Capítulo 2

Rosalin escuchaba en su cabeza una discusión:

-¿Vienes a pedirme dinero? Pues, déjame decirte que el dinero se acabó, Evelin. Tuve muchos gastos con la enfermedad y el funeral de mamá y luego tuve que cubrir los gastos de la enfermedad y el funeral de la abuela. ¡SOLA!

-¡Tranquilízate! ¡Ya te dije que tengo un marido con dinero que me da todo lo que quiero! ¡Sólo tengo que pedírselo! – Dijo Evelin –

-Pues, entonces, ¡pídeselo! – gritó Rosalin –

-No es fácil – dijo su hermana – Creo que lo mejor es que vengas conmigo y así él te lo dará más pronto –

Rosalin conocía  a su hermana muy bien.  Sabía que era mentirosa y manipuladora y en este momento estaba desesperada.  No tenía a nadie más a quién acudir, así que decidió aceptar la propuesta de Evelin e ir a hablar con su supuesto marido. Al día siguiente, tomaría el tren que llevaba a Hartford Park con ella, para ir a hablar con el hombre en cuestión. No le quedó más opción que encontrarse con ella en la estación de tren de Nashville, donde ella vivía y donde Evelin había venido para el funeral de su abuela. Debía humillarse delante de su hermana para que le consiguiera el dinero que estaba necesitando para salvar el hogar que había pertenecido a su familia por tantos años. 

Es por eso, que a la mañana siguiente se vistió con un blue jean y un sweater de lana de rayas horizontales rosa oscuro y negro de mangas largas y se puso el abrigo. Tomó su pequeña maleta y se dirigió a la estación de tren. 

Después del accidente fue llevada al hospital de emergencia, pero ella no fue consciente de nada. Estaba en un profundo coma donde veía a Evelin llorando por todos los juguetes que tenía Rosalin y no la dejaba jugar con nada. Rosalin sólo iba y abrazaba a su madre y ésta la consolaba dándole algún dulce o contándole una linda historia.

También vino a su mente cuando cumplieron 18 años y Evelin, se marchó con un chico con el que ella decía que amaba y su padre se llenó de tristeza.  Se volvió un bebedor hasta que un día vinieron a avisarles que estaba en el hospital porque había sufrido un accidente del cual no sobrevivió sino unas pocas horas.  Rosalin y su madre,  se encargaron del funeral, pero su madre, se sumió en una profunda tristeza después de eso y enfermó de un cáncer que la consumió rápidamente.

Al poco tiempo de la muerte de su madre, su abuela vino a vivir con ella y estuvieron bien juntas.  De vez en cuando,  Evelin se aparecía solicitando dinero, que ella le entregaba sólo para que se fuera y la dejara vivir en paz, hasta la muerte de su abuela que la hizo quedar en bancarrota por la dura y larga enfermedad que enfrentó.

Cuando Rosalin por fin despertó del coma vio que un doctor estaba allí examinándola y la llamaba, Evelin. También notó a un hombre atractivo y elegante parado detrás del doctor que la miraba con aspecto huraño. Ella quería hablar y decir que ese no era su nombre, sino el de su hermana, pero el doctor comenzó a hacer preguntas y ella tenía que concentrarse mucho para entender lo que le decía:

-¿Me escucha? – Dijo el doctor acercándose más y le dijo – ¿Entiende lo que le digo?-preguntó el doctor-

-Creo que sí – Dijo Rosalin –

-¿Cree que sí? – Preguntó el doctor – Muy bien ¿Cómo se siente? –

-Dolor – Dijo Rosalin con los ojos cerrados – Es todo lo que puedo sentir –

-Bueno, eso es normal en su situación. Tiene una contusión en la cabeza, tres costillas rotas y un esguince en el tobillo derecho – Dijo el doctor –

-Doctor: No tengo dinero para pagar el hospital – Dijo Rosalin –

-No se preocupe por eso Señorita Evelin. Eso ya está cubierto – Dijo el doctor – Dígame ¿Qué más siente? – Preguntó el doctor –

-¿Dónde estoy? ¿Qué hago en el hospital? – Preguntó Rosalin –

-¿No recuerda el accidente? – Preguntó el doctor –

-Yo – Comenzó a decir Rosalin, pero el dolor de cabeza se hizo más intenso al tratar de recordar y  se desmayó –

-El doctor la revisó y se volvió a decirle al hombre que se encontraba allí.

-Se desmayó. Ha debido ser por el esfuerzo. Hay que darle más tiempo. Parecía confundida – dijo el doctor –

El hombre sólo asentía y se sentó en la silla que estaba en el cuarto dispuesto a esperar por el despertar de… Evelin….

Al volver a quedarse dormida, ésta vez recordó cuando Evelin y ella, estaban en el colegio y tenían como 16 años.  La policía tocó la puerta y su madre abrió encontrándose con la noticia que Evelin había caído presa en una redada policíaca por encontrarse en una mala zona de la ciudad junto a consumidores de droga. Su madre, y ella salieron de prisa a pagar la fianza para liberarla y lo único que les dijo fue que le hicieron pasar pena frente a sus amigos al regañarla allí. 

Rosalin, Volvió a despertar.  El dolor de cabeza ya no era tan fuerte se pasó la mano por las vendas que tenía en las costillas y luego tocó las que cubrían su cabeza y trató de ponerse cómoda y todo su cuerpo disparó sensación de dolor  y gritó.  El hombre que estaba dormido allí en el sillón despertó y vino hasta la cama.

-Llame al doctor por favor. Tengo mucho dolor -dijo Rosalin, conteniendo las ganas de gritar otra vez.

-¡Qué bueno! Tal vez sea esa una manera de pagar tanto daño que has hecho, Evelin –

Dijo aquél hombre y ella, abrió los ojos sin entender y preguntó confundida:

-¿Qué? –

-Deja de fingir Evelin ¿Qué es lo que quieres ahora? – Preguntó el hombre con una mirada gélida en sus ojos marrones –

Cuando iba a decirle que estaba equivocado de nombre y de persona, entró el doctor

-¡Está de vuelta! ¡Qué bueno! ¿Cómo se siente? – Preguntó el doctor –

-Muy adolorida – Dijo mirando al hombre y luego al doctor –

-Poco a poco y con el debido reposo mejorará – Dijo el doctor –

-Sí, pero – Trató de decir cuando vio que la enfermera colocaba el medicamento en el suero y pronto se quedó dormida nuevamente –

-Si quiere puede ir a su casa, señor Duncan. Ésta señorita va a dormir por un rato. Tiene un poco de fiebre, pero ya se le está atendiendo igual que lo demás – El hombre la miró y respiró profundo asintiendo con la cabeza y decidió ir a su casa a ver a su pequeña hija y también tenía unas llamadas que hacer.

Pasaron tres días en esa situación. Despertaba confundida, temblando por la fiebre, sin poder decir ninguna palabra coherente. Al quinto día, se sentía un poco mejor. El doctor le dijo que ya había pasado el peligro de un shock debido al trauma tan severo que sufrió y fue cuando ella aprovechó para decirle al doctor la verdad de quien era y su verdadero nombre, pero no le creyó y la siguió llamando Evelin. Había algo que todavía no le habían dicho y ella continuaba soñando insistentemente con Evelin. 

Al octavo día de estar en el hospital, el doctor le dio de alta y se sentó junto a ella en la cama para decirle:

-Esto toma tiempo, Evelin. Te recuperarás,  ya verás y volverás a tu vida normal –

-¿Vida normal? – Dijo Rosalin y comenzó a llorar. El doctor se acercó y la abrazó. Se veía tan desvalida y necesitada de ayuda y de afecto –

-En ese momento, entró el hombre misterioso que había estado yendo a averiguar sobre su salud y le dijera palabras duras en cuanto tuvo oportunidad y observó la escena delante de él con sonrisa burlona y hasta cínica, entonces carraspeó.

-¿Está lista doctor?

-Sí. Le acabo de decir que ya está de alta – Dijo el doctor un tanto nervioso –

-Bien, porque estoy apurado –

-¿Qué? ¿A dónde me llevan? – Dijo Rosalin –

-Con el Señor Duncan ¿No te acuerdas de él? – Preguntó el doctor con una sonrisa –

-Ella miró al señor Duncan y luego miró al doctor negando con la cabeza.

-No quiero irme con él – Dijo Rosalin con lágrimas anegando su rostro y el hombre entornó los ojos ante lo que a él le parecía era una actuación magistral –

-Está bien. Es el señor Duncan. Él te va a llevar a su casa para que hagas tu recuperación – Dijo el doctor –

-No quiero irme con él. No lo conozco – Dijo Rosalin con lágrimas en su rostro –

-Tranquila. Poco a poco tu memoria volverá. Por el momento, te diré que él es el señor Kyle Duncan y es quien ha estado pendiente de la evolución de tu salud. Ahora te irás como niña buena con él y nos vemos en dos semanas para tu revisión médica. Sólo debes descansar y tomarte todos los medicamentos que te prescribí – Dijo el doctor –

Cuando el doctor salió el señor Duncan la miró con dureza – ¿Vas a cambiarte o tendré que hacerlo yo? – 

-¡No! ¡Yo lo haré! ¡Espere afuera! – Dijo Rosalin –

-¡Qué raro! ¡Ese golpe debe haber sido muy fuerte, porque nunca fuiste tímida! – Dijo Kyle levantando las cejas con una sonrisa sarcástica –

Rosalin, se puso las manos en las mejillas enrojecidas y le dijo con tono decidido:

-¡Salga, por favor! Para que yo pueda cambiarme – Dijo Rosalin un tanto molesta –

El señor Duncan, salió de la habitación con su sonrisa e inmediatamente ella buscó su ropa y comenzó a cambiarse. Adolorida, revisó su bolso que le habían llevado y su maleta. Se cambió de ropa y abrió la puerta del cuarto con la mirada en el piso para irse con aquél hombre que era tan hosco con ella.

El hombre la miró y no ofreció llevarle la maleta, así que ella sólo caminó detrás de él hasta el ascensor sin decir ni una palabra con una mano puesta sobre las costillas donde le punzaba para caminar.

Salieron y fueron hacia el estacionamiento. A ella le faltaba el aire pero decidió no decir nada que molestara a aquél hombre. Llegaron a la camioneta y él subió la maleta en la parte de atrás y le abrió la puerta del asiento al lado del conductor para que se subiera y comenzó subiendo un pie en el apoyadero y agarrándose de la puerta tratando de doblarse lo menos posible para no sentir las puyas dolorosas en sus costillas, hasta que logró sentarse. Sólo le faltaba meter ambos pies. Tenía que voltearse y lo hizo conteniendo las ganas de gritar. Cuando terminó de sentarse se volteó a verlo con sudor que llenaba su frente y entonces él se molestó porque tuvo que bajarse a cerrar la puerta, la cual lanzó estrepitosamente.

-¡Por Dios! ¡¿Cuál era el problema con ese hombre?! – Se preguntó Rosalin apretando los dientes por el dolor que sentía –

Se pusieron en marcha y ella iba agarrada muy fuertemente, tratando de no moverse, pero él estaba conduciendo de manera que parecía que caía limpiamente, en cuanto hueco había en el trayecto a su casa, después de unos minutos ella dejó de fingir y las lágrimas corrían por sus mejillas y no podía soltarse para limpiárselas, fue cuando él se volvió a verla y pareció calmarse el demonio que llevaba dentro. El resto del trayecto fue más tranquilo y llegaron a una hermosa casa, si es que a eso podía llamársele casa.  Era una plantación. Grande e inmensa. Fácilmente podía imaginar al general Lee dirigiendo sus batallas desde allí (Refiriéndose al general que enfrentó al ejército del Norte durante la guerra civil norteamericana) – Se dijo deteniéndose un momento a observar lo hermosa que era –

El señor Duncan le abrió la puerta mientras iba a bajar la maleta.

Al parecer, bajarse era más fácil que subirse – Se dijo Rosalin dándose cuenta que no iba a recibir ninguna ayuda del señor Duncan – Cerró la puerta con un brazo y lo siguió hacia la casa por el hermoso pasillo de cemento con arbustos y flores a cada lado. 

El señor Duncan abrió la puerta y entraron a la hermosa mansión que era más fabulosa por dentro que por fuera. Había allí una señora muy amable que él le recordó que era la Señora Smith y siguieron caminando por un pasillo que iba por un lado de la escalera que llevaba a un hermoso y cómodo cuarto con una cama con dosel digna de una gran escena en las obras de Jane Austen con un noble y sexi caballero – Se dio una bofetada mental porque no era momento de que su cabeza se alocara con tales pensamientos, sobre todo si el noble caballero tenía el hermoso y firme rostro que parecía cincelado por el sol del señor Duncan – 

-¡Ups! – Se dijo Rosalin – ¡Qué gran equivocación! Pues, éste tipo de caballeros siempre parecían tener un corazón tierno y noble y el espécimen llamado Kyle Duncan que tenía frente a ella no tenía ninguna de esas características. Se dispuso a escuchar porque al parecer, él tenía algo que decir:

-El baño se encuentra por allá – Dijo aquél hombre, cuyos ojos hacían que su corazón latiera muy de prisa saliendo del cuarto, cerrando la puerta tras de sí.  

Kyle se volvió a ver la puerta cerrada un momento y se quedó pensativo.

-¡Es que no, no podía ser! o ¿Podría ser?  Parecía diferente – Se decía Kyle –  La sentía desvalida. Por eso salió rápido de la habitación. Salió antes de sucumbir al deseo de besarla y abrazarla – ¿Qué le estaba pasando con esa mujer? ¡No podía volver a caer en sus tentáculos!  La dejaría allí hasta que se recuperara y luego la volvería a echar como la serpiente inservible que era.  No le permitiría volver a jugar con él.  Esperaría a ver qué sucedía los siguientes días y luego la echaría – se Dijo Kyle caminando hacia su despacho para ponerse al día con sus asuntos. Ya le había dedicado demasiado tiempo a esa mujer y su estadía en el hospital – Y no porque le importara demasiado, sólo era caridad. Como lo haría por cualquier otra persona – se dijo y se encerró en su despacho a trabajar

Capítulo 3

Había pasado una semana y Rosalin se había hecho de una rutina. A las 8 venía la Señora Smith con el desayuno. Tomaba sus medicinas y descansaba hasta el mediodía cuando venía la Señora Smith con el almuerzo. Tomaba medicinas y descansaba de igual forma para la hora de la cena. La verdad, se sentía incómoda en ésta situación. No le gustaba darle molestias a nadie, pero al parecer, el señor Duncan, había especificado que se le atendiera apropiadamente y ella lo agradecía, sólo que en cuanto tuviera la oportunidad, aclararía el singular asunto de que ella no era Evelin, sino su hermana Rosalin.

-Un día el Señor Duncan entró a su habitación y le preguntó:

-¿Cómo te sientes?

-Mejor. Gracias. Tengo que agradecerle por ser tan amable de dejar que me recupere aquí en su casa. No sé cómo podré pagarle por todo lo que ha hecho por mí – Expresó Rosalin como le había enseñado su madre –

-No te preocupes por eso. Tómalo como un regalo simplemente – Dijo Kyle mirándola extrañado, ya que eran palabras poco usuales en ella. Evelin Vonsaken nunca agradecía nada ni a nadie –

-Bueno, muchas gracias, señor Duncan ¿Se le ofrecía algo más? – Preguntó Rosalin, sintiéndose incómoda bajo el escrutinio de esos ojos marrones claros que, a veces se veían tan dulces, como ahora –

-Sí – Dijo el señor Duncan, respirando profundo – Vengo a decirte que mañana salgo de viaje por cosas de trabajo y regresaré en 15 días –

-Está bien. Espero que le vaya bien, aunque, no era necesario que me avisara. Yo no soy nadie aquí. Sólo una convaleciente – Dijo Rosalin mirándolo desde donde estaba recostada en las almohadas –

-Bueno, sólo te aviso por si intentas hacer algo en contra de la señora Smith o de Sarah, como la otra vez. Te advierto que la policía estará aquí en poco tiempo y te encerrarán. Esta vez me encargaré de eso, personalmente – Dijo Kyle saliendo de la habitación y dejándola muy asombrada pensando en qué sería lo que Evelin pudo haberles hecho a los habitantes de esa casa, para que el señor Duncan tomara esas medidas –

-¡De seguro no fue nada bueno! – Se dijo Rosalin y por lo que entendió, ésto también la incluía a ella, así que, cuidaría sus pasos en esa casa –

Una mañana después que se fuera el señor Duncan sintió un golpe en la puerta.

-Adelante – Dijo Rosalin y vio entrar a una niña como de 7 años – ¡Hola! –

-¡Hola! – Dijo la niña – ¡Disculpe si la molesté! ¡La Señora Smith salió al mercado un momento y me pidió que me portara bien y que no golpeara su puerta con la pelota pero es que se me escapó – Dijo la niña, sin levantar la vista del piso, lo que hizo enternecer el corazón de Rosalin –

-Está bien. Tranquila ¿Cómo te llamas? – Preguntó Rosalin –

-¡Sarah Duncan! – Respondió la niña con orgullo –

-¡Mucho gusto yo soy – Comenzó a decir Rosalin –

-Evelin – Dijo la niña con una expresión incierta –

Rosalin, no quería confrontar a la niña, así que decidió dejar el asunto así y sonreírle amistosamente.

-¿Qué estás haciendo? – Preguntó Rosalin, acomodándose en la cama sintiendo todavía la pequeña punzada en las costillas al moverse –

-Nada importante. Sólo jugaba con mi pelota – Dijo la niña –

-¡Ah ya veo! ¿Te gustaría que te leyera un cuento? – le dijo Rosalin, mirando al asombrado rostro de la niña –

-Sí. Tengo uno en mi cuarto que a veces mi padre me lee cuando no está tan ocupado – Dijo Sarah –

-Bueno ¿Qué esperas? Búscalo. Te lo leeré – Dijo Rosalin con una sonrisa –

-A partir de ese día, la niña venía a su cuarto para que le leyera cuentos y también la ayudaba a hacer tareas, manteniendo la pierna con el esguince en el tobillo en alto.

Rosalin comenzó a salir del cuarto caminando poco a poco y cojeando todavía. Quería explorar la casa. Se dedicó a hacer tour por toda la planta baja de aquella hermosa plantación o casa. Le encantaban los pisos de madera oscura y pulida. Había infinidad de puertas que llevaban a pequeños salones y al que creía era el despacho de trabajo del señor Duncan. El comedor, era magnífico de 21 puestos. Las paredes de toda la planta baja y especialmente las del comedor, estaban adornadas con muchas retratos de personas y paisajes. Se podía observar a través de la ventana, los hermosos jardines que rodeaban la casa, pero que ella no se animaba a visitar todavía hasta que se sintiera mejor.

Salió por una de las puertas del extenso comedor y la llevó al pasillo que iba por un lado de la escalera. Éste, también terminaba en una habitación como en la que ella dormía. Abrió la puerta y encontró lo que parecía ser un cuarto de costura. Tenía maniquíes con vestidos a medio hacer. Una gran máquina industrial que la hizo salivar, pues éstas, sólo las había visto en revistas. A ella le encantaba coser, aunque en su corazón sabía que no podría quedarse aquí, pues a su hermana la odiaban y a ella ni siquiera le habían dado la oportunidad de explicarse. Tal vez, se atrevería a coser algo para Sarah, aunque primero debía de pedirle permiso al señor Duncan. Tal vez cuando estuviera más recuperada, cosería un lindo vestido para Sarah, como los que su madre le enseñó a hacer. Lo haría como regalo de agradecimiento por las atenciones para con ella. Salió del cuarto y no se atrevió a husmear en las plantas superiores, porque todavía le dolían las costillas para subir las escalera, así que regresó a su cuarto a continuar con sus rutinas.

Una tarde se presentó un muchacho llamado Carlo y le dijo a la señora Smith que venía de la iglesia para llevarle la palabra a la enferma. La señora Smith lo dejó pasar al cuarto y le llevó una silla para que se sentara frente a ella, quien se encontraba recostada en la cama.

Era un muchacho maravilloso, con un gran amor por la vida y un gran sentido de caridad. A Rosalin, le gustó mucho la manera cómo hablaba, explicándole sobre los sufrimientos que pasamos por amor al Señor.

-Y entonces ella preguntó:

-¿Y los sufrimientos que pasamos por amor a nuestras familias y amor hacia una hermana entregada al mal? –

-En todo eso, encontramos al Señor también sólo hay que afinar la vista – Dijo Carlo con una sonrisa tierna –

-A ella le encantaba su compañía fresca, bondadosa y alegre y la invitó a ir a las misas en la iglesia. Ella le prometió que iría en cuanto estuviera mejor a lo que él le respondió:

-Al Señor no le importa cómo estamos físicamente. Lo que le importa es cómo lleves el corazón ante él –

-Ésta respuesta fue suficiente para que Rosalin recordara las palabras de su madre. Entonces ella decidió ir ese domingo y Carlos le prometió que vendría a buscarla e irían caminando poco a poco –

Llegó el domingo y Carlo vino a buscarla para ir a la misa, cuando llegó y comenzó a orar por su situación y por todo lo que había vivido. Oro por su hermana para que pudiera descansar en paz y por la familia que la estaban atendiendo. Comenzó a llorar inconteniblemente y luego comulgó y se sintió llena de paz lista para enfrentar una nueva semana y Carlo la acompañó de nuevo a la casa.

El Señor Kyle Duncan, había llegado de su viaje y estaba pidiéndole a la Señora Smith las noticias de la última semana especialmente sobre Evelin.

-Es todo muy extraño – Dijo la señora Smith – Antes se molestaba en lo que Sarah comenzaba a jugar con la pelota y comenzaba a gritarle. Ahora, habla con ella. Le lee cuentos y la ayuda con la tarea, con amor y paciencia. Como la mejor de las institutrices –

-¿Sí? ¡Qué raro! – Dijo el señor Duncan con las cejas levantadas – El golpe que se dio ha de haber sido muy fuerte –

-¡Y eso no es todo! – Dijo la señora Smith, bajando la voz y mirando a los lados para asegurarse de que nadie más la escuchara – Está viniendo un hombre. Bueno, es más bien un muchacho de la iglesia y la invitó a ir a la misa de hoy. Es allí donde está. Ya debe estar por llegar –

El Señor Duncan, comenzó a reír con cinismo.

-¡Es un buen show! ¡Ese muchacho ha de ser alguno de los drogadictos con los que se la pasaba o aquí estaba pasando algo más! ¡Ya lo descubriremos! ¡Como siempre! -se dijo y subió a su habitación a refrescarse y cambiarse para almorzar –

Al rato llegó Rosalin con Carlo a la casa y hablaron un poco más hasta que se despidieron y Carlo se fue. Rosalin, se sentía llena de energía y con ganas de hacer algo, por lo que se dirigió al cuarto de costura para ver si encontraba algo de tela que pudiera usar y ponerse a hacer alguna cosa.

Rosalin, se encontraba tan concentrada en hacer un pequeño bolso de tela para Sarah con el material que había encontrado, que no sintió la puerta abrirse sino hasta cuando escuchó una fuerte voz que le hablaba:

-¿Qué estás haciendo aquí, mujer del infierno? – Gritó el señor Duncan con el rostro desfigurado de la rabia. Rosalin, se levantó de repente del asiento y casi no sintió el dolor de sus costillas al hacerlo. Su corazón latía muy fuerte. Estaba muy asustada. Ese hombre parecía que iba a golpearla en cualquier momento y ni una palabra osaba a salir de su boca. Entonces, lo vio caminar hacia ella amenazadoramente –

-¡Te pregunte! ¿Qué estabas haciendo aquí? –

-¡Yo…. Yo….Yo….! – Fue lo único que atinaba a decir Rosalin –

-¡No tienes ningún derecho a estar en éste cuarto! – Gritó el señor Duncan – ¡Te lo dejé bien claro desde el primer día que pusiste un pie en esta casa! ¿Cómo te atreves a poner tus sucias manos sobre las cosas de mi difunta esposa? ¡Tú no eres nadie! ¡No tienes derecho a entrar aquí! –

-¡Lo siento! – Gritó Rosalin –

-¡Sal de aquí! ¡No vuelvas a entrar aquí! – Gritó el señor Duncan y Rosalin corrió tan rápido como el esguince y el dolor en sus costillas se lo permitieron –

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