Mientras los cortos pies de Verónica recorrían el extenso pasillo desde los dormitorios hasta la sala de la directora, su mente no paraba de trabajar planificando su plan y una forma de salvarse. A diferencia de su primera vida cuando llegó a la mansión del Ceo ya no era la misma niña ingenua falta de cariño, su corazón se había vuelto hielo y solo pensaría es su bienestar. También tenía algunas cartas ocultas, secretos importantes que había descubierto en el pasado y ahora le serían muy útiles. Justo antes de entrar a la oficina del director escuchoó una débil voz que la llamaba.
— Vero, supe que te ibas, quería despedirme, espero que seas muy feliz lejos de aquí. — la niña parada frente a Verónica lucia enclenca, los harapos que vestía le quedaban holgados debido a la falta de carne, sus huesos estaban muy marcados, pero a pesar de su aspecto, sus ojos irradiaban un brillo segador, la chica se llamaba Emma, era la mejor amiga de Verónica en el orfanato y puede que la única amiga que tuvo durante toda su vida anterior. Tiempo después de Verónica dejar el orfanato se entero que hubo un incendio y debido al mal mantenimiento del lugar, y todos los niños murieron incluida Emma, en su vida anterior esta era la última vez que veía a su buena amiga.
— No pienso dejarte aquí — con una actitud decidida Verónica irrumpió en la oficina de la directora arrastrando a una confundida Emma.
— Al fin estás aquí — habló el Ceo Dimitri Chapman mientras se ponía de pie, aun era joven y hermoso, Verónica solía pensar que su padre Lucía como ángel, solo que el tiempo le demostró que se trataba de un ángel caído.— tienes muy malos modales, siempre debes tocar la puerta antes de entrar, necesitas muchas clases — la regañó, todo iba sucediendo tal como en el pasado, su forma de hablar, su gestos y elegancia todo eso que la primera vez le pareció deslumbrante a Verónica, ahora le repugnaba— mi nombre es Dimitri Chapman y soy tu padre, vas a venir conmigo y a partir de ahora formaras parte de mi familia, siempre y cuando te comportes no tendrás que regresar a este lugar. — ahí estaba la amenaza, una de las razones del comportamiento sumiso de Verónica, ella no quería ser expulsada de la familia, ni quería regresar al orfanato donde solo les daban 1 comida diaria, donde los inviernos eran muy fríos y el verano sofocante. El Ceo había sido claro, por en el pasado por temor ella obedeció y soporto todo sin quejarse.
— Entiendo señor, estoy lista para acompañarlo. — respondió tranquila sofocado todas las emociones que se le acumulaban.
— Si ya tienes todo entonces podemos marcharon — Chapman se dirigía a la salida cuando sus ojos se fijaron en la pequeña chica detrás de Verónica. — ¿y esto que es?
— Ella viene con nosotros — aseguró Verónica.
— Te dije que preparas el equipaje no que recogieran pordioseros.
— No tengo nada más que llevar, tengo todo lo que necesito incluida Emma, si quieres que valla contigo, ella me acompaña. — antes Verónica creía que el Duque le había hecho un favor al sacarla del orfanato, pero ahora sabía que ese no era el caso, el duque la necesitaba así que ella podía aprovecharse de eso.
— Esta bien, la puedes llevar como tu sirvienta, pero no garantizo su seguridad, mi territorio es un lugar peligroso para los de su clase. — el hombre salió de la oficina con cara larga y Emma se arrojó a los brazos de su amiga.
— Gracias Vero por llevarme, eres tan buena.
— No, no lo soy — le aseguró mientras la abrazaba y era realidad lo que decía, Verónica no solo se llevaba a Emma para salvarla, su egoísta corazón tenía otra razón. En el pasado cuando llegó a la mansión de la familia Chapman estaba sola, todos la maltrataba y ella no tenía a nadie de su lado, necesitaba algún aliado, confidente, alguien que la ayudara. Esa era la razón principal por lo que había decidido llevar a Emma, pero considerando las palabras del Ceo, dudo por un momento si había tomado una buena decisión, después de todo estaba llevando a una humana a un lugar rodeado de personas con habilidades mágicas. En ese momento Emma no sabía lo que le esperaba y simplemente reía ingenua de los hechos.
Cuando montaron en el coche Dimitri intentó explicarle un poco la situación, no quería que las niñas se asustaran y terminarán llorando cada vez que vieran a alguien usando su poder.
— Tal vez pueda ser un poco difícil adaptarse a un nuevo hogar, pero mientras seas una niña obediente no te ocurrirá nada — dijo el Ceo intentando explicarle a Verónica ignorando a la chica a su lado, — el lugar a donde vamos es especial, porque en el viven personas especiales con habilidades increíbles, habilidades que tu deberías tener, o me equivoco. – Verónica agachó la cabeza tal como en el pasado, aquí era cuando el rechazo del Ceo se manifestaba por primera vez.
— No tengo ninguna habilidad especial.
— ¿En serio? ¿Tus heridas no se curan más rápido de lo normal, no eres fuerte o rápida? - Verónica iba negando según el preguntaba y el tono de Chapman cada vez sonaba más furioso. – y tu oído, olfato y vista, son buenos?
— No mas que el promedio. – respondió calmada la niña.
— Como puede ser posible algo así, entiendo que tal vez no tuvieras algún poder especial, pero al menos tus sentidos deberían ser superiores a los de los humanos.
— Soy humana padre, porque hablas como si no lo fuera. – fingió inocencia la chica.
— No eres humana, eres maga, hija de Dimitri Chapman Mago heredero de luz de luna nueva, uno de los 4 poderes más grandes del mundo. Somos el cuarto Clan más importante en el mundo de la hechicería – gritó Chapman perdiendo los estribos.
Una hora después las dos chicas en compañía del Ceo llegaron a su nuevo hogar, el viaje fue corto, pero Verónica lo encontró eterno al tener que estar frente a frente con su padre durante tanto tiempo. Mientras ella trataba de mantener la calma, Emma parecía que estaba a punto de sufrir un ataque de nervios y Verónica se comenzaba a arrepentir de tráela con ella. Cuando por fin llegaron entraron vieron una chica en la entrada de la mansión, sus delicadas facciones la hacían lucir encantadora, y con un bello vestido rosa parecía una muñeca, pero no lo era, la chica era Paula la hermana menor de Verónica, era tan solo un año mas joven o al menos eso era algo que pocos sabían, una de las pocas cosas que le dijo Dimitri en el camino fue que debía esconder su verdadera edad, para todos Verónica sería la hija menor, mientras que Paula sería la mayor y Heredera del Conglomerado. La obediente Verónica del pasado había aceptado sin dudar, pero la actual no estaba muy segura de dicha condición.
El Ceo fue el primero en bajar del coche y caminar hasta su hija Paula y darle un beso en la frente. No se molestó en ayudar a las otras chicas y toda su atención se enfocó en la niña de sus ojos. La primera vez que eso ocurrió Verónica sintió un latido en su corazón, pensó que era porque se acababan de conocer y que con el tiempo ella también podría ganar ese cariño paternal.
- Tiempo – bufó recordando lo ingenua que había sido.
Verónica bajo del automóvil seguida por Emma y se acerco al dúo padre e hija, había que reconocer que eran atractivos, ella también lo era, había heredado los buenos genes de su padre y madre, a diferencia del cabello rubio y ojos azules del Ceo y Paula, Verónica tenía los cabellos rojos fuego y ojos color avellana que cambiaban según su ánimo, a veces eran marrones y en ocasiones completamente verdes, en realidad no se parecía en nada a su padre ni a la familia de él, lo que era un gran tabú en su vida anterior.
- Es un placer conocerte Verónica, bienvenida a mi casa.
- Gracias por la bienvenida, pero creo que por cortesía debería decir nuestra casa, ya que a partir de hoy, también será la mía, además dirigirse a mi como hermana mayor Verónica, después de todo soy un año mayor.
- Yo…, lo siento, no fue mi intensión hacerte sentir incómoda. — la voz de Paula fue bajita, tímida como si en realidad sintiera lo que acababa de decir.
- Es buena actriz - pensó Verónica que no se dejó impresionar por su actuación de niña buena.
- No es lugar para conversar mejor entremos a la casa. Y que alguien se lleve a esta niña y la acomode con los sirvientes. — declaró el Ceo.
Seguido por sus dos hijas entraron a la mansión, mientras que Emma fue llevada por una de las empleadas, le dedico una mirada a Verónica suplicando que la ayudara, pero Verónica no podía hacer nada por el momento.
Lo primero en que se fijaría cualquier invitado que llegará al territorio del Ceo era en el jardín, el hermoso jardín que adornaba el frente y los laterales de la mansión, rebosante de las más exquisitas y hermosas flores, la armonía de tantos colores daban un aspecto majestuoso, mientras que la arquitectura barroca de la mansión te hacía observar cada detalle, desde columnas torcidas, su decoración altamente ornamentada y múltiples ventanas. Pero nada de eso llamaba ya la atención de Verónica, ni siquiera la pintura en el techo del salón principal, ese que alguna vez ella observo acostada en el suelo hasta quedar dormida, imaginando que alguno de eso angelitos la rescataría. Verónica recorrió el camino en silencio, sin darle una segunda mirada a cualquiera de las obras de arte que adornaban la mansión y el ceo no pudo evitar preguntarse como era posible que una simple niña criada en la miseria no se asombrará de tanta riqueza. Luego de atravesar varios salones llegaron a la sala de primavera, era el salón personal de Ravena la esposa de Dimitri.
Ravena era una mujer elegante, refinada, pero poco atractiva, a pesar de aun ser joven su aspecto la hacía lucir mucho mayor que el Duque, aun cuando era 4 años más joven que él. La primera vez que Verónica la vio deseo ser de su grado, deseo ser tratada como su hija, deseo tenerla como madre y ser alguna vez como ella.
— Ya llegaste cariño— hablo al percatarse de la llegada del grupo. — veo que trajiste a tu bastarda. — exactamente el mismo saludo que en el pasado.
— Amor, ahora Verónica será parte de la familia, es una más de nosotros, trátala con cariño. — cualquier persona ajena a la situación al escuchar las palabras del Ceo podía llegar a la conclusión de que era un buen padre preocupado. Pero Verónica sabía perfectamente que ese no era el caso y que solo fingía para conseguir su objetivo. — Creo que lo mejor será presentarla al resto de la familia.
— No antes de que me digan el motivo por el que me trajeron aquí. — la voz de Verónica no fue alta, pero sonó muy firme y decidida.
— No necesito una razón para hacerlo, soy tu padre y simplemente te quise a mi lado.
— También lo fuiste los últimos 15 años y nunca antes te habías interesado por mi, lo que me lleva a pensar que hay alguna razón por la que me buscaste ahora. Así me gustaría saber cuál es esa y qué me ofrecen a cambio de cumplirla. — el Ceo su esposa intercambiaron un mirada de asombro preguntándose como una niña podía haber adivinado sus planes.
— Tienes razón, hay un motivo, la verdad es que el Ceo y líder de una de las familias de hechiceros me a propuesto un trato, quiere que mi hija se case con su hijo y así unir nuestros genes y hacer negocios juntos pero a tu hermana no le agrada mucho su hijo, así que para poder cumplir con el acuerdo y hacer feliz a tu hermana decidimos traerte a cambio.
— Entonces me sacaron del orfanato para que tome el lugar de su hija y me case con un heredero que no conozco a pesar de que yo no soy como ustedes. Ya sabes que no tengo ninguno de tus dones. ¿Crees que me acepten a pesar de eso? Pueden dudar que soy tu hija y pensar que tal vez soy una impostara e intentas engañarlos.
— Esta bien, tu olor no deja dudas de que seas mi hija, y en cuanto a tus dones, debes informarnos mas al respecto, aun eres joven y puede que aparezcan mas adelante.
— Está bien, puedo aceptar el compromiso, per con algunas condiciones.
— ¿Qué? ¿Cómo se atreve esta mocosa insolente a intentar negociar con nosotros? Deberías sentirte agradecida que te sacáramos del hueco apestoso donde estabas. Otros en tu lugar estarían besando nuestros pies y suplicando por tener la oportunidad de ser parte de nuestra familia, pero tu niñata ingrata te atreves a negociar y poner condiciones.
— A mi no me molesta volver al orfanato, yo no los necesito, viví bien sin ustedes los últimos 15 años, ustedes me necesitan a mi, así que y van pensando si aceptan o no hacer un acuerdo conmigo.
La seguridad en cada palabra que pronunciaba no deja lugar para duda de que decía la verdad, sus ojos avellana eran frío y no transmitían expresión alguna. El Ceo la observo en silencio y algo en su interior le dijo que estaba a punto de tomar una mala decisión, que lo mejor era dejarla en el orfanato.
- Esta bien, pon tus condiciones.