Capítulo 2

Han pasado cinco meses desde que comencé mi búsqueda. He recorrido manada tras manada, con la esperanza de que mi mate esté en alguna de ellas. Pero todas han sido un fracaso.

Ahora estoy en la casa del Alpha Patricio, en el corazón de la manada Luna Oscura. Es una de las manadas más grandes de la región, poderosa y con una jerarquía bien establecida. Si mi mate estuviera aquí, ya la habría encontrado. Pero mi instinto me dice que este tampoco es el lugar.

Me recuesto en la cama del cuarto de invitados, con la mirada fija en el techo. El cansancio pesa sobre mí, no solo en mi cuerpo, sino en mi mente. La decepción comienza a hacerse costumbre, pero no puedo rendirme. La diosa Luna me ha destinado a alguien, y la encontraré. Después de visitar un par de manadas más, me adentraré en el mundo humano. Quizás ahí esté la respuesta que tanto busco.

Unos golpes en la puerta me sacan de mis pensamientos.

-Alpha Lucas, el Alpha Patricio quiere verlo en su despacho -dice una voz femenina al otro lado de la puerta.

Reconozco a la mucama. No es la primera vez que me atiende desde que llegué aquí.

-Dígale que bajo en un momento -respondo sin moverme aún.

Escucho sus pasos alejarse gracias a mi oído agudo. Respiro hondo y me incorporo lentamente. No tengo muchas ganas de hablar esta noche, pero Patricio es un buen amigo, y si me está llamando, debe ser importante.

Me paso una mano por el rostro y me obligo a salir del cuarto. Bajo por las escaleras hasta llegar a la gran puerta de madera que da al despacho de Patricio. Toco dos veces y espero.

-Pase -responde su voz al otro lado.

Abro la puerta y entro. Patricio está sentado en su escritorio, sosteniendo una carta entre las manos. Su ceño está ligeramente fruncido, como si lo que estuviera leyendo no le agradara del todo.

-Siéntate -dice sin despegar la vista de la carta.

Me acomodo en la silla frente a él, cruzando los brazos sobre mi pecho.

-Quiero que me acompañes al castillo de Grayson -dice tras un momento de silencio.

La mención de ese nombre me hace fruncir el ceño.

-¿Grayson? ¿Para qué?

-Ha habido problemas. Se queja de que algunos de mis hombres han invadido su propiedad. Me ha invitado a cenar esta noche para discutir el tema.

Lo observo con atención. Hay algo en su tono que no me gusta.

-¿A qué hora es la cena?

-A las siete. Saldremos a las cinco.

-Y dime... ¿por qué quieres que vaya contigo?

Esta vez sí levanta la vista y me mira directamente.

-No es que quieras ir, te estoy invitando -dice con una leve sonrisa-. Recuerda que estás en busca de tu mate... y Grayson tiene dos hijas. Quizás tengas suerte.

La idea no me convence del todo. No tengo muchas esperanzas en que mi mate esté ahí, pero tampoco puedo ignorar una posible señal.

-Está bien -acepto al final-. Iré contigo.

Patricio asiente, satisfecho.

-Ahora ve a prepararte.

Me pongo de pie, listo para irme, pero antes de que pueda dar un paso, su voz me detiene.

-Espera. Hay algo más.

Me giro para mirarlo.

-Dime.

Patricio deja la carta sobre el escritorio y se levanta. Hay una tensión en su postura que antes no estaba ahí.

-Hay una humana viviendo en ese castillo.

Frunzo el ceño.

-¿Y eso es un problema?

Él suspira.

-No si estuviera bien... pero no lo está.

Algo en su tono me pone alerta.

-Explícate.

-Su nombre es Karen -dice, apoyando las manos en el escritorio-. Es una chica dulce, pero cuando la veas... no te sorprendas si está golpeada o parece... rota.

Un mal presentimiento se instala en mi pecho.

-¿Por qué?

Patricio me sostiene la mirada.

-Grayson dice ser su padre, pero yo se que no lo es. Aunque nadie lo sabe con certeza; ella es parte vampiro. Su sangre es especial, pero su lado vampírico no despertará hasta que cumpla diecinueve años.

Eso me toma por sorpresa.

-¿Cómo sabes eso?

-Porque es algo que... -se detiene por un segundo, como si dudara en contármelo-. Es algo de lo que no puedo hablar ahora. Pero créeme, lo sé.

Su respuesta evasiva me deja con más preguntas, pero lo dejo pasar por ahora.

-¿Y qué tiene que ver eso con su estado?

Patricio cierra los ojos por un momento antes de responder.

-La están usando -dice con rabia contenida-. Han intentado abusar de ella más de una vez... No solo Grayson, también su hijo. La golpean, la drenan de sangre hasta dejarla al borde de la muerte.

Mis manos se cierran en puños.

-¿Cómo sigue viva?

-Laura y Arturo la han protegido como han podido. Pero si no fuera por ellos... ella ya estaría muerta.

El aire en la habitación se vuelve pesado.

-Tengo permiso del consejo para sacarla de ahí, pero Grayson no lo permitirá. La sacaré a escondidas y necesito tu ayuda.

Lo miro con seriedad.

-¿Qué quieres que haga?

-Quiero que te la lleves a tu manada. Dale refugio, protégela... al igual que a Laura y Arturo. Aquí no estarán seguros.

Me quedo en silencio unos segundos.

-¿Cuántos años tiene?

-Diecisiete. Ha estado ahí desde los cuatro.

Catorce años de tortura...

Aprieto la mandíbula y asiento con firmeza.

-Te ayudaré. Nadie merece ese infierno. Pero haremos esto con cuidado. No podemos dejar que Grayson sepa que fue idea tuya. Si me cree responsable, me atacará a mí, no a ti ni a tu manada.

Patricio suspira, con una mezcla de alivio y gratitud.

-Gracias.

Nos damos un apretón de manos.

Salgo del despacho con una sola idea en mente: esta noche cambiarán muchas cosas, y Grayson no tiene idea de lo que se avecina.

Capítulo 3

La brisa helada de la tarde mece las copas de los árboles, susurrando entre las ramas como un murmullo lejano. Desde la ventana de la habitación, observo el bosque que rodea la manada Luna Oscura. La vegetación es densa, salvaje, impenetrable a simple vista. Altos pinos y robles centenarios se alzan como guardianes de este territorio, sus troncos gruesos cubiertos de musgo y sus raíces retorciéndose en la tierra húmeda.

El sol empieza a descender en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos dorados y anaranjados, reflejándose en el follaje como si la naturaleza misma ardiera en llamas silenciosas. Entre las sombras de los árboles, distingo el movimiento ágil de los lobos patrullando el perímetro, sus ojos brillando con un destello plateado bajo la luz moribunda del día.

El aire está impregnado con el aroma terroso de la madera húmeda, la resina y la hierba fresca. En la distancia, el sonido de un arroyo corriendo entre las piedras se mezcla con el canto de los grillos y el ulular lejano de un búho. Este bosque es hermoso, indomable, un refugio para aquellos que pertenecemos a la noche.

Sin embargo, mi mente no está aquí. No en esta manada, no en este bosque.

Mis pensamientos vuelven una y otra vez a las palabras de Patricio sobre la humana que está en manos de Grayson. Karen.

No la conozco, nunca la he visto, pero la sola idea de una joven sufriendo bajo el control de ese maldito bastardo enciende una rabia fría en mi interior. Me imagino a una chica de ojos apagados, con moretones cubriendo su piel, el miedo grabado en sus facciones cada vez que alguien se acerca demasiado. ¿Cómo ha sobrevivido todos estos años en un ambiente así?

El que sea medio vampiro no la hace menos vulnerable. Si su lado vampírico no ha despertado, sigue siendo prácticamente humana. Y los humanos... son frágiles.

Aprieto la mandíbula, sintiendo el impulso primitivo de hacer justicia con mis propias manos. Pero la venganza tendrá que esperar. Primero, hay que sacarla de ese infierno.

Miro el reloj.

5:00 p. m.

Me levanto de la cama con determinación y me coloco una chaqueta de cuero negra sobre la camisa oscura. Al salir de la habitación, los pasillos de la mansión están en penumbra, iluminados solo por la tenue luz que se filtra a través de los ventanales. Mis pasos resuenan sobre la madera pulida mientras bajo las escaleras y cruzo el vestíbulo.

Al salir al exterior, el frío me golpea de inmediato. La temperatura ha bajado con la caída del sol, y el aire huele a tierra húmeda y corteza de pino. Frente a la mansión, un auto negro está estacionado con el motor en marcha.

Patricio está apoyado contra la puerta del coche, con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte. Su expresión es tensa, y no me sorprende. Esta no es una simple cena con un enemigo silencioso, es una misión de rescate disfrazada de encuentro diplomático.

-¿Listo? -pregunta sin apartar la vista del camino.

-Sí.

Sin más palabras, abrimos las puertas y nos subimos al vehículo.

El motor ruge suavemente cuando nos ponemos en marcha. Mientras avanzamos por el sendero de tierra que atraviesa el bosque, las sombras de los árboles se alargan, creando figuras fantasmales a nuestro alrededor. Las luces del auto iluminan el camino de grava, revelando el movimiento ocasional de pequeños animales huyendo entre los arbustos.

El silencio entre nosotros es denso, cargado de pensamientos no dichos.

Finalmente, Patricio rompe la quietud.

-Sé que tienes preguntas.

Lo miro de reojo.

-Muchas.

Él asiente, como si ya lo esperara.

-Pregúntame lo que quieras. No tenemos mucho tiempo antes de llegar.

Aprovecho la oportunidad.

-¿Por qué te importa tanto esa humana?

Patricio exhala lentamente antes de responder.

-Porque la vi crecer. Cuando la llevaron al castillo de Grayson, ella tenía solo cuatro años. En ese entonces, no entendía bien lo que ocurría, pero con los años... fui viendo lo que le hacían. Y no podía hacer nada.

-¿Cómo es que no podías hacer nada? -pregunto con incredulidad-. Eres un Alpha. Podrías haber intervenido antes.

Sus dedos se aprietan sobre el volante.

-Grayson tiene aliados poderosos. Si me hubiera movido antes, su muerte habría sido segura. He estado esperando el momento adecuado para actuar. Y ahora, por fin lo tengo.

Lo observo con atención.

-Dijiste que su lado vampiro despertará cuando cumpla diecinueve años. ¿Por qué es tan importante?

Su mandíbula se tensa.

-Porque cuando eso pase, su sangre será cien veces más poderosa que la de cualquier vampiro común. Grayson lo sospecha, por eso la ha mantenido con vida. Está esperando el momento exacto para usarla. Y solo la Diosa Luna sabe de qué manera...

La ira hierve en mi interior.

-Entonces no podemos fallar.

-No lo haremos.

El silencio regresa al auto mientras seguimos nuestro camino. Afuera, el bosque se vuelve más denso, como si la naturaleza misma sintiera la oscuridad que nos espera en el castillo de Grayson.

(...)

El bosque a nuestro alrededor se vuelve más denso conforme nos acercamos al castillo de Grayson. Las sombras de los árboles se alargan con la caída del sol, proyectando figuras fantasmales en el suelo cubierto de hojas secas. El aroma de la tierra húmeda y la resina de los pinos impregna el aire, pero hay algo más... algo inquietante en la atmósfera, como si el bosque mismo contuviera la respiración ante lo que sucedía entre esos lares.

-En unos metros llegaremos. -Patricio rompe el silencio con su tono grave y controlado-. Lo más probable es que ella nos abra la puerta. Es la que cocina, así que agradécele a ella, no a Grayson.

Asiento.

-Claro. -Pero no puedo evitar preguntar-. ¿Por qué tiene una aparente humana en su castillo, si realmente no sabe la magnitud de su poder?

La expresión de Patricio se endurece. Sus nudillos se vuelven blancos al apretar el volante, como si intentara contener una ira latente.

-Mató a sus padres. -Su voz es fría, pero llena de un rencor que parece viejo, profundo-. Luego la robó y la llevó a ese lugar. Desde los cinco o seis años comenzó a ser maltratada y obligada a trabajar ahí.

La rabia hierve en mi interior.

-¿Cómo sabes todo eso?

El silencio que sigue es incómodo, pesado. Solo se escucha el ronroneo del motor y el crujir de la grava bajo los neumáticos. Patricio no responde de inmediato. Es como si estuviera eligiendo sus palabras con cuidado.

Cuando por fin habla, su tono es bajo, casi un susurro.

-Es la hija de una... vieja amiga. Persona muy cercana a la reina vampira de ese clan... y esposa de un humano.

Sus palabras retumban en mi cabeza.

¿La hija de una vieja amiga?, sentí el aroma de las mentiras flotar en el aire. Pero no desee preguntar más.

El auto se detiene frente a una enorme puerta de madera con detalles tallados a mano. La fachada del castillo es imponente, con paredes de piedra oscura y ventanales que reflejan las últimas luces del atardecer. La sensación de peligro es innegable.

Tocamos la puerta.

El sonido de nuestros nudillos contra la madera resuena en el aire.

Entonces, un aroma me golpea con fuerza.

Tierra mojada y fresas.

Mi lobo se agita dentro de mí.

- Mate... mate...

El sonido de pasos apresurados se acerca. La puerta se abre.

Frente a mí aparece una joven de cabellos oscuros y ojos llenos de una inocencia rota. Es hermosa, pero no de una manera ostentosa, sino de una forma sutil, natural. Su ropa es simple: jeans rasgados y una camisa blanca de mangas largas que cubre todo su cuerpo.

-¡Papá Patricio! -Su voz es suave, pero llena de emoción al lanzarse a los brazos de él-. ¿Cómo estás?

-Bien, pequeña. -Patricio le sonríe con una ternura que rara vez muestra.

Pero yo...

Yo no puedo pensar con claridad.

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