Capítulo 2

Asley estaba dando un sorbo a su café cuando sintió que una sombra se cernía sobre ella. Sintió curiosidad y levantó la vista, poniendo los ojos en blanco al ver de quién se trataba.

-Eres tú.- Dijo secamente antes de apartar los ojos de él.

-¿Solo yo? Mia bella me hieres-. El tomo asiento frente a ella. -Me alegro de verte aquí. Qué coincidencia, ¿no crees? Algunos incluso lo llamarían destino.

Asley le devolvió la mirada y puso los ojos en blanco al ver su sonrisa.

-Siento discrepar. Al contrario, empiezo a pensar que me estás acosando-. Dijo antes de darse la vuelta de nuevo, negándose a mirar al exasperante hombre.

Era la tercera vez que lo veía hoy y siempre intentaba entablar conversación a pesar de que ella intentaba ignorarlo.

El hombre parece no entender las indirectas.

-¿Acosándote? Bueno, mia bella, yo nunca lo haría. Pero claro, ¿cómo podría negarme a intentar conocer a alguien tan hermosa como tú?- Su voz estaba llena de diversión mientras le respondía y eso sólo pareció enfurecerla aún más.

-La adulación no te llevará a ninguna parte conmigo-. Dijo secamente, volviéndose a mirarlo. Levantó una ceja. -¿No tienes nada mejor que hacer que hablar conmigo y enfurecerme sin fin?

-Ah, eres una luchadora. Eso me gusta-, le sonrió y ella, a su vez, le frunció el ceño. Riéndose, respondió a su pregunta. -Hay algo mejor que me gustaría hacer ahora mismo.

-Entonces ve y hazlo-. Ella le siseó, cogiendo su taza de café.

-Lo haría, pero, de nuevo, todo depende de la persona con la que quiera hacerlo-. Contestó él, mirándola fijamente.

Asley volvió a dar un sorbo a su café y se volvió hacia él, sólo para verlo mirándola intensamente.

-Entonces ve a pedírselo a esa persona y déjame en paz. No tengo tiempo para lidiar contigo.

Se rió y se encogió de hombros, apoyándose en el asiento.

-¿Te gustaría dar un paseo conmigo? Me gustaría conocerte mejor.

-Mi abuela me dijo que nunca fuera con extraños-. Replicó bruscamente, dejando que algo de su acento italiano se filtrara en su voz.

-¿Abuela? ¿Es acento italiano lo que oigo? ¿Eres italiana?-le preguntó con curiosidad.

-Mi padre es italiano. Mi madre era americana. Me crié en Italia durante diez años antes de irme-. Dijo ella, sin apartar los ojos de su taza de café.

-¿Por qué te fuiste?

-Mi padre se volvió a casar. Después ya no me trató igual. Le pedí irme a vivir con mis abuelos maternos y no dudó en enviarme lejos-, respondió en voz baja, sorprendiéndose de lo mucho que le había revelado.

-¿Y tu madre?-, preguntó él con voz suave y amable.

Asley le dedicó una sonrisa falsa antes de darse la vuelta de nuevo. Se quedó mirando por la ventana.

-Murió al darme a luz.

Se hizo el silencio unos instantes antes de que él hablara.

-Esto es bueno.

Asley giró la cabeza hacia él y le fulminó con la mirada.

-¿La muerte de mi madre fue buena?

Sus ojos se abrieron de par en par y rápidamente sacudió la cabeza.

-No, no quise decir bueno en esa parte. La muerte de tu madre no es algo bueno.

-¿Qué hay de bueno en lo que te acabo de decir entonces?-espetó ella, sin dejar de mirarle.

-Te estás abriendo a mí. Más de lo que esperaba-. Él le sonrió sinceramente.

Asley tuvo que admitir que su sonrisa era una de las mejores que había visto nunca.

Su cara se suavizó y sonrió ligeramente.

-Bueno, supongo-. Ella suspiró y lo miró a los ojos. -¿Por qué estás hablando conmigo cuando hay mil millones de otras chicas por ahí que son mucho más guapas que yo? ¿Por qué no pierdes el tiempo con ellas?

Se inclinó hacia delante y la miró con extrañeza.

-Porque no eres como las demás chicas. Me intrigas. No pierdo el tiempo, sino que lo paso con una chica guapa. Esas chicas lo han intentado todo para llamar mi atención. Tú no has hecho nada, pero has captado mi atención.

-¿Qué quieres de mí?

-No quiero nada de ti. Bueno, tal vez tu nombre. Eso podría ser útil-. Apoyó el brazo en la silla de al lado y Asley volvió a suspirar.

-Asley Denorro.

El hombre le sonrió.

-Dalton Hastings.

-¿Qué?

Se rió entre dientes.

-Dalton es mi nombre.

Y por primera vez desde que se conocieron, ella se rió.

-Encantado de conocerte Dalton.

Una sonrisa se dibujó en su cara.

-Encantado de conocerte también, Asley.

*

Asley nunca en un millón de años pensó que iba a estar haciendo esto. Siempre había pensado que todo iría exactamente como ella quería. Pero la vida tenía otros pensamientos y planes para ella.

Ni en un millón de años pensó que estaría sentada con Dalton y dos de sus abogados, discutiendo su divorcio.

-¿Nunca hicieron un acuerdo prenupcial?- les preguntó Thommy, el abogado de Dalton. Revolvió sus papeles y miró a Dalton.

-No vimos la necesidad de hacerlo entonces. Está claro que me equivoqué-. Dijo Dalton con frialdad, mirando fijamente a Asley. Entrelazó las manos y las colocó sobre la mesa.

Asley contuvo las lágrimas y se limitó a negar con la cabeza.

-Creí que no hacía falta, ya que estaba tan segura de que íbamos a estar juntos.

Amaia, su mejor amiga y abogada, le cogió la mano y le envió una sonrisa tranquilizadora.

Asley le devolvió la sonrisa agradecida.

-Entonces, ¿cómo deseas dividir las acciones?-. Thommy miró a Dalton y luego a Asley. -Por no hablar de la custodia de tu hijo.

-Hijos-. Asley le corrigió.

Miró a Dalton.

-Voy a tener la custodia completa de ellos-. Dijo en voz baja, sin apartar los ojos de él.

Cuando no vio ninguna emoción en sus ojos, sintió que su corazón se rompía aún más. Ella había pensado que era imposible que su corazón se rompiera tanto, pero claramente, esto era sólo el comienzo.

-¿Está bien Dalton?- Preguntó Amaia fríamente.

-No quiero tener nada que ver con esos niños bastardos-. Sus palabras clavaron puñales en el corazón de Asley y la expresión carente de emoción de su rostro le dieron ganas de echarse a llorar.

Se levantó y lo miró entre lágrimas.

-¿Cómo te atreves a llamarlos bastardos? ¿Qué clase de padre eres?-, gritó, sintiendo que las lágrimas de rabia le corrían por la cara.

-Eso es. No soy un padre-replicó Dalton con frialdad.

-¿Cómo has podido?-susurró ella.

-Asley-dijo Amaia suavemente, tirando de su mano.

Asley se secó las lágrimas y volvió a sentarse. Apartó la mirada de Dalton, no quería que viera el dolor detrás de sus ojos.

-Son tuyos y lo sabes Dalton. El hecho de que los llames así me duele mucho. Eres su padre-. Dijo en voz baja.

-No son míos. Tú y yo lo sabemos-. Dijo riendo entre dientes. -Ella no recibe nada Thommy. Quiero que me devuelva todo lo que tengo y todo lo que le di durante nuestro matrimonio. Ella no se merece nada de eso.

-Cerdo insolente- dijo Amaia con calma, levantándose bruscamente. El fuego ardía en sus ojos a pesar de sus intentos por mantener la calma. -Asley solo te ha sido fiel. ¿Así es como se lo pagas?

-Señorita Reilly, por favor, cálmese-. Thommy dijo con frialdad. -No actúe de forma tan precipitada y poco profesional.

-Estoy calmada-siseó ella. -Puede que sea una abogada, pero primero soy una amiga, Sr. Quinton.

-Amaia, por favor-Asley dijo suavemente. -Siéntate.

Amaia se burló y volvió a sentarse.

-Asley se merece parte de su fortuna, si no toda. Ella fundó Hastings Enterprises. Sin sus fondos, Hastings Enterprises nunca habría empezado.

-Se construyó con el trabajo manual de Dalton. Ella no hizo más que repartir dinero-. Thommy dijo fríamente, mirando fijamente a Amaia.

-Señor Quinton, sin sus fondos, Hastings Enterprises nunca habría tenido el éxito que tiene hoy. Y todo gracias a Asley-. Dijo Amaia, fulminando con la mirada a Thommy.

-Sra. Reilly, debo recordarle que...

-Ya basta.- Dijo Asley en voz baja. Levantó la vista de su regazo y miró a las tres personas de la habitación. -No quiero nada de él. Puede recuperarlo todo. Ya no importa.

-Asley- Amaia comenzó.

Asley la interrumpió.

-No. No quiero absolutamente nada.

-Muy bien.- Amaia suspiró-¿Hemos terminado aquí entonces?

Todos asintieron con la cabeza. Amaia miró a Asley.

-Asley.

-He terminado-. Susurró suavemente, poniéndose de pie. Instintivamente, se llevó las manos al cuello, donde estaba el collar que Dalton le había regalado por su cumpleaños. Había sido unos días antes de su boda.

Se congeló cuando el recuerdo de ese día vino a su mente.

*

-Cierra los ojos, mia bella-le susurró Dalton al oído, de pie detrás de ella.

Asley soltó una risita e hizo lo que él le decía. Sintió que le apartaba el pelo del cuello y se estremeció cuando sus dedos rozaron la parte sensible de su nuca. C objeto frío tocó su cuello y ella lo tocó.

-Abre-susurró.

Ella abrió los ojos y miró el objeto. Sus ojos comenzaron a humedecerse cuando vio el hermoso collar que residía en su cuello. Dándose la vuelta, rodeó el cuello de su prometido con los brazos y lo abrazó con fuerza.

-Feliz cumpleaños, mia bella-. Él le besó la coronilla y ella se deleitó con su amor.

-Dalton, es precioso-. Se separó de él y tocó el collar, sonriendo.

Él le apartó un mechón de pelo de la cara y le sonrió con cariño.

-No tan hermoso como tú, mia bella-. Se inclinó hacia ella y la besó, enviándole todo su amor.

Asley le devolvió el beso con la misma pasión, rodeándole el cuello con los brazos. Al separarse, apoyó la cabeza en la de él y sonrió.

-Te quiero, Dalton.

-Te quiero, Asley.

*

Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos mientras miraba fijamente el collar.

Recuerdos tras recuerdos de ellos cruzaron por su mente.

El momento de su primera cita, su primer beso, el día de su boda, el día del éxito de él con su negocio. Todos volvían a su mente y ella no podía hacer nada para evitarlo.

Sus pensamientos eran consumidos por él y por los recuerdos que compartían.

Cada parte de ella le pertenecía. Su corazón, su mente, su alma. Todo era suyo. Y se lo llevó, pero se lo devolvió vacío.

Le robó todo. Sus sentimientos, sus pensamientos, su pasión.

¿Cómo pudo regalarlo todo así? ¿Alguna vez se detuvo a pensar en cómo todo esto la está afectando? ¿El supuesto amor de su vida? ¿Se lo pensó dos veces antes de contarle lo de su divorcio? ¿Era esto realmente lo que quería?

Sintió que las lágrimas volvían a brotar y se quitó rápidamente el collar. Podía sentir la mirada de Dalton mientras lo hacía. Lo sostuvo entre sus manos y lo miró fijamente antes de alzar la vista hacia él. Lo vio mirando el collar antes de mirarla a ella.

Se acercó al otro lado de la mesa y le cogió la mano.

-Toma-Susurró.

Ella puso el collar abajo en la palma en sus manos y lo cerró para arriba.

-Aquí está la primera cosa que me diste-. Dijo, tratando de mantenerse fuerte.

Ella le sonrió y se quitó el anillo. Lo colocó sobre la mesa, sin apartar los ojos de él ni una sola vez.

-Espero que esto sea lo que realmente quieres-. Susurró.

Dudó un segundo.

Pero luego se acercó y le besó suavemente la mejilla.

-Adiós, Dalton. Espero que tengas una buena vida-. Susurró.

Se dio la vuelta y empezó a salir por la puerta, donde Amaia la esperaba al otro lado. Le dedicó una pequeña sonrisa a Thommy.

Él se la devolvió a medias.

Volvió a mirar a Amaia.

-Vámonos- susurró.

Capítulo 3

-Me alegro de volver a verte hoy por aquí, Asley-dijo Dalton, tomando asiento frente a ella. Le envió una sonrisa y esperó a que ella levantara la vista y lo viera.

No se sorprendió cuando entró y la vio sentada en la misma mesa que el día anterior. Cada vez que entraba en la pequeña cafetería, allí estaba ella, sentada, bebiendo café, mientras leía el mismo libro una y otra vez.

Sus ojos se apartaron lentamente del libro. Dalton vio una pequeña sonrisa en sus labios cuando se fijó en él.

-¿No estoy siempre aquí?-, le preguntó tímidamente antes de volver al maldito libro.

Frunció el ceño durante un segundo por el hecho de que Asley no le prestara atención durante más de diez segundos antes de volver al libro. Luego soltó una risita al darse cuenta de lo singular que era ella y de cómo el hecho de que se sintiera más atraída por el libro le atraía aún más.

Durante los últimos cuatro días, había estado viniendo a la cafetería sólo para ver su cara. Había algo en ella que le atraía.

Tal vez era la sensación que transmitía.

Inocente y pura.

O tal vez era la forma en que ignoraba las normas sociales de hoy en día y en su lugar hace sus propias pequeñas cosas.

Muchas chicas no lograron atraerlo como lo había hecho Asley. Esos escotes de los que alardeaban a su manera no le hacían nada ahora que había conocido a Asley.

Ella acaparaba toda su atención y a él no le importaba en absoluto. No era como la mayoría de las chicas y eso era lo que más le gustaba de ella.

Ella era su propia persona.

-¿Siempre estás leyendo?- le preguntó, tomando un sorbo de su café que había conseguido en Starbucks antes.

-Me encantan los libros. ¿Qué más puedo decir?- Contestó ella, encogiéndose de hombros. Dejó el libro sobre la mesa y le sonrió. -¿Qué tal el día?

Dalton se quedó de piedra.

-Es la primera vez que me haces esa pregunta. Mia bella, ¿me estoy colando en tu corazón?-. Bromeó, riéndose al ver el famoso ceño fruncido en su bonita cara.

Cómo le gustaba ver ese lindo ceño fruncido.

-Si este es el resultado de haber sido una buena persona contigo, entonces no lo volveré a hacer-. A pesar de que su frase podía tener algo de enfado, había una pizca de alegría en su voz, haciéndole saber que solo estaba bromeando.

Dalton se rió y se recostó en su asiento, levantando una ceja hacia ella.

-¿Y desde cuándo eres amable con la gente? Si no recuerdo mal, ayer te enfadaste con una chica cualquiera por nada. Francamente, me sorprende un poco que aún no me hayas hecho ningún comentario sarcástico.

Otra risita salió de sus labios cuando la vio hacer pucheros, cruzando los brazos sobre el pecho. Hacía que su pecho pareciera aún más grande de lo que ya era y Dalton contuvo un gemido.

-¡Soy simpática! Y no fue por nada. Me hizo derramar el café sobre mi libro nuevo-. Se defendió.

-¿Todo eso sólo por un libro?-. Él negó con la cabeza. -No tienes huesos bonitos en el cuerpo, ¿eh?-, enarcando una ceja y sonriendo.

-Puedo ser amable-se burló ella y descruzó el brazo. Le señaló con el dedo índice. -Pero no contigo.

-Si eres tan buena persona, hazme un cumplido-. Él se inclinó hacia delante y le apartó el dedo suavemente.

Las chispas surgieron donde sus dedos tocaron los de ella y él hizo todo lo posible por ignorarlo.

-No hay nada bueno que decir de ti.-Asley miró divertida a Asley y le sonrió con satisfacción.

Dalton soltó un dramático grito ahogado y se puso la mano sobre el corazón.

-¡Mia bella, me has herido!

Asley puso los ojos en blanco.

-Pero es verdad. No se me ocurre nada bueno que decirte-. Bromeó.

Dalton se rió.

-Mia bella, hay un montón de cosas bonitas que puedes decir de mí. Apuesto a que ahora mismo hay una flotando en esa cabecita tan bonita.

Asley levantó una de sus cejas.

-¿Ah, sí? ¿Y cuál podría ser ese bonito pensamiento? Diviérteme, Dalton. Hace días que no me divierto.

-Bueno, podrías estar pensando en lo bueno o sexy que soy-. Él le sonrió con suficiencia.

Ella se encogió de hombros.

-Estás bien.

Dalton la fulminó con la mirada.

-¿Qué quieres decir con bien?

Asley volvió a sonreír.

-Las he visto mejores.

Dalton no sabía por qué, pero el comentario que Asley acababa de hacer le hizo enrojecer por todas partes.

¿Lo ha visto mejor? ¿Son los celos lo que le está recorriendo ahora mismo?

-¿Ah, sí?-, dijo apretando los dientes.

Asley intensificó su sonrisa.

-De verdad.

-Bueno, supongo que voy a tener que cambiar eso-. Sonrió satisfecho.

-Buena suerte con eso.

*

Dalton miró el collar en sus manos. El collar que Asley le había devuelto. Lo sintió frío al tacto y lo puso sobre la mesa.

Sintió que la habitación temblaba bajo sus pies y se sentó en la silla. Todo daba vueltas y cambiaba. No sabía cómo detenerlo.

Se aflojó la corbata y suspiró.

Volvió a mirar el collar y lo cogió. Salió de la habitación y bajó las escaleras lo más rápido que pudo. Cuando llegó al mostrador de la recepcionista, rápidamente le lanzó la pregunta.

-¿Ya se fueron Asley y Amaia?

-Sí, señor. Giraron a la derecha hace unos veinte segundos-. Dijo mordiéndose el labio inferior. -Puede que quieras darte prisa si quieres alcanzarlas.

-Gracias...- se interrumpió.

-Señora Jasmine.- Dijo ella con una suave sonrisa.

Él asintió con la cabeza y le dio las gracias de nuevo. Salió corriendo por la puerta y giró a la derecha. Vio a Asley sola y se acercó a ella. Le cogió la mano bruscamente, le puso el collar en la palma y la miró fijamente.

-Te lo di antes de casarnos. No lo quiero. Quédatelo-. Dijo con frialdad, esforzándose por mantener su voz fría y distante.

Sus ojos miraron el collar y él vio una lágrima escaparse de sus ojos.

-No llores-resopló. -Nada de lo que hagas puede hacerme cambiar de opinión-. Giró la cabeza hacia el otro lado de la calle, sin querer mirarla a la cara.

Oyó una burla saliendo de ella. Curioso por saber por qué había hecho ese sonido, se volvió hacia ella y le dirigió una mirada calculadora.

-¿Qué?

Una risa seca salió de sus labios.

-¿Crees que lloro para que vuelvas a ser mía?- ella negó con la cabeza y él vio que las lágrimas seguían cayendo por su rostro.

Sin embargo, su voz seguía siendo fuerte.

-Lloro porque ya no quiero ningún recuerdo tuyo. Estos bebés son suficientes para mí, Dalton. Te devolví este collar por una razón.

-No son míos. No deberían recordarte a mí-. Siseó, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón. -Deja de hacer que parezca que lo son.

-¿Sabes qué? Vete al infierno-. Gritó ella. Tiró el collar al suelo y giró el cuerpo. -Nunca jamás quiero volver a verte.

-Eso es algo en lo que podríamos estar de acuerdo. Ni siquiera sé por qué estaba interesado en ti en primer lugar. Eras una zorra entonces y lo eres ahora. Probablemente por eso tu padre no dudó en enviarte-soltó, arrepintiéndose al instante de lo que había dicho.

Vio que todo su cuerpo se ponía rígido. Los suaves sollozos que salieron de ella hicieron que su corazón se rompiera en mil pedazos. No importa lo que ella hiciera. No importa cuántas veces ella le hizo daño, él todavía la ama.

No había nadie más a quien pudiera amar tanto como a ella.

-Te odio.- Ella susurró.

Luego se dio la vuelta y le lanzó su mirada más odiada.

-Cuando te des cuenta de tu error, será demasiado tarde Dalton. Que tengas una buena vida-. Gritó antes de huir de él.

-Quiero odiarte, pero no puedo-, susurró. -Has sido la única mujer que he amado y la única que amaré. Eres mi primera y mi última-. Susurró.

Se arrodilló y recogió el collar.

-Te quiero, Asley-. Susurró, guardando el collar en sus pantalones. Comenzó a caminar de regreso a la oficina.

Cada paso que daba hacía que su corazón se rompiera aún más. Sintió que los ojos se le ponían brillantes y contuvo las lágrimas lo mejor que pudo.

Cuando estuvo de nuevo en el edificio, se dirigió hacia el ascensor y pulsó el botón del despacho de Thommy.

Aunque el trayecto sólo duró diez segundos, a él le parecieron más bien diez años. Cuando se abrió, entró en el despacho de Thommy y se sentó en el sofá.

-¿Estás bien, tío?- Oyó susurrar a Thommy.

Al levantar la vista, vio que Thommy le lanzaba una mirada preocupada. En sus manos tenía la carpeta que iba a enviar a la oficina municipal mañana por la mañana. La carpeta que pronto cortaría todos los lazos con él y Asley. La miró y cerró los ojos.

-No, nunca podré estar bien ahora, Thommy. Mi vida no es nada sin Asley-. Dijo abatido. Se pasó el brazo por la cabeza y suspiró profundamente. -No sé cómo se supone que voy a continuar mi vida sin ella. No puedo ser el mismo sin ella.

-¿Por qué te divorciaste de ella entonces? ¿Por qué hacer que no sólo se rompiera un corazón, sino dos?-. La voz de Thommy contenía decepción y un poco de desprecio.

Dalton sabía que Thommy no apoyaba totalmente el divorcio. Había intentado en innumerables ocasiones convencer a Dalton de que lo reconsiderara, pero nunca funcionó. Thommy creía firmemente que Dalton estaba equivocado, pero eso era sólo porque no conocía del todo la razón.

Dalton estaba a punto de responderle cuando sonó su teléfono. Retiró el brazo y sacó el teléfono del bolsillo. Miró hacia abajo y su cara se frunció de confusión cuando vio que era un número desconocido.

-¿Quién es?- preguntó Thommy. Dalton sintió que estaba de pie detrás de él, mirando hacia abajo en el teléfono también. -Dalton ¿quién es?

Dalton puso los ojos en blanco.

-¿Cómo voy a saberlo? Dice desconocido.

-Pues cógelo y mira quién es-. Replicó Thommy.

Dalton deslizó el dedo por el teléfono y lo puso en altavoz.

-¿Diga? ¿Quién es?

Nada.

No había nada al otro lado.

-¿Diga? ¿Quién es?- repitió Dalton con más fuerza.

Hubo una risa rápida antes de que la llamada terminara. Dalton miró el teléfono y miró a Thommy.

Un pitido llamó su atención y volvió a bajar la vista. Su cara palideció cuando vio lo que era y sintió que el corazón le latía más rápido en el pecho.

-Dalton ¿qué pasa?

Dalton negó con la cabeza y tragó saliva.

-¿Quieres saber la razón por la que me divorcié de Asley? ¿Por qué creo que esos bebés no son míos?-. Se volvió para mirar a Thommy.

Thommy enarcó una ceja.

-¿Por qué?

Dalton le mostró a Thommy su teléfono y observó cómo la cara de Thommy se contorsionaba en una de confusión.

-¿Es esa?

-Asley-. Dalton escupió el nombre como si fuera veneno.

-No me lo puedo creer.

Era una foto de Asley, con ropa de hoy, de pie fuera de un café. Una mano sostenía la misma carpeta que tenía hoy, mientras que la otra rodeaba el cuello de otro hombre. Estaba de puntillas y sus labios tocaban los del hombre.

Un hombre que no era Dalton.

El hombre llevaba un abrigo rojo y gafas de sol, protegiendo su rostro y marco de reconocimiento.

-Espera, hay un mensaje-murmuró Thommy.

Dalton recuperó su teléfono y miró hacia abajo. Sus latidos se detuvieron cuando vio lo que decía el mensaje.

He ganado.

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Mi hermoso tesoro

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