Capítulo 2

Brant

Regresar a España no ha resultado como lo esperaba. Hace varios años mi padre me envió a Alemania para hacerme cargo de una de sus empresas, hasta que finalmente decidió dejármela. Por tal motivo, decidí regresar y trasladar la sede a Madrid.

Según las estadísticas de mercadeo, España es uno de los países con más afluencia de turistas, lo cual es ideal para la distribución y venta de la marca. Sin embargo, por más que quise traer conmigo a todo el personal que trabajaba en Alemania, no pude hacerlo. Esto me ha descontrolado un poco las cosas porque he tenido que buscar personal nuevo y los pedidos se están atrasando, tanto así que me ha tocado personalmente prestar apoyo al departamento de despacho para verificar que todo se envíe según las órdenes.

Formo parte de una de las familias más importantes del país; mi padre, Armin Zlemberger, es uno de los fundadores de la marca textil más importante de Europa. A sus 20 años inició su carrera con diseños básicos y colores neutros, tanto para jóvenes como para adultos. Sus diseños gustaron enormemente, ya que era algo inusual para la época, así que las ventas se dispararon de un modo impresionante. Tanto así, que fue la marca más vendida en todo el año. Desde entonces, empresas Zerax fue incrementándose a través de los años, y ahora nos convertimos en varias franquicias textiles, en total 6, cada una dirigida a un público diferente.

Los consumidores cambian y la ropa debe hacerlo también. Además, la competencia es dura, así que el trabajo cada vez es más extenuante. Desde que tengo uso de razón recuerdo que mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí, a la empresa, cuando apenas éramos unos niños. Nos criamos en un régimen de formación estricto por parte de mi padre, la sangre alemana corre por nuestras venas, por lo que es imposible no tener un carácter fuerte, aunque si bien es cierto me parezco mucho más a mi madre en ese aspecto.

Andreas, mi hermano, suele ser imponente y estricto en sus cosas; le gusta que todo se haga a la perfección y sin demora. En cambio, yo suelo ser más dócil, aunque si bien es cierto también demuestro carácter cuando lo amerita la situación.

A mis 30 años sigo sin estar casado y sin novia. He estado tan centrado en mis labores que ni tiempo he tenido de salir en busca de una cita o algo parecido. De todos modos, todavía no ha llegado una chica que me guste tanto como para formar una relación seria. Si he tenido mis aventuras de una noche, no lo negaré, pero nada serio.

Soy el menor de los hermanos y el más apegado a mi madre. El tiempo que estuve en Alemania fue bastante complicado porque estaba acostumbrado al calor familiar que allá no tenía. Mi padre, por el contrario, al ser alemán, no demuestra los sentimientos como lo haría un padre naturalmente. Provengo de una mezcla entre alemán y español, pero en mi caso, diría que saco a relucir más mis genes españoles. Físicamente, Andreas y yo, somos la viva imagen de nuestro padre; altos, cabello castaño, barba del mismo color, tez blanca y ojos cafés; a pesar de tener edades diferentes, muchos nos dicen que parecemos gemelos. Sin embargo, por mi parte soy el más alto de los dos.

Mi relación con mi hermano es buena, tenemos muchas cosas en común, aunque cierto está, con ideologías totalmente diferentes.

—¿Señor? —me interrumpe Alina, mi secretaria.

—Dime, Alina.

—Su hermano lo espera abajo.

—De acuerdo, ya salgo.

Guardo mi móvil en el bolsillo del pantalón y salgo de camino al ascensor. Bajo hasta la planta principal y lo veo hablando por teléfono.

—Andreas —saludo al llegar a su lado.

—¿Nos vamos? —pregunta.

Asiento.

—Te llamo luego, estoy con Brant.

Lo escucho decir mientras caminamos hasta la salida del edificio.

Una SUV negra está afuera esperándonos junto a Daniel, el chofer.

—Brant —saluda sonriente.

—Hola, Daniel, ¿qué tal estás?

—Muy bien. —responde abriendo la puerta para nosotros.

Subimos al auto e inmediatamente se pone en marcha.

—¿Y, para cuando es la boda? —le pregunto a Andreas.

Lo escucho suspirar.

—Todavía no tenemos fecha.

—Todavía no puedo creer que te vayas a casar —confieso.

—Ni yo, pero así son las cosas. Helen es muy buen partido, además de ser una mujer muy eficiente. Papá dice que será una esposa capaz de portar nuestro apellido.

—¿Solo eso? —inquiero tocando un tema un poco complicado.

—Sabes que he querido terminar esta relación desde hace meses, pero papá ha sido bastante insistente en ello.

—Entiendo… Pero, ¿por qué no lo enfrentas? Deberías hacerlo, no dejes que interfiera en tu relación. Al parecer piensa que ustedes se quieren mucho, por eso es bastante insistente.

—Será mejor dejarlo pasar. Además, tampoco es que no le tenga aprecio, ella es una excelente persona y me ha apoyado en varios aspectos importantes de mi vida. No encontraré a alguien como ella en otro lugar, estoy seguro de ello.

—Nunca sabes lo que pueda pasar, Andreas…

—Bueno, ¿y qué hay de ti? ¿Cuándo llevarás a una chica decente a casa?

Rio.

—Cuando llegue la indicada…

—Pues, si estás trabajando todo el tiempo no creo que la encuentres, no es como si fuera a llegarte una chica de la nada a tu oficina.

Golpeo su brazo a modo de juego.

—Quizás pase, el destino tiene su forma de mover las cartas a favor de cada uno de nosotros…

—Sí, claro. Si eso llegase a ocurrir, me enfrentaré a papá y dejaré a Helen. —ríe.

—Bueno, veremos qué pasa…

Asiente.

El auto se estaciona frente al restaurante en el que almorzaremos con mis padres, y abro la puerta para salir antes de que Daniel lo haga. El motivo de esta pequeña reunión familiar lo desconocemos, lo único que mi padre dijo es que tenían algo que decirnos, por eso estamos aquí. Espero que no sea una de sus ocurrencias de enviarnos a otro país en busca de nuestro crecimiento profesional porque en estos momentos no estoy en condiciones para viajar a ningún lado.

Capítulo 3

Andreas

—Helen, ¿has visto mi teléfono? —pregunto caminando hasta el comedor.

—Lo dejaste al lado de la cama. —responde esta mientras lleva un sorbo de jugo a su boca.

Asiento y me dirijo de nuevo a la habitación.

Helen Calhoun, es la hija mayor de unos de los socios prioritarios de empresas, Zerax; y también es mi novia desde que éramos unos críos. Nuestra alianza se dio a través de nuestras familias. Tanto su padre, Titan Calhoun como el mío, se empeñaron en juntarnos con el objetivo de una futura boda. Nos conocemos desde que éramos niños y cuando entramos a la adolescencia comenzó a gustarme como mujer.

Ciertamente, los sentimientos fueron creciendo a través del tiempo, pero hace más de un año todo cambió. Lastimosamente, nuestras familias están implicadas y me considero bastante responsable en este aspecto como para romper la confianza de mi padre echándome para atrás.

Una vez tengo el móvil en la mano, lo desbloqueo y veo que tengo varios correos electrónicos, uno de ellos es la bienvenida a la nueva jefa del departamento de producción. Una mujer, qué extraño… De seguro papá tiene algo que ver con esto, pienso. El día de la reunión con Brant y mamá, nos indicó que habrá nuevos cambios a nivel estructural y organizativo, así que esto debe de ser el inicio.

Cuando estoy por guardar el teléfono en mi bolsillo suena. Sonrío al mirar la pantalla. Desbloqueo la pantalla y escucho:

—¿Viste el correo?

—Por supuesto.

—¿Estará papá detrás de todo esto?

—Es lo más probable, de él podemos esperar cualquier cosa. Esto apenas es el comienzo. —respondo.

—De todos modos, no estará ligada completamente con nuestras empresas. —dice.

—Brant, tú y yo sabemos que a pesar de manejar ramas diferentes dentro de la empresa, siempre nos conectará algo. Papá quiso que las cosas se manejaran así y es lo que hacemos.

—Lo sé, pero me genera cierta incertidumbre de cómo será la nueva encargada.

—No te preocupes por eso, la conoceremos a su tiempo. Solo espero que al menos sea una persona con bastantes años de experiencia.

—Cierto… Bueno, te dejo. Hablamos en la oficina, ¿vas de camino?

—No, sigo en casa. Salgo dentro de unos minutos.

—Perfecto, nos vemos luego. —se despide.

—De acuerdo, adiós.

Cuelgo la llamada y bajo a desayunar.

Salimos de casa y nos dirigimos a la empresa. Al llegar Irene, mi secretaria, nos recibe.

—Buenos días, señor, señora — hace un gesto con su cabeza a modo de saludo.

—Buenos días, Irene. ¿Tengo algo importante para hoy? —pregunto tomando asiento.

—Su padre lo espera a usted y al joven Brant en su oficina. Después de eso tiene una reunión con Bicux y TammyOn.

—De acuerdo. Iré a ver qué quiere mi padre, cualquier cosa me llamas, por favor.

—Sí, señor.

Se retira y de pronto Helen comenta:

—Andreas, debo irme. Tengo cosas por hacer.

—Muy bien, ¿irás a la casa luego?

—Lo dudo mucho, estaré muy ocupada, será mejor que vaya a mi casa.

—Perfecto. Me estás avisando cualquier cosa.

Ambos salimos de la oficina y tomamos caminos diferentes. Nuestro edificio se conecta con las demás empresas a través de un puente interno. Yo me encuentro en el ala este y Brant en la parte oeste, mientras que papá está en el centro.

Cuando estoy por llegar a la oficina de papá me encuentro a Brant en el camino.

—¿Sabes algo de esto? —inquiere al verme.

—Estoy igual que tú, no tengo idea.

—Parece que mientras más edad tiene nuestro padre, la creatividad le aumenta. —Sonríe.

Kerem la secretaria de mi padre, nos da la bienvenida y nos hace pasar a la oficina.

Para mi sorpresa papá no se encuentra solo, está con una figura femenina sentada justo frente a él.

—Brant, Andreas, qué bueno verlos —se levanta de su asiento sonriendo—. Los mandé a llamar para que conozcan a la nueva empleada de empresas Zerax, Aitana Quiroga.

Detengo el paso justamente cuando la fémina se levanta y gira avernos. ¡Carajo! Es una joven sumamente hermosa, de tés morena, cabellos castaños, ojos color café intenso, cabello ondulado, pechos pequeños, caderas anchas, un culo redondo y perfecto, sin mencionar su hermosa sonrisa que ha hecho acelerar mi corazón apresuradamente. Pero, ¿de dónde carajos salió esta mujer?

Mueve las piernas, Andreas. Actúa, has algo que no te haga quedar en ridículo, regaña mi subconsciente. Acto seguido veo como Brant se acerca a ella y la saluda con su sonrisa cálida y esta le responde el gesto. ¡Mierda! ¡Aléjate de ella Brant!, grito en mi interior.

No logro escuchar muy bien lo que le dice para que esta sonría, pero en este instante mis piernas reaccionan y camino a paso rápido hasta ellos.

—Buenos días, bienvenida, soy Andreas Zlemberger —extiendo mi mano.

—Un placer, Andreas soy Aitana Quiroga, la nueva jefa del departamento de producción. —Estrecha mi mano e inmediatamente siento una especie de corriente recorrer por todo mi cuerpo.

Me sonríe de un modo que solo yo puedo deducir como especial, aunque quizás no sea así. Pero es que me tiene impregnado su belleza y el aura natural que emana de ella. Jamás me había topado con alguien parecido, es como si todo lo que me rodea se congelara por unos minutos…

Mi padre comienza a explicarle cómo se manejan los procedimientos dentro de empresa y realmente ni siquiera soy capaz de prestar atención a lo que dice. Ella le responde, plantea y argumenta sus ideas, a lo cual llego a una simple conclusión, esta mujer sabe lo que hace y lo peor del caso, es que su presencia será mi pequeña maldición.

Aitana

No sé si únicamente me pasa a mí, pero siento que los fines de semana pasan demasiado rápido. Todavía me parece ayer cuando recibí la llamada de la empresa y justo ahora estoy frente a los malditos hijos del Dios Zeus, porque eso mismo es lo que parecen. Carajo si hasta el mismo señor Armin Zlemberger parece salido de una revista.

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Los Hijos del CEO

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