Diana condujo a Stella al departamento de Relaciones Públicas y la presentó a los demás empleados. "¡Escuchen, chicos! Ella es Stella Anderson, su nueva colega".
Con una sonrisa cortés, la joven dijo: "Encantada de conocerlos a todos. Es un honor formar parte de este departamento. Espero que nos llevemos bien".
Los otros se sorprendieron por la rápida incorporación de la chica y susurraron entre ellos.
"Es la oficial de Relaciones Públicas que trasladaron aquí para trabajar para el señor Clark personalmente, ¿verdad? Se ve muy bonita. Me pregunto si es una belleza con cerebro o solo una cabeza hueca".
"Vamos, debes saber que el señor Clark tiene buen ojo para los talentos. Apuesto a que es buena en su trabajo".
"Estoy tan celosa de ella, trabajará de cerca con el señor Clark. ¡Qué afortunada!".
Stella lo escuchó todo, pero su sonrisa permaneció igual y no dijo nada.
Por otro lado, el rostro de Diana se puso un poco más rojo y frunció el ceño hacia Stella.
Estos comentarios avivaron las llamas de su insatisfacción.
Era de conocimiento público que Mateo sometía a los posibles empleados a un riguroso proceso de entrevista, pero antes, ella había sido testigo de lo indulgente que había sido con Stella.
Diana la miró de pies a cabeza, y estaba segura de que la recién llegada no era más que una inútil.
Llena de rencor, juró hacer sufrir a Stella, y su mente retorcida se puso a trabajar de inmediato. Decidió darle a la joven la tarea más difícil del momento.
"Aquí tienes, esta es tu primera tarea ordenada por el señor Clark. Actualmente, todos están a punto de completar los proyectos en los que han estado trabajando. La única tarea que queda es la relacionada con la elección de la música de fondo para la próxima fiesta de aniversario de la empresa". Mientras Diana sostenía el documento correspondiente, su tono sonaba natural. "Tu trabajo consiste en comunicarte con la contraparte y asegurarte de que la música de fondo quede confirmada lo antes posible".
La joven frunció el ceño y preguntó: "¿Hay algo más que deba saber al respecto?".
La elección de la música era uno de los aspectos más sencillos que implicaba la preparación de un banquete. Por eso, resultaba extraño que aún no estuviera lista.
Diana estaba empeñada en hacer sufrir a la joven, así que no se molestó en explicarle. Simplemente le lanzó el documento y dijo: "El cliente involucrado vendrá más tarde. Ya lo sabrás todo cuando se encuentren".
Con eso, se fue directamente a su escritorio.
La joven se encogió de hombros en vez de hacer más preguntas y, para tener un poco de paz y silencio, se dirigió a la sala de reuniones mientras hojeaba el archivo.
En el instante en que se cerró la puerta, se desató de nuevo una discusión en la oficina.
"La recién llegada está condenada. Enrique no es una persona fácil de tratar. No solo es exigente, sino también un pervertido. Me da escalofríos pensar en lo que le haría".
"No eres la única. De todas formas, le deseo buena suerte".
——
En la sala de reuniones, Stella estudió todo lo que necesitaba saber sobre la tarea y el cliente con el que se encontraría.
Se trataba de un pianista llamado Enrique Scott.
La dirección de la empresa estaba interesada en usar su pieza de piano en la fiesta del treinta aniversario, que estaba a la vuelta de la esquina. Por alguna razón desconocida, aún no habían llegado a un acuerdo.
Acababa de terminar la última página del archivo cuando la puerta de la sala de reuniones se abrió y entró un hombre vestido con un par de jeans y una camisa casual con las mangas arremangadas.
Stella se levantó de inmediato y sonrió. "Hola, señor Scott. Gracias por venir. Soy Stella Anderson y seré la encargada de discutir la cooperación sobre el uso de su pieza para el próximo banquete de aniversario. Por favor, tome asiento".
"De acuerdo", respondió Enrique, y apartó la silla que había junto a la joven.
Con los brazos cruzados sobre el pecho, se reclinó en el asiento y la miró fijamente.
Ella evitó su mirada y, al sentarse, movió un poco la silla. Luego, comenzó en un tono profesional: "Aún no ha llegado a un acuerdo con nosotros para el uso de su pieza de piano. ¿Hay alguna razón para eso? Si tiene alguna reserva al respecto, díganoslo. Le aseguro que lo complaceremos siempre que esté a nuestro alcance".
Enrique permaneció en silencio mientras sus ojos la recorrían de arriba abajo.
Un escalofrío de advertencia recorrió la espalda de Stella. Se sintió incómoda bajo su mirada, pero aun así sonrió. "Sé que se está preparando para iniciar pronto una gira nacional. Le prometo que esto no afectará a sus preparativos. Al contrario, dedicaremos un tiempo a promocionar su gira en el banquete como muestra de nuestro agradecimiento. ¿Qué le parece?".
Enrique se frotó la barbilla un momento antes de decir: "Tengo que decir que me hace una oferta bastante atractiva". Le dedicó una mirada de reojo y luego sonrió.
Stella le tendió el contrato preparado. "Por favor, léalo. Si tiene algún problema con alguna de las cláusulas, puedo hacer que la modifiquen de inmediato".
Sin tomar el documento, Enrique se echó hacia atrás y se puso las manos detrás de la cabeza. "Leer es mucho trabajo. Y lo peor es que el contrato parece muy extenso. No quiero revisarlo".
Al escuchar esto, Stella se encontró en un dilema.
"¿Qué tal si te acercas y me lo lees?". Los ojos del hombre brillaron con interés mientras la observaba.
La joven apretó los labios y respiró hondo.
Después de muchos años trabajando en el sector de las relaciones públicas, se había topado con todo tipo de clientes que solicitaban cosas extrañas, y leer un contrato en voz alta no parecía gran cosa.
Con eso en mente, se acercó un poco más, asegurándose de mantener una distancia segura de él. Luego se aclaró la garganta y comenzó a leer.
Sus ojos estaban fijos en el documento, pero podía sentir su mirada abrasadora recorriendo todo su cuerpo.
Le daba escalofríos.
No obstante, se enderezó e intentó concentrarse en lo que estaba leyendo.
De repente, el hombre se inclinó bruscamente hacia ella, y la joven se agachó por instinto.
Sonriendo con aire de suficiencia, él se acercó aún más. "Qué collar tan bonito tienes. Combina bien con tu piel radiante".
Mientras hablaba, extendió la mano con la intención de tocarle el cuello.
A Stella le costó mucho contenerse para no apartarle la mano de un manotazo. En cambio, se echó más hacia atrás y lo fulminó con la mirada mientras su asco se hacía más fuerte.
"Si le gusta este collar, le ayudaré a pedir uno y enviárselo a su empresa después de la reunión. ¿Podemos volver ahora al asunto?".
La mano del hombre se quedó congelada en el aire y se burló: "Creía que Grupo de Prosperidad quería trabajar conmigo, pero resulta que me equivoqué. Soy un hombre muy ocupado, así que no debería perder mi precioso tiempo hablando con gente insincera".
Alzó las cejas y la miró con un toque de amenaza.
De repente, la puerta se abrió.
"¡La cooperación se cancela!". Con una expresión impasible, Mateo entró. Se paró frente a Stella y encaró a Enrique.