Capítulo 2

La puerta seguía cerrada, y el sonido de los hombres fuera de la habitación intentaban abrirla con desesperación. El sistema de seguridad había asegurado la puerta, pero Ellis sabía que el tiempo era su peor enemigo. Miró al hombre herido frente a ella con desconfianza. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, lista para reaccionar si era necesario. Aunque su rostro permanecía impasible, sus ojos recorrían al hombre con una precisión calculada.

Este no era un paciente común. No había nada que lo hiciera parecer una víctima, solo un tipo peligroso que había irrumpido en su turno y ahora le exigía ayuda. Su respiración era profunda, pero su mirada era de acero, evaluando cada movimiento del hombre. Un tipo como él no tenía nada de bueno, y aunque parecía herido, nada le decía a Ellis que sus intenciones fueran limpias.

-¿Qué quieres de mí? -su voz sonó más dura de lo que esperaba, pero no podía permitirse dudas. Este tipo estaba metido en algo turbio, y ella no iba a ser parte de su juego.

Él la miró fijamente, sin una pizca de miedo. Su arrogancia era evidente, y aunque estaba herido, su postura era desafiante, como si nada en este mundo pudiera derribarlo.

-No tengo tiempo para juegos -dijo él, su voz baja y mordaz, con ese aire de superioridad que solo los tipos como él sabían mantener incluso en situaciones como esta-. Ayúdame, y no te arrepentirás.

Ellis lo observó de reojo, la confianza que irradiaba no hacía más que ponerla más en alerta. Cada palabra que salía de su boca le parecía manipuladora, y la sola idea de ayudarlo le resultaba incómoda. No conocía a este hombre, ni qué diablos lo metió en esta situación. No iba a arriesgar su vida por alguien que no merecía ni un segundo de su tiempo.

-Te repito, ¿qué quieres de mí? -insistió Ellis, sin apartar los ojos de él.

El hombre no se inmutó, pero sus ojos, oscuros como la noche, se clavaron en los de ella. Una mueca de dolor apareció por un segundo en su rostro cuando apretó su herida, pero rápidamente se deshizo de ella, manteniendo su actitud imponente.

-No tengo tiempo para explicaciones -dijo, y luego una sonrisa arrogante cruzó sus labios-. Pero, si me ayudas, te haré un favor que te salvará la vida.

Ellis frunció el ceño. Su paciencia se agotaba con cada segundo que pasaba cerca de él. No confiaba en sus palabras, ni en sus promesas. Sabía que los hombres como él no se detenían ante nada, y si él estaba metido en problemas, seguramente había una razón.

-No tengo tiempo para tus favores, y mucho menos para salvar a tipos como tú -respondió sin titubear. Ella no iba a dejarse manipular tan fácilmente. Si lo ayudaba, debía ser por su propia decisión, no porque él intentara manipularla.

Él la observó por un momento, su mirada estaba llena de una mezcla de arrogancia y algo más que no alcanzaba a identificar. Podía ver que estaba herido, pero eso no cambiaba el hecho de que no podía confiar en él. Sin embargo, sus palabras aún resonaban en su mente.

-¿Por qué debería ayudarte? -preguntó finalmente, los ojos fijos en él. No se dejaría llevar por la compasión, pero algo en su interior le decía que esta situación era más compleja de lo que parecía.

Él dio un paso hacia ella, ignorando el dolor que su herida le causaba. A pesar de todo, se mantenía erguido, confiado, y esa era una actitud que a Ellis le irritaba profundamente. No le gustaban los hombres que pensaban que podían manejar todo con sonrisas y promesas vacías.

-Porque no vas a sobrevivir si no lo haces -dijo él con una calma peligrosa, su voz grave como si ya supiera lo que iba a pasar. No había rastro de miedo en él, solo una fría determinación.

Ellis lo observó en silencio, sabiendo que su reacción debía ser cautelosa. El tipo estaba herido, pero eso no significaba que estuviera fuera de peligro. Y ella tampoco lo estaba.

-¿Y por qué debería confiar en ti? -dijo, sin apartar la vista de él. Cada palabra que salía de su boca tenía la intención de mantener el control, no iba a ser una víctima fácil.

-Porque, si no me ayudas, ellos te van a encontrar también. No te va a importar cuánto te escondas. Ellos no tienen problemas en eliminar a cualquiera que se cruce en su camino -dijo él, su tono más grave, casi como una advertencia.

Ellis se quedó en silencio por un momento, evaluando la situación. Estaba atrapada en una habitación con un hombre peligroso, y no sabía quién más estaba involucrado en este asunto. Pero, lo que sí sabía, era que si no actuaba rápido, los hombres fuera de la habitación la encontrarían.

-Está bien, te ayudaré, pero esto no cambia nada -respondió finalmente, manteniendo su tono firme. No iba a ser una heroína, pero tampoco podía dejar a un hombre herido a su suerte, aunque su instinto le dijera que no confiara en él.

El hombre asintió, una mueca de gratitud cruzó su rostro, pero desapareció rápidamente, como si no quisiera mostrar ninguna debilidad. A pesar de su herida, se mantenía en control, y eso solo aumentaba la desconfianza de Ellis.

Ella se agachó y comenzó a manipular el panel de seguridad, sabiendo que no tenía mucho tiempo. El hombre la observaba con atención, sin decir palabra, como si su vida dependiera de cada uno de sus movimientos. Y en cierto modo, lo hacía.

-De prisa. -La voz grave del hombre hizo que ella acelerara su ritmo, sin desviar su concentración.

Finalmente, después de lo que parecieron horas, la puerta se desbloqueó. Sin embargo, la sensación de alivio que debería haber sentido no llegó. Estaba demasiado en alerta, demasiado consciente de lo que podía suceder. Sabía que la peor parte de todo esto no era abrir la puerta, sino lo que haría una vez fuera de esta habitación.

Fin de capítulo 2

Capítulo 3

Ellis terminó de vendarle la herida, y aunque su actitud seguía siendo fría, en su interior se debatía entre el instinto de salvar a una persona herida y la creciente irritación que le provocaba la presencia de Alessandro. No era fácil para ella controlar su desconfianza, especialmente cuando él parecía tan cómodo en su peligroso papel. Pero, finalmente, se alejó un poco, evaluando su trabajo con una mirada clínica.

-Listo, ya está. -Dijo con tono firme, sin mirarlo, intentando dejar claro que su parte en esto había terminado.

Alessandro, a pesar del dolor que le debía estar provocando la herida, se mantenía erguido. Sus ojos la observaban con una mezcla de admiración y diversión, como si todo esto fuera un juego. Ellis no se lo tomaba a la ligera. Para ella, no era más que un recordatorio de lo que había dejado atrás, lo que había intentado olvidar. Pero, en un segundo, esa sensación se desvaneció cuando Alessandro rompió el silencio.

-Sabes, no es mala idea que te lo agradezca... -dijo con una sonrisa irónica, mientras se reajustaba la chaqueta de su traje, como si fuera una cortesía de buena voluntad-. Podríamos vernos una vez, solo para agradecerte por tu... ayuda, doctora.

Ellis lo miró como si le estuviera hablando en otro idioma, con los ojos entrecerrados, claramente sorprendida por la audacia de la propuesta. La situación no era ni un poco cómica, pero Alessandro parecía disfrutarla. Sabía que no estaba intimidada, pero algo en su actitud la irritaba aún más.

-¿De verdad estás sugiriendo que me vea contigo después de todo esto? -preguntó, su voz cargada de incredulidad, mientras le daba una mirada fulminante-. ¿Te crees tan importante que piensas que tengo interés en ti, más allá de curarte esa herida?

Él no hizo más que sonreír con arrogancia, esa sonrisa mordaz que no podía esconder. En su mente, todo esto era solo una distracción, un pequeño juego para entretenerse. Sabía que la mujer frente a él no era de las que se dejaban impresionar fácilmente, pero eso solo lo hacía más intrigante.

-¿Acaso no te gustaría ver qué tan interesante puedo llegar a ser? -dijo, recargando el peso de su cuerpo en una pierna, como si la conversación fuera lo más natural del mundo. Estaba herido, pero su actitud no lo reflejaba en lo más mínimo.

Ellis lo observó en silencio por un momento, su mente procesando lo absurdo de la situación. Su paciencia se estaba agotando, pero lo que más la molestaba era lo familiar que todo esto le resultaba. El tipo estaba en el mismo nivel de arrogancia que los hombres con los que había crecido. Alessandro no solo estaba herido físicamente; su ego parecía ser aún más grande que la herida en su costado.

-Escúchame bien -dijo, con una calma tensa, mientras se cruzaba de brazos-. No quiero tener nada que ver contigo, ni ahora ni en el futuro. Así que guarda tus propuestas para alguien más.

Alessandro levantó las manos en señal de rendición, pero la sonrisa seguía en su rostro. No era una persona fácil de derribar, y si algo le gustaba, era provocarla. Sin embargo, a pesar de su actitud desafiante, algo en sus ojos cambió, una chispa de respeto que solo se mostró por un segundo.

-Bueno, parece que no eres tan fácil como las demás. -dijo él, mientras se preparaba para marcharse, consciente de que el tiempo se le estaba agotando-. Pero, quédate con eso, doctora. Tal vez algún día me arrepienta de no haberte conocido mejor.

Con esa última frase, Alessandro se giró y comenzó a caminar hacia la puerta, dejándola atrás. Ellis se quedó observando, sin mover un músculo, hasta que la puerta se cerró detrás de él. La tensión en su cuerpo no disminuyó, pero al menos podía respirar con un poco más de calma.

Pero, mientras se quedaba en la quietud de la habitación, una oleada de recuerdos la invadió. La arrogancia de Alessandro, su indiferencia hacia el peligro, su actitud de "yo puedo con todo"... todo eso la había dejado de vuelta en el mundo que había intentado dejar atrás. Un mundo de poder, dinero y violencia. Había escapado de todo eso, había hecho su vida lejos de la mafia, lejos de los hombres como él. Su padre y su hermano, capos de la mafia americana, eran los mismos que rivalizaban con la mafia italiana. Era un mundo sucio, lleno de traiciones y desesperanza. Un mundo que, por alguna razón, se empeñaba en perseguirla.

-No. -Se dijo a sí misma, mientras respiraba profundamente y se recostaba en la pared, intentando despejar su mente de las sombras del pasado. No iba a caer en la trampa de esos hombres. No más.

Ellis se quedó allí unos minutos, tratando de encontrar un equilibrio entre lo que había hecho y lo que aún podía ser. Rogó para no volvérselo a topar jamás,era demasiado parecido a su hermano y justo el tipo de hombre con el que su padre había tratado de casarla una vez.

Fin capítulo 3

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