Mientras pensaba, Elsa se dio una vuelta por el pequeño salón. Solo había seis mesas dispuestas y un camarero encargado de llevar a la gente a comer. Al fin y al cabo, el salón solo estaba reservado para el día siguiente por lo que el negocio aún podía seguir funcionando ese día.
"Disculpe, ¿puedo cancelar una reserva de habitación?", preguntó al acercarse a la mesa de recepción.
"¿Cuál es la fecha?", preguntó la recepcionista con educación.
"Es para esta noche", respondió ella en tono de disculpa. Se suponía que sus padres llegarían esa noche, por eso había reservado una habitación en el hotel. Ya que ella vivía en el edificio del personal de su empresa y no era adecuado para ellos. Sin embargo, le dijeron que llegarían un día más tarde por lo que la habitación sería una pérdida de dinero.
"Lo siento, señorita. Es casi mediodía, así que el reembolso del cien por cien no es posible". Hubo una pausa y añadió: "Si realmente quiere el reembolso, podría conseguirle sólo el cincuenta por ciento".
Elsa respiró profundamente. Bueno, no tenía sentido cancelarlo a estas alturas. Además, había escuchado que había un desayuno bufé gratuito incluido en la reserva de la habitación. También podía disponer de forma ilimitada gofres americanos, uno de los favoritos de Jane Liang y Little Bun.
Sonrió al pensar en ello mientras marcaba el número. "Jane, ¿estás de servicio esta noche?".
"Qué va, no me toca trabajar estos días. La gripe de hace unos días fue tan descontrolada que me ha dejado exhausta, así que tomé unos días libres durante la semana, justo a tiempo para tu boda. ¿Por qué? ¿Tienes algún plan para tu despedida de soltera?", dijo su amiga en tono de burla.
"Esa es exactamente la razón por la que te llamo".
Jane Liang se echó a reír y dijo: "Te conozco muy bien. Entonces, ¿en qué restaurante?".
"En realidad, como mis padres vendrán mañana y la habitación del hotel que les reservé está disponible para hoy, me preguntaba si tú y Little Bun querrían pasar la noche allí. Además, ¡sirven gofres!".
"¡Sabes exactamente lo que queremos!", gritó su amiga, agitando las manos en el aire. A ella y a Little Bun siempre les habían encantado los gofres. "Por cierto, ¿está bien Johnson?".
"Está bien, pero todavía necesita tomar la medicina tradicional todos los días. Como mamá piensa que traer medicamentos antes de la boda trae mala suerte, pospuso su llegada hasta mañana".
Una vez que habían terminado de concretar la quedada, Elsa decidió ir a comprar más ropa para la boda. Como era periodista de las páginas de sociedad, necesitaba ropa que fuera adecuada y cómoda para caminar, así como lo suficientemente formal en caso de que una entrevista apareciera en su agenda. Por ello, solo tenía trajes formales, pijamas y algunos vestidos de noche en su armario.
Para la ceremonia de boda del día siguiente por la noche había comprado una edición mejorada del cheongsam, que venía a ser una mezcla entre el modelo tradicional y un vestido largo. Estaba tejido de manera intrincada con todos los bordados de la clase alta, que tenían un aspecto extremadamente hermoso. Sin embargo, no tenía nada que ponerse para las vacaciones posteriores.
Greenwood había pensado que era demasiado problemático ir de luna de miel y ella estuvo de acuerdo pero, incluso si se quedara en casa, todavía necesitaba llevar algo más.
Sus padres le habían dado dinero para comprar ropa nueva. A pesar de las veces que lo había rechazado, ellos transfirieron directamente veinte mil dólares a su cuenta, y le pidieron que comprara algunos trajes nuevos para su prometido y para ella. Era costumbre que los padres de la novia pagaran los trajes de boda de la nueva pareja y cuando Greenwood se enteró, se rio a carcajadas y escogió su esmoquin, esperando a que ella pagara.
Para pagar los 10, 000 dólares, usó su propia tarjeta en lugar del dinero de sus padres.
El cheongsam que había elegido para ella era más barato: costaba 800 dólares, pero aun así era muy bonito.
Al salir por la puerta del hotel, dos hombres altos pasaron junto a ella. Debido a su altura, era difícil mirar hacia arriba y ver quiénes eran, por lo que simplemente los ignoró pero, cuando se marchaban, vio una tarjeta solitaria tirada en el suelo. De seguida la levantó para mirarla más de cerca, y se dio cuenta de que era una tarjeta de habitación.
"¿Qué?", dijo, mirando a su alrededor, solo para ver que los dos hombres ya se habían ido.
Pensándolo bien, sería más seguro entregárselo a la recepción y estaba a punto de volverse cuando alguien la llamó.
"¡Elsa, estás aquí!", saludó Greenwood, mientras se acercaba. "No esperaba que llegaras tan temprano".
"Quería comprar algo más de ropa. Como estabas en una reunión, no te dije nada". Se dio cuenta de que su prometido parecía un poco disgustado al enterarse de su pequeña escapada de compras. Era un hombre ahorrativo y ella ya lo sabía de cuando salía con él. "Solo para la boda", agregó.
"No, no era por eso. Además, si te vistes hermosa, es para que yo lo disfrute, ¿verdad?", le respondió él con rapidez, sonriendo.
Ella sonrió a su vez. Él colocó una mano sobre sus hombros y dijo: "Vamos adentro y tomemos una copa. Tengo algo que decirte".
Ella se quedó rígida cuando sus dedos se deslizaron por sus brazos. Todavía no estaba acostumbrada a que él la tocara. Una parte de ella quería alejarlo, pero sería demasiado descortés y, además, parecería extraño.
Ron Qin se echó a reír al verlos mientras pasaba un brazo por los hombros de Soren Wang. "Mira esa pareja incómoda. No encajan de ninguna manera. Creo que es hora de que te encontremos una pareja perfecta. ¿No te parece una gran idea?".
Soren siguió su mirada solo para ver a la mujer que había conocido esa misma mañana. Ella pedía una taza de café mientras el hombre que tenía enfrente pedía un vaso de agua. El hombre sostenía la mano de ella y Soren podía sentir la incomodidad en su postura.
Entonces se giró.
"Oye, Soren, no seas así. Vayamos al Departamento de Alimentos y Bebidas para que me redactes un informe, ¿qué dices? No quiero que nada vaya mal en mi boda con Coco dentro de tres meses, así que esperaba que vinieras conmigo a inspeccionar".
"Vayamos al departamento", dijo Soren, tomando la iniciativa.
Una vez que terminaron la inspección y abandonaron el departamento, Ron Qin recordó recompensar a su amigo con una taza de café. Mientras pedía, recibió una llamada de Chloe Xu, su prometida, por lo que se disculpó.
Sin darse cuenta, se habían sentado en una mesa frente a Greenwood y Elsa, así que Soren podía verlos mejor. El café estaba muy tranquilo, y solo se escuchaba la música del piano resonando en todo el salón. A pesar de ello, Soren podía oír sus voces, aunque no muy alto.
"Casarnos", "la ceremonia de la boda de mañana por la noche", "mis padres no pueden llegar hasta mañana", "pedir vacaciones para la boda", "no puedo cancelar la habitación del hotel...".
Estas fueron las palabras con las que Soren comenzó a reconstruir la conversación mientras continuaban hablando.
No pudo evitar sentirse un poco molesto por su conversación, así que caminó hacia el balcón para tomar aire fresco.
No se dio cuenta de que Greenwood también lo había seguido. Este no prestó ninguna atención al hombre que estaba con él en el balcón ya que sus ojos solo estaban enfocados en los movimientos de su prometida.
"Sí, mamá, estoy hablando con ella. Es un asunto bastante complicado, ¿de acuerdo? ¿Puedo decírselo gradualmente? ¿Cómo crees que lo soportará?", decía, con evidente desgana en su voz.
Soren arqueó una ceja, repentinamente interesado en lo que tenía que contar.
"Además, te hiciste con el informe de salud en secreto. Tiene dificultad para quedarse embarazada. No es que no pueda. Ya me lo había contado, así que no creo que sea apropiado que lo suspenda todo solo por un tema tan simple".
La persona al otro lado de la línea estaba literalmente gritando al oído de Greenwood. Incluso Soren podía oír las palabras que venían del otro lado del teléfono. Parecía que era un tema del que hablaban continuamente. El muchacho se alejó el teléfono de la oreja y frunció el ceño. "De acuerdo. Se lo diré, ¿conforme? Vale, mañana quedaré con la hija del director".
Después de colgar, vaciló. Elsa era una esposa adecuada. Tenía una alta titulación y un trabajo bien remunerado. Además, su familia tenía buenos antecedentes. Sin embargo, su madre se había enterado de su informe de salud. Había esperado varios días para compartir la noticia con ella, pero temía que si lo hacía no encontraría a otra mujer adecuada. Además, había planeado acostarse con ella justo antes del matrimonio.
Con la fecha de la boda acercándose con tanta rapidez, era cada vez más difícil darle la noticia, sobre todo cuando ella se había preparado tanto. Dio unas vueltas alrededor del balcón antes de entrar.
Sin embargo, incluso entonces, todavía no le dio la noticia y continuaron pasando el rato y riendo.
Al ver la escena, Soren no pudo evitar fruncir el ceño.
Greenwood todavía no podía reunir el valor suficiente. "Vamos a comer. Me han dicho que hay un nuevo restaurante donde preparan deliciosos fideos de arroz con carne".
Ella accedió. Había menús para comer en la cafetería, pero eran demasiado caros. Se levantó y dijo: "Iré al servicio primero".
"Adelante. Te esperaré aquí", respondió él, sonriendo plácidamente.
Ella tomó su bolso y entró al servicio. La tarjeta de la habitación que había recogido del suelo estaba ahora sobre la mesa y, en ese momento, su novio no pudo evitar guardarla en el bolsillo de su camisa.
'¿Puedo decírselo esta noche en la cama?', pensó, mientras se encogía de hombros. Las mujeres siempre eran mucho más fáciles de convencer por la noche y, además, tal vez incluso podría sacar alguna ventaja de todo esto. Elsa ya tenía veintisiete años. No creía que ella nunca hubiera tenido ninguna experiencia previa. De todas maneras, si finalmente no llegaran a casarse, podrían llegar a ser amigos con beneficios.
Pensando en todo ello, el hombre se recostó, con un plan en mente.
Elsa siguió a Greenwood al restaurante y allí pidió un plato de fideos de mijo. Al terminar de comer, este le pidió que dieran un paseo juntos, y sin más vacilación, la otra accedió. Eran compañeros de secundaria, por lo que compartían muchos temas de conversación. Si no contara su incomodidad por su contacto físico, la chica se llevaba bastante bien con su novio. Por aquel entonces, cuando aún no estaban tan familiarizados entre sí, aprovechaban de que tenían muchos compañeros y maestros en común para hablar de su época escolar. Desde entonces, se habían conocido mucho más el uno del otro.
Durante el paseo, ella había sugerido cientos de veces que necesitaba comprar ropa, pero el chico, simplemente, había evitado esa sugerencia una y otra vez. Al ver que ya no iba a insistir, Greenwood sugirió: "¿Qué tal si vamos al cine? Ya he comprado entradas, palomitas de maíz y coca cola. Es un buen plan".
La chica parpadeó sorprendida, sin saber que eso formaba parte del plan que el hombre había hecho para salir con la hija del director al día siguiente. Pero considerando que ese era su último día con Elsa, él bien podía ser generoso con ella por una vez.
"Tal vez otro día. Me quedé despierta toda la noche y no quiero que mañana se preocupen por mí", dijo en tono de disculpa, señalando las profundas ojeras debajo de sus ojos.
Aunque un poco decepcionado, él mantuvo el tipo con una sonrisa fácil: "Está bien, puedes irte y descansar bien. Te veré mañana, ¿de acuerdo? Conduce con cuidado".
A causa de su trabajo, disponía de un coche de segunda mano para llegar a casa así que, simplemente, asintió.
No sabía si estaba aliviada o no de que su prometido finalmente se marchara. Fue como si se quitara de encima otra pesada carga. Sin embargo, se mantuvo firme. Su padre ya estaba enfermo y no quería preocuparlo más. Además, ella ya era mayor.
Aún podía recordar una escena de hacía dos años: una vecina había saludado a su madre y le había preguntado si Elsa ya estaba casada.
Cuando Blanche negó con la cabeza, la mujer había abierto los ojos con sorpresa diciendo: "¿Cómo? ¿No es ya lo suficientemente mayor?".
En su ciudad natal, no casarse a mediados de los veinte suponía convertirse en la comidilla de todo el vecindario y ella no pudo evitar sentirse insultada por la reacción de aquella mujer.
Después de aparcar el coche en el garaje, arrastró su cuerpo cansado hasta el edificio de apartamentos de la empresa con su bolso en la mano. El apartamento tenía tres habitaciones individuales, una por persona. No tenía sala de estar, por lo que cada uno solía irse a su cuarto respectivo. Como disponía de todos los requisitos básicos, ella se sentía bien viviendo allí.
Pero, solo personas como ella se sentirían bien viviendo en un lugar como aquel. En términos generales, la gente local o los que tenían familia no podrían vivir en un lugar así, sin absolutamente ninguna privacidad. Nada más entrar, se dio cuenta de que sus compañeros de piso estaban cocinando manitas de cerdo.
Ella arrugó la nariz y se dio una ducha. Una de las razones por las que eligió a Greenwood fue que él no podía renunciar a su puesto de profesor estable en los suburbios mientras que ella tampoco podía renunciar a su trabajo favorito en la ciudad. Como estaban separados por un viaje en autobús de tres horas, estaba bien que ambos se vieran únicamente los fines de semana.
En cierto modo, no quedarse a su lado la hacía sentir un poco culpable pero, por otro lado, no podía evitar apreciar lo considerado que era él en este asunto.
Acostada en la cama mientras sostenía una colcha con las manos, se fue quedando dormida lentamente con la música de fondo sonando en la habitación contigua.
De repente, sonó su teléfono móvil y la despertó. Miró su reloj, vio que eran las 4:10 de la madrugada y frunció el ceño. Su permiso por matrimonio había comenzado ayer, por lo que no podía ser su jefe y, además, ella era la novia, por lo que debería estar anhelando el día de su boda.
Enterró su teléfono debajo de las sábanas hasta que finalmente dejó de sonar. Dio unas vueltas en la cama, pero ahora estaba más despierta por culpa del teléfono. Sus ojos estaban pesados mientras la somnolencia se desvanecía lentamente.
Cuando miró su teléfono, sus cejas se fruncieron al ver el nombre de Greenwood.
'¿Por qué me llamaría en este momento?', se preguntó.
Justo cuando estaba a punto de devolver la llamada, él volvió a llamar y habló con voz vacilante: "¿Te importaría venir al hotel?".
"¿Podemos discutirlo mañana?", dijo ella, frunciendo el ceño. Aunque ya no podía conciliar el sueño, no tenía pensado conducir hasta allí en medio de la noche.
"¡Es realmente importante!", dijo él, sin darle otro segundo para decir nada antes de colgar el teléfono.
"¿Hola? ¿Hola?", insistió Elsa, molesta.
Se puso en pie y se vistió. Cuando notó el estado de alerta en la voz de su prometido, se dio cuenta de que debía tener algún problema para haberla llamado en una noche como esta. Mientras conducía, podía sentir un dolor sordo en las sienes debido a la ansiedad y la falta de sueño.
Finalmente llegó al hotel y un hombre trajeado llegó para recibirla. "¿Es usted la señorita Xia? Soy el gerente del hotel. Puede llamarme señor Wu. Tengo algo que preguntarle sobre su prometido, el señor Li".
Ella arrugó la frente y le siguió hasta la oficina principal. No sabía lo que ocurría, pero por lo que parecía, estaba en el punto de mira. Sin embargo, simplemente no sabía qué esperar y se mordió el labio inferior.
Empezó a darle vueltas en su cabeza. Había dejado su número de teléfono y dinero cuando reservó la habitación para que sus padres pudieran registrarse con sus tarjetas de identificación. Sus padres aún no habían venido al hotel pero Jane y Little Bun sí que fueron a quedarse. ¿Les habría pasado algo?
Las palmas de sus manos comenzaron a sudar, sólo de pensarlo.
"¿Señorita Xia? ¿Señorita Xia?". El señor Wu ya había abierto la puerta, esperando a que ella entrara.
El hombre que estaba sentado frente a ella le resultaba extremadamente familiar. Después de pensarlo un rato, sus ojos se abrieron como platos. ¡Ese era el hombre que había conocido el día anterior! Se giró, con un rubor formándose en sus mejillas.
Vio que Greenwood estaba sentado al otro lado, con la cara cubierta de moretones. "¡Elsa, estás aquí!", dijo él, aliviado al verla.
"¿Qué ocurre?", preguntó, corriendo hacia él. Tenía una cicatriz en la comisura de los labios y, cuando abrió la boca, vio que se le había caído uno de los dientes frontales. "¿Que ha sucedido?". La ropa que llevaba estaba rota y sucia como si acabara de salir del bosque.
Él quería contarle todo lo que había sucedido, pero empezó a tener dificultades para hacerlo pero, como no tenía otra opción, decidió hacer tripas corazón. "Bueno, nos vamos a casar mañana, ¿verdad? Quiero decir, el banquete y la ceremonia tienen lugar mañana en este hotel, ¿no?".
Ella asintió.
Como periodista experimentada, sabía cuándo era el momento de escuchar y cuándo era el momento de hablar. Cuando se enfrentó a él, no lo miró como su prometido sino como a cualquier otro entrevistado al que tuviera que hacer frente. Ella asintió de nuevo, animándolo a que siguiera hablando.
Animado, continuó: "Sé que te quedabas en el hotel esta noche, así que pensé, como tu prometido, que tenía derecho a entrar a tu habitación".
"Uhm...". Ella arqueó las cejas, pero dejó que siguiera hablando.
"Pero ese hombre me golpeó y ahora me quiere llevar a la comisaría por robar. El gerente Wu intervino para mediar en el asunto, por lo que te pidió que vinieras para probar mi identidad".
Ella frunció el ceño y dijo: "Pero yo no te di la tarjeta de mi habitación".
Se la había dado a Jane.
"Bueno, lo tomé de tu sitio cuando estábamos en el café. De todos modos, seremos una pareja legal, así que nuestro matrimonio está de acuerdo con la ley", añadió mirando a Soren y al señor Wu. "¿Lo ven? Aquí no hay ningún problema".
Señaló a Soren y dijo: "¡Y tú! No te he preguntado por qué estabas en su habitación. Puedo mandarte a la policía".
De repente, Elsa se sintió molesta mientras caminaba hacia su prometido y bajaba la voz hasta ser apenas un susurro. "¿Por qué has venido aquí? ¿Por qué no me llamaste? Tomé la tarjeta de la habitación del suelo porque alguien la dejó caer. Se suponía que debía entregarla en el área de recepción, pero me distrajiste. Y en cuanto a la habitación que reservé, mis amigas están ocupándolo".
La chica suspiró y, rápidamente, miró a los dos hombres y dijo: "Lo lamento muchísimo. Todo es un malentendido".
El señor Wu exhaló un suspiro de alivio. Realmente no quería que le pasara nada malo al hotel y todo esto podría afectar a su negocio y a su reputación al mismo tiempo. "Señor Wang, después de todo, es solo un malentendido. La señorita Xia ya lo ha explicado claramente".
"En ese caso, fui demasiado lejos. Es sólo que, con las regulaciones, pensé que estaban atrayendo a ladrones y violadores". Aunque su voz no era fuerte, aún resonaba por toda la habitación, llamando la atención de todos hacia él.
Entonces fue cuando Elsa se dio cuenta de que llevaba una camisa de camuflaje verde militar.
"Bueno, esto demuestra que, en el futuro, deberíamos invertir más en seguridad. Lamentamos mucho lo que ha sucedido. Le reembolsaremos lo que pagó por la habitación en su tarjeta, señor Wang".
"Eso es innecesario. Yo también soy responsable de lo ocurrido. Pensé que había olvidado la tarjeta de la habitación dentro, así que no se lo comuniqué al personal a tiempo. Simplemente le pedí al camarero que usara la tarjeta de repuesto para abrirme la puerta", dijo Soren, se encogió de hombros y agitó la mano en señal de despido.
"También es mi culpa. Si ha sufrido alguna pérdida, yo también puedo pagarla", insistió Elsa. Lo que Greenwood había hecho la hizo sentir aún más incómoda, pero aun así tenía que ser responsable del malentendido que había causado y soportaría las consecuencias de su propio descuido.