Me hundo en la colcha, con la mirada perdida en el techo mientras un torbellino de pensamientos se dispersa en mi cabeza, confundiéndome y volviéndome una desconocida y desconfiada. Entre todo ese caos, siento la necesidad de contarle a mi madre lo que ha sucedido, aunque me da vergüenza solo pensarlo. Sin embargo, pienso que ella es la única persona con la que podría comenzar a hablar al respecto.
No, no puedo simplemente decirle que me acosté con un tipo por capricho.
—¿Estás ahí? No voy a regañarte por haber quedado fuera, pero al menos podrías haber respondido mis llamadas. Llamé hasta tarde y me preocupé al no recibir ninguna respuesta. ¿Está todo bien? Todavía no has bajado a almorzar.
Es mi madre al otro lado de la puerta, y sigue tocando la madera al no obtener respuesta de mi parte. Tomo una bocanada de aire.
—Mamá, puedes pasar.
Finalmente, mi madre entra a la habitación y me mira fijamente, estudiando mis facciones. Solo espero que no se dé cuenta del cambio... Por eso, evito sus ojos curiosos y miro mis manos entrelazadas, como si eso fuera lo mejor que puedo hacer.
—Oye, de verdad no me molesta que hayas quedado fuera, pero me hubiera gustado que al menos me avisaras para poder dormir. Estuve dando vueltas sobre la cama toda la noche preocupada porque no habías llegado a casa —repite mientras se sienta a mi lado y me siento un poco incómoda.
¿Debería contarle lo que ha pasado ahora que está aquí, o debería guardar el secreto y quedarme callada?
Me siento culpable al saber que mi madre se preocupa por mí. Nunca fue mi intención hacerle esto. Pero estaba tan herida por lo que sucedió en la boutique, que ni siquiera había mirado el teléfono. Eso es otra cosa de la que debo hablar con ella, le contaré que lamentablemente he perdido mi empleo. Es triste, porque el dinero en casa es muy necesario. Pero había estado cuidando muy bien mi trabajo todo este tiempo y ahora, de forma injusta, lo pierdo.
Es la triste realidad.
—Sí, tienes toda la razón, madre. Debí al menos haberte llamado o enviado un mensaje para que supieras que me iba a quedar fuera. Te prometo que no volverá a ocurrir y te pido disculpas por no avisarte —le expreso y ella me regala una sonrisa cariñosa. Yo le sonrío de vuelta.
—Está bien. Vamos a dejarlo en el pasado. Ahora que has prometido avisarme si esto vuelve a suceder, ¿puedo saber dónde te has quedado? No te sientas presionada si no quieres responderme, pero sabes que puedes confiar en mí. ¿Es algún chico?
Mis ojos se abren como platos ante la pregunta de mi madre, quien quiere saber si, de hecho, he pasado la noche con un hombre. Sin embargo, me siento tan insegura de contarle la verdad que me siento tentada a mentirle, a pesar de que realmente no me gusta hacerlo. No quiero decirle la verdad.
—Mamá, ¿por qué tendría que tratarse solo de eso? No, no he pasado la noche con nadie, si eso es lo que insinúas. Deja de mirarme con esa mirada pícara —insisto y ella se ríe de mi expresión. No puedo creerlo. Suspiro profundamente.
—Está bien. Pero no tiene nada de malo, lo que quiero decir es que si has pasado la noche con alguien, no debería ser algo del otro mundo. Además, ya me estaba preguntando cuándo te interesarías por los hombres. Tienes...
—Lo sé, mamá. No necesitas recordarme mi edad y no estoy interesada en buscar pareja ahora mismo. Lo único que me importa es encontrar un ingreso. Eso es todo. Así que deja de mirarme así, mamá, te estoy diciendo la verdad —insisto y ella resopla.
—Bueno, tampoco te estoy acusando ni llamándote mentirosa, y eso es lo que te ha sonrojado tanto. Conozco esa mirada en una chica, así que no intentes engañarme. Pero si no te sientes preparada para hablar de estos asuntos conmigo, lo entenderé. No tienes que hacerlo.
—Lo siento, mamá —la miro y siento que las lágrimas amenazan con salir—. En realidad, ya no tengo trabajo en la tienda. Sucedió. Ahora estoy desempleada otra vez... Lamento que todo esto esté pasando, pero prometo que en estos días encontraré otro empleo. No me quedaré de brazos cruzados, buscaré un nuevo trabajo esta semana. No quiero que las cuentas se acumulen y que las cosas empeoren, como la última vez. ¿De acuerdo? —expreso mientras suspiro.
—Oh no, no puedo creerlo. Realmente no esperaba esa mala noticia. ¿Puedes decirme qué pasó exactamente para que hayas perdido tu trabajo? Según yo, eras una de las mejores allí, así que no entiendo cómo lo has perdido —pregunta mi madre enfadada. Sin embargo, sabe que no quiero ir a reclamar, por lo que no insiste en que actúe al respecto. Agradezco que respete mi decisión de no hacer nada, no quiero complicar más las cosas. Siento que no resultará.
***
El domingo llega demasiado pronto y no tengo nada que hacer ese día, de hecho, me siento aburrida e intento matar el aburrimiento al empezar a limpiar mi habitación. No es que nunca lo haga, lo que pasa es que estaba muy ocupada yendo a trabajar temprano a la boutique, y luego llegando tarde a casa. Casi nunca tenía tiempo de poder arreglar mi dormitorio. Ahora que no tengo que ir a trabajar, aprovecho para hacerlo y así quedar satisfecha con mi sitio limpio. Es importante mantener un espacio limpio y ordenado.
Mi madre aparece cuando estoy aspirando la alfombra y se me queda mirando con sorpresa, parada todavía en el umbral. Me detengo un momento para mirarla. Trae algo en la bandeja, sé que es comida.
—Hija, todavía no has desayunado y ya te has puesto a limpiar. Además, yo lo haría. ¿No sabes que es importante tomar el desayuno para comenzar bien el día? y tú te lo has saltado, y eso no es algo bueno. Así que deberías de no hacerlo otra vez.
—Es porque he comido demasiado anoche que todavía no tengo hambre, pero terminaré de hacer esto para bajar a desayunar, te lo prometo —le menciono para dejarla tranquila, y mi madre asiente.
—Bueno, eso espero. Como ya he comprado, voy a ir al mercado para comprar algunas cosas. ¿Necesitas que te traiga algo? —le pregunto y me quedo pensando.
Podría ser que necesite algo, pero todavía lo estoy pensando, no estoy segura...
—No, no lo creo. ¿No debería encargarme de eso también? Has trabajado duro, mamá, así que podrías quedarte descansando. Yo voy a hacer las compras —le expreso, pero no le parece.
—No, créeme que me gustaría ir a hacer las compras. Siempre lo haces tú, además de que así voy a aprovechar para salir un poco. ¿De acuerdo? —me informa.
—Vale, si te sientes bien haciéndolo de esa manera, entonces está bien —le expreso a mi progenitora.
—Bueno, está bien. Se siente bien porque es algo que no hago desde hace mucho tiempo, y por supuesto que te voy a traer lo que necesites. ¿Tienes toallas sanitarias?
—Mamá, ya te dije que no, y sí, aún tengo. ¿Por qué no vas ahora? Así te tardas lo menos posible. ¿No crees? —le expreso y me sonríe antes de irse.
Al fin me quedo sola. Continúo con mi labor de limpiar la habitación hasta ver todo en orden y pulcro. Se siente una verdadera satisfacción al darme cuenta de que todo es diferente ahora, no hay duda de que necesitaba este tiempo para poder arreglar mi habitación.
Ahora que he terminado, me siento bien con la actividad en casa. Pero también estoy cansada y aprovecho de tomar una ducha antes de bajar y tomar el desayuno que mi madre me ha preparado a mí, porque si vuelve antes de que me lo haya comido, sé que me va a regañar. Así que ya estoy comiendo.
Es un desayuno americano perfecto que me hace sentir mejor y me da la energía que necesito. Ya empiezo a sentirme más animada, con ganas de hacer más cosas. Es inevitable vino a verme a la pulsera atada a mi muñeca y recordar a Zared, y en consecuencia, lo que ha pasado entre nosotros también regresa a mi mente, y me envuelve de culpabilidad. Ya no quiero sentirme así, pero sigo igual. Creo que debería dejar de usar esa pulsera para aliviarme un poco, pero no quiero hacerlo.
¡Dios! ¿Por qué tuve que ser tan idiota? Fui muy tonta. Lo sé.
Es lo que pienso de mí misma.
Intento dejar de pensar en lo sucedido. Aunque no me quito la pulsera, porque realmente no me quiero deshacer de ella, ya empiezo a ver cuáles son las ofertas de trabajo. Debo buscar algo que me convenga, en lo que pueda ser capaz de dar lo mejor de mí. No puedo elegir cualquier empleo sin saber si soy capaz o no de llevarlo a cabo. Es por eso que debo evaluar bien lo que aparece frente a mí, solo así podré escoger algo que me convenga.
No está nada fácil hoy en día conseguir un trabajo, aunque eso no ha sido sencillo nunca, pero esta vez es más complicado que nunca. Aún así, sé que encontraré algo para mí. Solo debo ser paciente. Ya lo encontraré.
Desinflo mis mejillas, necesito buscar algo. ¡Dios mío, ayúdame! Solo entonces me doy cuenta de que hay un aviso que menciona la solicitud de empleadas para un hotel que está a punto de inaugurarse.
El sueldo es alto comparado con lo que he tenido en mi vida y siento que las palmas me empiezan a sudar, solo de pensar que ya no hay oportunidad para mí porque esta es una oportunidad que ya pudo haberse ocupado por completo. Pero todavía puedo llamar a ese número de teléfono que aparece, puedo intentar a ver. Sin embargo, ya me estoy haciendo a la idea de que ya no tendré la chance para no crearme expectativas y luego sentirme mal por eso. Es así cómo me encuentro llamando a ese número telefónico con la intención de conseguir algo bueno. No sé si podré tener el empleo, ya lo veré.
—Buenos días, ¿estoy llamando para preguntar sobre el trabajo en el hotel? En ese caso, espere unos segundos —me dice una voz femenina que parece transmitir amabilidad robótica, o puede ser que ha recibido tantas llamadas durante el día que ya está aburrida de lo mismo.
Entonces caso, espero hasta que ella me diga si puedo hablar. Ya estoy cruzando los dedos y me siento un poco nerviosa al saber que podría tener esa maravillosa oportunidad o no. Terriblemente, no.
—¿Sigues allí?
—Sí, aquí estoy. Por cierto, me llamo Anastasia Strousman y efectivamente estoy llamando por el trabajo —le explico, ya que ha sido muy directa.
—Perfecto, entonces eres una afortunada al llamar antes. Justo queda un lugar, te dejaré toda la información concerniente para que asistas a la pequeña cita, pero el puesto ya lo tienes asegurado. Es solo para aclarar algunos puntos, así que solo queda esperar. ¿Tienes un lápiz y papel a la mano?
Lo busco con rapidez.
—Sí, apuntaré todo lo que me diga —le explico, antes de comenzar a escribir.
Ella ya me está dictando todo lo que necesito saber. Y es algo rápida al hablar, así que no tengo otra opción que escribir apresurada para no quedarme atrás. También, la ansiedad se está adueñando de mí, porque sería algo maravilloso poder trabajar allí y podría decir que más rápido de lo que esperaba, he logrado encontrar un trabajo. Dios, todo lo que está pasando es increíble, hasta ganas de llorar tengo.
La mujer me termina de explicar todo lo que necesito saber para poder ir al lugar mañana. Por lo que me está diciendo, será algo breve, no demasiado tiempo. Eso mismo me está diciendo que yo tengo el puesto asegurado, solo es para aclarar puntos importantes y todo es entendible para mí.
Eso lo comprendo.
Finalmente, la llamada se ha terminado y me quedo con la hoja en la que pude apuntar todo lo que me dijo. Todavía estoy un poco incrédula, incluso quiero llamar a mi madre para darle esta buena noticia. Pero prefiero esperar a que llegue para poder decirle lo que ha pasado, es algo bueno.
Sonrío.
P.O.V Zared
Hay un montón de papeles que no están en orden y debo revisarlos ahora mismo si no quiero que se acumule más trabajo para el día siguiente. Además de eso, tengo otros pendientes por cumplir y dos reuniones importantes en la tarde que necesito dirigir. No puedo retrasarme con nada. Siento un fuerte dolor de cabeza y me odio por haber vuelto a beber. Maldición, mi cabeza va a estallar.
¿Cómo he terminado trabajando incluso los fines de semana? Es inevitable. En este momento, el éxito va bien, pero las exigencias se incrementan cada día, especialmente ahora que tengo que encargarme de casi todo. Mierda, es una enorme responsabilidad la que tengo que cargar. A pesar de todo, me gusta mi trabajo.
Después de pasar mucho tiempo en la silla giratoria, me levanto y camino hacia la ventana, donde puedo disfrutar de una maravillosa vista. Aunque siento que mi cabeza va a explotar y que el estrés me consume, al verlo desde allí me siento un poco aliviado.
Me gustaría poder encontrarla de nuevo. ¿Cómo es que se ha ido tan repentinamente? Al despertar, ya no estaba a mi lado en la cama. Se había ido sin dejar rastro, pero solo me di cuenta cuando abrí los ojos y vi que su lado de la cama estaba vacío. Suspiro.
¿Dónde podría estar ella en este momento?
No tenía ni idea. Pero había una ansia dentro de mí que me impulsaba a encontrarla. Esperaba tener suerte, aunque con claridad me convenzo de que eso no parece ser algo bueno, por lo que sería mejor no hacerlo.
Me llevo una mano a la sien. No es correcto pensar de esta manera. Ahora que veo el nombre de mi novia en la pantalla, sé que es absurdo seguir pensando en alguien más. Ella y yo estamos juntos, no debería estar pensando en otra mujer.
Finalmente la tengo en la línea. Ella suena un poco molesta.
—Hola, ¿está todo bien? —le pregunto.
—No, por supuesto que no. Me duele terriblemente la cabeza. Espero que se me pase pronto. Además, te extraño mucho —dice.
—Y yo a ti, Samantha. Pronto podremos volver a vernos, pero aún falta un poco de tiempo para terminar todo —le digo. Ella suspira.
A veces siento que ella no me entiende. Sabe que trabajo mucho y aún así me exige llegar temprano, lo cual no puedo hacer. Claramente eso no ha cambiado desde que empezamos a salir. Tal vez me está diciendo una mentira al decir que se siente mal, una excusa para que me vaya temprano a casa. Dios, no podría casarme con ella. No creo poder soportar eso.
—Lo sé, eso es lo que más me entristece. Te extraño y solo quiero tenerte aquí conmigo. ¿Es tan difícil de entender? Solo quiero que estés aquí... —me pide como si no le hubiera dejado claro que debes trabajar primero.
—Tengo mucho trabajo por hacer, me encantaría seguir con la conversación, pero no puedo porque tengo que terminar. Me estás quitando tiempo —le digo, frustrado. Me cansa que se comporte así.
A veces parece una niña pequeña que no entiende nada, pero es una adulta y no se comporta como tal. Eso es algo que detesto.
—Lo siento... —comienza a llorar.
No es la primera vez que lo hace. A veces siento que me está manipulando y siempre caigo en su juego. Estoy acostumbrado a que siempre haga lo mismo. Suspiro, necesito mucha paciencia para comprender y sobrellevar esta situación. Tener una relación con ella no es fácil; a veces pienso que debería romper de una vez por todas con Samantha. Aún no encuentro las palabras adecuadas para decirle que no quiero seguir con ella. Tal vez siento un poco de lástima por ella y por eso no lo he hecho. No estoy seguro... Pero aún no lo he hecho.
—Pronto podremos vernos. Voy a colgar la llamada —le informo.
Una vez que dejo el teléfono sobre el escritorio, siento alivio al haber escuchado su voz. En pocas palabras, estoy admitiendo que nuestra relación se ha vuelto forzada, ya no es como antes. Llegué a pensar en casarme con ella y estaba seguro de que era la indicada para mí, pero ahora ya no estoy seguro. Desde que ella apareció en mi vida, mi mente se ha llenado con su imagen y no puedo apartarla de mis pensamientos. Ella está tan hermosa, no ha cambiado, se ve perfecta.
Ella es mi objetivo.
Siento que podría pasar toda mi vida pensando en que necesito algo más que solo tenerla como mía. La he marcado, lo sé. Ahora que ha vuelto a aparecer en mi vida, no puedo considerarlo una simple casualidad. Sé que es el destino, el que desea ver a los dos juntos. Y por eso debería escucharlo, aumentar la cercanía, los encuentros. Es a ella a quien quiero.
No puedo dejar de pensar en ella. Cada segundo que pasa siento que ella se mete aún más en mi cabeza. Es imposible alejarla de mí. Lo que siento por ella es tan poderoso que me consume. Ahora siento un profundo afecto y me resulta difícil concentrarme en mi trabajo. No puedo hacerlo con ella serpenteando en mi mente.
Desde que vi sus enormes ojos, supe que estaba perdido. Me dejé llevar por la emoción y los sentimientos profundos que solo ella lograba despertar en mí. Fue suficiente con verla una vez para darme cuenta de que estaba atrapado en ella. No volver a verla fue lo mejor. Pero ahora ha vuelto a aparecer y no puedo creerlo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios.
***
Toc toc.
Una vez más, alguien está tocando a la puerta y sé que se trata de mi secretaria. Le permito el pase, pero me llevo la sorpresa de ver a mi amigo Camilo aparecer sin haber avisado antes. Pensé que estaría ocupado con su cita del día, pero parece que no es así.
—Camilo, qué sorpresa verte aquí. Pensé que estarías ocupado con una de tus citas. ¿Ya la cancelaste otra vez? —le pregunto con curiosidad.
Él sonríe.
—¿Y si te digo que ya no quiero involucrarme en todas esas situaciones amorosas? Las últimas dos chicas con las que salí rompieron la promesa de no involucrar el corazón y luego me culparon de jugar con sus sentimientos. Dicen que al principio no fui lo suficientemente claro con ellas. Es increíble cómo me pueden responsabilizar de todo lo que pasó. Ahora estoy enfocado en el trabajo, nada más es más importante que meterme en problemas con mujeres. ¿No crees? —me dice, y asiento con la cabeza.
Me lo dice a mí, que estoy en una relación en la que ya no me siento bien.
—Entiendo cómo te sientes. Samantha poco a poco se está convirtiendo en un dolor de cabeza con el que debo lidiar. No parece haber una solución para ello —me quejo, revisando más papeles.
—Lo peor que te puede decir en estos días es que está embarazada. Pero supongo que estás haciendo todo lo posible para evitarlo, sinceramente no te veo convertido en padre todavía, y mucho menos con ella como la madre de tus hijos.
—Ni yo, no la veo como alguien con quien quiera formar una familia. Es así de simple.
—Entiendo. Samantha todavía es muy inmadura. Si llegara a tener un bebé, estaría más preocupada por su apariencia que por el cambio de pañales de su hijo. Al menos eso es lo que yo pienso. ¿Tú qué opinas? —comenta con diversión.
—No es broma, creo que sería así exactamente. Hace un rato me llamó porque me extraña y dice que se siente mal, pero no es la primera vez que me hace una llamada así. Creo que está mintiendo otra vez... como si no tuviera suficiente trabajo.
—Sí, lo está. Así es —confirma resoplando—. Debe ser muy buena en... ya sabes qué, para que aún no la hayas dejado. No podría soportar estar con una persona así. Realmente te admiro.
—Bueno, volvamos a lo que viniste. No tengo mucho tiempo y prefiero no gastarlo hablando de ella.
—Sí, he venido a dejarte información sobre las vacantes. Finalmente han sido todas cubiertas y la última chica fue contactada ayer. Voy a hacerle una breve entrevista.
—Muy bien, tuvo suerte.
—Mucha, solo quedaba un puesto.
—Gracias.
Todo este tema de las contrataciones en el hotel es muy importante para mí. Estoy a punto de inaugurar el hotel, un proyecto en el que no solo estuve involucrado en su creación, sino que también soy el dueño. Otro logro se suma a mi cadena hotelera y estoy orgulloso de todo lo que he logrado a lo largo de los años.
—Es un trabajo en conjunto, como si fuera la primera vez que voy a estar presente en una inauguración. Siento un poco de ansiedad y nervios, pero también me llena de orgullo porque sé que será todo un éxito, al igual que en otras ocasiones.
—Así es. No debemos tener dudas al respecto. También estoy ansioso, vendrá mucha gente importante. Incluso permitiré la entrada de los medios de comunicación, eso nos beneficiará para generar publicidad.
—Eso es perfecto, justo iba a mencionarte ese tema. Será maravilloso que sea televisado, ¿no crees?
—Sí, lo creo.
Suspiro.
Anastasia, esa chica que ahora es una mujer, aparece en mi mente, se convierte en la dueña. ¿Debería prestar atención a este sentimiento o simplemente dejarlo pasar? Parece ser algo relevante. Quiero volver a verla. Tengo los medios necesarios para averiguar acerca de ella y su vida, pero sería un poco obsesivo de mi parte, no suelo ser así, a menos que se trate de mi trabajo. ¿Cómo es posible que ella me haya afectado tanto? Es inconcebible.
—¿Estás bien? Pareces distraído, no te alejes de lo relevante, no dejes que Samantha y sus problemas te afecten —me interrumpe Camilo, curioso al respecto. Me ve perdido y sé que debo darle una explicación.
—No se trata de ella, Camilo —confieso y capturo toda su atención. Parece intrigado y ya me veo tentado a darle una explicación.
—Si no se trata de ella, ¿entonces de quién? —pregunta con interés.
Quiere saberlo.
—Puede que te parezca extraño, pero se trata de alguien de mi pasado. Ha vuelto a aparecer en mi vida y pasamos la noche juntos, te prometo que no era mi intención, pero sucedió. Samantha estaba en casa de una amiga...
—Oh, la engañas. Se lo merece, te tiene tan atrapado que su relación se ha vuelto molesta —comenta, y asiento.
—No te diré su nombre, solo puedo decir que su nombre no sale de mi cabeza y que me afecta más que nunca. Es muy fuerte, la vi cuando solo tenía trece años y ahora es una mujer hermosa... Todo es extraño, aún no puedo creerlo. Supongo que ella no se acuerda de mí, no lo sé...
Camilo me presta toda su atención y termina sonriendo. Sabe que debo estar confundido al hablar de esta manera.
—Nunca te había visto así por alguien, así que ella debe ser diferente...