El sol apenas se alzaba cuando Kael reunió a los miembros sobrevivientes de la manada en el centro del claro. El aire estaba impregnado con el olor metálico de la sangre y la ceniza de las antorchas apagadas. Los lobos, algunos en forma humana y otros aún en sus formas animales, mostraban signos de agotamiento y dolor. Sin embargo, en sus rostros también se reflejaba algo más profundo: la pérdida de su luna, el símbolo de su fuerza y unión.
Kael, con el torso desnudo cubierto de arañazos y un rastro de sangre en la sien, levantó la voz con una autoridad que resonaba incluso en el corazón más abatido.
-No descansaremos hasta que Lyara vuelva con nosotros -declaró, su voz ronca pero firme-. Esta noche no fue solo un ataque, fue una declaración de guerra.
Los ojos de la manada se posaron en él, buscando dirección y fortaleza. Darius, el anciano de la manada, dio un paso adelante, su mirada cargada de preocupación.
-Kael, antes de actuar necesitamos entender lo que ocurrió. Esto no fue improvisado. Ellos conocían nuestro territorio, sabían cuándo atacar y cómo.
Kael asintió, apretando los puños. Darius tenía razón, pero su paciencia se desgastaba con cada segundo que Lyara permanecía lejos de él.
-Entonces empecemos por el principio. ¿Quiénes son? ¿Qué quieren de nosotros?
Un joven lobo, Eron, que había sobrevivido al enfrentamiento con heridas superficiales, levantó la voz desde el círculo.
-Reconocí a algunos de ellos, Alfa. Son de la manada de las Montañas Sombrías. He oído historias... dicen que han estado buscando expandir su territorio y tomar recursos. Pero esto... esto fue personal.
Kael frunció el ceño. La manada de las Montañas Sombrías era conocida por su agresividad y su falta de escrúpulos, pero nunca se había atrevido a adentrarse tanto en territorio ajeno. Que lo hubieran hecho justo en el momento de la ceremonia solo confirmaba que sus intenciones iban más allá de una simple expansión.
-Si realmente es la manada de las Montañas Sombrías, entonces tienen un nuevo líder -intervino Darius, cruzando los brazos-. Su anterior alfa jamás habría planeado algo tan meticuloso.
Kael permaneció en silencio un momento, dejando que las piezas comenzaran a encajar en su mente. Aunque había liderado a su manada por años, sabía que el equilibrio de poder entre los territorios podía cambiar rápidamente, y cualquier debilidad podía ser utilizada en su contra.
-Sea quien sea su líder, cometió un error al subestimarnos -respondió finalmente, su voz cargada de una ira contenida-. Lo encontraremos y lo destruiremos.
Sin embargo, en lo más profundo de su mente, Kael no podía ignorar la imagen de Lyara siendo llevada al bosque. Su fragilidad en ese momento, el golpe que la dejó inconsciente... el recuerdo era una daga constante en su pecho.
-Prepararemos un equipo de búsqueda -ordenó-. Necesito a los mejores rastreadores. El resto se quedará para proteger a los heridos y reforzar nuestras defensas.
Eron y otros dos jóvenes lobos se ofrecieron como voluntarios. Aunque Kael apreciaba su lealtad, sabía que el camino por delante requeriría algo más que valentía.
-Darius, tú liderarás la búsqueda conmigo -decidió.
El anciano asintió con una leve inclinación de cabeza. Aunque su edad le había robado parte de su velocidad, su sabiduría era un arma invaluable.
Horas después, Kael y su equipo se adentraron en el bosque, siguiendo el rastro dejado por los lobos enemigos. Las huellas eran claras al principio, pero a medida que el terreno se volvía más rocoso y denso, las señales se desvanecían, como si los enemigos hubieran previsto ser perseguidos.
-Son astutos -murmuró Darius mientras inspeccionaba unas ramas rotas-. Pero no lo suficiente. Aquí hay un rastro.
Kael se arrodilló junto a él, inspeccionando los indicios. El olor era débil, pero todavía estaba allí. Un olor mezclado con algo que reconoció de inmediato: sangre de Lyara.
Su mandíbula se tensó mientras contenía el impulso de transformarse y lanzarse en persecución inmediata. Cada paso debía ser calculado, o arriesgaba caer en una trampa.
-Sigamos adelante, pero con cautela -ordenó, levantándose.
El grupo avanzó en silencio, sus sentidos alerta a cada crujido de las hojas o movimiento entre las sombras. La tensión era palpable, pero también lo era la determinación de Kael.
En otro lugar, lejos del territorio de la manada, Lyara comenzó a recuperar la conciencia. Abrió los ojos lentamente, su visión borrosa al principio. El techo de madera tosca y el olor a humo y humedad le indicaron que estaba en algún tipo de cabaña. Cuando intentó moverse, un dolor punzante atravesó su cabeza.
-No te esfuerces -dijo una voz desconocida.
Lyara giró la cabeza, encontrándose con un hombre de cabello desordenado y ojos oscuros que la observaba desde una esquina. Su mirada no era amable, pero tampoco agresiva.
-¿Dónde estoy? -preguntó, su voz apenas un susurro.
El hombre no respondió de inmediato. En lugar de eso, se acercó con un cuenco de agua y lo colocó frente a ella.
-Bebe. Lo necesitarás.
Aunque su instinto le decía que no confiara, la sed era demasiado fuerte para ignorarla. Bebió lentamente, sintiendo cómo el líquido fresco aliviaba su garganta seca.
-¿Quién eres? -insistió, esta vez con más fuerza.
El hombre esbozó una sonrisa ladeada, pero sus ojos seguían siendo fríos.
-Eso no importa. Lo único que necesitas saber es que estás aquí porque alguien te quiere viva. Por ahora.
Lyara intentó recordar qué había pasado, pero su mente era un caos. Fragmentos de imágenes: una ceremonia, un ataque, un lobo de ojos dorados... pero todo se desvanecía antes de tomar forma.
-¿Por qué estoy aquí? -susurró, más para sí misma que para él.
El hombre no respondió. Simplemente se levantó y salió de la cabaña, dejándola sola con sus pensamientos confusos y el miedo creciente de no saber quién era ni en qué mundo se encontraba.
En el bosque, Kael detuvo al grupo al llegar a un claro que mostraba signos recientes de actividad. Había cenizas de una fogata y restos de comida, junto con huellas que indicaban que los lobos enemigos habían estado allí no hacía mucho tiempo.
-Estamos cerca -dijo, sus ojos dorados brillando con intensidad.
Aunque el camino era peligroso, Kael sabía que no podía detenerse. Lyara lo necesitaba, y no permitiría que nada, ni siquiera el miedo, se interpusiera en su camino.
El juego de la caza había comenzado, y Kael estaba dispuesto a ganar.
Lyara despertó una vez más con un dolor agudo en la cabeza. Los días parecían haberse convertido en un solo borrón interminable, y el tiempo dentro de aquella cabaña carecía de sentido. Lo único que sabía con certeza era que estaba siendo vigilada constantemente. El hombre de ojos oscuros que le había ofrecido agua continuaba merodeando, aunque nunca le daba respuestas claras.
Sin embargo, esa mañana algo era diferente. El aire dentro de la cabaña estaba más denso, cargado de una tensión que no podía ignorar. Antes de que pudiera siquiera levantarse, la puerta se abrió de golpe, dejando entrar a un hombre alto, de complexión poderosa y un porte intimidante. Sus ojos, de un amarillo pálido, se posaron en ella con una mezcla de interés y autoridad.
-Así que esta es la famosa Lyara -dijo con una voz grave y profunda que parecía vibrar en las paredes-. La mate del gran Kael.
Lyara lo miró con desconfianza, sin responder. Algo en su presencia la hizo retroceder instintivamente, a pesar de que seguía sentada en el suelo.
-¿Quién eres? -preguntó finalmente, con un tono más desafiante del que esperaba de sí misma.
El hombre esbozó una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
-Mi nombre es Tarek. Soy el heredero de la manada de las Montañas Sombrías.
Lyara frunció el ceño. Aunque su memoria seguía siendo un rompecabezas incompleto, algo en ese nombre y en esa manada le parecía peligrosamente familiar.
-¿Qué quieres de mí?
Tarek se inclinó hacia ella, su sonrisa transformándose en una expresión más seria.
-No es tanto lo que yo quiero, sino lo que el destino quiere. Tú y yo estamos destinados a estar juntos, Lyara. Eres mi mate.
El aire pareció detenerse por un momento. Las palabras de Tarek resonaron en su mente, pero no tenían el efecto que él probablemente esperaba. Si realmente fueran mates, ella debería sentirlo, ¿no? Un vínculo inquebrantable, una conexión que trascendía lo físico. Pero lo único que sentía en ese momento era un abrumador rechazo hacia él.
-Eso no es posible -murmuró, negando con la cabeza.
Tarek soltó una carcajada seca, como si hubiera esperado esa reacción.
-Es normal que estés confundida. Después de todo, estuviste bajo la influencia de Kael por mucho tiempo. Pero ahora estás aquí, y pronto recordarás lo que es real.
Lyara lo miró fijamente, su confusión mezclándose con una creciente sensación de ira.
-No siento nada por ti. No siento... nada.
Tarek entrecerró los ojos, su sonrisa desapareciendo por completo.
-Eso cambiará. El vínculo está ahí, aunque tú no lo reconozcas todavía. Mi padre lo sabía, por eso ordenó que te trajeran aquí. Kael te ha tenido engañada todo este tiempo, pero pronto lo entenderás.
Lyara quiso replicar, gritarle que estaba equivocado, pero algo en su interior la hizo detenerse. ¿Y si estaba diciendo la verdad? Su memoria seguía siendo un vacío angustiante, y cada intento de recordar algo sobre su pasado solo terminaba en frustración.
-Dame tiempo -continuó Tarek, su tono volviéndose casi persuasivo-. Pronto verás que pertenecemos el uno al otro.
Antes de que pudiera responder, Tarek se dio la vuelta y salió de la cabaña, dejando a Lyara sola con sus pensamientos.
En el bosque, Kael y su grupo seguían avanzando. Cada paso los llevaba más cerca del territorio enemigo, y el aire mismo parecía volverse más pesado con la proximidad del peligro. Darius, siempre observador, notó algo inusual en el comportamiento de Kael.
-Alfa, ¿estás bien? -preguntó mientras examinaban unas huellas frescas en el suelo.
Kael no respondió de inmediato. Sus pensamientos estaban divididos entre la misión de rescate y las dudas que lo acechaban. ¿Qué estaban haciendo con Lyara? ¿Estaba herida? ¿Seguía viva? Pero lo que más le aterrorizaba era la posibilidad de que los enemigos intentaran manipularla.
-No descansaré hasta traerla de vuelta -respondió finalmente, con los ojos fijos en el rastro.
Darius asintió, aunque su mirada reflejaba una preocupación que no podía expresar en palabras.
En la cabaña, Lyara trataba de ordenar sus pensamientos. No podía sacarse de la cabeza las palabras de Tarek, pero algo en su interior le decía que él estaba mintiendo. Había algo que no cuadraba, algo que se sentía... roto.
De repente, la puerta volvió a abrirse, esta vez de manera más sutil. Una mujer alta, con cabello oscuro y una expresión severa, entró con una bandeja de comida.
-Come -ordenó, dejando la bandeja sobre una mesa cercana.
Lyara no respondió. En cambio, aprovechó la oportunidad para intentar obtener respuestas.
-¿Qué quiere Tarek de mí? -preguntó, observando a la mujer con cautela.
La mujer no respondió de inmediato. En lugar de eso, la miró con una mezcla de lástima y desdén.
-Tarek cree que puede forzar un vínculo contigo. Cree que eres su mate porque su padre lo ha convencido de eso. Pero los verdaderos vínculos no funcionan así.
Las palabras de la mujer resonaron en Lyara como una chispa de esperanza.
-¿Entonces no soy su mate? -preguntó con rapidez.
La mujer soltó un suspiro, acercándose un poco más.
-Eso depende de ti. Los vínculos verdaderos no pueden ser quebrados ni forzados. Si no sientes nada por él, entonces no es tu mate.
El corazón de Lyara latió con fuerza ante esa revelación. Aunque no recordaba gran parte de su vida, había una certeza que ardía dentro de ella: Tarek no era su mate.
-¿Por qué me dices esto? -preguntó, desconfiada.
La mujer se encogió de hombros, mirando hacia la puerta antes de responder en voz baja.
-No todos en esta manada estamos de acuerdo con lo que hace Tarek, pero nuestras opciones son limitadas. Solo te diré esto: si quieres salir de aquí, tendrás que luchar por tu vida.
Lyara sintió un nudo en la garganta, pero también una chispa de determinación. No sabía quién era exactamente ni de dónde venía, pero sabía una cosa con certeza: no pertenecería a alguien como Tarek, ni permitiría que su destino fuera decidido por otros.
En ese momento, aunque el camino parecía oscuro, Lyara comenzó a planear su próxima jugada.