Capítulo 2

LOS MISTERIOS DE LOLA.

Capítulo 2.

Un nuevo comienzo.

Bajamos al comedor y serví la cena: pollo glaseado al limón. Todos quedaron encantados, sobre todo Juanse.

-Te quedó delicioso -Comentó papá.

-Tendrás feliz a tu futuro esposo -habló mamá.

-¡Mamá, por favor! -exclamé.

-Es verdad, no solo es hermosa, también tiene una buena sazón. Yo estaré más que feliz de comer estas delicias todos los días.

Comentó Juanse.

- ¡Gracias cariño!

-Juanse, estás como demorado ¿para cuándo el anillo? -inquirió papá.

-¡Papá, tú también! -me quejé.

Tomó mi mano, me miró con tanta dulzura.

-Si por mi fuese ya estaría casado con esta princesa. Ya casi me gradúo, estoy recogiendo unos ahorros para tenerla como debe ser, toda una reina. Ya he mirado opciones de casas, quiero poder brindarles una estabilidad a Lola y a mi pequeño. Les aseguro suegros que pronto estaré aquí pidiendo su mano.

-¡Ay sí, que felicidad! -habló mamá-, muero por verla vestida de novia.

-Súper, pero primero seré yo. Así que vamos planeando cómo será todo -intervino Leila.

Mi salvadora, como siempre, cambiaron de tema. Menos mal, porque me sentí incómoda. Hablaron de todo un poco, luego se retiraron a sus habitaciones. Mientras yo recogía todo, Juanse me ayudaba.

-¿Te pusiste incómoda con el tema verdad? -Preguntó.

- Es que no quiero que te sientas presionado por mis padres. Ya es suficiente todo lo que has hecho por mí.

-Claro que no amor. Es verdad lo que les dije. Quiero poder darles todo lo que se merecen, formar una familia a tu lado, claro si tú me lo permites.

-Me encantaría pasar mi vida al lado de un hombre tan maravilloso como tú.

Antes de irse subió a despedirse del bebé que al sentirlo se despertó. Se quedó cargando y consintiéndolo un rato hasta que se durmió de nuevo. Yo solo lo observaba, me encantaba verlos. Le pedía tanto a Dios que mi corazón lograra amarlo. No se imaginan el amor que salía por sus ojos cada que tenía en brazos a Manuelito. De verdad que era muy afortunada al tenerlo a mi lado. Luego de un rato por fin se durmió.

-Te lo dije, así serán todas las noches.

Puso su mano en mi cintura pegándome a él, deslizó su nariz sobre la mía. Suspiró y susurró.

-Yo feliz de tenerlos siempre conmigo, así nos acostemos a las once de la noche.

Sonreí, por un momento sentí escalofríos. Me besó, esos besos dulces, mientras me miraba y jugaba con mi cabello. Por un momento me hizo sonrojar. Nunca me había pasado eso, bajé la mirada, él tomó mi rostro entre sus manos.

»No, no voltees, que linda te ves, tus ojos, tu boca, toda tú, hasta ese rojo natural de tus mejillas.

-Tú-tú eres lo máximo.

Me besó apasionadamente, se despidió, lo tomé de la mano.

»Es muy tarde, quédate aquí con nosotros.

No sé porqué, pero a veces sentía miedo. Tal vez les parezca tonto, sé que vivía aquí cerca, pero es un miedo que no podía evitar. Ya vieron lo que pasó la última vez. Él también lo notaba seguro por la expresión de mi rostro. Era algo que no superaba, el miedo a perder a alguien, no quería perderlo a él. Me abrazó fuerte, dándome esa tranquilidad que solo él me daba.

- Claro que sí, me quedaré con ustedes.

Me acosté en su regazo sintiéndome tranquila y protegida en sus brazos. Dormimos juntos, pero no pasó nada. Él se estremecía al tenerme tan cerca. Sentía como su respiración aumentaba, pero aún no me sentía preparada para estar en sus brazos. El día que estuviese con él, quería que fuera especial e inolvidable para él. Solo quería darle lo que él se merecía, un amor puro y real. Por eso haría todo para amarlo.

Me levanté temprano, hice el desayuno. Él me ayudó con el bebé mientras me organicé. Luego pasamos a su casa para que se cambiara y de ahí a la universidad.

...

Luego de salir de la universidad, estaba decidida a hacer algo para que las cosas cambiaran. Tenía que dejar el pasado atrás para poder empezar de nuevo.

Para eso necesitaba la ayuda de Leila. Primero le dije a Juanse que me prestara su coche que acompañaría a mi hermana a hacer algunas diligencias, me dijo que no había problema. Luego recogí a Leila con el bebé.

-¿Lola, estás segura de hacer esto? -preguntó preocupada-, no quiero que te afecte y recaigas de nuevo.

-Te confieso que no es fácil, pero debo hacerlo, sobre todo por Juanse.

....

Minutos después llegamos a mi destino, el cementerio. Dirán que estaba loca, pero necesitaba venir aquí. Entramos, estaba parada frente a su tumba cargando a nuestro hijo. Leila tomó mi mano y la apretó fuerte.

Se me removieron recuerdos dolorosos, pero tenía que ser fuerte. Mi pequeño me daba fuerzas. Desde su primer aniversario de muerte no venía. Estaba parada con mi hijo en brazos. Dirán que es de locos y tal vez lo era. Leila me observaba desde lejos. Empecé a hablarle a su tumba como si de verdad me escuchara. Algunas lágrimas rodaban por mi mejilla.

Amor de mi vida, mira quién está aquí, nuestro hijo. Es hermoso como tú, me has dejado un tesoro muy valioso que me ayuda a sobrellevar tu pérdida. Sabes que siempre serás mi primer amor, ese amor bonito y mágico que marcó mi vida. Ese amor que me dejó los mejores recuerdos. El único que con solo el roce de un dedo hacía estremecer cada centímetro de mi piel. Pero aunque me duele aceptar que ya no estás conmigo, creo que es hora de que continúe con mi vida.

Hice una pequeña pausa y respiré.

Por eso estoy aquí, sabes que todo este tiempo he tenido un hombre maravilloso apoyándome siempre. Jamás me abandona, por eso anhelo amarlo como él me ama a mí. Poder formar una familia al lado de Manuelito. También sé que tus papás tienen derecho a saber de nuestro hijo, pero me da miedo destapar el pasado. No te prometo nada, lo pensaré, tal vez tome valor para contarles la verdad. Quiero que sepas que siempre estarás en mi corazón como el recuerdo más bello de mi vida, marcado en mi alma como un tatuaje. Decidí dejar todo atrás y continuar mi vida al lado de Juanse.

Una lágrima rueda por mi mejilla.

Gracias mi amor por dejarme un pedacito de ti. Este angelito que me da fuerzas para continuar. Tu partida destrozó mi mundo y mi corazón, pero tengo un lazo que nos unirá siempre, nuestro hijo. Eso fue lo que me mantuvo viva. Te aseguro que un día le hablaré de ti, de nuestra hermosa historia de amor. Te dejo ir para siempre. Gracias por tanto.

Lágrimas salían de mis ojos. Me quité el anillo que me había regalado y lo puse sobre su tumba.

Adiós para siempre amor mío...

Me puse de rodillas, lloré. Sentí un enorme vacío, como un agujero en el pecho. Tal vez lo necesitaba. Leila me abrazó, me recibió el niño. Salimos de aquel lugar, guardé silencio hasta llegar al coche.

-¿Hermana estás bien? -preguntó preocupada.

-Sí. Siento que era algo que necesitaba para poder continuar.

- Sé que es muy difícil, pero me da tanto gusto hermanita que te des una segunda oportunidad en el amor.

-Yo también deseo poder rehacer mi vida, pero tengo miedo.

-¿Por qué? -indagó.

-¿Y si no logro amarlo como él lo merece? No quisiera condenarlo a una vida infeliz al lado de una mujer que no lo ama. Él no se lo merece.

- Te aseguro que lograrás amarlo. Podrán ser felices porque hoy diste un gran paso. Decidiste dejar tu pasado atrás. Ánimo hermana, conquístalo para que él se sienta amado. Poco a poco tú lo aprenderás a amar.

Leila tenía tanta razón. Debía poner de mi parte para lograrlo. Yo sabía que lo quería, solo faltaba un pequeño paso para llegar a amarlo. Hablamos largo rato, luego dejé a Leila en casa. Decidí darle la sorpresa a Juanse y pasé a la universidad a recogerlo. Vaya que sí se sorprendió mucho.

-Aww, pero que linda sorpresa, los amores de mi vida.

Lo saludé y le di un beso.

-Queríamos darle una sorpresa a papi, ¿verdad? -Tomó en brazos el bebé con esa dulzura y le dió un besito.

-Que hermosa sorpresa, mi futura esposa y mi bebé.

- Espero no incomodar.

-Para nada ¿Cómo les fue? -me preguntó con una sonrisa.

-Bien cariño.

Me miró fijamente, sobre todo mi mano. Seguro notó que no tenía aquel anillo. Solo me quedó la marca, pero no me dijo nada, solo sonrió. Caminamos por los alrededores de la universidad unos minutos y luego nos llevó a comer. Tomó mi mano, la acarició, suspiró, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

-Veo que te falta algo -soltó de repente.

-Así es, creo que es hora de continuar y dejar todo lo doloroso atrás - acaricié su rostro y sonreí-, ahora solo quiero seguir adelante, en mi futuro espero que estés tú.

Le di un pequeño beso, él sonrió.

- Amor de mi vida, no sabes lo feliz que me hace escuchar eso.

- Haré todo lo posible para que seamos felices los tres juntos.

Hablamos mucho, Juanse estaba feliz, según él yo había dado un gran paso. Nos llevó a casa, se quedó con nosotros unos minutos y luego se despidió.

En ese momento lo único que yo quería era poder amarlo, haría todo lo posible para lograrlo. Hacerle sentir lo importante que era para mí.

Continuará ....

Capítulo 3

LOS MISTERIOS DE LOLA.

¿Amor o culpa?

Capítulo 3.

Cinco meses después.

Todo transcurría con normalidad. Pasaba en la universidad y ayudando a Leila con los preparativos de su boda. Por supuesto, pasaba el mayor tiempo con mi hijo y con Juanse. Yo hacía mi mejor intento por mirarlo con otros ojos. Me levanté temprano, más de lo habitual. Quise ir a su casa a darle la sorpresa, mi suegra me dejó pasar y me dijo que subiera a su cuarto, ella estaba de salida.

Entré, él estaba en el baño, me senté a esperarlo en la cama. Salió con la toalla en la cintura, su cabello desorganizado, gotas de agua corriendo por su pecho, wow que sexy se veía. Lo miré de pies a cabeza, involuntariamente me mordí

el labio inferior. Se sorprendió mucho al verme.

-¡Princesa, que linda sorpresa!

-Quería sorprenderte y darte los buenos días.

Me acerqué y lo miré con malicia. Puse mi mano en su pecho y la bajé suavemente hasta su abdomen. Le di un pequeño beso, mordí su labio inferior, él solo se estremeció.

-Qué bella sorpresa.

Me rodeó con sus brazos y me besó. Sentí una corriente que me pasó desde la punta de los dedos hasta la cabeza como si tocara una cuerda de luz. Ese beso no solo me erizó a mí, a él también. La toalla empezaba a levantarse por sí sola. Él trató de disimular, giró dándome la espalda buscando la ropa. Lo rodeé por la espalda y con mis labios rocé su cuello. Con mis brazos acaricié su pecho, su respiración aumentaba, sus manos temblaban, su corazón latía más rápido que nunca. Como no, si todo ese tiempo había sido tan paciente conmigo, yo sabía que él me deseaba aunque no me presionara. Su piel se enchinó.

-Que guapo te ves así, todo mojado, tu cabello rebelde, me encanta.

Jugaba con su cabello, dio media vuelta. Me tomó por la cintura con fuerza y me haló hacía él, con la voz temblorosa susurró.

-Tú-tú provocas cosas incontrolables en mí, lo siento.

Lo miré y sonreí. Sabía a qué se refería, a la gran erección que tenía.

»Trato de controlarlo, pero no puedo.

Me besó con esa dulzura que mataba. Besó mis labios, los mordió suavemente con sus dientes. Bajó por mi mentón dejando pequeños besos, siguió por mi cuello llenándolo de besos. Sus manos temblaban y eso tan delicioso se quería salir de esa toalla.

-No te disculpes por eso, admiro tu fortaleza.

Bajé mi mano acariciando su miembro por encima de la toalla, él solo pasó saliva. Sentí como tensó su pelvis. De un halón le quité la toalla dejándolo totalmente desnudo. Que sensual se veía, su cuerpo era muy lindo. Le guiñé un ojo y me incliné. Me miró confundido, quiso hablar, pero lo interrumpí.

-¡Shhh! No digas nada cariño, solo disfruta.

Lo tomé con mis manos y lo acaricié suavemente. Que lindo fue ver como se estremecía con cada roce de mis manos. Cerró sus ojos, su respiración se hacía pasada, qué guapo se veía. Pasé mi lengua por el tronco, él solo respiró. Con mi lengua lo rodeaba todo, hasta meterlo poco a poco, coordinando los movimientos de mi boca con los de mis manos. Escucharlo gemir era más excitante aún. Sentía escalofríos y la humedad de mi intimidad me confirmaba que también lo deseaba.

Aumenté los movimientos metiéndolo hasta el fondo de mi garganta, eso le desesperaba aún más. Soltaba pequeños gruñidos que salían de lo más profundo de su pecho. Me tomó del cabello guiando los movimientos, pidiéndome que aumentara la intensidad. Así lo hice. Con mi mano lo masturbaba sincronizando los movimientos con mi boca. Se recargó en la pared, tensó con fuerza sus caderas, soltaba gemidos deliciosos.

-Hmm - me retiró con brusquedad, con la respiración entrecortada susurró -, para, para.. Que no aguantaré más.

Subí mis manos suavemente por sus rodillas acariciando sus muslos. Le dije perversamente,

- Cariño, tú solo relájate, dame lo que tienes.

Tomé su miembro y seguí pasando mi lengua llevándolo hasta el fondo de mi garganta con movimientos rápidos. Su desespero aumentaba igual que sus gemidos y su respiración. Se aferró de mi cabello, soltó un gran gemido, lo dejó salir todo. Me lleno la boca y la garganta de todos sus fluidos, hasta se salió de mi boca. Me lo tragué todo, era rico sentir sus fluidos calientes en mi boca. Sentí como bajaba por mi garganta, tenía un sabor dulce. Lo restante que me quedó fuera lo tomé con los dedos y lo llevé a mi boca mientras miraba fijamente a los ojos. Su cara de satisfacción me lo decía todo. Sus piernas se tambaleaban.

- Oww, oww, princesa, me dejas sin palabras.

-¿Te gustaron mis buenos días? -me tomó por la cintura y me alzó

- ¡Me encantaron! Que linda forma de empezar el día, como siempre me tomó por sorpresa.

Sentir sus brazos rodeando mi cuerpo me estremecía la piel. Tenía algo de miedo, pero empezaba a sentir cosas que no podía explicar. Mi corazón latía más rápido cada que su respiración se encontraba con la mía.

»Te amo vida mía, mi Lola, mía, mía.

-Yo...

Me interrumpió con un beso. Ese beso movió cada fibra de mi piel. Estaba casi segura de querer estar en sus brazos. Puso suavemente su mano en mi muslo y empezó a subirla como esperando mi reacción. Solo cerré los ojos, estaba dispuesta a dejarme llevar. Con su lengua recorría cada parte de mi boca, era un beso delicioso que lo sentía en mi sexo. Algo se ponía duro y firme de nuevo. Me dejó caer sobre la cama con tanta delicadeza, siguió subiendo su mano. Confieso que todo me temblaba. Dirán que suena tonto, pero parecía como si fuera mi primera vez.

Él se quedó mirándome a los ojos, dándome pequeños besos por todo el rostro. Nadie decía nada, solo nuestras respiraciones se hacían una sola. Bajó besándome el cuello, con su mano empezaba a desabrochar los botones de mi blusa. Sentía una sensación extraña que recorría mi cuerpo. No sé qué era, tal vez era miedo de no poder darle lo que él se merece, o miedo a aquellos recuerdos, que llegaban a mi mente y no me dejan continuar. Pero se suponía que todo ese pasado lo había dejado atrás.

Era hora de ser suya nuevamente, no sé si era el mejor lugar, pero estaba dispuesta a hacer el intento. Era obvio que sentía correr la adrenalina por mi cuerpo. Me encantaba su casa y su cuarto. Con cada caricia era cuidadoso esperando a que yo estuviera cómoda. Desabrochó mi blusa, acarició suavemente mis senos por encima del sostén. Bajó nuevamente su mano hasta mi muslo, la subió hasta mi pelvis, muy despacio fue moviéndola hacia mi sexo.

Un sonido nos interrumpió. Sonó su teléfono

-Cariño, tu celular está sonando.

-No, no contestaré.

Siguió besándome, puso su mano encima de mis bragas y pudo sentir la humedad porque mordió su labio inferior mirándome. Me miraba con tanta dulzura, un amor que desbordaba de sus ojos que brillaban más que nunca.

El sonido se volvió a escuchar, era insistente.

-Al parecer es urgente, porque con esta son 5 intentos.

-¡Ay no! Que mal momento para llamar.

Miró el teléfono, era de la universidad, así que decidió contestar. Me acomodé la ropa. Tal vez fue mejor que nos interrumpieran porque la verdad aún sentía algunas dudas. Yo quería hacerle algo especial, que fuera una noche mágica.

»Mi vida me tengo que ir. Es para estar de asistente en una clase hoy, ni modo.

- No te preocupes cariño, luego hablamos. Que tengas un lindo día.

Le di un beso, no le di tiempo de nada, salí directo para mi casa. Aún tenía el corazón a mil. Era una sensación extraña, no sabía qué era. Sino pasó nada, seguramente aún no era tiempo. Llegué y lo primero que hice fue tomar en brazos a Manuelito. Al abrazarlo, sentía tranquilidad.

¿Será que su recuerdo sigue aquí?

¿Podré borrar las huellas que dejó en mi piel?

¿Esto qué siento será culpa?

¿O mis sentimientos por Juanse habían cambiaron?

Estaba tan confundida. Ese día no tuve clases, me quedé en casa todo el día, al rato me llegó un mensaje.

WhatsApp

Hola princesa

¡Perdón! 😶

Hola... ¿por? 😐

Por lo de esta mañana😥

Ay no, él creía que estaba disgustada. Tal vez fue por la forma en la que salí de su casa.

😗 Cariño no pasa nada. ¿Cómo crees que me enojaré contigo amor? Eso jamás ❤

😬 pensé que estabas molesta, o que te hice sentir incómoda y si fue así te pido disculpas. No fue mi intención, perdóname por no controlar mis impulsos 😒🙁

No, no pienses eso, me comporté como una tonta 😞 no quise que pensaras eso. Lo que pasó, me encantó. Yo también lo deseaba... es solo que...🤐

¿No estás lista verdad?

No. Dirás que es tonto, te reirás 🙈

Claro que no ¿dime?🙊

Sentí miedo 🙈😕

¿De verdad? Pensé que había hecho que te incomodaras, tal vez te presioné, mil disculpas.

Para nada, no pienses eso, yo también lo disfruté😊.

¿Cómo le decía que tenía una mezcla de sentimientos que ni yo entendía? Estaba confundida, ni yo podía entender qué me pasaba.

Ya quedé más tranquilo, paso por ti en la tarde ¿salimos? Tengo una sorpresa para ti 😊😉

¡Vale cariño! 😘

Te amo, nos vemos ahora.

¿Será qué yo también lo amaba? Esa respuesta ni yo la tenía, tenía una confusión terrible. Me dí un baño. Mientras el agua recorría mi cuerpo cerré los ojos, vinieron a mi sus caricias. Juanse logró estremecer mi piel, recordaba lo que pasó en la mañana. Su cara, sus ojos, su cuerpo, la forma en la que me miraba y me acariciaba. Era muy afortunada de tenerlo en mi vida, suspiré pensando en él. Me puse guapa, como siempre tan puntual, subió y lo primero que hizo fue saludar al bebé.

-¿Cómo está el bebé de papá?

Solo lo observaba, Manuelito soltaba carcajadas al verlo. No había dudas que entre ellos hay un lazo único de padre e hijo, me acerqué y los abracé

» Pero qué guapa está mami ¿verdad?

- Gracias, ustedes son los hombres más guapos del mundo.

- Ustedes son mi todo - Me dió un beso. Estaba otra vez mirándome fijamente, no sé porque, pero me ponía nerviosa-, bueno, bebé se queda con la tía Leila, porque a donde van papi y mami, no puedes ir.

-¿A dónde vamos? -pregunté.

-Curiosa, es sorpresa.

Sonrió. No saben lo lindo que se veía cada que lo hacía. Saber que esas sonrisas las provocaba yo, me llenaba de orgullo. Le dejamos el bebé a Leila, y ella feliz. Salimos en su coche, luego de unos minutos llegamos a nuestro destino, una pista de carreras.

-Princesa, llegamos.

-¿Qué hacemos aquí, veremos carreras de coches?

- Algo mucho mejor - Me tomó de la mano y sonrió-, nosotros correremos.

Me quedé mirándolo algo confundida, no entendía lo que decía. No pensé que a él le gustaran ese tipo de cosas.

-¿Qué, cómo? ¿Nosotros qué?

Soltó una carcajada, seguro por mi cara. Que lindo verlo sonreír así, era tan hermoso.

-Sí cariño, como lo oyes, nosotros dos correremos ¿tú no amas la adrenalina?

Ahora sí quedé en shock. Tenía entendido que a él no le gustaban esas cosas.

-Pues... Pues sí, pero a ti no te gustan esas cosas.

- Hay cosas de mí que no sabes cariño -Sonrió muy malicioso, me guiñó un ojo, me abrazó.

-Ajá - Me crucé de brazos, fruncí el ceño -, ¿cómo que cosas?

- Incluso así te ves divina, bien te contaré. Años atrás, estaba empezando el colegio y me gustaba mucho los deportes fuertes. Carreras de autos, motocross, cosas así, también me gustaba la adrenalina.

-¿En serio? No te creo ¿Qué pasó, por qué lo dejaste?

-Es en serio princesa mía. Me gustaba la sensación que se siente al tener el peligro en frente, pero lo dejé porque mi mejor amigo murió en un accidente. Se cayó de la moto mientras hacía piruetas. Ese día yo estaba con él, por eso dejé todas esas cosas atrás sabía que era como jugar con la muerte. Fue muy duro para mí verlo morir frente a mis ojos, decidí cambiar totalmente mis gustos. Me dediqué a estudiar, amar las cosas sencillas que también traían emociones.

-Amor, como siento lo de tu amigo, me imagino lo duro que fue. Es increíble lo que me cuentas, gracias por compartirlo conmigo.

-Como no compartirlo - Me abrazó y me dio un beso -, contigo quiero compartir mi vida entera.

Tomó mi rostro entre sus manos, puso su nariz junto a la mía, respiró profundo. Podía sentir su aliento caliente en mi rostro.

»Te amo, con alma, vida y corazón. Tú y mi hijo son los tesoros más valiosos de mi vida.

Ver ese brillo que irradiaban sus ojos cuando me miraba, hacía acelerar mi corazón de una manera que no podía comprender.

-Eres ...

Nos interrumpieron diciéndonos que todo estaba listo. Pasamos a ponernos los implementos de seguridad, me tomó de la mano.

-¿Seguro de querer hacer esto? -inquirí.

- Seguro, porque no estarlo, si mi princesa ama las emociones fuertes. Quiero compartir esas cosas contigo. Por un momento quiero volver a vivir esas emociones, pero solo contigo.

Nos pusimos todo lo necesario para nuestra seguridad, Juanse conduciría yo sería su copiloto. Él ya tenía experiencia, hace mucho que no lo hacía, pero lo que se aprende no se olvida. Nos subimos y empezó a acelerar, mi corazón latía demasiado rápido, hacía tanto que no sentía esa adrenalina correr por mis venas. Grité, me reí, parecía una niña, fue espectacular, hacía mucho que no me la pasaba tan bien.

Luego era mi turno de conducir. Él se reía, se asustó un poco. Confieso que amaba cuando sonreía, me encantaba verlo. Sentimos emociones que hacía mucho no sentíamos. Luego de un rato maravilloso e inolvidable, salimos a comer algo.

-¿Te gustó? -me preguntó.

-¡Me encantó, gracias por esa sorpresa!

No sé porque, pero mis ojos se nublaron, tal vez porque esa adrenalina hacía mucho que no la sentía. Otros recuerdos llegaron a mí. Esta confusión, sentía miedo, culpa, ni yo podía comprenderlo. Antes que él lo notara, le dije que iría al baño. Llegué al baño, una lágrima se escapó de mis ojos, no podía evitar sentir eso que sentía aquí adentro.

No sé porqué regresaron esos recuerdos a mi mente. Dirán que era tonto, pero sentía que lo traicionaba a él. Pero por otro lado estaban las sensaciones que Juanse despertaba en mí. Eso era lo que más me tenía confundida. De la nada me quedaba mirándolo, admirando sus ojos, su sonrisa, cosas que antes yo no hacía. Me encantaba pasar tiempo a su lado. Las horas parecían minutos ¿Eso era amor? ¿Cómo hacía para entender eso que me oprimía y me mataba? Esa sensación que teníq en mi pecho. Rayos, pero qué era. ¿Culpa o amor? Me lavé la cara y regresé a la mesa

-¿Estás bien? -inquirió.

-Sí amor, súper -Lo tomé de la mano-, ¿me llevas a nuestro lugar?

-¿Nuestro? -preguntó confundido.

-Sí, el lugar donde me llevaste por primera vez ¿lo recuerdas?

-Cómo olvidarlo.

Salimos y luego de unos minutos llegamos al mirador, a ver ocultarse el sol. Nos sentamos en el césped, me abrazó contra su pecho. Nos quedamos en silencio, solo escuchando los latidos de su corazón y su respiración. Él acariciaba mi cabello. Me subí sobre él rodeándolo con mis piernas sentados frente a frente acariciando su cabello y su rostro, mirándolo fijamente tratando de entender qué era lo que sentía. Me miraba con tanta dulzura, enredó sus dedos suavemente en mi cabello

-Me encanta el brillo de tus ojos verdes, son divinos.

Estaba pérdida en su mirada, solo respondí tal y como me salió.

-Tuyos, son tuyos, si brillan es por ti.

-¿De verdad? - Sus ojos se iluminaron -. Repítelo otra vez.

-Que son tuyos, solo tuyos, de nadie más.

Me besó apasionadamente mientras con sus manos acariciaba mi espalda. Con cada beso y cada caricia estremecía cada centímetro de mi piel. Nos quedamos así pegados el uno al otro por unos minutos, luego regresamos a casa. Subió como todas las noches, le puso la pijama a Manuelito le dio el tetero. Jugó con él unos minutos, yo los observaba desde la puerta.

-¿Qué haces? -habló Leila tras de mí.

-¡Qué susto me diste! -me llevé la mano al pecho.

-No fue mi intención, estás tan concentrada.

- Solo miraba a Juanse jugar con el bebé.

- Hermana ¿esa carita por qué?

-Tengo un enredo en esta cabeza, que ni yo entiendo.

-Hermosa solo escucha tu corazón, no te de miedo dejar salir lo que sientes, solo deja que fluya.

-Eso se escucha genial, pero ¿Cómo hago para saber qué es lo que realmente siento?

- Tú en el fondo lo sabes, solo que te da miedo dejarlo salir. Por eso solo sigue a tu corazón, no tengas miedo a ser feliz, así que entra. Ve a pasar tiempo con ese hombre maravilloso que tienes al lado y que muere por ti.

-Gracias por eso, te quiero, siempre sabes cómo ayudarme ¿Qué haré cuando no estés? En un mes te casas.

- Sabes que donde sea que esté, siempre contarás conmigo.

Leila se ha convertido en mi confidente y mi apoyo. Tal vez ella tenía razón y yo sabía cuáles eran mis sentimientos, pero me daba miedo enfrentarlo.

Continuará ...

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