Bien dicen que la vida es una hija de su perra... de todas las cosas que me han pasado jamás en la vida la llegué a imaginar ésta... precisamente ésta. ¿cómo demonios voy a verle la cara de ahora en adelante?
La de hombre que hay en Madrid y justamente me tuve que acostar con él... aunado que no recuerdo una puñetera cosa después de un par de tequilas...
Si me reconoce o no, no hace ningún gesto que me lo indique se mantiene con cara de póker.
-Con su permiso Lcdo. Sánchez -habla Mónica, recordándome que está con nosotros-. Señorita Zambrano, nos vemos a la hora del almuerzo.
Aquella chica de cabello azabache sale prácticamente corriendo de allí, como si el mismísimo diablo la estuviese persiguiendo. Desvío mi mirada hasta él... no puedo ni sostenérsela, trato de hablar, pero me resulta en vano, ¿qué carajos voy a decir? No quiero arruinar mi primer día de trabajo.
Iker Sánchez no aparta la mirada de mí y yo no sé en que lugar posar la mía... a veces creo que soy la guerrera favorita de Dios, porque lo que me pasa a mí no le pasa a más nadie.
-Señorita Zambrano, tiene cinco minutos para acomodarse en su lugar de trabajo y pasar a mi oficina -su voz grave envía una corriente de electricidad por todo mi jodido cuerpo.
«¡Cerebro, concéntrate!». Me regaño a mí misma en lo que quedo sola en el pasillo.
Vaya día de mierda que pinta eso...
Respiro profundo, diciéndome que puedo con esto mucho más. Susana Zambrano no se rinde antes las nimiedades y peores cosas he vivido.
Me quedo viendo mi escritorio, todo está pulcramente ordenado, ni una mota de polvo, ni un papel con el filo más largo que el otro. En fin... saco mi móvil, lo coloco en silencio lo menos que deseos es que una de las inoportunas de mis amigas escriba, aunque sé que por la hora no lo harán.
Guardo mi cartera en una de las tantas gavetas desocupadas, imagino que es donde estaban las cosas de su anterior asistente. En el primer cajón consigo una ipad y macbook de ultima generación, wow...
Las palabras del ogro Sánchez, vienen a mi cabeza y doy un respingo en mi silla.
«¿Por qué lo llamas así? Si tú todavía no tienes motivos para hacerlo». Susurra una voz dentro de mí, pongo los ojos en blanco. Tomo el ipad, la enciendo, me quedo perpleja cuando veo que me da la bienvenida con mi nombre y todo.
Acomodo las solapas y cuello de mi blazer. Quito una pelusa imaginaria de mi pantalón. Estiro mi cabello y respiro profundo. Me mentalizo en que debo ser profesional y no ver a mi jefe como un pedazo de carne, y mucho menos imaginármelo como lo vi el sábado en la mañana.
Toco la puerta de su oficina, espero que me de su confirmación. Al entrar su aroma está por todos lados, lucho por no cerrar los ojos y gemir. Una de as mayores debilidades de una mujer es el perfume masculino, ese olor a hombre que te hace mojar las bragas sin quisiera tocarlo...
Iker Sánchez huele a...Dior, reconocería ese olor en cualquier lado, pero en él sienta distinto, me atrevería a decir que tiene algunos cambios en su composición, además que exuda ferocidad, sensualidad y erotismo, todo eso hace un coctel mortal con su mirada azulada y sus facciones gruesas.
-Estoy esperando que se siente...
De un plumazo me baja de la nube en la que solita me he montado. Explayo los ojos con horror, lo primero que me dije que no debía hacer al entrar en esta oficina y lo primero que hice.
Se levanta de su silla donde se ve como un Dios Todopoderoso, eso me hace caminar rápidamente hasta las sillas frente a su majestuoso escritorio. Me obligo a cerrar la boca cuando noto que tiene de vista toda la jodida Gran Vía. Lo del pasillo es una tontería comparada con esto.
-Nombre completo, edad, dónde vives y ¿por qué deseas trabajar en Laboratorios Sánchez Martínez?
¿Qué demonios?
Frunzo el ceño en su dirección. Está recostado de su escritorio viéndome fijamente, como si quisiese desenterrar todos mis secretos.
¿A qué viene todo esto? ¿va a hacerme otra entrevista?
-Vaya... empezamos mal -se inclina hacia adelante, su postura me intimida-. Aclaremos algo, señorita Zambrano. Cuando pregunto o doy ordenes, deseo que se acate al primer segundo. Si no es capaz de entender eso dese por despedida porque téngalo por seguro que no aguantará mi ritmo. Es una falta de respeto por parte del receptor no estar pendiente cuando le están hablando.
-Señ...
-No, no me hable a menos que yo, se lo indique -su voz cortante que me hace recordar el motivo por el cual lo apodan ogro-. Señorita Zambrano, no pienso repetirlo, nombre completo, edad, dónde vive, ¿Y por qué deseas laborar con nosotros?
Mi lengua no coordina con mi cerebro cuando digo:
-Mis datos los tiene el Departamento de Recursos Humanos, dicha información debieron pasársela a usted en el momento que me contrataron -sus ojos se oscurecen, su mandíbula se tensa. «Ahora si valiste, Susana. Todo por andar de responda ». Me recrimina esa voz dentro de mí -. No merezco ser tratada como lo está haciendo Lcdo. Sánchez, está abusando de su poder, lamento si le causé una mala impresión. Podemos comenzar de nuevo.
Una sonrisa irónica aparece en sus labios.
-¿Sabe que puede ser despedida por la forma como me habló? Y no se te daría liquidación...
Respiro profundo. Cierro mi mano libre en un puño. Me repito una y otra vez "Tú puedes Susana".
-Sé que puede despedirme en cualquier momento -le hago saber, modulo mi voz para que no suene altanera y se refleje lo iracunda que estoy por dentro-. Pero no me estaría dando la oportunidad de demostrar que estoy calificada para este puesto.
-¿Estar calificada es no responder cuando tú superior te hace una pregunta? -pregunta con sarcasmo.
Me veo venir...
Me veo...
-¿Perdón? -cuestiono sin entenderlo. O este tío se levantó con el pie izquierdo o definitivamente le pica donde no le da el sol...
-¿A qué juega señorita Zambrano? -pero, ¿Qué demonios con este tío?-. ¿Va a decir que no me conoce?
Puñetera vida de mierda...
-¿Me vas a decir que no sabía quién era yo el viernes cuando terminamos en mi departamento? -¿En qué momento dejamos de hablar de trabajo?
Se endereza, mete sus manos en los bolsillos de su pantalón. Camina de un lugar a otro sin dejar de verme...
-Ok, seré tan estúpido para pensar que te metiste en mi cama sin saber quien era yo, pero... ¿Me crees tan imbécil para no darme cuenta que quieres algo a cambio? ¿Qué haces en mi empresa?
Ok. Ok. Ok.
Siento que me perdí de algo y no sé me informó. Este tío es un reverendo gilipollas. ¿Cómo pude terminar en su cama? No es más que el típico ricachón que cree que todo el mundo debe rendirle pleitesía.
-Lcdo. Sánchez, creo que se equivocó de persona -me levanto ofendida. No pienso seguir aguantando calumnias cuando no recuerdo una mierda de nuestra noche juntos-. Estaré en mi lugar de trabajo, esperando indicaciones reales o esperando que me anuncien de Recursos humanos que estoy despedida.
Me doy la vuelta. Mi mente es un nido de pensamientos confusos. No sé qué jodidos está pasando. Siento que estoy pagando un karma que no me corresponde y Dios sabe bien que es así.
-Ni se le ocurra cruzar esa puerta -su tono de voz me paraliza.
Respiro profundo antes de girarme y verlo echando humo por las orejas.
-Señor, ¿Se puede saber cuál es su molestia con mi persona? -indago.
-¿Todavía tiene el descaro de hacerse la loca?
-¿Perdón? No sé de qué me habla.
-¿No? -su risa irónica me hierve la sangre-. Seguro he de felicitarte por verme la cara de idiota, Samantha Flores. Porque fue con ese nombre que te conocí y te follé sin parar en el baño de aquel antro para luego terminar en mi puñetero departamento.
El ambiente está tenso, la ferocidad en su mirada me hace... niego con la cabeza, ya no pienso cometer mas locuras y menos si no sé si estoy despedida o no. Jodida vida, cuando pensé que me podía ir mejor en mi nuevo trabajo pasa esto.
-¿Todo esto es porque me presenté con un nombre falso? ¿En serio cree que soy tan psicópata como para mentir currículo en tu empresa y que chantajearte? -pregunto uniendo cabos...
-Sabía quien era yo -insiste.
-¡No sabía quién mierda eras! -exclamo cansada de su acusación-. ¡No recuerdo una mierda! Ni sé cómo llegué a tu puñetero penthouse -me encuentro sobrepasada. Toda esta situación puede conmigo. De verdad espero que está oficina este insonorizada o todo el mundo en el pasillo se está enterando lo que pasa aquí -. Solo sé que me levanté en una cama que no era la mía y con un tío que pudo haberme violado.
Sus ojos llamean con rabia al escuchar la última palabra. Camina feroz hasta mí. Me toma de la barbilla y brama:
-En tu maldita vida vuelvas a decir que te violé -su mirada helada conecta con la azulada de la mía-. ¡Jamás! ¡Jamás sería capaz de tocar a una mujer en ese sentido!
Mi labio inferior tiembla. Quiero salir corriendo de aquí.
-¡Cuando me tenías clavado en tu coño rogabas por mas! -¡Que poco hombre! -. Me lo suplicaste una y otra vez, era mi nombre lo que salía de tus labios. ¿No recuerdas cómo te viniste en mi polla? ¿Cómo te empotré contra el ventanal? ¿En serio me quieres hacer creer que no recuerdas una puñetera mierda?
Oh por Dios.
Me deshago de su agarre, mi mano toma vida propia y le doy una sonora bofetada.
¿Cómo se atreve?
Impresionado se toca la mejilla. Mi mano quedó marcada y puedo jurar que le dio. Sacudo la mano por el escozor que siento.
-Lcdo. Sánchez, no es necesario que me despida, yo misma lo hago. ¡Renuncio! ¡Y métase su puesto de trabajo por donde no le da el sol!
Me doy la vuelta dispuesta a irme, pero de un tirón me toma entre sus brazos. Cuando quiero reaccionar tengo sus labios atacando los míos. Su calor invade todo mi cuerpo, su olor me debilita y pienso en lo surrealista que esto mientras mis labios le devuelven el beso que con fervor me da.
Una de sus manos va a parar a mí cabeza, inclinándome hacia atrás para tener mejor acceso a su boca. Él... Jesús, lo que tiene de ogro lo tiene de delicioso... Iker Sánchez es un hombre que sabe besar, que no se anda con rodeos en lo que desea tomar.
Su lengua recorre cada recoveco de mi cavidad, sus labios me chupan, sus dientes me dan pequeñas mordidas que envía corrientazos a mi entrepierna, sus fuertes manos me tienen presa y lo cálido de su aliento me tiene en una nube. Poco a poco ralentizamos el beso, mi respiración es un caos, la suya también.
Abro los ojos, los suyos están impregnados en el más oscuro deseo. Se separa un poco de mí. Mi pecho sube y baja... ¿Qué demonios acaba de pasar?
Parece estar en guerra consigo mismo, niega con la cabeza un par de veces.
-Lcdo. Sánchez, presentaré mi renuncia en Recursos humanos -le digo-. Está más que visto que no podremos llevar una relación de empleada y jefe.
Casi me voy de culo cuando lo escucho gruñir.
-Te busqué como un jodido imbécil todo el sábado y el domingo. No encontré absolutamente nada de ti, ¿Cómo cojones lo iba a ser si me mentiste con tu nombre? -frunzo el ceño. Del bolsillo de su saco agarra algo y me lo deposita en la mano-. Se te quedó en mi departamento, supongo que es importante para ti.
Cuando veo el relicario de oro con mis iniciales en mi mano me quiero morir. ¿Cómo no me di cuenta que lo perdí? Me siento la peor persona del mundo. Lo abro, la foto de padre y mía me devuelve el alma al cuerpo. Lo cierro y sin poder contenerme, lo abrazo.
Abrazo al jodido Ogro Sánchez.
-Gracias, gracias... no tengo palabras para decirte lo mucho que significa este objeto para mí -el nudo en mi garganta no me deja hablar.
-¿Te parece si nos conocemos nuevamente? -me quedó estática sin poder creerlo, ¿Me está proponiendo empezar de cero? ¿Después de todo lo que nos dijimos?
En ese momento abren la puerta, pego un respingo y me separo rápidamente de él.
-Iker, necesito enseñarte algo -entra un hombre rubio con la vista su teléfono. En lo que la levanta, me recuerda haberlo visto en... niego en mis pensamientos. Él me observa por varios segundos, después desvía la mirada hacia mi acompañante-. ¿Interrumpo algo?
Me mantengo callada.
-Estaba explicándole a la señorita Zambrano sobre el informe que debe entregarme antes de que vaya a almorzar -mi mandíbula casi llega al piso al escucharlo. La seguridad con la que habló. Si no estuviese en mis cinco sentidos, juro que le creería-. Señorita, puede retirarse. La llamaré dentro de unos minutos para seguir.
Salgo de aquella oficina con un revoltijo de pensamientos. ¿Qué carajo acaba de pasar?
Iker Sánchez.
Soy un completo estúpido. Mientras escucho las baboserías de Alejandro pienso en lo que hice hace segundos, en mi actitud, en lo colegial que de seguro me vi. ¿Reclamar por una follada? ¿Es en serio Iker? ¿acaso estoy drogado y no me di cuenta?
-Iker... te estoy hablando desde hace quince minutos -gruñe Alejandro. Levanta su ceja rubia-. Es evidente que no me prestaste atención desde el minuto uno.
-¿Si sabes que no te presté atención para qué sigues hablando? -le reviro. Me queda viendo por un par de segundos. Va decir algo... pero duda... igualmente lo termina diciendo, si Alejandro tiene algo es una boca imprudente que mi tía nunca corrigió cuando era un puñetero chaval-. ¿desde cuando tienes nueva asistente?
Por ahí viene...
Respiro profundo.
-Desde hoy -le respondo indiferente, como si no estuviese pasando por mi mente cada maldito segundo del sábado en la madrugada-. ¿eso qué tiene que ver?
-Algo está distrayendo al Ogro Sánchez y quiero saber que es primito... -los dos nos retamos con la mirada. Que me recuerde el apodo que me dieron los empleados no me hace más que reír con arrogancia-. Se me parece a...
Alzo la ceja esperando que lo diga.
-¿No es esa la chica del bar? ¿es en serio Iker? ¿te acostaste con tu nueva asistente? -cuadro mis hombros. Me ve burlón y se por qué... tanto sermón que le doy con lo de no follarse a las asistentes y terminé haciéndolo yo. Aunque en mi defensa, no sabía quién era ella.
-¿Si así fuese cuál es el jodido problema?
Alejandro niega con la cabeza.
-Oh, venga hombre no me puedes estar hablando en serio... -se inclina hacia mi escritorio-. Sin conocerla sé que es una oportunista y en cualquier momento querrá extorsionarte, como lo hizo Sabrina.
La mención de ese nombre hace estallar algo dentro de mí.
-No te permito que hables de Sabrina cuando no sabes como fueron las cosas -me levanto de mi asiento, camino directo hasta la puerta de mi oficina. Y antes de abrirle le digo-. Si no tienes más nada que decir, te voy a invitar que te retires de mi oficina antes que nos entremos a golpe. Hoy definitivamente no estoy para tolerarte.
Alejandro me ve irónico, su risa amarga me hace saber lo que siempre me han dicho, pero que he hecho oídos sordos.
Espero veinte minutos de su salida, llamo a la señorita Zambrano. Se presenta tres minutos después de mi llamado.
Veo sus esbeltas piernas cubiertas por aquel pantalón que le queda como un guante y una escena viene a mi cabeza.
Inicio de Flashback.
La polla la tengo a reventar, el sudor me recordé todo el cuello. Solo pienso en enterrarme en el menudo cuerpo que me devuelve la mirada con pasión.
-Solo una vez, y nos largamos -cierra la puerta con seguro, va por los labios. Sus manos torpes recorren mi dorso, mientras sus caderas toman vida propia y se balancean contra mi dureza-. Imagino has de tener condones... porque si no los tienes tío, olvídate que dejaré meterte entre mis piernas.
Una carcajada divertida brota de mí.
Con un beso retomamos lo que empezó en la pista de este bar. Sus labios me aspiran, me succionan, me hacen imaginar lo placentera que ha de ser tenerlos alrededor de mi polla. Su mirada azulada se oscurece producto del placer.
Es ella quien toma mi billetera entre sus manos y saca un preservativo, quita mi correo y baja el zíper junto a mis bóxeres, mi polla salta en busca de su refugio.
Un gruñido escapa de mi cuando me toma en su mano, la mueve de arriba abajo. Esta tía es la gloria. Destapa el preservativo y me lo pone. La tomo de las nalgas, la levanto rodeando mis caderas con sus piernas, cuando nuestros sexos entran en contacto temblamos de anticipación.
Tomo su boca saboreándola. Sus labios son perfectos para mis mordidas, su lengua inquieta va en busca de la mía, comenzamos una batalla por quién tiene el control. Cuando su mano va en busca de mi miembro, lo posiciona en su entrada y baja, siento como sus paredes me aprisionan, tenso mi mandíbula sintiendo como me exprime la polla su delicioso coño. Me entierro más en ella y siento...
Fin del Flashback.
-Lcdo. ¿En qué puedo ayudarlo? -un temblor sacude mi cuerpo. El tirón en mi polla me dice lo que quiero, pero no lo puedo tener. Eso debe quedar en follada de una noche.
«Una de las mejores folladas de mi vida, no cualquiera sigue mi ritmo». Pienso para mí.
-Señorita Zambrano, como le decía antes de que nos interrumpieran -sus hermosos ojos no pierden atención de nada-, empecemos de cero. No soy un hombre de asumir mis errores, pero con usted lo estoy haciendo. Espero no equivocarme -respiro profundo, sin perderme ningún gesto de su rostro o movimiento de su cuerpo-. Quiero que sepa que si algún día intenta chantajearme, no va a sacar nada mí, solo su liquidación por parte de Recursos humanos.
-¿Nos estamos conociendo, pero a la vez me está amenazando? -recalca, su aura de mujer inalcanzable me hace recordar cada uno de sus gemidos a mi oído. Lo que me dan imágenes más que placenteras para mí deleite sexual.
Niego con la cabeza, esbozando una sonrisa.
-No lo tome como una amenaza señorita Zambrano, tómelo como una advertencia -pone los ojos en blanco. Cuadra sus hombres y se inclina hacia adelante, me extiende su mano-. Un placer, Susana Zambrano.
Tomo su mano, esa corriente de electricidad como la primera vez me recorre el cuerpo.
-Iker Sánchez, señorita Zambrano. -Deposito un beso en el dorso de su mano. El aroma de su piel se cuela en mis fosas nasales, huele a vainilla.
Respiro profundo.
-Ahora voy a explicarle el mecanismo de esta empresa. -veo como va anotando en el iPad cada que cosa que estoy diciendo. Frunce el ceño o muerde su voluptuoso labio inferior en algunas cosas.
Una vez le explico todo, le indico que aparte de ser mi asistente en la empresa, también lo será fuera de ella y que por eso es la gran remuneración que se les da a las asistentes de la Junta Directiva.
Susana asiente... veo la duda en sus ojos, pero no se atreve a preguntar.
-¿Desea preguntarme algo, señorita Zambrano?
Abre los ojos sorprendida, luego pone los ojos en blanco.
-Cuando se dice que seré su asistente fuera de esta empresa, ¿A qué se refiere exactamente? ¿Y cuáles serían mis obligaciones para con usted?
Me levanto hasta donde se encuentra el licor, preparo un trago para mí.
-¿Le sirvo uno? -cuestiono. Mido sus movimientos, como sus piernas se mantienen cerradas y en algunas ocasiones la fricción entre ellas sé que me están ocultando. A pesar de que dice no recordar nada, su cuerpo sí lo hace, de lo contrario no reaccionaría así a mí.
-No, ¿Señor o Lcdo? -cuestiona con duda.
-Señor, me hace sentir viejo... eso dejémoslo para mí padre y los demás miembros de la junto -le aclaro-. Puedes llamarme por mí título, Señorita Zambrano.
-Entendido, Lcdo. -enarco una ceja esperando su respuesta en cuanto al trago-. No, en horas de trabajo no puedo beber. Gracias por su ofrecimiento, pero debo declinar.
-Oh, entiendo señorita Zambrano, profesional, ante todo, así me gusta -camino en dirección a mi puesto con el trago en mano. Le doy otro sorbo, el whisky pasa por mi garganta, sintiendo está vez una leve quemazón-. En respuesta a su pregunta, señorita Zambrano, me deberá acompañar a eventos y reuniones que lo requieran. Además de formar de Laboratorios Sánchez Martínez, tengo un hotel En Tenerife y un restaurante en Barcelona.
La veo ladear la cabeza y asentir.
-Cuando se requiera deberá acompañarme en mis viajes a esas ciudades -en su rostro noto que algo la inquieta, pero no me dice nada y yo tampoco lo hago-. Mi agenda está sincronizada a tiempo real con el iPad que debe utilizar en todo momento.
Le hago saber algo que ya debió notar. Asiente, me pide permiso para retirarse, se lo concedo. Veo como sus caderas se bambolean de un lado a otro, antes de abrir la puerta digo recordando algo.
-Aah... se me olvidaba, el sábado en la noche tenemos una gala en beneficio a los niños con cáncer, debes estar conmigo porque irán posibles inversionistas, debes anotar todo lo que crees conveniente -la detallo, dándome cuenta como su mano libre se vuelve un puño-. Está demás avisarte que la vestimenta es de etiqueta.
-Entendido, Lcdo.
Se retira dejándome con una duda en la cabeza.
SUSANA ZAMBRANO.
Miércoles, 14 de febrero de 2024.
Llevo tres días trabajando para el ogro Sánchez, nuestro altercado del primer día parece quedar en el olvido y realmente lo agradezco. Ese día le entregué el resumen de varios informes que me pidió y luego me fui a almorzar con Mónica y Rocío. En el comedor de la empresa pude conocer de lejos personas de otros departamentos.
Algunas ya sabían quién era yo, mientras otras me vieron como el grupo de pajarracas (las asistentes de Junta Directiva). Así las apodó Rocío y no la contradigo, porque bastantes groseras han sido conmigo, a pesar que me encuentro en un pasillo ajeno a ellas.
En estos tres días he notado tres cosas. Número uno: algo turbio pasó con Mónica y mi jefe. Número dos: Alejandro Martínez le tiene envidia a Iker. Y número tres: hay cosas que pasan por debajo de la mesa, a pesar de no encontrarme en el departamento de administración, sé que algo sucede allí, yo solo me limito a hacer mi trabajo.
En la hora de almuerzo quedé con Mónico y Rocío salir de la empresa e ir a un restaurante a pocas calles, para la noche mis amigas me escribieron para salir. Hoy se tomaron el día, a pesar de ser un día bueno en su trabajo, quieren pasarlo conmigo.
-Señorita Zambrano, ¿Me acompaña a mí oficina? -pego un respingo al escuchar esa voz. Me volteo y veo a Alejandro Martínez-. Necesito que le entregue unos informes a Iker.
Asiento.
Quiero hacerte caso omiso a mí razón, pero este tío no me da buena espina, y mucho menos desde que me ve como si quisiera descubrir cada uno de mis secretos. Trato de no encontrármelo, pero en ocasiones es inevitable hacerlo.
A pocos metros de su oficina nos encontramos con mi jefe, quién habla con su padre, frunce el ceño al verme. Dirige la mirada hacia Alejandro. Siento que me estoy perdiendo de algo, eso no me gusta.
-¿Qué la trae por este lado, Señorita Zambrano? -me pregunta directamente.
-El señor Martínez me pidió retirar unos informes para usted, Lcdo. Sánchez.
Regresa la mirada a su primo. El padre de mi jefe me ve, ¿Será un mal de familia analizarme?
-Alejandro, para eso tienes a tu asistente -le dice lo que yo quise responderle, pero que por educación no pude hacer-. La señorita Zambrano solo debe responder y obedecer a mis órdenes.
-Ella no tiene ningún problema en venir a mi oficina, señorita Zambrano ¿No es así? -me siento incómoda con tres pares de ojos sobre mí. No quiero responder y sonar descortés.
-Estamos a la espera de una respuesta, señorita Zambrano -habla uno de los socios. Iván Sánchez, padre de mi jefe y tío de Alejandro.
Boqueo varias veces, pero soy una respuesta de lo más chapucera...
-No tuve problemas en asistir a su oficina, señor, porque me encontró de camino -bajo el timbre de mi voz para que suene dulce y no como una insolente-. Pero también es cierto que el Lcdo. Sánchez, tiene razón.
Mi jefe no ve convencido con mi respuesta.
Iván Sánchez se mantiene en silencio, analizando mi respuesta y las expresiones de los dos hombres que parecen tener una batalla de miradas.
Y Alejandro... está clarísimo que no le gustó.
-Alejandro, dile a Carolina que presente el informe en mi oficina -se despide de su madre y me llama-. Señorita Zambrano, sígame, debe buscarme en el mejor restaurante de Madrid una mesa para esta noche.