"Tendrás que rogarme", le dijo con una voz frívola que parecía venir directamente del infierno. En el instante siguiente, Damon le mordió los labios y sintió las lágrimas que, contra su voluntad, corrían por el rostro de la joven.
"¡Maldición!", exclamó él. '¿Acaso la estoy obligando?', meditó.
Luego, Damon apoyó su peso contra la pared con una mano, y con la otra la tomó de la mandíbula obligándola a levantar la cabeza. "¡Levanta la cabeza! ¡Mírame!", le ordenó con un gruñido áspero.
"¡Eres un hombre malvado! ¡Quiero anular el contrato!", respondió ella, haciendo que la mano en su rostro se aflojara gradualmente y luego se alejara. Entonces Sheryl levantó la cabeza y lo miró a los ojos, sintiendo que su corazón se le iba a salir del pecho.
Por fortuna, no había luz alrededor, así que la mujer no podía ver su rostro con claridad, y él tampoco podía ver el suyo.
Por lo tanto, probablemente el hombre no sabía que ella estaba temblando de miedo.
Dos día atrás, cuando todavía estaba en Las Vegas, Damon recibió una llamada de su familia diciendo que su abuelo, Phil Tuoba, quien estaba en su lecho de muerte, quería verlo por última vez.
Sin embargo, se apresuró a ir al lado de su abuelo, pero lo vio jugando al póquer con otras personas, pues estaba tan saludable como siempre.
¡Al parecer lo habían engañado!
Habían hecho arreglos para que, esa noche, una mujer extraña fuera a su habitación.
Debido a todo esto, sintió la necesidad de ver el rostro de ella.
Enseguida, Damon presionó el interruptor de la luz, pero la habitación permaneció frustrantemente a oscuras debido a un cableado defectuoso.
"¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu nombre? ¿Cómo entraste?". Una vez más, agarró la barbilla de Sheryl y le giró el rostro hacia él mientras hacía sus preguntas con voz fría.
En ese momento ella recordó a la mujer noble y elegante de antes, a quien todos los sirvientes llamaban señora Tuoba, por lo que asumió que era la madre del hombre.
Cynthia Tuoba le había dicho: "El abuelo de Damon ha estado mal de salud y estamos preocupados por él. Creemos que necesita un bisnieto para animarse, sin embargo, esa no es la cuestión. El caso es que mi hijo va a heredar todo de la familia Tuoba, de manera que necesita un hijo para consolidar su posición".
"¿Por qué me buscó a mí?", inquirió Sheryl.
"La gente como tú no debería pensar ingenuamente que puede obtener algo de nosotros con solo dar a luz a un bebé, por eso espero que puedas estar a la altura de mis expectativas y no me decepciones. Me agradas, señorita Shen, créeme que he visto miles de mujeres jóvenes y creo que eres la mejor".
Esa fue la explicación de Cynthia, irrazonable y poco convincente.
"¿Quién eres tú? ¡Responde a mi pregunta!", vociferó Damon, quien había perdido la paciencia.
La mujer recordó que Cynthia le había ordenado explícitamente que no le dijera su nombre a él.
No obstante, el hombre estaba tan cerca de ella que le dio una inexplicable sensación de familiaridad.
Al instante, ese sentimiento se mezcló con algo fatal y hechizante.
"¿Nos conocemos?", preguntó ella con voz débil, como si estuviera en trance.
"¿Es eso posible?". Damon bajó la cabeza hacia la de Sheryl y soltó una risita carente de gracia, como si ella hubiera contado un mal chiste. De inmediato se giró y se apoyó contra la puerta antes de continuar: "¡En tus sueños!".
La humillación ardía desagradablemente dentro de la mujer, quien pensó:
'¿Se acaba de reír? Menos mal, eso debe significar que no está de mal humor'.
"Sal de aquí". Incluso en la oscuridad, los ojos del hombre parecían completamente negros.
Ella, por su parte, se maravilló ante los rápidos cambios en su expresión.
"¡Puedo cantar una canción de cuna! ¿Te gustaría escucharla?", sugirió Sheryl al azar para cambiar el tema.
Enseguida, entrecerrando los ojos, él se dio la vuelta, se desabotonó la camisa y la tiró al suelo. Luego, justo antes de entrar a la ducha, giró la cabeza para mirarla de nuevo.
Sheryl, sabiamente, se quedó callada.
Un poco después, escuchó el sonido del agua que fluía de la regadera.
Pasados diez minutos, el hombre caminó hacia la cama con una toalla de baño blanca envuelta alrededor de su delgada cintura.
Acto seguido, se quitó la toalla y la tiró al suelo. De inmediato, Damon frunció el ceño al ver a la mujer extraña en su habitación.
Descubrió que era Sheryl, quien, exhausta, se había derrumbado contra la puerta, pues sus párpados se habían cerrado y su cuerpo se sentía como un peso muerto.
De repente, ella sintió que unos brazos la levantaban y la habitación daba vueltas a su alrededor. Después, su cuerpo se cayó sobre las suaves mantas de seda.
"¡Ah!", exclamó ella, cuando un cuerpo pesado la presionó inesperadamente contra el colchón.
Llegó la mañana, el sol se asomó con lentitud detrás de la YM Mountain bañando los contornos de su cima de un brillo dorado, y luego resplandeció en todo su esplendor sobre ella.
"Hola, señora Tuoba", dijo uno de los sirvientes abriendo la puerta, y dejó pasar a la hermosa mujer que caminó a su lado seguida del ruido de sus tacones sobre el suelo.
Después de entrar en la habitación, Cynthia, la madre de Damon, se estiró hasta su máxima altura. La figura imponente estaba detenida en medio de la suite con los brazos en la cintura y observaba con ojos críticos todo a su alrededor.
Ante la llegada de ella, Sheryl no se atrevió a ignorarla y se puso de pie dirigiéndose a la señora con mucho respeto: "Buen día, señora Tuoba".
"¡Qué buena chica!", respondió Cynthia y luego la miró con suspicacia al recordar algo de repente.
Más temprano, el sirviente encargado de la limpieza de esa habitación le informó algo interesante: había una sospechosa mancha de sangre en las sábanas de Damon.
¿Por qué había sangre ahí? ¿Qué salió mal?
¿O, quizás, Sheryl había dejado ese ridículo rastro a propósito para que Damon sintiera algo de lástima por ella?
Cynthia soltó una leve risa de burla, diciendo con evidente ironía:
"Eres una joven muy hermosa, imagino que hay muchos hombres persiguiéndote, ¿verdad?". La imponente mujer dio unos paso hacia adelante con lentitud y se detuvo frente a Sheryl, la miró de arriba a abajo como si la estuviese examinando y luego levantó una mano para sostener la barbilla de la chica.
El toque delicado de sus dedos se transformó de repente, y Cynthia le clavó bruscamente en el rostro el anillo que tenía puesto en el pulgar, sin quitar la sonrisa complaciente que dibujaban sus labios.
El dolor se sintió penetrante en la cara de Sheryl como si le clavaran una daga, pero repitió nuevamente con el ceño fruncido soportando el ataque: "Buenos días, señora Tuoba".
Después de decir esto, los eventos de la noche pasada se proyectaron en su mente como la repetición de una película.
Sabía los sufrimientos que tendría que padecer desde que llegó a ese lugar, pero igual le costaba mucho soportarlos.
Cynthia le dio unas palmaditas en el hombro pero el tono helado de su voz hizo que las palabras atravesaran a la chica como balas de hielo: "Eres una mujer intrigante, debes tener cuidado con las maniobras que intentas realizar. Nunca olvides que aquí eres solo una herramienta para ser usada, ¡así que no esperes que él se preocupe por ti! Acepta el lugar que te corresponde y las condiciones establecidas en el acuerdo, ¿entendido?".
Sheryl supo que detrás de esas palabras y ese tono condescendiente se escondía una peligrosa amenaza.
Con el corazón detenido, respondió en un susurro: "Sí, entiendo". Satisfecha, Cynthia se dio la vuelta para abandonar la habitación.
Justo en ese momento, un sirviente apareció para recordarle: Señora Tuoba, su hijo ya regresó, pero...".
"¿Y ahora qué pasa?", al pensar que Damon había salido esa mañana a tontear con mujeres, Cynthia le lanzó una mirada acusatoria a Sheryl por haber sido incapaz de mantenerlo cerca.
Pero antes de que el sirviente pudiera decir algo, la señora dio un paso adelante y abrió las ventanas de cristal de par en par. La luz del día abarcó toda la habitación y miró hacia afuera.
La corneta de un auto sonó con fuerza.
Las personas en la habitación también se asomaron con curiosidad.
Sheryl, al ver este alboroto, se sintió intrigada al igual que el resto y se acercó a la ventana. Había un auto rojo estacionado al lado de la piscina, y en él, un apuesto joven sostenía una copa en una mano y una modelo de rasgos exóticos en la otra. Ambos estaban tan cerca que sus cabezas se veían juntas y parecía que acababan de regresar de una fiesta.
Entonces, alguien se apresuró en abrir la puerta respetuosamente.
Con una voz dulce y empalagosa la mujer dijo: "¡Damon, tu casa es muy grande y hermosa! Toda esta propiedad te pertenece, ¿verdad?".
Un brillo arrogante refulgió en sus ojos, y respondió curvando sus labios seductores en una sonrisa de satisfacción: "Todo lo que ves es mío". La verdad era que, a pesar de sus palabras, el conglomerado empresarial de la familia Tuoba era compartido por varios parientes.
"Me encanta la autoridad que emanas, me seducen los hombres con una personalidad como la tuya", comentó Lily, la modelo, subiendo las cejas y abrió los ojos con una mirada inocente mientras apoyaba su cuerpo con placer sobre el fuerte brazo de Damon. En ese momento se dio cuenta de que mucha gente los observaba desde todos lados. Regodeándose por ser el centro de atención, le preguntó con astucia: "Nadie nos molestará aquí, ¿verdad?".
"Realmente no lo sé", el hombre se quitó los lentes de sol rápidamente y se volteó.
Fue en ese momento que Sheryl pudo ver el rostro completo de Damon y su respiración se detuvo por la sorpresa: su belleza era fascinante.
La gente no podía apartar la mirada de él por lo elegantes y encantadoras que eran sus facciones, desde esa distancia parecía que se estaba riendo, lo que lo hacía ver más apuesto todavía.
Damon se quedó allí un rato hasta que, al parecer satisfecho, le dijo: "Le diré a uno de mis empleados que te lleve a tu casa". Sonriendo con suficiencia, se aflojó el cuello de la camisa y caminó hacia dentro dejando a la chica sola y atónita.
Lanzando un bufido de molestia, Lily levantó las manos consternadas mientras lo veía alejarse y gritó: "¡Damon, vine aquí contigo y en tu auto! ¿Me vas a dejar así? ¿Por qué no me haces un recorrido por la propiedad o al menos me invitas a desayunar? ¡Me traes hasta aquí y ahora me pides que me vaya de esta forma tan humillante!".
Damon se detuvo en seco, se giró hacia ella y respondió en un tono casual: "Ahora te sientes avergonzada, ¿no? ¿No fuiste tú la que apostó con tus amigas que serías la única en poder conquistarme?".
Aunque la voz sonaba calmada, en sus ojos negros destelló fugazmente una chispa de disgusto y rabia. No era ni un títere ni un juguete cualquiera para que las mujeres compitieran por él.
"Pero tú...", Lily no pudo continuar porque una sensación de derrota se acumuló en su pecho. No pensaba que Damon estuviera al tanto de sus intenciones, tampoco que él supiera que todas las chicas solteras de las familias más adineradas y respetables de la ciudad, apostaban por conquistar y poseer al misterioso heredero de los Tuoba.
Y ese deseo masivo era causado porque nunca nadie lo había controlado, porque cualquier mujer quería tener una cita con él, porque su nombre, Damon Tuoba, las atraía a todas por el estatus tan alto que significaba.