye no le dice nada, solo lo mira con el ceño fruncido tratando de asimilar todo lo que él le está diciendo-... Es lo único que queda de la familia de mi mamá, es un legado que si lo hago a un lado siento que el apellido de mi mamá se perderá... olvidará y, no quiero eso. Es un trabajo de muchos años y no se siente bien perderlo. Sé que a mi mamá no le importa, pero por alguna razón que no puedo explicar, a mí me importa. Siento que debo hacerlo, debo ir a Italia y hacerme cargo de la empresa, dejar vivo el nombre de mi mamá, de sus padres, de mi abuela -Toma aire y la mira a los ojos-. Por favor, di algo -le pide con la voz ahogada por el miedo de lo que pueda llegar a pasar.
-¿Vas a irte a vivir a Italia? -Mateo asiente-. ¿Vas a tomar tu lugar en la empresa? -Vuelve a asentir-. Vas a dejarme -musita tan bajo que Mateo tuvo que hacer un esfuerzo para escucharla.
-No quiero dejarte -articula él.
-¿Y entonces?
-Tampoco puedo pedirte que dejes todo y vengas conmigo, sin embargo, sí puedo pedirte que mantengamos nuestra relación a distancia; sé que será difícil, pero también sé que podemos hacerlo, lo nuestro es fuerte y puro, puede contra cualquier cosa.
-No va a funcionar -niega Aye.
-Sí que funcionará, somos fuertes, nos pertenecemos, los dos somos uno; siempre fue así y siempre será así -sentencia Mateo.
-No va a funcionar -repite Aye ahogada y deja salir las lágrimas.
De un salto sale de la cama y prácticamente corre hacia la puerta para salir de allí, no obstante, Mateo se le adelanta y la abraza por detrás, pegándola a él.
-Funcionará. Sé que va a ser así -respira en su oreja provocando que una corriente eléctrica recorra su cuerpo-. Por favor, no me dejes -le suplica.
Ella cierra los ojos suspirando profundo, se gira y sus frentes quedan unidas.
-No lo haré -jura para luego cerrar ese juramento con un beso.
Ese beso se hace más profundo, más poderoso, él la tiene agarrada de la cintura y ella del cuello; están agarrados con fuerza, sin temor a romperse. Mateo con cuidado la comienza a llevar de nuevo hasta la cama. Con suavidad la acomoda sobre el colchón, sin dejar de besarla y acariciándole el hombro con intensidad.
-Quiero hacerlo -suelta Aye casi inaudible, pero esta vez Mateo no entendió lo que dijo.
-¿Qué?
-Quiero hacerlo -repite-. Quiero entregarme a ti -entona con la voz vibrando.
-No tienes que hacerlo...
-Quiero hacerlo, quiero que seas el primero...
-El primero y el último -interviene él sonriendo.
-El primero y el último -concuerda ella-. Antes de que te vayas quiero darte como regalo y recuerdo esto, es lo mejor que tengo y quiero dártelo a ti.
-No es lo mejor que tienes, tú eres mejor -Le besa los labios despacio-. Pero no quiero que lo hagas porque te sientas obligada. Puedo esperarte hasta que nos volvamos a encontrar.
-Yo no pudo esperar -Suspira y clava sus ojos en los de él-. Solo acéptame -susurra.
-¿Segura?
-Segura.
Con una amplia sonrisa la besa, perdiendo la noción del tiempo dejando en ese beso todos sus sentimientos y sus almas expuestas.
Con sus manos baja al borde de la camiseta de la joven y se la quita por la cabeza, besa cada parte de la piel desnuda, tomándose el tiempo para deleitarse con la nívea y suave piel, perdiendo la conciencia con el aroma a vainilla que emana de su cuerpo. Con sutileza la despoja y se despoja de la ropa. Por primera vez, ambos estaban desnudos y expuestos el uno al otro. A ella le dio vergüenza y giró su cabeza para que no se diera cuenta que se había puesto roja, pero Mateo la conocía y no se podía ocultar de él tan fácilmente.
-No tengas vergüenza, soy solo yo -le susurra con dulzura-. Eres lo más hermoso que jamás he visto.
Ella le sonríe con timidez y él la vuelve a besar.
Su boca ocupa la boca de ella y sus manos ocupan todo lo que podían abarcar del cuerpo de Aye. El calor en la habitación sube con rapidez, sus respiraciones agitadas y sus cuerpos temblorosos marcan la pasión que hay para saciar. Mateo estira una mano hasta la mesita de noche para sacar un preservativo y colocárselo. A pesar que ella no tenía experiencia, él sí la tenía. Un año antes de que ellos comiencen su relación, él había tenido varias oportunidades con chicas que solo se le entregaban porque era el más popular de la escuela y además la banda daba sus frutos. Por lo que sabía muy bien que con Aye tenía que ser muy cuidadoso y lo último que él quería, era hacerle daño. Una vez que se colocó protección se acomoda en medio de ella apoyando la punta del glande sobre el sexo femenino. Aye se tensa y da un respingo.
-¿Quieres que pare? -le pregunta con suavidad. Ella tenía los ojos abiertos, muy amplios, estaba en alerta-. Puedo parar si quieres.
-No. Quiero que sigas. No pares -entona con la voz entrecortada.
Mateo asiente y la besa con dulzura.
-Dime si te hago daño -le pide sobre su boca antes de volver a besarla a medida que se va introduciendo dentro de ella con lentitud para no hacerle daño-. Relájate -le indica al sentirla tensa y demasiado quieta.
Al principio ella jadea por la quemazón que siente, pero después de unos minutos ese dolor se vuelve placer y comienza a gemir. Sus caderas cobran vida moviéndose al ritmo que indica Mateo. Él sonríe al ver que comienza a acoplarse a él.
-Eso es, Peque. Así -jadea el joven.
Ayelen pierde toda razón en los brazos de Mateo y Mateo se deja ir en los brazos de Ayelen. Ambos firmaron su sentencia. Ella quería que su virtud fuera un regalo y recordatorio de cuánto lo amaba. Él quería que para ella fuera especial y que también recordara cuánto la amaba. El tiempo y las circunstancias no estaban a su favor. No obstante, nadie los iba a culpar por intentarlo.
Aye fue la primera en dejarse ir jadeando el nombre del chico. Luego la siguió Mateo gruñendo como si se hubiera perdido la vida en ese lecho. Ambos respiraban de manera entrecortada y sus corazones estaban acelerados. Sus pieles brillaban por el sudor y sus ojos estaban cristalinos por lágrimas encerradas que no iban a dejar salir. Al menos Mateo no lo iba a hacer.
-¿Estás bien? -se interesa Mateo una vez que la acomodó a su lado y la envolvió con sus brazos poniéndose frente a frente.
-Sí -musita ella y una lágrima se escapa dejándola en evidencia.
-¿Qué ocurre? ¿Te hice daño? ¿Te lastimé? -pregunta con preocupación, pero ella se limita a negar con la cabeza-. ¿Entonces por qué lloras? -indaga acariciándole la mejilla.
-No quiero que te vayas -hipa Aye y a Mateo se le estruja el corazón al escuchar el pedido de ella y cierra los ojos respirando hondo-. Sé que no es noble que te lo pida, que soy una egoísta, pero te quiero aquí, conmigo, a mi lado -Esconde la cabeza en el hueco del cuello y el hombro de Mateo sin dejar de llorar.
-Tampoco quiero irme. Quiero quedarme aquí contigo, a tu lado, también voy a extrañarte. Pero es mi deber, tengo que hacerlo -Ella solo llora, quizás ni siquiera está escuchándolo-. Dios, no me lo hagas más difícil. Por favor -suplica.
-Lo siento -murmura ella con la voz ahogada por tener la boca pegada en el cuerpo de él.
-No, yo lo siento -Besa su frente-. Nunca voy a poder olvidar este momento, ¿sabes? Siempre pensé que serías la única mujer, decía estar seguro, pero ahora lo reafirmo. Eres la única mujer para mí. La única -Ella lo mira y le dedica una sonrisa triste-. Te amo -le susurra perdido en los ojos de ella mostrándole su alma y haciéndole saber que es suya.
-Te amo -murmura Aye anclando todo su afán en esas palabras.
Aye llega a su casa, después de unas intensas clases de danza. Su único pensamiento, era llegar y correr a la ducha para quitarse el sudor del cuerpo. Abre la puerta de su casa y dando saltitos se quita las convers dejándolas a un lado de la puerta. Cuando levanta la vista se pega el susto de su vida al encontrarse con su hermano parado mirándola fijo.
-Casi muero del susto -se queja ella con una mano al pecho.
-Mamá está en la oficina -le informa-. Está esperándote.
Aye frunce el ceño.
-¿Pasó algo? -cuestiona la joven.
-No sé -Lucas se eleva de hombros-. Está enfadada -le deja saber.
-¿Conmigo? -se auto-señala ella.
-Conmigo no -se señala el chico.
-No eres de ayuda -se queja antes de rodearlo para ir al encuentro con su madre.
-¡Suerte! -le grita su hermano.
Ella lo ignora y sigue su camino. Cuando llega a la oficina, da un suave golpe en la puerta antes de abrirla y asomar la cabeza dentro del lugar.
-¿Se puede? -pregunta con cuidado. Lina asiente y ella entra-. Me dijo Lucas que estabas esperándome -dice al tiempo que camina observando a su padre parado a un lado mirando por la ventana.
-Sí -Lina saca un sobre bastante gordo del cajón del escritorio y lo posa con brusquedad sobre el mismo-. ¿Qué es esto? -pregunta sin rodeos. Aye mira el sobre, luego a su madre que la miraba con el ceño fruncido y luego a su padre que la miraba sonriendo-. No mires a tu padre -espeta la madre.
-No sé lo que es -confiesa Aye.
-No hay problema -dice Lina con brusquedad-. Yo te digo lo que es.
Abre el sobre tirando lo que hay dentro sobre el escritorio.
-Ángel -advierte Alex para tranquilizarla, pero ella lo ignora.
-Es una aceptación de Juilliard -lanza Lina dejando a Aye sin respiración.
-¿Es qué? -balbucea Aye.
Te aceptaron en Juilliard -le dice Alex con suavidad ampliando su sonrisa.
-Ay, Dios mío -chilla Aye pegando un salto-. No puedo creerlo.
-Yo tampoco -suelta Lina provocando que Aye se quede paralizada en el lugar.
-¿Qué? -susurra la joven.
-No puedo creer que no nos hayas dicho nada sobre esto, Ayelen -Lina sacude los papeles al aire-. ¿Cómo es que tengo que enterarme de esta forma? O, ¿cuándo pensabas decirnos de esto, cuando ya estés en Estados Unidos?
-Ángel, cálmate -le pide Alex.
-Y una mierda -escupe ella.
-Mamá -musita Aye.
-¿Cómo fue que paso esto? -inquiere Lina tomando una respiración para calmarse.
-Mandé mis datos y calificaciones por e-mail -responde Aye con lágrimas en los ojos.
-Necesitas una recomendación, Aye -interviene Alex hablando con suavidad-. Es muy difícil entrar.
Aye asiente.
-Tuve un poco de ayuda -murmura.
-Déjame adivinar -entona Lina-. Tu abuelo Gerard fue tu ayuda, ¿verdad?
Alex suspira.
-Tu madre está enfadada -suelta como si no fuera algo obvio.
-Por supuesto que estoy enfadada -interrumpe Lina.
-Ángel -le regaña-. Ella está enfadada porque no nos has dicho nada sobre esto, tuvimos que enterarnos así, de casualidad -explica con cautela-. ¿Por qué no nos dijiste nada? -le pregunta mostrando el amor que siente por ella.
-Lo siento -susurra la joven.
-No puedo creer que tu padre se haya metido en esto y nos lo haya ocultado. ¿En qué demonios estaba pensando? -refunfuña Lina-. Tu padre va a escucharme.
-En realidad -Aye se aclara la garganta-. El abuelo Roberto también puso su granito de arena.
-¿Qué? -chilla Lina-. ¿Mi papá también?
Alex suelta una carcajada y ella lo fulmina con la mirada. Él pone una mano en su boca para tapar su sonrisa.
-El abuelo también mandó una recomendación aprovechando que estuvo en la guerra de parte de Estados Unidos y usó sus contactos.
Alex sonreía como un tonto, mientras Lina refunfuñaba. Aye lo mira y él le guiña un ojo haciéndola sonreír.
-¿Acaso están todos en mi contra? -se queja Lina.
-No, mamá. Ellos solo me ayudaron porque yo se los pedí -salta Aye en defensa de sus abuelos.
-Ángel, no seas tan dura -le pide Alex acariciándole el hombro-. Aye, entiende, nos duele que no hayas confiado en nosotros para esto. Es algo grande y nos enteramos por casualidad.
-No es justo -interviene Lina.
-Lo sé, lo siento -se acongoja Aye-. Quería decirles, lo juro -se apresura a decir-. Pero tenía miedo.
Esas palabras hacen que Lina se calmara de un solo golpe.
-¿Miedo? -pregunta ella-. ¿Miedo a qué?
-A que no quisieras que vaya -dice con sinceridad-. Soy consciente que es muy lejos, que estaría sola, sin ustedes. Pero de verdad quiero hacerlo, es mi sueño terminar mis estudios en Juilliard.
-Tienes razón, es muy lejos -expresa Lina provocando que la cara de Aye decaiga-. Sin embargo, sé cuáles son tus sueños y jamás me interpondría en ellos. Deberías haber confiado en mí, duele saber que no lo has hecho.
-Lo sé, lo siento -Aye se levanta y corre hacia su madre y la abraza-. Lo siento, mamá -le repite con el rostro escondido en el cuello de su madre.
-No importa, Aye, está bien -la tranquiliza ella.
-¿Me perdonas? -le ruega la joven.
-No hay nada que perdonar, te entiendo -Lina le acaricia la espalada aguantando su propio llanto-. Sé porque lo hiciste -Aye la mira-. Yo también tuve tu edad -Le sonríe y Aye también lo hace.
-¿Eso quiere decir que puedo ir? -curiosea Aye.
-Puedes ir -asiente Lina y Aye pega un grito y la abraza más fuerte haciendo reír a sus padres-. Pero -ante eso Aye deja de moverse y contiene la respiración-... no debes hacer algo así nunca más. Quiero que confíes en mí, siempre.
-Sí, sí. Confió en ti. Sí, mamá -se apresura a decir abrazándola de nuevo.
-¿Yo no me merezco un abrazo? -interrumpe Alex fingiendo estar afligido.
-Te amo, papá -Aye salta a los brazos de Alex arrancándole una carcajada.
Una vez que se calmó, Lina se aclara la garganta para ocultar el nudo y poder hablar.
-Debes decírselo a Gaby -le sugiere sabiendo como es él con ella.
-Sobre eso...
Aye mira a todos lados menos a su madre.
-No me digas que él también lo sabe -exclama poniéndose furiosa de nuevo.
-No, no -se apresura a aclarar Aye- Él no sabe nada, sin embargo, quería que se lo dijeran ustedes...
-Ah, no, niña, ni lo pienses -niega Lina-. Vas y hablas con él, cuéntale todo y te aguantas todo lo que diga y el pataleo que hará, ponte los pantalones de niña grande y aguanta lo que venga. Yo a ese tren no me subo.
-Está bien -suspira Aye sabiendo que la madre tiene razón.
-Es tu historia para contar -le indica Alex.
-Está bien -repite ella-. Voy a ducharme y luego voy a su casa para contarle.
-Me parece bien -asiente en acuerdo Alex.
Aye besa a cada uno de ellos y se gira para salir.
-Aye -la llama Lina.
-¿Si, mamá?
-¿Estás bien? -quiere saber.
Aye le sonríe y asiente.
-Muy bien, mamá. Gracias.
En realidad, no está muy bien, era uno de esos momentos en que anhelaba que una persona en especial estuviera a su lado apoyándola como había hecho en muchas oportunidades.
Ella abre la puerta para salir de la oficina y un pequeño cuerpo con pelo rubio cae a sus pies. Ella da un paso atrás, asustada y cuando se da cuenta que se trata de su hermano comienza a reír y sus padres la secundan detrás de ella.
-No es chistoso que se rían del más pequeño -se queja el niño levantándose de suelo.
-Lo tienes merecido por chismoso -le reprende Aye.
-Mamá -se queja él.
-Ella tiene razón, Lucas -Sonríe Lina.
-¿Papá?
Busca que al menos su padre lo defienda de las mujeres.
-Esta vez no hay manera de cubrirte -se ríe Alex haciendo que el niño bufe.
-Todos están siempre en mi contra -refunfuña él.
-Esas palabras me suenan -le susurra Alex a Lina sabiendo bien que son palabras de su mujer.
-Voy a ducharme -anuncia Aye y antes de salir le revuelve el pelo su hermano.
-Ve a buscar algunos dulces así vemos una película -le indica Lina a Lucas.
-Está bien.
El niño sale corriendo para llegar rápido a la cocina.
-¿Estás bien? -le pregunta Alex a Lina dándole un suave beso en la mejilla.
-¿Crees que va a estar bien? -indaga mirando hacia la puerta.
-No lo creo. Estoy seguro -le contesta abrazándola desde atrás y apoya su barbilla en la coronilla de ella.
-Desde que Mateo se fue, ella cambió.
-Mateo se fue por que era su deber y lo sabes.
-Lo sé, no lo acuso de nada. Sé muy bien que su decisión no fue fácil y era lo que le correspondía hacer -Ella suspira-. Pero desde él, ella no ha sido la misma.
-¿Estás diciéndome que ellos dos tuvieron sexo? -Alex se ahoga con la última palabra-. Porque si es así voy hasta Italia a cortarle bolas.
Lina se ríe con fuerza y niega con la cabeza.
-No me refería a eso.
Alex suspira de manera audible.
-Gracias a Dios.
-Aunque estoy segura que él fue su primera vez -Ella sonríe.
-Lina -gruñe Alex y ella se carcajea.
La mujer se gira y se pega a su marido haciéndolo olvidar lo que acababa de decirle sobre su hija. Lina atraca la boca de él y él se deja ser atracado por ella.
-Vas a tener mucho trabajo haciendo que supere que nuestra hija esté en otro país -le murmura ella en cada beso.
-Vamos a tener mucho trabajo los dos -reconoce Alex.
~~~
Una vez que Aye sale de la ducha, se viste con camiseta blanca, unos jeans pres rasgados y botas militares. Camina hasta el ordenador y revisa sus e-mails, esperando encontrar alguno que sea de esa persona que ella extraña tanto, tal cual hace todos los días, antes de dormir; luego de levantarse y en cualquier momento del día que está cerca de su ordenador, sin embargo, como cada día de ese último e-mail, de esa persona que ella no puede olvidar, no hay ninguna novedad. Resignada, solo por el momento, porque sabe a la perfección que, aunque diga que va a hacer la última vez que espera un correo de él, va a seguir esperando. Se aleja del portátil, busca una chaqueta y sale sin mirar atrás de su habitación. Al llegar abajo se encuentra con su hermano que estaba atorado con bolsas de gomitas y chocolate entre sus brazos.
-¿Qué haces, enano? -curiosea ella sonriendo.
-Con mamá vamos a ver películas -le responde Lucas.
-Toda esa cosa no es saludable -observa ella.
-Soy un niño -Él se eleva de hombros.
-¿Y qué se supone que significa eso? -pregunta la joven.
-Qué no soy saludable -bromea el niño.
-Se te van a caer los dientes con tantos dulces -le molesta Aye.
-Eso no es verdad -se queja el niño.
-Pregúntale a mamá -entona con despreocupación-. Y de paso, dile que voy a ver al tío Gaby -dicho eso se gira y sale por la puerta.
Lucas observa todos los dulces que tiene entre sus brazos y camina hasta la sala de estar para encontrarse con su madre que se dedicaba a buscar alguna película de acción como a ellos les gustaba ver.
-Mamá -comienza el niño.
-¿Sí?
-¿Si como muchos dulces se me van a caer los dientes? -indaga el niño con preocupación.
-¿Quién te dijo eso? -cuestiona Lina y por la mirada del niño descubre quien fue-. Aye -suspira y se dispone a tranquilizar a su hijo-. Eso no va a pasar, bueno siempre y cuando seas moderado.
-¿Qué es moderado? -curiosea el niño.
-Mejor veamos la película y luego hablamos -desvía la conversación la madre.
~~~
Aye, llega a la casa de su tío y es recibida por Noe, la mujer de su tío Gaby. Ella la hace pasar y al notar el nerviosismo de la joven, la conduce hacía la cocina para prepararle un chocolate caliente, tal cual le gusta.
-¿Qué está pasando? -curiosea Noe en cuanto le deja la taza frente a ella.
-Tengo que hablar con mi tío -responde la joven.
-Y eso no parece ser algo muy bueno -comenta Noe entrecerrando los ojos.
-Depende para quien -murmura Aye.
-En unos minutos saldrá de la ducha y creo que podrías hablar con él -entona caminando al refrigerador-... con esto -termina mostrando un tarro de helado de mouse de limón dejando olvidado el chocolate caliente.
-Estás diciendo que lo extorsione -adivina ella.
-Quizás -Sonríe Noe haciendo reír a Aye-. Esto va a ayudar a que hables con él con cuidado... Creo -termina diciendo.
-¿Vas a quedarte conmigo? -le pregunta la joven.
-Vaya, debe ser algo realmente jodido -bromea Noe-. No voy a quedarme, te encargas sola de la bestia que desates.
-Noe -se queja Aye.
-No, niña, todavía recuerdo cuando amenazaste con dejarme pelada si le hacía daño. ¿Adivina qué? No seré yo quien le haga algo -se burla la mujer.
-Eso es muy vengativo -esboza Aye con sarcasmo-. Era una niña, no sabía lo que decía -se excusa.
-Sonabas bastante segura -le hace saber Noe-. Eres una chica ruda.
-No te burles -se queja divertida y ambas se ríen al recordar ese día.
-¿Por qué las risas? -indaga Gaby al llegar junto a ellas todavía con el cabello húmedo por la ducha.
Noe lo observa como hace siempre cuando ve a su marido y Aye gira los ojos al notarlo.
-Solo estábamos recordando cosas -responde Noe sin quitar los ojos de su hombre, mientras él se acerca a su sobrina y le besa la frente.
-Ya, Noe -se queja la joven.
-¿Qué? -pregunta ella con inocencia fingida.
-Deja de mirarlo de esa forma, por Dios -le reprende haciendo reír a Gaby.
-¿Y cómo me mira? -curiosea el morocho.
-Como si fueras su cena -responde Aye.
-Eso no es verdad -se defiende Noe provocando que los otros dos rían y Gaby se acerca a ella.
-Todavía no es hora de la cena -entona tocando su abultado vientre.
-¡Tío! -chilla Aye.
-¡Aye! -imita su voz el morocho.
-Creo que ustedes tienen que hablar -habla Noe-. Voy a recostarme un poco, esto de estar embarazada no es lo mío.
-Está bien -le dice Gaby con suavidad antes de darle un dulce beso en los labios-. Descansa.
Noe asiente y sale de la cocina dejándolos solos.
Aye, para hacer un poco de tiempo y también para tomar coraje, se levanta y busca unas cucharas para el helado que le ofreció Noe.
-¿Helado? -le pregunta la joven a su tío agitando las cucharas.
-Por supuesto -sonríe él para luego tomar asiento al lado de su sobrina-. ¿Qué es lo que pasa, Aye? -cuestiona luego de meter una considerada cucharada en la boca.
-¿Qué te hace pensar que pasa algo? -evade la joven perdiendo toda su dignidad.
-No te burles de mi inteligencia, por favor -le pide él-. Te conozco.
-Bien -asiente ella-. Tengo que contarte algo que para mí es lo mejor que puede pasar en mi vida...
-Después de mí, obvio -interviene él.
-Obvio -asiente sonriendo-. No sé como vayas a tomar lo que voy a decirte, pero ojalá estés feliz por mí, porque va a ser algo muy importante y que va a marcar el resto de mi vida...
-Ya -le corta él-. Dime lo que pasa, ya que seguramente tu historia no va a ser tan sórdida como mi imaginación -exige.
-Me voy a estudiar a Juilliard -suelta sin más.
-Eso es genial -duda él-. ¿Qué carajo es Juilliard?
-Una universidad en Estados Unidos -responde Noe entrando en la cocina.
-¿Qué? -murmura Gaby-. ¿Qué? -repite con un tono de voz elevado y levantándose de un salto de la silla.
-No enloquezcas -le pide Aye.
-Debe ser una broma -refunfuña el morocho-. ¿Qué no enloquezca? ¿Te vas a otro país y no tengo que enloquecer? Eres una niña, no puedes viajar sola, más al otro lado del mundo -suelta con enfado.
-En realidad, no es tan lejos como -se calla abruptamente cuando ve a Noe negar con la cabeza.
-Me imagino que tus padres deben estar echando humo por las narices -Gaby comienza a caminar de un lado a otro sin parar.
-De hecho, ellos -La joven comienza a balbucear-... están felices por mí -habla en voz baja.
-¿Acaso perdieron un tornillo? -se queja el morocho-. Eres una niña, ¿qué mierda les pasa? -masculla pasándose las manos por el pelo.
-No soy una niña, ya tengo 18, soy mayor de edad -se defiende Aye.
-Eres una niña, no puedes viajar sola a otro país.
-No soy una niña, ya tengo 18 -Aye se levanta de su silla y enfrenta a su tío-. Voy a viajar sola -dice enfatizando la última palabra- a otro país y estudiar lo que yo quiero, forjar mi futuro a mi semejanza. Así que supéralo -dicho eso se gira y sale de la casa de tío hecha una furia.
-Eso fue ilustrador -murmura Noe divertida.
-No digas nada -le advierte él y sale tras Aye-. ¿Supéralo? ¿En serio? -grita llegando a ella-. Qué estúpida palabra -se queja ya estando a su lado-. Si piensas que con esa palabra te libraras de mí, estas muy equivocada, jovencita -Sigue hablando igualando el paso de Aye-. No voy a superarlo, ni de chiste. Eso nunca, jamás. Diablos, en serio odio esa palabra. ¿Por qué las mujeres siempre dicen eso? ¿Acaso es una especie de código entre ustedes? ¿Es una palabra de doble sentido? Porque, la verdad, es una mierda esa palabra, siempre me hacen callar con esa palabra.
-No pareces muy callado -murmura Aye.
-Debe estar perdiendo efecto en mi -masculla el morocho-. Como sea, estoy rodeado de mujeres tercas, necias, obstinadas, mujeres que me vuelven loco. Esto debe ser algo del karma -Eso hace reír a Aye-. ¿Qué es lo gracioso? -interroga con el ceño fruncido.
-Tu diatriba -responde ella sonriendo.
-¿Mi qué? -pregunta confundido, la detiene y luego sacude la cabeza-. No importa. Esto es absurdo, estás haciendo todo esto por el chico "me-voy-a-Italia-a-salvar-el-mundo". Mira, yo he pasado por eso, pero huyendo no te va a ayudar en nada, por más que te vayas a otro país para escapar de las cosas que te recuerdan a él, no vas a poder escapar de los recuerdos y sentimientos, esos te perseguirán siempre. Solo tienes que superarlo -Sonríe con la última palabra.
-¿No que odiabas esa palabra? -se mofa la joven.
-Estoy hablando el idioma de ustedes -se jacta-. A ver si entiendes -dice más bajo.
-Tío, no me voy por ningún chico, me voy porque es mi sueño poder estudiar arte y danza en la universidad más importante del mundo en esas profesiones. Solo tienes que apoyarme, yo sé que puedo hacerlo -esboza la joven con esperanza y Gaby suspira.
-Tienes que hablar en inglés -le hace saber el morocho para buscar escusas para que no viaje.
-Sé inglés, alemán e italiano -expresa levantando la barbilla con soberbia.
-Presumida -masculla el tío y luego apoya su brazo en los hombros de Aye obligándola a caminar de nuevo-. Es un lugar lleno de gente que no conoces.
-Lo sé, pero soy buena haciendo amigos -se jacta ella.
-¿Cuándo te vas? -pregunta finalmente.
-En un par de semanas -le responde.
-Voy a matar a tus padres. No. Voy a torturarlos y luego matarlos y luego revivirlos y luego torturarlos y matarlos de nuevo y así sucesivamente hasta que digiera que ya no estás.
Aye ríe antes eso.
-No harás eso -dice riendo.
-Ah, ¿no? -bromea él-. Ponme a prueba y veras -Ella ríe-. Vas a cuidarte, ¿verdad? -le pide unos segundos después.
-Claro que sí. Se pelear, ¿recuerdas? -comenta elevando de nuevo la barbilla.
-Obvio, yo fui quien te enseñó -entona con orgullo el morocho.
-Y sabes que lo hago bien -canturrea ella.
-¿Y eso qué se supone que significa? -cuestiona el morocho.
-Que te he hecho morder la lona -contesta con superioridad.
-¿Por qué todas las mujeres dicen que me patean el culo? -pregunta quejándose-. Debo de dejar de ser tan condescendiente -se responde así mismo negando con la cabeza.
-Ahora eres condescendiente, si como no -se burla ella.
-Vamos a tomar ese helado que usaste para extorsionarme antes que me arrepienta y te encierre en la torre más alta que encuentre -exclama con un poco de sinceridad.
-Ojalá el bebé que esperan no sea una niña -se compadece ella.
-Ay, no por Dios, ojalá que no. No lo soportaría -Lloriquea el morocho haciendo reír a la joven-. Ya hay suficientes mujeres en mi vida atormentándome, no necesito ni una más.
Ambos se miran y riendo siguen su camino hacia la heladería más cercana.
Luego del helado y de escuchar todas las sugerencias y consejos de su tío, y por supuesto de remarcarle unas mil veces que va a estar bien, Aye regresa a su casa bastante cansada, no es fácil lidiar con su tío, ella lo sabe bien y sinceramente espera que el bebé que está esperando Noe no sea una niña, si es así le espera un lindo dolor de cabeza por el padre que le va a tocar. Ante ese pensamiento ella sonríe, su tío puede ser un obsesivo protector, pero es el mejor hombre «además de su padre», que ha conocido en su vida. El amor que ese hombre puede dar a sus seres queridos es inconfundible. Luego de quitarse el calzado se dirige hasta la cocina buscando a su madre, encontrándola preparando café.
-¿Cómo te fue? -se interesa al verla llegar.
-Difícil -responde la joven-... Al principio, pero luego todo mejoró -reconoce.
-Sí, Gaby es complicado -concuerda Lina-. ¿Y qué te dijo? -curiosea.
-Qué iba a torturarlos hasta matarlos y luego revivirlos y torturarlos hasta matarlos de nuevo y así sucesivamente -le responde con diversión.
-Imagino que esa fue la parte difícil -entona su madre-. ¿Y la parte fácil, cuando llega?
-Tomamos helado y me cansé de escuchar sus consejos y sugerencias -responde Aye sentándose y tomando el café que le tiende su madre.
-Creo que fácil no está en el vocabulario de Gaby -suspira Lina.
-Pensó que me iba por Mateo -confiesa ella.
-¿Y por qué pensó eso? -indaga Lina.
-No lo sé -contesta Aye elevando los hombros.
-Y no te vas por él, ¿cierto? -cuestiona su madre.
-No, no -se apresura a decir-. Me voy porque es un sueño que quiero cumplir, no tiene nada que ver con él.
-¿Segura? -insiste Lina-. No quisiera que te alejes de todos por un chico.
-Segura, mamá, no es por él -responde Aye-. Admito que no lo olvidé, pero esto lo hago por mí, no por él -confiesa con seguridad.
-Está bien -asiente Lina-. Quizás te enamores de alguien más estando allá y te haga olvidar de Mateo -sugiere.
-No voy en busca de enamoramientos, voy a estudiar -expresa la joven.
-Puedes hacer las dos cosas -entona en tono cómplice.
-Ya la escuchaste -se escucha desde la puerta de la cocina y ambas dirigen la vista allí encontrándose con Alex-. Ella va a estudiar, no a encontrar chicos. No le metas cosas en la cabeza -reprende.
-Sí, señor -se burla su mujer.
-Hablo en serio -advierte él-. O va a estudiar o me voy a poner del lado de Gaby. Estoy muy seguro que habrá sugerido encerrarla en algún lugar.
-En la torre más alta que encuentre -habla Aye.
-Ves -le dice Alex a su mujer mostrando una torcida sonrisa y elevando una ceja.
-Bien, bien -se rinde Lina-. Nada de enamoramientos.
-Gracias -entona Alex satisfecho y sale de la cocina.
-Enamórate en silencio -le dice Lina en voz baja haciéndola reír.
Aunque a Aye le causara risa la complicidad de su madre, duda muchísimo que pueda volver a enamorarse, no es que no quiera hacerlo y sacarse de una vez por todas a Mateo de la cabeza, pero justamente ese era el problema, Mateo no solo estaba en su cabeza, sino también en su corazón, en cada poro de su cuerpo. No iba a ser fácil quitarlo u olvidarlo como dicen todos. Pero obviamente iba a tratar y la mejor manera que conocía para alejar a Mateo de su cabeza, era estudiando o teniendo actividades extracurriculares. Por lo tanto, eso era lo que iba a hacer en cuanto pisara el campus de Juilliards.