Capítulo 2

Apenas Lucrecia y Zac pisan el departamento que comparten juntos desde hace dos años, la castaña cae en él sofá dramáticamente.

Cuando ella decidió ir a esa marcha hace seis años, apenas tenía 17 años; sus hormonas andaban rondando en los aires. Unos días antes Lucrecia se había besado con una chica de su equipo de fútbol, se sentía confundida, y ésta misma chica le propuso ir a la marcha... Entonces la castaña probó sustancias ilícitas por primera vez, conoció a Zac y en medio del éxtasis lo besó mientras los homofóbicos solo insultaban.

Ahora resulta que alguien mantuvo guardado ese video durante tanto tiempo. No pudieron sacarlo a luz cuando su padre sólo era un importante empresario, ¡no! Debió salir ahora que su padre prácticamente se acaba de convertir en presidente.

—Estoy frita —susurra la chica—. Mi padre es la persona más conservadora que he conocido en la vida. Se va a preguntar el por qué estábamos allí. ¿Cómo le explico que estaba allí por una chica? ¡O peor aún! ¿Cómo le explico que me besé contigo aún sabiendo que eres completamente gay?

Las palabras dejan al rizado con un mal sabor de boca. Su amiga tiene razón. Deberán ser brutalmente honestos con Niall Owen o seguir mintiendo, ¿qué más da? Él no tiene nada qué perder porque hace años que no se enamora, y su mejor amiga está perdidamente enamorada de su primo. Y aparentar una relación entre ambos confirmaría sus dudas.

—Vamos a salir de esto, y lo más importante... ¡es que vamos a descubrir si Clarke tiene sentimientos por ti!

El corazón de Lucrecia se acelera. Su amigo habla sin parar explicándole su plan, pero la cabeza de la chica da vueltas y solo mantiene el teléfono en sus manos esperando una llamada de su padre.

La castaña tiene miedo de que Clarke le diga a sus padres que ella y Zac son pareja, y que alguien más que ella y Adam -su guardaespaldas-, se entere de que Zac pertenece a la comunidad; porque la prensa jugaría con eso, sería un escándalo que no le conviene a nadie.

—... Piénsalo —dice Zac, llamando su atención—.  Fingiremos ser novios delante de todo el mundo, la gente lo apoyará porque ya sospechan. Comenzaré a ser un patán, te refugiarás en Clarke, y veremos qué hace. Créeme Lucrecia, después de todo sigo siendo un hombre ¡He visto cómo se transforma cada que hago comentarios de doble sentido contigo! Así que si hacemos esto, para ti solo será una prueba, pero para él una tentación.

Una tentación... ¡Es una locura! Pues Lucrecia está convencida de que Clarke Simmons no la ve con otros ojos que no sean de cariño y hermandad ¡Él la ha visto crecer! La cuida y quiere como una hermana, ella nunca ha esperado más de eso.

Y es que Lucrecia ha hecho muchas cosas malas en la vida, pero la peor es guardar su amor y la pureza de su cuerpo a alguien que jamás sería capaz de tocarle un pelo. Y ese es su primo.

Mientras tanto, el angustiado Clarke estaciona  su auto cerca de su apartamento al norte de Cardiff.

—¡Maldita sea! —grita con fuerza, con las ventanas arriba. Las venas de sus manos, brazos y cuellos resaltan por la fuerza que hace incluso mientras aprieta el volante. Luego deja caer su frente en medio de éste, e inhala. Tiene el corazón hecho un caos y le duele la boca del estómago.

En cuanto baja de su auto acomoda su elegante traje de oficina, se pasa una mano por el cabello rojizo, saluda a uno de los vigilantes, y en cuestión de dos minutos está a solas en su habitación.

Él sabía que este día iba a llegar. Tenía ese presentimiento de que Zac y ella... Pero, no esperaba que fuera tan rápido. ¡Por todos los cielos!

—Es tu prima, Clarke —se dice al espejo mientras se desviste—. ¡Es tu puta Prima! —se repite, pero cuando cierra los ojos recuerda cada cosa que le gusta de ella y su corazón se acelera más—. Es tu prima besando a otro que no eres tú... Estando quién sabe cuántas veces con otro que no eres tú. Porque tú eres su primo, entiéndelo —intenta convencerse—. Debes protegerla, motivarla, escucharla, no desearla... —susurra lo último con un nudo en la garganta.

Él sabe que si su tío se entera lo mata primero y luego éste se muere de un infarto. Eso no tiene otro final. Así que con rabia e impotencia hasta con él mismo, se adentra a la ducha mientras pasa sus manos por todos los tatuajes que oculta su traje de oficina.

Tatuajes que oculta ante el mundo, como su amor por Lucrecia.

La mañana siguiente se levanta muy temprano. La verdad es que no pudo descansar casi nada gracias a esa imagen fatídica de su amor prohibido besando a ese chico mientras la voz de éste le confirmaban que son novios.

El pelirrojo hace su rutina para ir al trabajo. Se encarga de ponerse bien el traje de forma que ningún tatuaje se vea, y se echa perfume mientras su cabeza da vueltas. Sin embargo, el frasco de perfume se le resbala de las manos cuando lo aprieta y el sudor en sus manos le juega una mala pasada. Se promete limpiar eso luego e incluso sin desayunar llama a su asistente, Carly, para que avise a todos que la junta se moverá a dentro de dos horas; pues sabe que no se quedará tranquilo hasta que no pase una cosa.

Escucharlo de su boca.

El hombre estaciona su auto, respira profundo mientras sube las escaleras y toca el timbre en el lugar indicado. Solo pasan unos segundos cuando la puerta se abre.

Un Zac sin camisa y recién despierto ve al pelirrojo con desconcierto, pero cuando recuerda su plan, grita:

—¡Amor! ¿Bebé?, ¿en dónde estás? —tratando de sonar natural aunque por dentro quiere reír mientras ve el rostro neutro del mayor—. Pasa, Clarke, seguramente Lucre se está duchando... —comenta—. Ya le diré que estás aquí...

—¡No! —dice Clarke con firmeza, aterrado de la idea de que Zac vea a Lucrecia desnuda, ¡aunque seguramente se han visto hasta el alma, por Dios!, se regaña—. Mira, ¿sabes qué? —dice, sintiendo todas las emociones juntas—. Dile que solo vine para saber si Niall ha hablado con ella, a mí no me responde las llamadas... —miente.

Porque a decir verdad Clarke solo está allí porque creyó que ella podría darle una explicación, inclusive de por qué ha mantenido la supuesta relación con Zac en secreto.

—Estoy hablando mi padre... —anuncia Lucrecia mientras sale de una de las habitaciones envuelta en paño, mojada, sin poder evitar sentirse nerviosa por la presencia de su primo.

El pelirrojo tiene que ver hacia uno de los porta retratos en la mesa en donde hay una foto de la feliz pareja sonriendo, y su estómago se retuerce de nuevo. Sin embargo, se preocupa al ver el rostro angustiado de la castaña.

—Sí... Padre... —intenta explicar ésta al teléfono. Zac la ve suplicante y ella se da cuenta de la actitud extraña de Clarke, puesto que él nunca vendría a estas horas al menos que ella esté enferma; entonces su mirada se cruza con Zac y éste le asiente—. Padre, Zac y yo estamos juntos desde hace tres años. Nos amamos. Y estoy dispuesta a hacer una entrevista para Hey si es necesario. Y te explicaré qué hacíamos allí, lo prometo.

La respuesta clara y segura de la chica impacta de forma abrumadora el pecho de Clarke, quien sin despedirse, como un niño que no puede controlar sus emociones, sale de allí azotando la puerta.

—¡Bingo! —exclama Zac entre risas.

Y en cuanto Lucrecia corta la falsa llamada, su corazón se acelera esperanzado, pues sabe que le han hecho creer la mentira perfecta.

Capítulo 3

Clarke.

El peso cae sobre mis hombros como toneladas de cemento por diversas razones al momento en que salgo de la junta.

—Señor Simmons, lo lamento... ¿Quiere que contacte al señor Bustamante? Dijo que estaría disponible ante cualquier situación —dice Carly caminando detrás de mí.

—No, Carly... Pensaremos en algo para solucionar este problema, ¿de acuerdo? No quiero más deudas —expreso.

Estamos a mitad de 2024, la empresa Simmons Liberty se fundó en 2022; voló por los aires por nuestra propuesta innovadora con los paquetes y experiencias para los turistas de toda clase económica. Debí prevenir, estar más atento a mis empleados, especialmente del gerente que hace cinco meses comenzó a manejar la primera sucursal en Inglaterra, puesto que me acabo de enterar que éste me ha estado robando desde el inicio; pero nada de esto se vio reflejado sino hasta ahora en medio de la crisis por la inflación general.

Fundé esta empresa junto a mi hermano menor Jimmy, gracias a los ahorros y herencia que nos dejó Ryan Simmons, mi padre, quien ha muerto hace tres años de un infarto fulminante. Y no se permitiré fracasar. Soy un hombre de 32 años, inteligente, capaz y determinado. Lograré salir adelante al menos en esto.

—Jefe Simmons —me saluda en uno de los pasillos una de las nuevas analistas, contoneando sus caderas después de darme una mirada seductora.

Ante aquello solo me limito a sonreír. Desde que Antonella llegó no deja de coquetearme con descaro, al igual que muchas otras; pero soy muy listo y por supuesto que no podría salir con alguna de mis empleadas.

《 Ah, pero sí con tu prima》, me acusa la razón que rápido esquivo.

Tras desayunar en la cafetería de la empresa, me dispongo a hacer llamadas a algunos inversionistas que no pudieron estar presente en la junta; pienso en soluciones, concreto otra junta y respiro hondo cuando corto la llamada y puedo ver en el televisor las noticias sobre el romance de Lucrecia Owen con el joven diseñador de modas Zac Gallagher.

Veo fotos de la colección de T-Shirts recientes del muchacho que estoy comenzando a odiar con todas mis fuerzas, por tener algo que mi corazón anhela pero mi moral rechaza.

Sin embargo, en medio de mi angustia por estar de manos atadas, ocupo mi día en trabajo excesivo. Las horas pasan como espinas en piel sensible, y en cuando la jornada laboral casi termina, hablo con mi hermano acerca de lo que deberíamos hacer para solucionar la inflación. Él sugiere que trabajemos con programas de inteligencia artificial que pueden facilitar las tareas y el papeleo, por lo que tendríamos sueldos menos que pagar, así como también renegociar los contratos con nuestros aliados.

—Se ha hecho el análisis, Jimmy. Lo más lógico es aumentar en escala los precios, pero al mismo tiempo ofrecer paquetes nuevos. No podemos dejarle al sistema  nuestra empresa, mucho menos renegociar. ¿Sabes lo mucho que nos costó llegar a un acuerdo?, ¿qué te haría pensar que podremos renegociar?, ¿y por qué?, ¿por el 60% a sus empleados en paquetes vip? —debato.

Mi hermano me señala con los ojos bien abiertos, y no puedo creer que no haya pensado en esto antes. Es un riesgo pero podría ayudar.

—Con solo dos viajes al año, hermano mío. Nadie rechazará esa oferta —expone mi hermano comiendo maní, y me lanza uno pero  no reacciono—. Hermano, ¿hace cuánto que no coges? Ya se te está viendo en la cara el aburrimiento por el que pasa tu pito. Vamos a beber para que te animes a buscar a una mujer, ¿qué dices?

Miro fijamente a mi hermano menor. Él era un buen chico hasta que le rompieron el corazón, así que ahora anda vagando por los clubes y fiestas en donde no es necesario que le inviten. Yo no discuto su forma de pasar el despecho, pero ya ha pasado ocho meses de eso y ha empeorado, me preocupa.

—Está bien... —le digo, soltando el aire.

Jimmy se emociona y comienza a recoger las cosas por mí, casi arrastrándome por toda la empresa. Nos despedimos de Carly cortamente, y partimos rumbo a una noche de tragos. Una noche que espero termine sin dolerme el corazón por los sentimientos que tengo hacia mi prima desde hace tantos años y el remolino que causa en mí el saber que tiene su primer novio.

¿Pero acaso Zac será el primero?, ¿acaso así como me había ocultado éste noviazgo me ha ocultado más? Sacudo la cabeza, antes éramos más unidos, habría sabido hasta con quien soñaba, ¿o no?

Tras algunos minutos hablando del trabajo por la carretera, llegamos al discoteca Bach. La verdad me preocupa la multitud porque algunas personas involucradas en la política deben conocer a los sobrinos de Niall Owen, pero como a Jimmy no parece importarle, intento relajarme. Pronto mi hermano quita mi saco, dejándome solo en camisa manga larga y la corbata. No puedo permitirme subir las mangas por temor a que mis tatuajes se vean, así que el calor comienza a pasarme factura con los segundos.

—¿Aún no te emborrachas? —me cuestiona Jimmy cuando una vez más dejo el pequeño vaso sobre la barra—. Has bebido diez shots de tequila secos, ¿Seguro que no quieres que te lleve a casa?

La música comienza a erizarme la piel, entonces sacudo la cabeza.

—¿Para qué me trajiste si ibas a asustarte por mi aguante? —inquiero en alta voz.

Soy un tipo sano, no fumo, no bebo en grandes cantidades, pero tengo tanto de qué olvidarme, que justo ahora no me importa.

—¡Pero pareces demasiado normal! —exclama mi hermano.

—Ya cállate, iré a bailar... —expreso, seguro.

Jimmy me toma por la corbata de repente, casi ahorcándome, por lo que quito su agarre con fuerza y me deshago de la corbata para ir a la pista.

—¡Pero si tú no bailas! —escucho que grita, pero ignoro.

Estoy en mis cinco sentidos. Solo tengo una motivación extra. Querer reemplazar mis pensamientos del cuerpo de Lucrecia en aquel paño rosado en que la vi envuelta esta mañana.

Mientras me adentro a la multitud para comenzar a dejarme llevar por la música electro pop, cierro los ojos y puedo recordar la primera vez que Lucrecia se quedó en casa de mis padres; el cómo se escapó a mi cuarto después de su hora tope, solo para charlar conmigo sobre su frustración con el fútbol femenino, sobre sus calificaciones en el bachillerato y... recuerdo cuando de repente puso a descansar su cabeza en mi pecho y se quedó plácidamente dormida mientras mi piel hervía como nunca. El roce de su piel con la mía quemaba, el olor de su pelo me mareaba, mi corazón estaba desbocado, y la erección del pecado me hizo terminar de entender que mi interés en cada cosa que Lucrecia hacía, no era sólo porque la quería como mi familia. Pues estaba comenzando a quererla como mujer.

Entonces abro los ojos consiguiéndome con una mujer pelinegra y una rubia bailando junto a mí. Me dejo envolver por sus manos, me desplazo con la música con una y luego con la otra, las risas no se tardan en venir, y cuando estas comienzan a tocar mi bulto por encima de la ropa, éste no se tarda en reaccionar. No lo culpo. Ha pasado mucho tiempo aguardando por algo que no puede ser mío jamás.

—Muñeco... —susurra la rubia en mi oído mientras la pelinegra me toca el cuerpo. La música sigue, nuestros cuerpos se estampan en el otro friccionando, y de repente...

—¡Perra maldita! —escucho un grito a mis espaldas, y luego de eso veo a la rubia caer en medio de la pista desmayada.

El mundo no se detiene, así que cuando alzo la vista para saber qué demonios está ocurriendo, la pelinegra se lanza encima de Lucrecia. Soy incapaz de moverme porque mi cuerpo se siente extraño, y veo a la pelinegra forcejar con mi prima hasta quitarle el top purpura, dejando sus rosados pechos al aire por algunos segundos que para mí se graban en cámara lenta, como horas.

—¡Clarke! ¡Clarke! —me grita Lucrecia pidiendo auxilio.

En cuanto reacciono la veo siendo arrastrada entre la multitud; así que cuando llego a ella, toda la carga emocional que he estado soportando se va en contra del chico que ha sido capaz de ponerle una mano encima.

Zac Gallagher.

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