Paula
No fue fácil, pero con la ayuda de mi madre y amiga logramos avanzar en esto. Ya con casi cuatro años mi hijo hablaba bien, hasta leía y hacía sus primeros trazos, era muy bueno dibujando, así que lo puse en clases de arte. Me encantaba verlo tan concentrado con sus colores y cómo sonreía al terminar sus dibujos. En ese tiempo mi madre conoció a alguien y comenzó una relación. Pensé que era hora de que fuera feliz, aun cuando el hombre no me inspiraba confianza.
Aun así, la vida continua, pero luego de unos meses, mi instinto no me falló. Pues un día que fui a recoger a Lucían temprano llegué a casa y él estaba allí, mi madre le había dado una llave. Craso error, porque mi hijo venía dormido en mis brazos, así que lo acosté y cuando salí de su habitación, mi boca fue tapada. Me arrastraron hasta mi cuarto y allí, aunque traté de defenderme, fui violada con un cuchillo en el cuello. Dijo que si decía algo mataría a mi peque, me asusté, temblé por mi hijo.
Lloré mucho ese día, me sentía sucia y no podía decirle nada a mi madre, no pensé que fuese justo hacerlo. Así que llamé a mi amiga que vino corriendo a ayudarme. Al verme la marca en el cuello quería matarlo, quería que lo denunciara, pero le dije que no quería ver desilusión en los ojos de mi madre otra vez, no le conté cómo me había amenazado. Y sé que estuvo mal tomar a mamá como excusa, pero ese hombre es peligroso. Al final convencí a Ali de que lo dejara, así que me ayudó a recoger todas mis cosas y la de mi hijo, nos mudó con ella. Incluso me hizo tomar la pastilla del día después por si acaso, pero al menos ese asqueroso se protegió.
Aun así, ahora tenía otro problema, mi madre, como convencerla de porque me mude. Le dije cómo excusa, de que era hora que tuviese su propia vida y por eso me mudé, ella no me creyó mucho, aun así, me dejó seguir. A veces insistía en que volviera con ella, pero siempre busqué la forma de escapar. Más cuando me hablaba de que Andrés decía que regresáramos, que la casa se sentía vacía sin el niño. Temblaba de asco y rabia de arriba abajo con ese ser tan despreciable, como quisiera que se alejara de mi madre, pero ella es tan feliz que no puedo.
Pero escuchando cómo trataba de hacerme volver, sabía que ese hombre volvería a intentarlo, por lo que me protegí con gas de pimienta y comencé a aprender defensa personal. Incluso cambié a mi hijo de jardín infantil y no le dije a mi madre ni donde vivíamos, si quería vernos nos encontrábamos en la calle, bien lejos de donde vivía. Me volví algo paranoica, pero no dejaría que volviera a lograr su objetivo de nuevo y mucho menos a dañar a mi bebé.
Entre todo ese tormento del avance de mi hijo, el trabajo, los estudios y el olvido unido a la vergüenza y el dolor, llegamos al siguiente año. El cual sería, sin saberlo, un tiempo turbulento para todos nosotros. Todo comenzó cuando Alana llegó un día con la noticia de que su prometido regresaba del extranjero al fin. La verdad es que nunca entendí bien esa relación a distancia que llevaban, solo sé que a los dos años de ella estar estudiando conoció a este chico y se enamoró perdidamente. Pero él estaba atendiendo proyectos afuera y por eso viajaba mucho, así que se veían cuando se podía. No sé cómo podían mantener el amor de esa forma, pero quién soy yo para criticarla, mi papel era apoyarla y si él la hacía feliz todo estaba bien.
Ella estaba muy emocionada, no cabía en sí misma, porque a la semana él le propuso matrimonio y quería que se casaran enseguida. No me extrañaba la verdad, demasiado tiempo de un noviazgo a distancia, si tanto la amaba claro que la querría a su lado ya. Por supuesto que yo sería la dama de honor y estaba más que feliz, hasta que llegó el día de conocerlo.
Entré al restaurante donde acordamos el encuentro, no sé por qué estoy nerviosa y tan solo cruzar la puerta descubro el motivo. Encuentro los mismos ojos que me miran a diario, los de mi hijo. Mi boca se abrió de par en par al igual que mis ojos, sentí que dejé de respirar y mi piel se enfrió. Al parecer él no me reconoció, pues solo me miró como una extraña y le dijo a mi amiga que quien era yo, si era conocida de ella.
Ali al verme tan mal corrió hasta mí y me pregunto qué me pasaba, solo pude decirle que deseaba agua. Enseguida me busco un vaso y después de tomarla logré calmarme. Mi cabeza era un tormento, como diablos podía pasar algo así, ¿cómo iba a decirle a mi mejor amiga que su futuro esposo era el padre de mi hijo?
Como si algo allá arriba por esta vez quisiera ayudarme, recibo una llamada de la que cuida de Lucían. Me dice que este tiene una fiebre muy elevada y eso me preocupa, pues llevaba ya días con tos y falta de aire. Así que en puro nerviosismo le cuento a Ali que sucedió y luego de decirme que me vaya al estar igual de preocupada que yo, me voy corriendo sin pensar en nada más. Desde ese momento mi vida fue cuesta abajo, ni yo imaginaba todo lo que pasaría después de ese encuentro que había decidido negar.
Al llegar y ver a mi hijo casi sin poder respirar, perdí el control. Temblando lo tomé en brazos y monté en el auto. Maneje a gran velocidad hacia el hospital, cuando me vieron entrar atacada en llanto con él en mis brazos enseguida me atendieron. Los seguí mientras lo movían a un cubículo en donde le pusieron oxígeno para ayudarlo a respirar. Cuando traté de llegar a su lado, una enfermera me cerró el paso e hizo que me sentara en el pasillo a esperar. Luego de una hora, creo yo que fue el tiempo que pasó, casi punto de volverme loca escuche que me llamaron para informarme que estaba estable. Que tenía una neumonía, por lo cual se le indicaron análisis y estaba recibiendo oxígeno, ya que le era difícil respirar. Debido a todo esto es lógico que se quedaría ingresado. Agradecí por toda la atención que le han dado y le pedí verlo, asintió y me llevó hasta mi peque.
Paula
Al verlo sentí alivio, pero luego comenzó el verdadero infierno, al ver cómo lo pinchan y escuchar su llanto porque hubo que entablillar su bracito para que no se arrancará la aguja. Tuve que sentarme a hablar con él, ya que fue terrible cuando lo inyectaron para bajarle la fiebre, pero era necesario que se dejara hacer todo. Con calma, besando su frente y acariciando su brazo le expliqué por qué le hacían todo, ya había aprendido que, con él, las cosas no eran a porque sí, había que decir el porqué de todo. Luego de que nos llevaron a su habitación, logré que se durmiera mientras le cantaba y pasaba mi mano por su hermoso cabello ondulado.
Toda la noche estuve sin moverme, solo cuando venían a ponerle la medicina ayudaba a calmarlo. Verlo así me rompía el corazón y lloraba sin que me viese, al siguiente día tenía que llamar al trabajo y fue cuando descubrí que estaba sin carga, por suerte en mi cartera llevaba el cargador. Tenía hambre, así que le pedí a la enfermera que lo vigilara unos segundos para ir a comer algo.
Cuando regresé, logré encender el teléfono, casi me explotaba de tantos mensajes y llamadas perdidas. Mi madre y amiga se llevaron el premio de saturar un teléfono. Entre tantas notificaciones, al final pude de casualidad ver la llamada de mi trabajo. Al llamar a este casi me despiden, me dijeron que debía presentarme allí al siguiente día. No me quedaba de otra que pedirle a mi madre que me lo cuidara para ir a solicitar mis vacaciones o una licencia si me lo aceptaban.
Así que a la siguiente que llamé fue a ella. Por supuesto que mis oídos casi explotan al contestarme. Incluso me colgó, tan solo le dije que estaba en el hospital San Genaro con Lu enfermo de neumonía. Miré el teléfono sin poder creer lo que acababa de pasar, negué y nada más pasé a la siguiente persona. Llame a Alana y para mi sorpresa, está repitió el mismo patrón, mi hijo era la vida de estas mujeres, era un dios o algo así. Perdían los estribos si escuchaban que algo malo había pasado con él.
Quince minutos después:
Mi madre entró como una loca, luego de lanzarme unas bolsas y lavarse las manos corrió a abrazar a su niño que estaba dormido. Había traído comida y ropita para él, me alegro de que lo hiciera, ya que no había podido ir a la casa. Me hizo un interrogatorio de cómo estaba, de qué medicamentos llevaba y todo.
Cuando al fin se calmó, entonces le conté todo lo que había pasado con el novio de Alana. Casi le da un ataque, me dijo que debía decírselo, pero cómo haría semejante cosa, no podía ser yo la causante de la ruptura de un amor tan grande. No, me negaba a que mi hijo causara un desastre así. Quizás al final ni ganaba un padre y perdía a una tía. En eso ella me dio la razón y decidimos dejarlo de este modo, era mejor jamás volver a tocar ese secreto, moriría conmigo.
Mamá recibió una llamada y me dijo que Andrés venía para el hospital, aquello fue como un balde de agua fría. Tenía que salir de allí, por nada de este mundo ese hombre podía saber dónde vivía. Le pedí a mami que vigilara al peque para ir a casa a tomar un baño y traer ropa para cuidarlo. Salí disparada del hospital, entré a mi auto y me dirigí a casa, para hacer todo rápido y regresar lo más rápido con mi hijo.
Lucas
—¿Por qué siempre haces lo mismo? Yo te amo y tú no haces más que acostarte con todas las mujeres que se te cruzan. Estamos comprometidos, deberías respetarme.
—Tú eres la única que quieres seguir con esto, si no he roto nuestra relación es por nuestras familias. Pero tú mejor que nadie sabes que no te quiero, no deseo tener una relación contigo. Y basta, no voy a seguir teniendo esta discusión contigo, me voy.
La dejé allí en aquella habitación, por lo otro que seguía con ella era porque era buena en la cama, no lo niego. Pero estaba harto de tener que soportar, realmente no quería nada con ella, siempre estaba tratando de manipularme y odiaba eso. Vivian Bolso es una mujer inteligente, hermosa y preparada, pero caprichosa, celosa a muerte y algo manipuladora, todo eso apaga sus buenos puntos para mí.
Jamás me he visto en un futuro a su lado, no la deseo como la madre de mis hijos, no soportaría sufrir a diario sus ataques y sus controles. Si no fuera por la relación entre nuestras familias, ya hubiese roto este compromiso. Sé que en un futuro me dará problemas, algo me dice que quitársela de encima será casi imposible.
Me dirijo donde están mis amigos en el club, tan solo cruzar y varias chicas se me acercan, pero hoy realmente solo quiero paz. Me lanzo en el mueble y todos me miran, saben que algo pasó, pero ni preguntan. Sobre todo, mi gemelo que me conoce a la perfección, nada más me pasa un trago mientras me hace seña con la cabeza. Poco a poco me relajo mientras conversamos de cualquier cosa, somos cinco chicos que hemos venido juntos desde pequeños.
Todos hijos de familias con poder, desde un senador, hasta un empresario como el nuestro. En nada los otros chicos ya tienen a mujeres en sus piernas, pero ni yo ni mi hermano estamos hoy en eso. Yo por mi ánimo y Zack por acompañarme, siempre hemos estado uno para el otro sin dudar.
Estamos ambos mirando hacia la pista y hay dos chicas que nos llaman la atención. Enseguida quedo hechizado por la del cabello castaño, su sonrisa me atrae como abeja a la miel. Como mueve sus caderas me enciende, juro que no miro con malicia, pero el solo verla me hace desearla.