Portada de la novela Mi Luna: Al Final Tu 1

Mi Luna: Al Final Tu 1

8.5 / 10.0
Christopher, el poderoso Alfa Supremo que ha liderado a las manadas más importantes durante quinientos años de soledad, verá su destino alterado tras perder una apuesta con su clan. Al mismo tiempo, la joven Andrea lucha por reconstruir su vida después de la trágica muerte de su familia. Su camino se cruzará con el de un fascinante profesor extranjero que oculta su identidad licántropa, arrastrándola a ser la reina de un mundo sobrenatural que desconocía.

Mi Luna: Al Final Tu 1 Capítulo 1

•Gotas de lluvia•

—Mis zapatos se llenaron de lodo— es la octava vez que la escucho quejarse. Me cruzo de brazos deteniendo nuestros pasos. . Un bufido cansado sale de mis labios al cerrar la sombrilla.

—Tu fuiste la que me invitó a tomar un café Lucy, así que no te quejes— mi amiga rueda los ojos y yo niego con la cabeza buscando un lugar donde sentarnos. Le señalo una mesa alojada frente al ventanal de la cafetería.

Caminamos hasta allí para tomar asiento, hay muy pocas personas en la estancia dado que a empezado a llover, últimamente el clima a tenido cambios de humor muy drásticos.

¿Será a caso bipolar?

En los meses de junio empiezan las temporadas de lluvia y aunque amo este clima, tiende a ser demasiado tedioso cuando no tienes coche.

—Buenas tardes chicas, ¿qué les puedo ofrecer?— Pregunta la mesera que llega a tomar nuestros pedidos. Me quedo observando un pequeño moretón en su hombro descubierto, varios escenarios de ella se vienen a mi mente.

Quizás se golpeó con un objeto.

Quizás práctica algún deporte arriesgado. Incluso podría pertenecer al equipo de danza regional donde, los ensayos son algo bruscos.

O quizás su pareja la maltrata.

—Yo quiero un descafeinado y una dona de chocolate— la joven anota el pedido de mi amiga y regresa la mirada hacía mí. Sonrió amablemente. Nunca sabes cuándo una sonrisa puede mejorar el día de una persona.

—Un capuchino y una galleta de avena con nuez estarán bien— .Asiente con la cabeza y después de decir que nuestro pedido estará listo en cinco minutos se aleja.

—No puedo creer que estamos a dos semanas de salir de terminar el curso, vacacionar  y la profesora Martínez se haya ido con un permiso a California.

—Su hija se va a casar, era obvio que tenía que estar allá. Ve el lado positivo, quizá la siguiente profesora  no te repruebe por decirle que su esposo se divorció de ella dado su carácter de mierda—.Me cruzo de brazos y levanto una ceja, Lucy hace una mueca  dejando  caer su cabeza sobre la mesa.

—Ni me lo recuerdes, necesito un diez este semestre si no quiero tronar el curso.

—Como lo dije, quizá la siguiente es la vencida— me encojo de hombros. En ese momento llega la chica que nos atendió y trae nuestros pedidos. La castaña le dio las gracias antes de empezar a comer.

Mi atención se centra en la ventanilla que está al frente, veo como la lluvia empieza ha parar y grandes pero pocas gotas resbalan en el vidrio. Los olores a café, panecillos y tierra mojada se filtran por mi nariz, cierro los ojos soltando un suspiro casi inaudible.

—¿Estás bien?— Los abro de vuelta solo para encontrarme con la mirada tan peculiar de Lucy, asiento con la cabeza y levanto una galleta sonriéndole. El sabor dulce de la vainilla es mi favorito.

—¡Oh! Casi olvido preguntarte ¿Cómo te fue en la cita con el

Médico?— Trago saliva y muerdo mi labio inferior nerviosa. En verdad no quiero hablar de ello, pero sé que Luciana es más terca que yo y no dejará de insistir.

—Pues…— arrastro la palabra alargándola más de lo debido.—Me fue bien en lo que cabe, aún debo llevar un control en los medicamentos y de más— hago un ademán restándole importancia.

—No creí que la anemia fuese tan problemática, llevas más de dos meses con ella—. Me volví a encoger de hombros dándole poco interés.

—Es menos molesta que el período, se va a enfriar tu café— apunté. Una vez terminamos nuestra bebida, pagamos la cuenta, salimos con cuidado del local, no quería resbalarme y caer de trasero por los charcos de lluvia en la banqueta. La lluvia cesó aunque no completamente, aún pequeñas gotitas de agua fría caían como brisa empañando mis lentes.

El camino a casa es calmado y silencioso, deben ser alrededor de las siete de la tarde, el cielo está nublado y hace ver más oscuro todo, a pesar de que la estrella de fuego  a esta hora aún desprende rayos iluminando las calles.

—No quiero que sea mañana. ¡¿Por qué el domingo tenía que ser tan corto?! ¿Qué tal si la siguiente profesora es una de esas horribles maestras que salen en la televisión?

—Luciana eres muy Dramática— acusé,

Ruedo los ojos. Cruzamos hacía la siguiente calle en la cual se aloja

mi pequeña casa. —¿Cómo sabes si no llegará un guapísimo profesor como en las novelas de Escritlibre? Nos miramos a la cara y una estruendosa carcajada sale de nuestras gargantas.

—Sigue soñando— comenta.

—¿Por qué?, todo puede pasar—

Sonrío de lado.

—Si seguramente, y mucho más probable aquí en México. El día que eso pase, veré a un profesor de educación física con un estupendo abdomen marcado, y no comiendo frituras mientras nosotros damos vueltas a la cancha— reí negando.

—¿Estás discriminando a nuestro

País?— Me llevo una mano al pecho y hago una seña de ofensa.

—¡Por Dios Andrea!—. Levanta sus manos siendo exagerada— Si llegase a pasar eso ten por seguro que sería en ciudades como Nueva York, Inglaterra o Alemania. Aquí ningún dios griego va a venir para darle clases a unos intentos de adultos jóvenes universitarios.

—Si tienes razón, mira ya llegamos a mi casa—.Dije rápidamente para cambiar de tema, mis estados de ánimo bajan y suben de una forma impredecible.

—Bien, nos vemos mañana, me quedaría pero mamá quiere que esté presente para ver el boxeo con papá—Asentí con la cabeza y me despedí de ella como normalmente lo hago.

Luciana vivía a dos calles más adelante que mi casa. Una vez se perdió de mi campo de visión me dispuse a buscar mis llaves en mi bolsa, al encontrarlas las metí en la cerradura y giré está abriendo la puerta. Entré a mi pequeña casa de una sola habitación, coloqué el seguro colgando las llaves a lado, suspiré un tanto agobiada, encendí la pequeña pantalla plana en el canal de dibujos animados. Hacía que la sala fuese un lugar un poco más acogedor.

Me quité la chaqueta de cuero café claro a junto con la blusa de mangas violeta, entré al baño abriendo la llave de la ducha dejando salir el agua en espera de que está se regulará. Desprendí de mi cuello el collar que traía al igual que los aretes, dejé mis lentes sobre la tapa del retrete mientras retiraba todo rastro de maquillaje de mi rostro para después desnudarme y entrar a la ducha. Usualmente me miraba algunos años más joven sin ese maquillaje, tantas capas, tantos colores vividos, me hacían sentir segura.

El agua tibia relajó de inmediato mi cuerpo, me recargué en la pared cerrando los ojos y pensando. Luciana estaría en estos momentos llegando a su casa, saludando a sus padres y compartiendo tiempo con ellos. Muy en el fondo deseaba tener ese tiempo con mi familia, pero sabía que mi tiempo ya había pasado.

Salí de la ducha diez minutos después, sequé mi cuerpo envolviéndolo en mi bata de ducha. Mi mirada quedó centrada en mis brazos, en especial, en esas finas cicatrices de lecciones que la vida me dio. Cumplí diecinueve años hace unos meses, Luciana y su familia me hicieron una fiesta sorpresa, debo admitir que sin ella, yo no estaría aquí, ha sido mi fuerte, más que amiga es una hermana para mí.

Me pongo mi pijama, la cual consiste en un shorts de seda negro y una blusa del mismo material con mangas hasta los codos. Tomo mi celular y voy descalza hasta el único sillón que hay frente al televisor. Reviso algunos detalles que Norma me ha mandado, ella es la encargada de una tienda de ropa en el centro, trabajo allí ayudando a las personas a encontrar ciertas prendas y organizando los conjuntos de los estantes. Ese empleo eso único que me sostiene, agradezco a la beca que pude sacar hace más de un año, pues con ella he pagado la universidad todo este tiempo.

Asisto a clases desde las nueve de la mañana hasta la una de la tarde, Lucy y yo compartimos clases, ambas estudiamos Filosofía y Letras  en un programa limitado. Una carrera cuyo título no es tan importante en nuestro país. Aún así, nos arriesgamos a ser la diferencia.   Cuando estas terminan trabajo de una a ocho de la noche todos los días a excepción de los domingos que es mi único día libre.

Luego de ver alguno que otro programa en la TV, empiezo a leer, sin embargo la curiosidad por saber quién será nuestro nuevo asesor en el cierre de las clases, me pone ansiosa. La alarma de mi celular me recuerda que debo tomarme los medicamentos para la anemia, no me gusta tener que medicarme y odio las pastillas, pero es algo diario que he estado haciendo desde hace un mes cuando se presentó esto. Desde entonces uso maquillaje todos los días, pues mi piel ya era pálida antes, y ahora con esto tiendo a parecer un muerto viviente.

Cuando el sueño no me permite seguir despierta, considero que es momento de ir a dormir, me salgo de mi aplicación para leer y apago las luces dejando solamente una lámpara encendida en el corredor. Me cepillo los dientes y recuesto en mi cama, a lado de esta hay una ventana la cual suelo mirar hasta que mis ojos se cierran.

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