Capítulo 2

MARISOL

¡Escaparme esta noche fue lo mejor que me pudo haber ocurrido! En cuanto Itzel y yo llegamos a la fiesta, sonreímos dichosas, pues el ambiente es excelente. La música, las luces, todos bailando en la pista y las bebidas nos garantizan una gran noche llena de diversión y un poco de descontrol. Bueno, ni tanto; no soy de las que pierden el control, pero sí de las que se divierten.

—Vamos a bailar —dije, tirando de la mano de mi pequeña amiga y llevándola al centro de la pista, donde ambas comenzamos a mostrar nuestros pasos prohibidos.

El ambiente, la música, la compañía, la bebida... todo es espectacular. Gracias a Dios pude escapar de aquella casa; de lo contrario, muy seguramente estaría aburrida en una cena con un hombre al que no conozco y que no me interesa conocer.

Al poco tiempo de estar en la pista, un par de chicos se acercaron a bailar con nosotras. Debo reconocer que ambos son bastante guapos, aunque tienen carita de niños. Pero no importa; lo único que quiero por ahora es bailar y disfrutar de esta maravillosa noche de fiesta.

ANDRÉS.

Espere en el comedor junto a Patricio y ambos notamos a los empleados murmurar entre ellos, lo cual me enoja aún más, porque no me gusta que hablen a mis espaldas mis empleados personales lo saben y procura siempre estar en silencio.

—Amigo respira, ya la chica debe estar por bajar —aconseja Patricio y yo trato de mantener la calma, pero no puedo.

—¿Me van a decir que demonios está pasando o su jefe será el último en enterarse? —cuestione fe muy mal humor, causando que los empleados temblarán del susto.

—Señor, es que la joven no está en su habitación —responde una de las empleadas y mi dolor de cabeza se hace presente.

—¿Dónde está ella? —indague con ganas de matar a esa chica, a la cual ni siquiera conozco y ya me está causando dolores de cabeza.

—Creemos que fue a una fiesta en la playa a la que se le prohibió ir, para esperarlo a usted señor—responde el empleado.

—Consigan alguien que conozca a la chica y el lugar a donde fue lo espero en el coche en diez minutos —ordené para luego levantarme y caminar al auto seguido de Patricio.

—Es una chica joven, es normal que quiera divertirse en vez de espera a un completo desconocido para ella —Patricio trata de defenderla.

—Tu guarda silencio esa niña me va a conocer y va a aprender que cuando yo doy una orden deben cumplirse al pie de la letra —Esperamos a las personas que nos llevaría al lugar y luego encendí el auto y seguí sus indicaciones hasta un sitio lleno de chicos bebiendo mucho ruido y nadie sensato, la verdad perece un manicomio.

—Dime cuando la veas y del resto me encargo yo —le ordené al empleado y este asintió.

—Amigo relájate, es solamente una jovencita que quería divertirse —Patricio intenta defender a la tal Marisol.

—Si voy a estar a cargo de esa chica, ella deberá aprender que cuando yo ordené algo lo debe de cumplir sin preguntar —le recordé mientras caminaba detrás del empleado.

—Señor, allá está la joven Marisol —me indica el empleado y seña a una hermosa joven de cabello negro bailando.

La joven tiene unas mejillas hermosas, un cuerpo hermoso y baila muy bien, pero eso no me importa porque ella tiene que aprender, que debe seguir mis órdenes por lo menos hasta que termine su carrera, esa fue la condición que mi padre dejó en sí testamento y ella deberá cumplirlo al pie de la letra.

Me acerqué a paso firme hasta la chica quien baila animadamente con un chico de su edad y me pare frente a ellos. Ambos me observan sin entender nada por lo que decidí presentarme.

—Soy Andrés Stone, tú y yo vamos a casa ahora —le indique a la chica quién abrió muchísimo los ojos.

—Usted no se la puede llevar, que no ve que estamos bailando —el tonto que la acompaña trata de intervenir, pero con tal solo mirarlo, comenzó a temblar peor que gallina en el matadero.

—Camina —le indico al dolor de cabeza frente a mí y está niega con la cabeza.

Definitivamente, esta chica me causará demasiados dolores de cabeza y eso no será bueno para mi salud.

—No, yo me voy cuando la fiesta termine —mi reta con sus mejillas brillantes.

—Tú lo pediste —ella mi mira sin entender nada, pero antes de que pudiera reaccionar me agaché, la tome en mis hombros como un costal de papas y comencé a caminar al auto mientras ella patalea sin parar.

—Bájame, eres un idiota que no tiene derecho a hacerme eso, suéltate —Grita sin dejar de moverse, pero no le presento atención para nada.

Todos a nuestro alrededor nos observan, pero nadie hace nada, pues a mi lado caminan Patricio y el empleado que nos trajo, así que nadie se atreve a intervenir.

Al llegar al auto la hago subir al asiento de atrás junto al empleado, mientras que yo subí al asiento del chófer y de copiloto se sube Patricio

—Tú acabas de casarme, la peor humillación del mundo, como demonios le explico esto a mis amigos —protesto la chica

—No me importan tus amigos, esto es para que aprendas que cuando yo doy una orden se cumple sin protestar, ahora abróchate el cinturón —respondí y puse el auto en marcha.

Mi nuevo dolor de cabeza se cruzó de brazos sin abrocharse el cinturón así que decidí darle una lección, acelere el auto a todo lo que da y derrape en varias oportunidades, causando que la berrinches en la parte de atrás se golpeara un par de veces con la puerta y el asiento del frente así que no tuvo de otra más que abrocharse el cinturón de seguridad bajo protesta.

Al estacionarse frente a la casa ella salió casi disparada del auto y entró a la casa, nosotros entramos detrás de ella solamente para escuchar como tira con fuerza la puerta de su habitación.

—Mañana hablaré con ese dolor de cabeza —declare antes de irme a mi habitación.

ANDRÉS

Esperé en el comedor junto a Patricio, y ambos notamos a los empleados murmurar entre ellos, lo cual me enoja aún más, porque no me gusta que hablen a mis espaldas. Mis empleados personales lo saben y procuran siempre estar en silencio.

—Amigo, respira, ya la chica debe estar por bajar —aconseja Patricio, y yo trato de mantener la calma, pero no puedo.

—¿Me van a decir qué demonios está pasando o su jefe será el último en enterarse? —cuestioné, muy malhumorado, causando que los empleados temblaran del susto.

—Señor, es que la joven no está en su habitación —responde una de las empleadas, y mi dolor de cabeza se hace presente.

—¿Dónde está ella? —indagué, con ganas de matar a esa chica, a la cual ni siquiera conozco y ya me está causando dolores de cabeza.

—Creemos que fue a una fiesta en la playa a la que se le prohibió ir, para esperarlo a usted, señor —responde el empleado.

—Consigan a alguien que conozca a la chica y el lugar al que fue. La espero en el coche en diez minutos —ordené, para luego levantarme y caminar hacia el auto, seguido de Patricio.

—Es una chica joven; es normal que quiera divertirse en vez de esperar a un completo desconocido para ella —Patricio trata de defenderla.

—Tú guarda silencio. Esa niña me va a conocer y va a aprender que cuando yo doy una orden, debe cumplirse al pie de la letra.

Esperamos a las personas que nos llevarían al lugar y luego encendí el auto, siguiendo sus indicaciones hasta un sitio lleno de chicos bebiendo, con mucho ruido y nadie sensato. La verdad, parecía un manicomio.

—Dime cuando la veas y del resto me encargo yo —le ordené al empleado, y este asintió.

—Amigo, relájate, es solamente una jovencita que quería divertirse —Patricio intenta defender a la tal Marisol.

—Si voy a estar a cargo de esa chica, ella deberá aprender que cuando yo ordeno algo, debe cumplirse sin preguntar —le recordé mientras caminaba detrás del empleado.

—Señor, allá está la joven Marisol —me indica el empleado y señala a una hermosa joven de cabello negro bailando. La joven tiene unas mejillas encantadoras, un cuerpo atractivo y baila muy bien, pero eso no me importa porque ella tiene que aprender que debe seguir mis órdenes, por lo menos hasta que termine su carrera. Esa fue la condición que mi padre dejó en su testamento, y ella deberá cumplirla al pie de la letra.

Me acerqué a paso firme hasta la chica, quien bailaba animadamente con un chico de su edad, y me planté frente a ellos. Ambos me observan sin entender nada, así que decidí presentarme.

—Soy Andrés Stone, tú y yo vamos a casa ahora —le indiqué a la chica, quien abrió los ojos como platos.

—Usted no se la puede llevar, ¿no ve que estamos bailando? —el tonto que la acompaña intenta intervenir, pero con solo mirarlo, comenzó a temblar peor que una gallina en el matadero.

—Camina —le indico al dolor de cabeza frente a mí, y ella niega con la cabeza.

Definitivamente, esta chica me causará demasiados dolores de cabeza, y eso no será bueno para mi salud.

—No, yo me voy cuando la fiesta termine —me reta, con sus mejillas sonrojadas.

—Tú lo pediste —ella me mira sin entender nada, pero antes de que pudiera reaccionar, me agaché, la tomé en mis hombros como un costal de papas y comencé a caminar hacia el auto mientras ella pataleaba sin parar.

—¡Bájame! Eres un idiota que no tiene derecho a hacerme eso, ¡suéltame! —grita sin dejar de moverse, pero no le presto atención en absoluto.

Todos a nuestro alrededor nos observan, pero nadie hace nada, pues a mi lado caminan Patricio y el empleado que nos trajo, así que nadie se atreve a intervenir.

Al llegar al auto, la hice subir al asiento de atrás junto al empleado, mientras que yo me senté en el asiento del conductor y Patricio se acomodó de copiloto.

—Tú acabas de casarme, ¡la peor humillación del mundo! ¿Cómo demonios le explico esto a mis amigos? —protestó la chica.

—No me importan tus amigos. Esto es para que aprendas que cuando yo doy una orden, se cumple sin protestar. Ahora, abróchate el cinturón —respondí mientras ponía el auto en marcha.

Mi nuevo dolor de cabeza se cruzó de brazos sin abrocharse el cinturón, así que decidí darle una lección. Aceleré el auto a toda velocidad y derrapé en varias ocasiones, causando que la chica en la parte de atrás se golpeara un par de veces con la puerta y el asiento del frente. No tuvo más remedio que abrocharse el cinturón de seguridad, aunque lo hizo bajo protesta.

Al estacionarnos frente a la casa, ella salió casi disparada del auto y entró a la casa. Nosotros entramos detrás de ella, solo para escuchar cómo cerraba con fuerza la puerta de su habitación.

—Mañana hablaré con ese dolor de cabeza —declaré antes de irme a mi habitación.

Capítulo 3

MARISOL

La fiesta en la playa se estaba desarrollando de maravilla. El chico popular de la universidad me invitó a bailar y a tomar algunos tragos, y, por supuesto, yo acepté. Al principio, comenzó con algunos besos en la mejilla y, cada vez, se acercaba más a mi boca. Yo estaba ansiosa porque eso pasara, pero ese idiota tuvo que venir a interrumpirnos.

Mientras bailaba con el chico que me gusta, el muy idiota de Andrés, el "cuadrado" (porque ya no es solo Andrés Stone), me di cuenta de que, a pesar de ser guapo, es un verdadero cuadriculado. Solo con verlo unos minutos, me di cuenta de eso.

Ese hombre me causará muchos problemas, pues se nota que es un amargado. Por eso, en cuanto llegamos a la mansión, salí corriendo a encerrarme en mi habitación; no quería ver su cara de piedra por lo que restaba de la noche.

Enojada en mi habitación, observé las estrellas y recordé a mi madre. Suspiré y volví a sonreír; ese idiota ni nadie va a borrar la sonrisa de mi rostro. Se lo prometí a mi mamá y lo voy a cumplir.

Suspiré y decidí tomar una ducha antes de ponerme mi pijama y entrar a la cama. Ya era tarde y, como no pude quedarme en la fiesta, era mejor dormir de una vez. Antes de hacerlo, le escribí un mensaje a mi pequeña amiga Itha para que supiera que estaba bien.

Después de enviar el mensaje, me quedé profundamente dormida. A la mañana siguiente, me desperté temprano, ya que siempre me ha gustado hacerlo, sin importar si voy o no a clases. Realicé, como siempre, mi rutina matutina y me puse mi ropa deportiva, ya que me gusta estar cómoda los domingos y caminar sola por los jardines mientras repaso mentalmente mis notas de la universidad.

Pero ahora toda mi rutina en esta casa no depende de mí, sino del señor Stone, es decir, Andrés Stone, quien parece un idiota que no me deja vivir mi vida a su manera. No lo entiendo.

Cuando intenté salir a los jardines a caminar, me dijeron que no podía hacerlo antes de desayunar, por órdenes del señor Stone. Eso me molestó muchísimo. Sé que es su casa, pero yo no pedí estar aquí. Mi madre fue la que se casó con su padre, y él fue quien impuso la condición de que yo debía vivir aquí hasta terminar mi carrera. No entiendo por qué.

Resignada a que debo desayunar antes de salir a caminar, me dirigí al comedor, donde estaba el señor Stone y su amigo, a quien no conocía, ya que apenas llegamos, corrí a mi habitación, lejos de ellos.

-Buenos días -saludé al sentarme a la izquierda del señor Stone.

-Buenos días -respondió su amigo, ya que el señor Stone apenas se limitó a mirarme con una expresión poco amigable.

El desayuno transcurrió en silencio, solo se escuchaban los sonidos de los utensilios sobre los platos. Así fue hasta que todos terminamos de desayunar y el señor Stone habló.

-La espero en mi despacho -me informó el señor y se levantó sin decir más.

-Tenle paciencia, él es algo malhumorado, pero no está acostumbrado a convivir con nadie; siempre ha estado solo. Por cierto, soy Patricio -dijo su amigo. A mí se me escapó una pequeña risa y él me miró con curiosidad.

-Perdón -me disculpé.

-¿Qué te causa tanta risa? -pregunta Patricio.

-Es que ahora entiendo por qué él es tan cuadrado. Tú eres Patricio Estrella y él es Bob Esponja -comento, y Patricio comienza a reír sin remedio.

-Ja, ja, ja -Patricio no para de reír, y su risa es contagiosa, así que me uno a él.

-Niña, me agradas, pero ve con Bob Esponja y no le digas nada, o estarás en serios problemas y no podré ayudarte -me aconseja Patricio. No voy a dejar que ese señor me afecte.

Así que sonreí lo mejor que pude y caminé hacia el despacho de ese hombre, que en realidad pertenecía a su padre. Aunque ese señor tampoco venía con frecuencia, nunca entendí por qué tenía un despacho aquí. Pero es su casa, así que mejor escucho lo que ese loco me quiere decir.

-Toc, toc -toqué la puerta, y después de unos segundos, al fin se escuchó la voz profunda de aquel hombre.

-Adelante -responde. Suspiro y, tras un momento, entro, esperando que lo que sea que ese hombre me quiera decir no me afecte en absoluto.

-¿Quería hablar conmigo? -pregunto, sin dejar de sonreír. Él no será quien me impida cumplir la promesa a mi madre.

-Sí, siéntate -me ordena, y yo lo obedezco, algo a lo que no debe acostumbrarse.

-Lee esto y firma -coloca un documento frente a mí. Lo tomo para leerlo y no sé si reír o llorar.

-No voy a firmar esto -comento, mirándolo fijamente y sintiéndome enojada.

-Si lees hasta el final, entenderás que si no firmas, deberás irte de la casa, lo cual implica que no se seguirá pagando tu carrera universitaria -recalca el hombre, lo que me causa aún más enojo.

El documento, en esencia, dice que debo pedirle permiso hasta para respirar, que no puedo salir a fiestas si él no lo autoriza, y menos en temporadas de exámenes.

El documento, en esencia, dice que debo pedirle permiso hasta para respirar, que no puedo salir a fiestas si él no lo autoriza, y menos en temporadas de exámenes. Enojada, trago mi orgullo y firmo. Luego, coloco el documento frente a él, molesta, pero que no crea que le va a ser tan fácil tenerme encerrada en esta casa junto a él.

-¿Será que el señor me da permiso de caminar en los jardines? -pregunto, muy molesta y conteniendo las ganas de golpearle la cabeza cuadrada con uno de los floreros que decoran el despacho.

-Sí, pero no puedes salir de la propiedad. Ya bastante tuviste con la fiesta de anoche, por ahora -indica el idiota, y juro que siento ganas de asesinarlo. Ojalá pudiera hacer que se perdiera en las profundidades del mar.

-Con permiso, señor -digo, y salgo del despacho. Corro lo más lejos posible de la casa y grito lo más fuerte que puedo para sacar toda la rabia que siento. Es un idiota al que terminaré asesinando.

Tal vez pueda conseguir un trabajo que me permita seguir estudiando lejos de aquí, en un lugar donde nadie me diga qué hacer. Tengo buenas notas, podría encontrar una beca y trabajar únicamente para mi supervivencia. Sí, eso es lo que haré. No me quedaré bajo las reglas de ese hombre mucho tiempo. Conseguiré un trabajo que me permita irme lejos y ser libre. Por ahora, llenar mi solicitud para una beca universitaria es mi prioridad; mi promedio es de los mejores, así que no debería ser muy difícil.

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