Capítulo 2

Salgo del centro comercial con ocho

bolsas en mis manos. Mi celular suena y sé que es él.

Lo tomo como puedo y leo el corto,

frío e inexpresivo mensaje.

Alphonse:

¿Dónde estás?

Tecleo rápidamente la respuesta con

desinterés.

Leyna:

Centro comercial

Oprimo la tecla de enviar y así sin

más sigo caminando hasta el estacionamiento. Visualizo mi coche a lo lejos y mi

celular suena de nuevo.

Alphonse:

Almuerzo en media hora.

Pongo los ojos en blanco. Es tan

demandante, amargado y serio. Es aburrido. 

Sé que si mi plan funciona, puedo

hacer que muchas cosas cambien. 

Leyna:

Ok

Respondo vagamente.

Alphonse:

SE PUNTUAL

Suelto las bolsas con enfado al hacia

el asiento trasero de mi coche. Siempre encuentra la manera de arruinar mi

mañana, mi tarde o mi noche. Siempre hay algo… no logro tolerarlo por mucho

tiempo. Quiero que tenga un maldito viaje de negocios y que me deje sola por

toda una semana. Merezco vacaciones.

Doce y unos minutos.

Me bajo de mi coche. Acabo de

regresar de unas horas de salón de belleza, sesiones de masajes y compras. Me

siento renovada, pero aún así sigo sintiéndome vacía, como casi todos los días

del último maldito año.

Un año… llevo un año casada con ese

hombre y ni siquiera lo conozco. Jamás pretendí hacerlo, pero esto no era lo

que siempre quise para mí. 

Solo sé que adora comer pastel de

chocolate como un niño de cinco años, puede estar todo el día viendo el canal

de noticias y… ¿Qué más? Ah, sí. Le encanta regalarme flores. Lo hace

todo el tiempo, pero jamás hay un

motivo, ni una tarjeta, son solo flores para adornar la casa.

Entro a la mansión y rápidamente

busco a mis empeladas en la cocina. Ambas preparan el almuerzo y hablan

distraídamente entre sí. Me hago presente debido al ruido de mis tacones en el

suelo y ellas se callan de inmediato. Examino su menú del día y luego de

asegurarme que todo está en su debido lugar, corro a mi habitación a cambiarme.

Mi esposo llegará en minutos y seguramente que con él, la visita.

No conozco a ese tipo, no estuvo

presente en nuestra boda que fue muy inmensa y para nada intima, por cierto,

pero a mi marido le entusiasma la idea de acumular mas millones en el banco,

así que debo prepararme y fingir que soy la esposa perfecta. Soy perfecta, pero

no la esposa perfecta, ambas son diferentes. 

Llego a mi habitación y me desvisto

rápidamente quedando solo en ropa interior negra de encaje. Elevo mi mirada

hacia la mesita de madera del un rincón y veo un nuevo ramo de flores rojas.

Ignoro el aburrido detalle y enciendo la televisión para que haga algo de

ruido, pero el canal de noticias remplaza a mi canal favorito de música.

Rebusco el control y cuando lo encuentro comienzo a pasar los canales.

Mi dedo se detiene cuando veo el

canal para adultos. Oh, esto es interesante. No puedo evitar cambiarlo. Una

película llama mi atención por completo. Me excito rápidamente, mi temperatura

corporal comienza ascender. No puedo evitarlo.

Calor, comienzo a sentir mucho calor.

Calor, calor, calor…

La escena se encuentra en el punto

máximo de fogosidad. Dos mujeres y un hombre. Oh, mierda. Las chicas juguetean

entre ellas con sus senos mientras que el hombre viril y musculoso besa el

clítoris de la rubia, con goce, deseo y desesperación.

Comienzo a excitarme, siento una

pequeña punzada en mi sexo. Estoy caliente, quiero tener sexo en este mismo

momento, con quien sea, pero ya. 

Los gemidos ahogan mi

habitación y bajo el volumen a la pantalla de plasma. Mis pezones se endurecen

al ver como el tipo…  Oh, mi dios.

Si yo tuviera toda esa atención y ese

placer… Estoy caliente, muy caliente. Me acaricio uno de mis senos

inconscientemente. Es mi parte preferida de jugar sola. Mis tetas me encantan y

aunque Alphonse nunca me lo ha dicho, sé que también le gustan. Debo admitir

que no son del todo mías, pero aún así, no son de tamaño exagerado y tampoco

pequeñas. Siempre lo digo, son más que perfectas. Prefiero solucionar mis

problemas con un doctor cuando lo necesito y no verme atractiva.  Ser delgada a veces trae sus consecuencias.

 Hace tres semanas que nada de nada, estoy

desesperada. Quiero que Alphonse ingrese a la maldita habitación y me folle

como vengo anhelándolo desde hace un maldito año.

Sigo acariciando mis pechos y de vez

en cuando estrujo mis pezones para que se pongan más duros. Mi otra mano se

desliza dentro de mi ropa interior, siento mi monte de Venus depilado y suave.

Deseo, eso es lo que siento, tengo deseos de follar a lo bestia, tengo deseos

de tener un orgasmo detrás de otro y quiero algo grande dentro de mí.

 —¿Leyna? —Pregunta mi esposo al otro lado de

la puerta. 

¡Mierda! 

Quito mi mano de mi zona íntima y

cambio el canal rápidamente. Agradezco su educación al golpear antes. Sería

vergonzoso que me viera así, aunque todo esto es su culpa. 

Corro hacia la puerta y la abro. Él

entra a la habitación y me observa por unos segundos.

—Hola. —Digo besándolo secamente—.

Estaba a punto de vestirme, ¿Ya llegaron tus invitados?

Pregunto moviéndome de manera sexy

hacia el armario. Quiero provocar algo en él, al menos algo rápido antes del

almuerzo, ya no puedo contenerme más.

—Sí, ya llegaron. Vístete rápido, por

favor. —Expresa y luego se quita la corbata. No dejo de verlo de manera

depredadora, Alphonse tiene lo suyo, me gusta su cuerpo, con eso basta, al

menos por ahora.

Él está parado en medio de la

habitación sin saber qué hacer. Me observa detenidamente. Camino dos pasos y

quedo a solo unos centímetros de su cuerpo. Coloco mis manos en mi espalda y

desengancho mi sostén, me lo quito y les enseño mis perfectos senos.

Acaricio su pecho. Me observa dudoso

y desconcertado. No me importa. Quiero follar.

Desprendo los botones de su camisa y

me acerco a besarlo. Él me acepta rápidamente, pero su beso no me produce nada.

Muevo los labios y él intenta seguirme aunque fracasa. No lleva mi ritmo

desesperado e impaciente. Quiere algo más. 

Miro la cama King en el centro de

nuestra habitación, esa cama que fue testigo de las noches más decepcionantes

de mi vida en el último año, solo arriba y abajo con frialdad por parte de

ambos, sé que es el momento de cambiar eso.

Lo empujo hacia ella y cae sobre el

colchón, me subo a horcajadas sobre él y termino por abrir su camisa de par en

par. Toco su pecho. Está caliente y firme, luego sonrío con malicia y paso mis

manos por encima de su pantalón. Su erección me dice que me apresure.

—Fóllame. —Digo con la voz ronca—.

Quiero que me folles, Alphonse.

Capítulo 3

Me muevo sobre su erección y veo una

luz verde en sus ojos. Lo quiere tanto como yo, más que yo inclusive. Me toma

los glúteos con ambas manos, los aprieta y luego me baja las bragas.

Rápidamente y muy excitada le bajo los pantalones y los calzoncillos. Él libera

su miembro y lo acaricio con los dedos, lentamente, lo oigo jadear y maldecir,

al fin tengo el efecto que deseo en

él.

—Leyna… —Murmura—.¿Qué te sucede?

—Pregunta debido a mi extraño e irracional comportamiento.

 Nunca creí que imploraría por sexo, pero

sinceramente estoy desesperada. Necesito atención, necesito que me toque, que

me bese, necesito calmar el fuego que me consume lentamente.

Sonrío cínicamente. Él sabe que

sucede.

—Quiero que me folles duro, muy duro, rápido... —Repito desesperada.

Quiero que lo haga.

Tocan a la puerta y él se aparta

rápidamente. Maldigo a medio mundo en mis pensamientos.  Alphonse se pone de pie y acomoda su miembro

dentro de sus pantalones, se coloca la camisa apresuradamente y luego camina

hacia la salida de nuestra amplia habitación.

—¿Señor Schäfer? —Pregunta una de mis estúpidas mucamas. La odio.

—¿Qué ocurre, Andy? –Pregunta abrochándose los botones.

—El almuerzo está listo y su invitado

lo espera. —Grita al otro lado de la dura madera blanca. La detesto.

 ¡Estúpida!

—Gracias, Andy. Bajaremos enseguida. —Responde

a la mendiga mucama como si tuviera que darle explicaciones. Eso me molesta.

—Terminemos lo que empezamos. —Digo

parada frente a él con la respiración agitada. Él parece pensarlo, pero su

respuesta es rápida.

—Nunca empezamos nada, Leyna. —Murmura

secamente. 

—No puedes hacerme algo así. 

—Esto es solo un acuerdo. No lo

olvides. —Me dice con dureza—. Vístete acorde a la ocasión. 

Me lanza una mirada extraña y luego

sale de la habitación como si nada hubiese sucedido.

—¡Imbécil! —Grito golpeando una almohada.

 Lo odio, es un maldito idiota.

No me preocupo en escoger un vestido.

Simplemente tomo el primero a mi alcance. Me miro y sonrió por el resultado.

Frustrada, excitada y sobre todo muy, pero muy molesta, bajo las escaleras de

mármol.

Mi vestido completamente nuevo y

costoso hará que Alphonse se moleste y se excite al mismo tempo. Tengo la

espalda al descubierto y todo mi cuerpo se ve perfectamente marcado por el

vestido negro con apliques de encaje. Alcé mi cabello en un moño y me puse los

tacones más altos y caros de mi armario. 

No estoy segura del porque, pero

quiero impresionar. Su tío me importa un comino, pero quiero que al menos mi

esposo me vea, se moleste y me folle como tengo deseos de que lo haga. Sé que

es pedir demasiado. Inconscientemente sé que no será del todo como lo deseo,

pero al menos podré sentir algo dentro de mí luego de tres semanas.

Oigo voces a lo lejos, en la sala de

estar. Cruzo todo el amplio salón recibidor y cuando abro las puertas un hombre

extraño y mi marido se voltean a verme.

—Al fin llegas, mi cielo. —Musita mi

esposo, tomándome de la mano. Veo como observa mi vestido y frunce el ceño sin

que su tío lo note. Me toma de la mano y me acerca a él. Beso sus labios, como

todas las típicas veces en las que debemos actuar y luego sonrío.

—Lamento

la demora. —Me disculpo intentando parecer amable—. No sabía que vestido debía

elegir.

—¡La espera ha valido la pena! —Exclama

una voz que desconozco. Elevo la mirada y veo al tío de Alphonse. Tal y como lo

dije. Viejo, gordo y su rostro un poco inexpresivo.  Sonrío y me acerco más al hombre sentados en

mi precioso sillón de valor incalculable.

—Cielo, él es mi tío Adler, tío ella

es mi preciosa y amada esposa, Leyna. —Dice intentando sonar orgullo. Le tiendo

la mano al tipo y se la estrecho con firmeza. No es un placer, pero soy muy

buena mentirosa.

—Soy Leyna. —Musito con un delicado

hilo de voz—. Es todo un placer.

—El placer es mío, querida. —Me

sonríe y luego se sienta una vez más en el sillón—. Al fin tengo el gusto de

conocerte, todos me han hablado mucho de ti.

—Espero que sean buenos comentarios. —Espeto

con una falsa sonrisa. Me siento yo también y a mi lado Alphonse, quién sostiene

mi mano con firmeza sobre su muslo derecho. 

—Claro que sí, todos hablan

maravillas de ti, estimada Leyna. 

—Me alegro. —Respondo

rápidamente. 

Es un alivio oír eso. Quiere decir

que mi plan funciona a la perfección, significa que todo este acuerdo marcha

bien. Todo indica que tendré más dinero si sigo siendo la esposa perfecta.

Cuando olvido el porqué de todo esto, recuerdo que hay millones esperando por

mí y eso me

relaja.

—Me llena de ilusión saber que haces

feliz a mi querido sobrino.

Miro a Alphonse de reojo y luego

dirijo mi mirada a su tío. Mi esposo está molesto y eso lo hace todo más

divertido.

—Y su sobrino me hace muy feliz a mí.

—Expreso acariciando levemente la mano de mi esposo—.  ¿verdad, cariño?

Él se acerca a mi rostro y falsamente

sonríe mientras me besa con “dulzura”.

—Lo haré siempre, cariño. —Concluye

finalmente. Veo a su tío que derrama miel por los ojos ante el estupendo

teatrito y me decido por cambiar el tema de conversación.

 Prefiero hablar sobre negocios, empresas y lo

que me importa; dinero. En mi interior siento rabia. Quiero acabar con todo

esto de una buena vez por todas.

Las mucamas ingresan a la habitación

e interrumpen la conversación sobre los últimos ingresos de la empresa. Fulmino

a la tal Andy con la mirada y lo hago durante varios segundos para que ella lo

note. Yo no le caigo bien y ella a mi tampoco. Juro que en la próxima la

despido por incompetente. 

—El almuerzo ya se encuentra en el

salón comedor. —Comenta la otra chica, cuyo nombre aún desconozco por

completo... 

Me pongo de pie y como toda buena

anfitriona hago que el tío de mi “querido” esposo pase hacia la otra habitación

primero. Intento avanzar, pero Alphonse me detiene.

—¿No tenías un vestido algo más

apropiado para esta ocasión? —Me cuestiona observando con desprecio mi hermoso

y caro vestido.

—Jamás te importó como me visto, ¿Por

qué lo haces ahora? —Pregunto para callar sus estúpidos cuestionamientos sin

sentido. 

—Has excedido el límite, Leyna. Sabes

que hay mucho en juego.

—En la habitación también había mucho

en juego y te acobardaste. —Respondo y luego sigo mi camino dejándolo

sorprendido y con la palabra en la boca.

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