Portada de la novela Lo que llaman un amor desastroso [Libro II]

Lo que llaman un amor desastroso [Libro II]

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El destino entrelaza los caminos de dos almas heridas en esta secuela cargada de misterio. Tras una fachada de mentiras y recuerdos que se niegan a morir, surge una realidad devastadora que promete desatar una oscuridad sin precedentes. Este reencuentro no solo despierta deseos prohibidos, sino que somete a los protagonistas a un calvario de dolor físico y tormento emocional. En un entorno implacable, la tragedia acecha mientras el abismo se abre ante ellos.

Lo que llaman un amor desastroso [Libro II] Capítulo 1

Lo que llaman un amor desastroso.

Capítulo 1: Ella ha vuelto.

—Betsy Blair—

—Sabía que mi corazón no me podía fallar —no tenía la menor idea de qué hacer al verla de nuevo. Mi corazón quiere salirse y por más que la tenga en mis brazos no siento que ella sienta la misma alegría y nostalgia de verme—. No podías estar muerta.

Me aparta con rapidez y me mira de pies a cabeza. Parece que no me reconoce.

—¿Quién eres? —me rio al pensar que es una broma, y me frena—. ¿Pregunté quién eres? ¿De dónde saliste? —ya no era gracioso que hiciera como que no me conoce. Ya sé que mi ropa está húmeda y mi cabello despeinado por el agua lluvia de hace un rato, pero tampoco estoy tan desastrosa como para que no me reconozca.

—¡Joder, Lía, ya no es chistoso! —La empujo por su brazo y ella me mira sin entender—. Soy Betsy, la chica loca que más quieres y no puedes estar sin ella —sonrío—. Venga, ya no hagas que no sabes quién soy. Yo sabía que estabas viva, que algo no estaba bien cuando tus papás dijeron que te habían desconectado.

Me mira como si tratara de recordar algo, y aprieta sus ojos negando con su cabeza. Tomo sus manos y solo las sostiene por segundos.

—No tengo idea quién eres, y menos de dónde saliste. No me gusta que tengas esas confianzas conmigo, yo apenas vengo llegando a esta ciudad —su petulancia me deja claro que ella no tiene idea quien soy. Quiero llorar aquí, pero no lo hago—. Te pediré que no me vuelvas hablar, y mucho menos a tocar. Mantén tu distancia.

Da la vuelta para irse y con un trozo en mi garganta le susurro.

—Dijiste que hasta en otra vida me ibas a amar.

Me mira sobre su hombro.

—¿Amarte? —camina hacia mí—. Aquí no tengo registro tuyo —con sus dedos me toca la cabeza—, y en mi corazón no hay indicios que alguna vez te amé. Las otras vidas no existen.

—Tú dijiste que sí existían.

—¡Y ahora digo que no! —Ataca—. No sé quién eres y ya bájale a tu plan ridículo de enamoradas. Yo no te conozco.

Abro mis ojos al sentir la primera gota de agua lluvia en mi cuerpo. Miro a Keisyth correr a mi lado para buscar dónde escondernos y recuerdo que cerca hay una enramada y ahí vamos. Los recuerdos de aquella vez donde vi a Lía en la editorial jamás se irán. No dejo de pensar que sea ella, nadie más puede parecerse a ella y tener esos ojos tan lindos que recuerdo todo el tiempo. Sentía doler hasta mi piel ese día cuando ella no me recordó, y aunque lloré como una bebé, ahí estuvo Keisyth. ¿Quién es ella? La misma chica que secó mis lágrimas aquel día en la editorial. La que me dijo que no llorara.

—Esos ojitos solo pueden estar así de triste por una sola persona —no me molesto en mirarla—. Lía.

—No puedo sacar de mi cabeza la imagen de ella —esta vez tampoco la miro—. Nadie puede parecerse tanto a Lía, pero lo que no entiendo es por qué no me reconoció, por qué parecía tan indiferente a mí.

—Debes dejar ir ese recuerdo que solo te está haciendo daño —Keisyth me toma por el mentón para que la mire—. Ella ya no está, ha muerto, y debes dejar ir su recuerdo. A ti te duele recordarla, y a mí me duele ver que no puedes olvidarla.

—Le dije que no podría olvidarla, aunque no estuviéramos juntas, y nadie va a lograr que la olvide.

—¿Ni siquiera yo?

—Ni siquiera tú.

No estaba mintiendo cuando le decía que ella no podría cambiar mis sentimientos hacia Lía, y no es que sea cruel, simplemente la verdad duele menos que una cruda mentira. Hace meses Keisyth está conmigo, y nunca he tratado de ocultar lo que siento, no quiero que pase lo mismo que pasó con Mafe.

He querido dejar todo de un lado y hacer como si nada hubiera pasado, pero mi pasado me persigue a donde voy. Cuando pasó lo de la muerte de Lía, los señores Sellers se fueron de la ciudad, pero ellos nunca movieron un dedo para sacar a Berni del centro de rehabilitación. Y no es porque ellos no supieran que ella estaba allí, simplemente les daba vergüenza saber que tenían una hija que en algún momento tuvo problemas con el alcohol y algunas sustancias dañinas.

Parece extraño, pero es tan real que mis amigos y yo nos alejamos, hasta el punto de solo darnos una sonrisa al vernos por los pasillos de la universidad, o en el salón. «Nuestra amistad estaba quebrada». No les tengo rencor por el hecho de alejarnos, pero me duele que me hayan culpado de lo que pasó hace algunos meses. Tal vez hice mal en gritarle a Brian que era un cobarde por regresar a casa de sus papás, pero estaba enojada de saber que él por el dolor de la muerte de Carper y la falta de dinero regresara a su casa. Sí, haciendo como si le gustarán las niñas, y mandando al demonio al chico con que vivía.

No estaba de acuerdo que regresara con esos señores que le hicieron tanto daño, solo por ser homosexual. Hace menos de dos meses regresó mi padre a casa, y me enteré de que se alejó porque se enteró de que yo era lesbiana. Yo siempre lo extrañé, preguntaba por él, y mamá decía que por su trabajo no podía venir, y todo era mentira: papá no quería estar cerca de mí. Fue doloroso saber la verdad, pero no he permitido que papá se meta en mi vida, cuando fue él el que nos dejó a mamá y a mí.

—Hola —me saluda Evangelina cuando me ve llegar. Berni decidió dejar el centro, y no conozco sus razones, pero deben ser muy poderosas para que ella quiera irse de aquí—. Berni te está esperando, está en su habitación.

—Hola, Eva —le digo antes de irme directo a la habitación donde se queda mi amiga. A ella la venía a ver cada vez que tenía visita, no quería dejarla sola, así como un día ella y los chicos me dejaron.

Tiene en la cama sus maletas, y al verme me sonríe. La abrazo por unos segundos y ella hace lo mismo, hasta que nos alejamos.

Me mira dejando salir aire por su boca.

—¿Ya lo sabes? —juega con sus manos—. Mis papás vuelven a la ciudad esta tarde.

Tampoco es que me interese verlos.

—No lo sabía, ¿te quedarás con ellos? —hace silencio—. Berni, ¿sales de aquí porque ellos te lo han pedido o pasó algo?

—Ella ha vuelto.

—¿Quién es ella? No te entiendo nada.

—Mi hermana.

—Por Dios, Berni —me rio—. Tu hermana Judith volvió hace rato, ¿o ya se te olvidó que vino aquí a gritarte que le habías arrebatado el cariño de sus papás?

—No hablo de esa tipa —hace una pausa—, hablo de Lía.

Esto tenía que ser una broma de mal gusto. Yo la miré a ella llorar por la muerte de su hermana, y refugiarse en este maldito lugar. Siento mi corazón acelerarse, igual que mi pulso. Sin más las lágrimas salen por sí solas, y me siento en la cama, cubriendo mi cara con mis manos y dejando salir el llanto que llevo atascado en mi garganta. Siento unos brazos llevarme hasta su pecho, y por más que quiera ser fuerte no tengo idea qué decir o pensar. Me he tragado palabras que nunca pude decir, he ocultado mis miedos por estar sumergida en el dolor, y ahora ya no sé cómo controlarme.

—¿Có… cómo que ella ha vuelvo? —balbuceo en medio del llanto, y la alejo de mí—. Te vi llorar por la muerte de tu hermana, vi su cuerpo tan pálido como los copos de nieve, y tú me sales con que ella ha vuelto —me levanto, pero en medio de mi llanto cubro mis ojos con mis antebrazos—. Dime que esto es real, ¡dímelo!

Solo la veo secarse las lágrimas.

—No lo sé —es todo lo que dice.

—Quiero saber la verdad —me arrodillo enfrente de ella—. Llevo meses sintiéndome culpable por la muerte de Lía, todos me señalaban, y ahora que me dices que ella ha regresado yo no tengo la menor idea qué pasó. Tu papá me dijo que ella había quedado en estado vegetal, yo miré cómo la desconectaron. ¡Mierda, Berni! ¡Dime qué demonios está pasando!

—De verdad no sé qué pasó, mis papás dijeron que ella murió, y yo les creí todo este tiempo. Hasta hace dos días que recibí una llamada de ella, diciendo que quería verme y aclarar muchas cosas —seca mis lágrimas—. Yo estaba segura de que era una broma de alguien estúpido con ganas de joder, pero no era así. Mi hermana era quien me estaba llamando, ella me dijo cosas que solo las dos sabemos, que nadie más pude saberlas.

—¿Sabes? Hace meses la vi en una editorial, y ella decía que no se acordaba de mí, incluso le dije algo que habíamos hablado solo las dos, y no lo recordó. Pensé que era una broma, pero de verdad esa no era la Lía que yo conocía —paso mi mano por mi nuca, tratando de asimilar esto—. Parecía tan indiferente a mí, que me dolió. Llegué a pensar que no era Lía, pero ahora con lo que dices confirmo que ella está viva.

—¿Por qué mis papás nos mintieron? ¿Por qué en casi un año Lía no me buscó? ¿Por qué no se acordó de ti? ¡Arg! Quiero saber qué diablos está pasando, estoy vuelta un lío.

—Mi cabeza es un caos.

Tantas preguntas sin respuestas me tienen al borde del colapso, ya no sé qué hacer o qué decir. Si Lía no apareció en todos estos meses, ¿dónde está? ¿Dónde estuvo metida?

—Llegó la hora de enfrentar a mis papás, ellos nos tienen que decir qué pasó con Lía, y por qué nos hicieron creer algo que no es cierto.

—Necesito respuestas, y tus papás me las van a dar, una a una.

No estaba dispuesta a soportar otra mentira, ya suficiente tengo con el dolor que tengo en mi pecho por enterarme de la verdad a medias. Tengo mil dudas dentro de mi cabeza, necesito saber dónde está Lía, y por qué no me reconoció aquella vez cuando hablamos.

—Mi vida será un completo caos desde hoy.

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