Capítulo 2

Realmente…

¿Se puede creer en el amor a primera vista?

No estoy segura de haberlo vivido, de lo que si estoy segura es de haberme sentido por un momento de una sola persona, es como aquella sensación donde nos sentimos conectados sin necesidad de estar cerca el uno del otro, que al comienzo fue solamente un deseo “Carnal” por decirlo de un modo, aquellas ganas escondidas de sentir cada parte de su cuerpo junto al mío, las mismas ganas de devorarlo cuando me hablaba, cuando me besaba; supongo que eso fue lo único que creamos entre los dos, deseos reprimidos de ser uno solo en cuerpo.

Ese día que nos conocimos únicamente intercambiamos palabras para involucrarnos dentro de temas educativos, algunos apuntes, ejercicios entre otras cosas, nada fuera de lo normal; pero como todo se da sin llamarlo pasó… Salió aquel tema desde el típico “¿Estás soltera?” hasta aquel “¡Somos muy parecidos!”, y eso era lo peor, que éramos demasiado iguales.

Ninguno de los dos pensaba en una relación, en realidad nos aterraba el pensar llegar a algo serio, así que nos concentramos en ser solo amigos, ¡Amigos con derecho!; Nuestro primer encuentro marcó el inicio de todo lo que vendría más adelante, fue verdaderamente increíble, tanto para mí, como para él; cabe destacar que muy a pesar de sentir estos increíbles deseos por él, por su cuerpo desnudo encima del mío, a mi lado y debajo de mí, jamás había estado con un hombre, por lo que era atemorizante pensar en ser suya sin saber cuál era el significado real de la palabra sexo.

Un día simplemente me dejé llevar, viví con tanto miedo por un tiempo que oculte mi erotismo de mi misma, pero aquella tarde luego de clases fue distinto; como de costumbre se ofreció a llevarme a casa y yo acepte, y durante el camino sentía sus manos frías y grandes sobre mis piernas, acariciando lentamente cada parte de ellas, sentía como subían y con un gentil movimiento circular, acariciaba mucho más allá. Sin pensar mucho decidí actuar, baje su cierre y llena de deseo le hice el mejor oral según yo lo había contemplado, pude saborearlo, chuparlo, acariciarlo y finalmente tragar hasta su último suspiro. Seguidamente, nos acercamos a una casa vecina, mi cuerpo aún se encontraba caliente por él… recuerdo perfectamente el momento en el que me cargó hasta la habitación, nos quitamos la ropa desesperadamente y en un segundo tenía su rostro entre mis piernas, él mordía con suavidad mis muslos, las lamia y continuamente me hacía gemir de placer, y ya estando completamente mojada y excitada introdujo su dedo medio en mi vagina… ¿Dolió? Un poco, supongo que mi deseo fue tan grande que solo sentí un poco de ardor.

Continuamos con lo nuestro, para hacerlo menos doloroso yo estuve al comienzo encima de él, lubrique tanto que solo sentí un poco de presión al momento de ser penetrada, pero teniendo su miembro dentro de mí, ya solo podía pensar en no sacarlo, lo deseaba, lo quería y lo disfruté.

Esa noche al llegar a casa solo sentía ardor, quizás por el movimiento – No puedo negarlo – no fue suave y lento, lo hicimos de muchas formas, yo jamás le confesé que era virgen, solo me atreví a decirle que había pasado mucho tiempo sin estar con alguien, y seguramente me encontraba cerrada, apretada, lo cual aún dudo que me haya creído, pero de igual manera lo hicimos, así como muchas veces más.

Nos habíamos acostumbrado tanto a lo habitual que decidimos innovar lo que siempre habíamos imaginado en ese preciso momento, y los dos quedamos mucho más que complacidos.

Aquel encuentro donde no hubo necesidad de utilizar una habitación, pues cada esquina de esa casa, nos hacía una llamada de pasión, entre besos, caricias, mordidas, encendimos nuestros cuerpos a una temperatura sobrehumana, cada prenda quedó en diferentes partes de la casa, y nosotros terminamos en la cocina, conscientes de lo que estaba ocurriendo pero ansiosos por seguir, ¿Algo salvaje? También quisimos vivirlo, y descubrimos que nos aumentaba el placer, no necesitábamos más, pues luego de muchas horas logramos agotarnos.

Los días continuaban pasando y éramos como dos simples amigos, aparentando delante de las personas que solo nos conocíamos de vista y trato, y ocultando que con solo mirarnos a los ojos, nuestros cuerpos gritaban, anhelaban volver a estar juntos, ¡Sí! Ese deseo que continuaba cada vez más incrementándose, nos consumía poco a poco en un tornado de pasión.

Esperábamos cada segundo a solas, para “Matar aquellas ganas” pero sentíamos que era imposible, pues cada minuto era una eternidad, y comenzamos a hacernos notar delante de todos, pues al pasar nuestras miradas nos delataban, nuestros labios se mordían solos, se encontraban cada vez más sedientos del otro y nuestro pulso se aceleraba mientras nuestro cuerpo se calentaba.

Nuestra aula de clases fue testigo de muchos actos, los baños, los centros comerciales, aquel McDonald's de la esquina, e innumerables hoteles y posadas, y sentíamos que todo iba de maravilla, hasta que un día comenzamos a cambiar.

Nos comenzamos a alejar el uno del otro.

Mis amigas se dieron cuenta, así como sus amigos, intentábamos disimularlo, sin embargo cada vez se hacía imposible, ya no nos mirábamos de la misma forma, pues nuestros sentimientos habían cambiado, pero seguíamos negándonos a aceptar aquella realidad a la cual le temíamos. Así que apareció ella en nuestro camino, la chica con la cual decidió formar pareja. Era extraño pues había pensado siempre que él le temía al compromiso, pero estaba equivocada. Yo le temía aún más, aunque sin duda alguna, mi temor principal era perderlo a él.

Estaba ocurriendo, lo que muchas veces mi mejor amiga me advirtió – ¡Sigues con el juego, y terminarás enamorada de él! – Estaba pasando de verdad y era doloroso, increíblemente doloroso, ya no solamente lo extrañaba en deseo, sino de la manera más personal que nunca, extrañaba mirarlo, sonreírle, hablar con él, absolutamente todo, ¡Guao que si era doloroso!

De pronto luego de siete largos meses, que parecieron años, llegó el mensaje que tanto esperé… ¡Terminamos, estoy de nuevo para ti!

No obstante al leerlo, sentí tristeza, pues no lo quería de esa manera, ya era diferente, ya había cambiado todo dentro de mí, y ahora quien lo reclamaba no era mi cuerpo, sino mi corazón, mi egoísta corazón.

Pasaron muchas semanas, y nada ocurrió, sentí de nuevo deseos, pero no podía volver a caer en lo mismo, mi mejor amiga me decía a diario que debía confesar lo que sentía, que me sentiría mucho mejor luego de hacerlo, pero me daba miedo. Se supone que la primera vez en la que una mujer mantiene relaciones sexuales siente miedo, ese pequeño temor que es inexplicable, pero cierto, pues, yo sentía un miedo mayor a ese, tal vez era el pensar que lo terminaría de alejar para siempre, y me encantaba la idea de tenerlo aunque sea como amigo, como los amigos que habíamos sido desde un inicio, y al otro segundo reaccionaba y decía ¡Basta! No puede seguir pasando.

Y ganó ese deseo, volvió a ocurrir, unas veces más, pues amaba cada segundo a su lado, cada parte de su cuerpo era también parte del mío, cada mordida suya, era como un mensaje de pertenencia, yo le pertenecía, sin embargo sentía que él no me pertenecía a mí…

Juegos que comienzan perfectamente y terminan mal, siempre uno sale más lastimado que el otro, nunca deja de ser solo un hecho “Típico” y afrontar ahora que debo alejarme de él aparentando que todo sigue como en un inicio es muy rudo, no obstante el orgullo es algo tan negativo, tan fuerte, que es difícil dejarlo, y preferimos seguir mintiéndonos en un mar de profundo dolor y negación, antes que aceptar que ya no eres solo un amigo.

Capítulo 3

Seguía ocurriendo… ¡Sí! Claro que seguía sucediendo, una y otra vez repetimos lo que más nos gustaba hacer, el estar juntos como uno solo, pero en cuerpo, sin ataduras, sin ningún tipo de relación seria que nos dificultará nuestro momento de placer, y en realidad era increíble, creo que una de las cosas que más amaba de ti era el mirarte a los ojos cuando te encontrabas encima de mí, pues sentía que muy dentro había un poco de amor, un amor como el que yo sentía desde un inicio, cuando esta locura comenzó y cuando supe que no era buena idea y aun así seguí sin medir ningún tipo de consecuencia.

Recuerdo ese día como el mejor de todos, cuando recibí su llamada luego de dos semanas sin saber nada de él, justo allí cuando miré el celular y al atender me dijiste – Necesito verte – y claro que sabía que significaban esas palabras, y en cierto aspecto yo también necesitaba verlo, acariciarlo besarlo y sentirlo, pero debía ser rápido, él iba saliendo de viaje y yo necesitaba volver a la oficina.

Ese día esperaba afuera de la torre empresarial en su carro azul, salí de la oficina con la excusa de que buscaría unos documentos a firmar con urgencia, me subí y lo besé en los labios, lo miré y acaricié su rostro con ternura, él tomó mi mano y la besó, seguidamente la bajó hasta su miembro y yo seguí su juego, un oral mientras manejaba, nuestro deporte favorito, se estacionó detrás de un colegio, en una calle algo solitaria, ¡Gracias a Dios los vidrios tenía papel ahumado! El más oscuro que podía haber visto en mi vida, y me alegra pues sirvió de mucho.

Colocamos el asiento un poco hacia atrás y lo inclinamos para que él pudiera estar más cómodo, baje mi pantalón y me senté encima de él, cómo amaba estar, sintiéndolo dentro de mí, cada segundo en el que era penetrada era excitante; él apretaba con fuerzas mis muslos y seguidamente mi trasero, mientras me hacía gemir, el coche se balanceaba cada vez más y las personas en su alrededor, que eran muy pocas, lo observaban extrañadas, mientras nosotros veíamos su pasar y reíamos a carcajadas provocándonos los más placenteros gemidos, sus labios por mi cuello y sus manos grandes y perfectas apretando mis senos y aquel placentero susurro al oído que me repetía constantemente diciendo – No pares, sigue así – me harían explotar de placer.

Si, ese también fue nuestro lugar, y el favorito de todos.

Pero no bastó, – Y si lo hice acabar muchas veces dentro de mí – pero jamás era demasiado, de regreso a la oficina un oral provocó otro momento perfecto, en el cual casi chocamos, y valió la pena cada susto, pues también llegó, y mientras saboreaba y tragaba, él sonreía y me recordaba que era perfecta para él.

¡Y aun así no fui suficiente!

Al llegar de ese viaje, noté algo diferente, pero supongo que no quise darle la importancia que en realidad se merecía tener, yo solo seguí actuando en la misma posición que ya venía desempeñando como actriz secundaria de la historia, la actriz porno que él quería que siguiera siendo, su dama de compañía.

En dos meses confirmó su relación, una chica nueva y muy diferente a las anteriores, pero se supone que no debía afectarme, yo seguía sonriendo ante su mirada de deseo. Supuse que ella no le era lo realmente buena en la cama pues terminaba buscándome cada fin de semana, y creo que eso aumentaba mi ego y mi deseo por él, pues estábamos hablando de un hombre nuevamente comprometido; pero no era cualquier hombre, era el hombre del cual me había enamorado años atrás, y el cual mi cuerpo deseaba constantemente.

Nadie debía enterarse de lo nuestro, y es que era demasiado placentero como para arruinarlo, nuestra última vez fue justo ese día, nuestra graduación, a unos metros de su novia, su compañera, y mientras ella tomaba con su familia orgullosa de él, nosotros lo hacíamos en los baños públicos. La música era lo bastante fuerte como para que alguien nos escuchara así que era el volumen indicado, si fue algo incómodo pues el espacio era relativamente pequeño, sin embargo, así estuve en muchas posiciones, el Kama-Sutra se volvería diminuto al lado de las cantidades de posiciones que nosotros creamos.

Salimos del baño, primero él y a los dos minutos yo, cuando él ya se encontraba con ella en su caluroso beso, beso que aún contenía restos de mí, caminé a su lado como dos extraños que no se conocían y el corazón tan chiquito que apenas latía.

Esa noche fue devastadora ¡Rayos que sí lo fue! Lloré como nunca y terminé embriagada a tal punto de no recordar nada luego de las 3 am, desperté en casa de mi amiga de mayor confianza, y mientras todos dormían, yo tomé mis cosas y salí… pensé y pensé y lo comprendí, sería ella al final la indicada y no me equivoqué.

Luego de 7 meses sin tocarlo o sentirlo, sin contestar ninguna de sus llamadas, llegó la noticia, una propuesta, un anillo que era tan hermoso como ella, y no sé si de verdad se lo merecía, pero ahora lo tenía, y yo… yo no existía.

Ese viernes en la tarde de mayo quedará en mi memoria siempre, cuando recibí ese mensaje – Escapémonos por favor, necesito verte – casi me dejé convencer, por un deseo, por unas ganas que sentí que jamás tendrían un fin, un punto y final – Pero lo hiciste, me diste el motivo perfecto para rechazarte – cuando a los 5 minutos de hablar publicó la imagen de su prometida, la imagen que decía “Me siento orgulloso de ti” y allí comprendí todo, lo entendí y fue increíble… Respiré profundo y le contesté – Haz que ella también se sienta orgullosa de ti, eso es un no.

– Gracias por el consejo, disculpa – Mencionó.

Y no volvimos a hablar, pero hoy… hoy me encuentro aquí, frente a la computadora, escribiendo para no llorar, y recordando porque no es malo recordar, con una sonrisa en el rostro al saber que eres feliz, pues te acabas de casar, y quizás sea duradero, quizás logres ser sincero a su lado, fiel, honesto, eso espero… No obstante a todo eso, jamás me arrepentiré de haberte conocido, de haber disfrutado, de haberte sentido – Un buen recuerdo jamás se olvida – aunque un "Nosotros" no exista, y aunque al final de la historia no dejamos de ser lo que fuimos en un inicio, ni compañeros, ni conocidos, solo fuimos simplemente… Amigos.

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