La ceremonia nupcial comenzó. Al final del pasillo, Adrian esperaba con su traje hecho a la medida, que se ajustaba a la perfección a su imponente figura. Tenía hombros anchos, una cintura esbelta: parecía el hombre del momento.
Una elegante máscara negra cubría su rostro, dejando al descubierto solo una mandíbula esculpida. Los invitados pensaban que, de no ser por las cicatrices que ocultaba, Adrian debía de ser increíblemente guapo.
Entre los invitados, Alice se sentó en su silla. Al instante, su amiga se inclinó hacia ella, con los ojos abiertos de emoción, y le dijo: "¿Por qué no me pediste que te sustituyera en el altar? ¡Ese hombre tiene el cuerpo de un modelo de pasarela! Daría cualquier cosa solo por una noche con él!".
Alice le lanzó una mirada a Adrian, quien esperaba en el altar. Al ver lo alto y atlético que era, la envidia brilló en sus ojos, pero lo ocultó con desdén. "¿De qué sirve un cuerpo perfecto si su rostro está lleno de cicatrices? ¿Acaso no viste esa máscara? La usa porque el accidente lo dejó tan desfigurado que no puede mostrar su cara. Imagina despertar junto a alguien así, ¿no te daría miedo?".
Su amiga frunció el ceño y se quedó sin palabras por un instante, aunque no pudo evitar lanzarle otra mirada a Adrian. Justo en ese momento, las notas dulces de un violín llenaron la sala y Sophie entró con elegancia, del brazo de Kolton. Avanzaba por el pasillo con una confianza serena.
Desde la multitud, David la observaba. Una oleada de arrepentimiento lo invadió al verla tan resplandeciente. Si no le hubiera sido infiel, quizás sería él quien la estuviera esperando en el altar en ese momento. Lo que había pasado con Alice ya no significaba nada. Sophie era la que realmente quería: hermosa, amable, la mujer que debió haber sido suya.
En ese momento, Alice notó la forma en que David miraba a Sophie, y sintió que la envidia se retorcía en su interior. Entonces se inclinó de nuevo hacia su amiga y le dijo con la voz cargada de veneno: "Sophie actuaba como si no quisiera casarse con Adrian, pero en realidad estaba encantada. Seguro se enteró de que la familia Knight es extremadamente rica".
Oculta detrás del velo, Sophie observó al hombre enmascarado que la esperaba en el altar, e inconscientemente apretó la mano con más fuerza. Kolton le estrechó los dedos suavemente mientras le decía: "Lo estás haciendo genial. Sé que esto no es fácil".
Pero ella no dijo nada, solo negó con la cabeza. La decisión ya estaba tomada; no había vuelta atrás.
Como era una persona optimista por naturaleza, no iba a dejar que la tristeza se apoderara de ella. Esa era su forma de pagarle a la familia de su tío por todo, así que no se iba a echar para atrás. Además, después de ese día, su vida por fin sería suya.
Al llegar al altar, Kolton puso la mano de Sophie en la de Adrian con suavidad. Un estremecimiento recorrió a la joven apenas sintió la inesperada calidez de aquella palma. El novio enmascarado le acarició el dorso de la mano con el pulgar, como si la estuviera tranquilizándola en silencio.
La ternura del gesto la sorprendió. Quizás el hombre al que todos llamaban mujeriego no se parecía en nada a lo que decían los rumores. Sus facciones seguían ocultas, pero había una gracia firme en su forma de comportarse, una confianza tranquila que pareció calmar sus nervios sin necesidad de palabras.
Adrian se inclinó hasta que su aliento cálido le rozó el oído. "¿Lista para comenzar nuestra historia, esposa mía?".
El sonido de su voz, grave y profunda, hizo que Sophie sintiera un escalofrío. De repente comprendió cómo ese hombre podía cautivar tantos corazones, con o sin cicatrices.
Sin decir nada, asintió y dejó que él la guiara suavemente hacia el sacerdote que los esperaba. Después de pronunciar sus votos con solemnidad y firmeza, el encargado de llevar los anillos avanzó con una bandeja. Cuando el sacerdote levantó la tela que la cubría, un murmullo de asombro recorrió la capilla y todos abrieron los ojos de golpe al ver la legendaria gema.
"¿Esa es la Llama del atardecer? ¡El famoso diamante rosa! ¡Es idéntico al que lleva la princesa de Yharta!".
Alice apretó los puños mientras veía cómo la enorme joya rosa de diez quilates se deslizaba en el dedo de Sophie. Ese anillo debió haber sido suyo.
Siempre había despreciado a Adrian, como si fuera un don nadie. Para ella, no era más que el hijo olvidado del primer matrimonio de Mike Knight. Un hombre desfigurado, rechazado por toda su familia y con casi nada a su nombre. ¿Quién se habría imaginado que la familia Knight le concedería tal tesoro al hijo que supuestamente habían menospreciado?
Alice intentó convencerse de que el ostentoso gesto de la familia Knight no era más que una forma de hacer que Adrian quedara bien el día de su boda. Se animó al recordar a David, quien tenía encanto y dinero, y que sin duda era mucho mejor que cualquier hombre feo. Ese pensamiento la tranquilizó, aunque solo un poco.
La suave voz del sacerdote se extendió por la sala. "Puede besar a la novia".
Sophie se puso rígida, preparándose. La idea de besar a un completo desconocido, especialmente a uno que acababa de conocer ese mismo día, le parecía irreal.
Frente a ella, Adrian parecía igual de inseguro. Sophie no pudo evitar mirarlo fijamente. ¿De verdad el famoso rompecorazones que supuestamente ponía a las mujeres a sus pies estaba nervioso en ese momento?
Mientras los invitados aplaudían con entusiasmo, Sophie Knight sintió el aliento de Adrian cerca de ella. Su corazón dio un vuelco, y cerró los ojos instintivamente. Sus pestañas temblaron, revelando lo nerviosa que estaba.
Un momento después, un toque cálido y breve rozó su frente. Abrió los ojos, sorprendida. Antes de que pudiera asimilarlo, la ceremonia había terminado.
Más tarde, en la recepción de la boda en el hotel, un hombre con una copa de vino se acercó a los recién casados y dijo en tono juguetón: "Eres afortunado de casarte con una mujer tan bella, Adrian".
Aunque el sujeto era bastante atractivo, tenía unas enormes ojeras. Al verlo, Sophie se echó hacia atrás instintivamente, y Adrian se movió rápido para ponerse frente a ella.
El otro sonrió y dijo: "No te pongas nerviosa. Soy Rory Knight, el medio hermano de tu esposo. En realidad siento un poco de lástima por ti. ¿Sabías que tuvo un grave accidente automovilístico cuando era niño? Ni siquiera se quitó esa máscara para la boda. Supongo que probablemente le da miedo que salgas corriendo".
Ante la burla, Sophie frunció el ceño y miró a Adrian, esperando alguna reacción, pero él permaneció completamente inmóvil, como si no le afectara para nada.
Ahora entendía los rumores de que su familia no lo quería. Incluso su medio hermano lo estaba ridiculizando abiertamente el día de su boda. Pero Adrian era su esposo ahora. Si él no iba a defenderse, ella lo haría.
Con decisión, apartó el brazo de Adrian y enfrentó a Rory con una mirada firme. "No elijo a un esposo por su cara, sino por su carácter. La apariencia no importa si ni siquiera puedes tratar decentemente a tu propio hermano. Esa es la verdadera fealdad".
Al escuchar esas palabras, Adrian levantó una ceja, sorprendido por la audacia de su esposa.
Rory entrecerró los ojos por un momento, pero rápidamente fingió una sonrisa. "¡Guau! ¡Qué lengua!". Luego levantó su copa de vino y continuó: "Está bien, tranquila. Me disculpo por mi error. Acepta esta copa a modo de disculpa".
Sophie dudó, insegura, y luego extendió la mano. Pero antes de que pudiera tocar el borde, el hombre inclinó la copa y derramó el vino tinto sobre el pecho de ella.
El líquido empapó su vestido de novia, deslizándose en pegajosas líneas por su escote. Rory la miró con lascivia, sin mostrar ni una pizca de arrepentimiento.
"¡Ah!", exclamó Sophie, tapándose el pecho empapado.
Rory chasqueó la lengua, ligeramente decepcionado de que ella se hubiera cubierto tan rápido. "Ups", dijo, fingiendo inocencia. "Se me resbaló la copa. Perdón por eso".
Sonrió con burla hacia Adrian, como retándolo a intervenir. Sin embargo, este no dijo nada, solo se quitó su chaqueta con calma y la puso sobre los hombros de su esposa.
Rory soltó un bufido y comenzó a alejarse, murmurando: "¡Ups! ¿Cómo me pudo fallar la mano así?".
Sin embargo, una voz tranquila cortó el aire detrás de él.
"Si ni siquiera puedes sostener una copa, tal vez no necesites esa mano para nada".
Antes de que Rory pudiera girarse, se oyó un crujido agudo y seco. Sintió un terrible dolor cuando Adrian le torció la muñeca con precisión. El sudor frío brotó en su frente y su rostro se puso pálido.
"¿Qué demonios crees que estás haciendo?", soltó Rory entre dientes.
Sin responder nada, Adrian le dio una patada en la rodilla. El otro cayó al suelo, gimiendo de dolor. De inmediato, Adrian tomó una copa de vino que estaba por ahí cerca y luego jaló la cabeza de su hermano hacia atrás, agarrándolo del pelo.
"Esta es de parte de mi esposa", dijo, derramando el vino sobre el rostro de Rory. El vino empapó su pelo, se deslizó por su ropa y lo dejó completamente humillado.
Todo ocurrió tan rápido que los invitados quedaron atónitos, congelados. Justo en ese momento, Mike, el padre de Adrian, avanzó furioso. "¡Idiota! ¿Qué crees que estás haciendo con tu hermano?".
Adrian se ajustó los puños de la camisa con una calma inquietante y respondió: "Si no va a aprender modales, entonces yo mismo se los voy a enseñar".
Antes de que alguien pudiera intervenir, otra patada rápida aterrizó en el rostro de Rory. Un diente voló por la alfombra, y el joven gimió, indefenso.
"¡Has ido demasiado lejos, Adrian! ¡Discúlpate ahora mismo, o te juro que te echaré de esta familia!", gritó Mike, temblando de ira.
Los ojos de Adrian eran fríos, pero una leve sonrisa curvó sus labios. "Como desees", respondió.
Luego agarró a Sophie de la muñeca y la llevó hacia afuera, sin mirar atrás ni una sola vez. Los gritos llenos de furia de Mike resonaban detrás de ellos. "¡Cancelen todas sus cuentas! ¡Recuperen cada propiedad que esté a su nombre! ¡Cuando toque fondo, vendrá arrastrándose a pedir perdón!".
El salón volvió a quedar en silencio, y luego los murmullos se extendieron entre los invitados, quienes seguían igual de conmocionados.
Mientras tanto, Alice se reía en una esquina. Cualquier rastro de celos que hubiera sentido hacia Sophie desapareció al instante.
Al parecer, Adrian no era tan intocable. Solo era un niño rico y mimado que ahora lo había perdido todo y se había convertido en un don nadie sin un céntimo y lleno de cicatrices. La idea de que su prima estuviera atada a un hombre así la emocionó.
Tomó un sorbo lento de champaña y sonrió con malicia, pensando que el sufrimiento de Sophie apenas comenzaba.