Ese día, despejaron el Club de Golf Link, el club más extravagante y prestigioso de todo Flanmery, para un único invitado: Kaden, el líder actual de la familia Evans.
En Flanmery, los Evans controlaban casi todas las industrias importantes, y su influencia ya se había extendido más allá de las fronteras nacionales. A medida que se expandían en el extranjero, su dominio solo se hacía más fuerte, sin dejar rivales de peso.
"Abuelo, deja de mencionar ese acuerdo de matrimonio. Si sigues insistiendo, arruinaré a la familia Morgan".
La llamada terminó de forma abrupta. Kaden arrojó el celular a un lado, en dirección al asistente que, sin mirarlo, esperaba por ahí cerca. Tenía un palo de golf en la mano mientras se dirigía hacia el tee de salida. Sin embargo, en lugar de una pelota, había un hombre, acostado sobre el césped, rígido, con un tee apretado entre los dientes mientras el miedo inundaba sus ojos. Todo su cuerpo temblaba mientras luchaba contra el impulso de gritar.
"No te muevas, señor Holt", le indicó Kaden en voz baja mientras alineaba su swing, con un tono tranquilo pero amenazador. "Si arruinas mi tiro, ya sabes lo que pasará después".
El terror brilló en la mirada de Gerard Holt cuando el palo que el otro levantaba se sintió como una amenaza inminente sobre él. El palo cortó limpiamente el aire, y, con un agudo silbido, Kaden hizo volar la pelota con una fuerza brutal. La bola cortó el cielo, cayó limpiamente sobre el césped y continuó su camino hasta desaparecer en el hoyo sin vacilar.
En ese mismo instante, Hayley entró en el campo, sonriendo relajadamente. "Eso fue impresionante, señor Evans".
En cuanto los guardaespaldas de Kaden se dieron cuenta de que había una extraña, se acercaron rápidamente y formaron un círculo apretado alrededor de su jefe. Uno de ellos se abalanzó sobre la chica para agarrarla del brazo, pero ella se apartó con facilidad y lo hizo retroceder con una patada.
Una medio sonrisa cruzó su rostro mientras miraba directamente a Kaden. "¿Así es como tratas a tu futura prometida, señor Evans?".
¿Prometida? La sola palabra provocó una oleada de sorpresa entre todos los presentes. En Flanmery, ese hombre era famoso por mantener a las mujeres a distancia y no permitir que nadie se le acercara. Sin embargo, ahora esa chica estaba ahí, reclamando abiertamente ese título. ¿Acaso estaba buscando problemas?
Kaden soltó una carcajada mientras sus ojos se posaban en Hayley. La curiosidad brillaba bajo la burla. "Nunca había conocido a una mujer tan atrevida como para hablarme así", dijo despacio, bajando el tono mientras su mirada se endurecía. "Y también serás la última".
Con una burla desdeñosa, se apartó de ella, claramente no tenía interés en continuar el intercambio. Pero, sin previo aviso, un puñetazo se dirigió directamente hacia él. Kaden reaccionó por instinto, moviendo la cabeza lo suficiente para que el puño pasara rozando su rostro.
Su expresión se endureció en cuanto agarró la muñeca de la mujer y la jaló hacia sí, mirándola a los ojos. Algo salvaje y cruel se agitó detrás de la mirada de la joven, lo que hizo que el aire se sintiera cargado. Ante el peligro, Kaden la soltó y la empujó hacia atrás sin vacilar.
"Señor Evans, ¿estás listo para tener una conversación ahora?", preguntó Hayley con una sonrisa pícara.
La sospecha cruzó el rostro de él mientras la estudiaba. Después, desvió la mirada hacia los guardias que ya se adelantaban y les ordenó: "¡Retírense!".
Los guardaespaldas se quedaron paralizados por un momento y después retrocedieron de inmediato con cara de irritación.
"Manada de inútiles", murmuró Kaden, volviéndose hacia la joven. "Tienes un minuto".
"Me llamo Hayley Morgan. Soy la hija de la familia Morgan".
"Ellos solo tienen una hija. Emmalyn".
Dicho eso, Kaden entrecerró un poco los ojos y levantó una mano, indicándole a su asistente, Ian Clark, que se acercará, quien obedeció, diciendo: "Señor Evans, lo confirmé. Esta mujer es una Morgan. Su identidad nunca se hizo pública. Hace cuatro años la metieron a la cárcel y hoy mismo la liberaron".
Kaden puso cara de curiosidad mientras sonreía lentamente. "Así que en cuanto saliste de la cárcel, viniste directamente a mí, anunciándote como mi futura prometida. Esto se está poniendo muy interesante. Explícame qué estás haciendo aquí".
"Quiero casarme contigo".
Hayley habló antes de que Kaden pudiera decir algo. "Señor Evans, tu abuelo te ha estado presionando con el matrimonio últimamente, ¿verdad?".
Ignorando la intimidante presencia del hombre, se dirigió con determinación a un sillón cercano y se acomodó. "Tu abuelo es todo para ti. Puede que le digas que no a la cara, pero en el fondo temes que disgustarlo pueda afectar su estado de salud, ¿no es así?".
"¿Cuál es tu punto exactamente?", preguntó él, frunciendo el ceño mientras su aguda mirada se fijaba en ella.
Su actitud no revelaba la menor preocupación; de hecho, se comportaba como si dominara por completo la situación.
"Podríamos casarnos por conveniencia". Hayley hizo rodar sus gafas de sol entre los dedos y habló como si estuviera charlando del clima. "Eso calmaría a tu abuelo y te liberaría de la presión constante. Además, así mantendrías a raya a todas las mujeres que intentan conquistarte".
"¿De verdad crees que eso me importa?", soltó Kaden con una risa contenida, intensificando su tono frío. "Señorita Morgan, no estás en posición de utilizarme".
"Desde luego no propondría un matrimonio solo basándome en eso", respondió Hayley, sonando despreocupada, mientras cruzaba sus largas piernas antes de mirar hacia Gerard, quien seguía acostado en el césped. Después de una breve pausa, continuó: "¿Por qué no hacemos esto más interesante y apostamos algo?".
Con cara de curiosidad, él le preguntó: "¿De qué tipo de apuesta estamos hablando?".
Levantándose, la joven tomó un palo de golf del estante y lo probó con un breve swing. "El proyecto Utopia del Grupo Evans perdió cien millones de dólares por los errores del señor Holt. Ahora que él ya no puede gestionar el proyecto, necesitas un sustituto".
Kaden frunció aún más el ceño. "¿Entonces vas tras de ese proyecto?".
Sin siquiera mirar la cara de desesperación de Gerard, Hayley se preparó para golpear. "Si hago un hoyo en uno, me entregarás Utopia. ¿Qué te parece?".
Eso no era lo que él se esperaba. Supuso que esa mujer le pediría que aceptara su propuesta de matrimonio, pero su exigencia lo tomó por sorpresa.
"Trato hecho".
"Señor Evans, tu determinación es impresionante".
Hayley entrecerró los ojos, concentrándose, mientras golpeaba la pelota con todas sus fuerzas, la cual pasó zumbando junto a Gerard, dejándolo clavado en el sitio, como si el swing le hubiera quitado el aire.
La pelota se elevó y dibujó un arco perfecto en el cielo. Todas las miradas de la multitud siguieron su trayectoria, con la respiración contenida, esperando lo que ocurriría a continuación. Con un chasquido seco, la bola cayó con precisión en el hoyo.
Los espectadores soltaron jadeos y murmullos. ¿De verdad eso lo podía hacer una principiante? Ni siquiera los expertos más avezados conseguían siempre un golpe tan perfecto.
Kaden aplaudió lentamente, y su expresión cambió cuando un destello de respeto asomó en sus ojos. "Señorita Morgan, tengo que admitir que tus habilidades para el golf son excepcionales. El proyecto es tuyo".
"Gracias, señor Evans. Pasemos al asunto principal".
Con expresión sombría, él respondió con frialdad: "No cabe duda de que eres una caja de sorpresas. Pero, en cuanto al compromiso, mi respuesta es no. No necesito una esposa solo para calmar a mi abuelo".
La negativa no provocó ninguna reacción en Hayley. Por el contrario, con calma, ella sacó una carpeta y se la entregó. "Revisa primero este documento".
Sin esperar respuesta, se alejó con paso firme y declaró: "Estaré esperándote en casa".
Kaden quiso responderle que estaba delirando. Sin embargo, cuando sus ojos recorrieron los documentos que estaban en la carpeta, se puso rígido y todo su semblante cambió en un instante. ¿De dónde diablos había obtenido esa información? ¿Quién era esa mujer en realidad?
"¿Señor Evans?", lo llamó Ian al verlo tan inmóvil.
"Prepara el auto. Vamos a visitar a la familia Morgan".
"¿Para qué?".
"Para hablar con ellos sobre el compromiso".