Capítulo 2

Al otro día por la tarde, después de la comida, se reunieron todas las Coldwell, eran nueve mujeres, la abuela, sus tres hijas y sus cinco nietas, entre ellas Vane, solo faltaba Darius, él llegaría al día siguiente.

Las mujeres se encontraban reunidas en el gran salón de la propiedad, ahí era en dónde llevaban a cabo todas sus reuniones, la abuela Greta fue la que se acercó a la gran pantalla que se encontraba al frente.

Después de encenderla se pudo ver el rostro de un hombre, todas las mujeres concentraron su atención en aquella imagen, menos Vane que jugaba en su celular sin levantar la mirada.

—Niñ*, por Dios, pon atención, cuando menos danos tu opinión, ¿Alguno de ellos te gusta?

—¿Acaso tomarán mi opinión en cuenta? ¿No serán ustedes las que elijan qué hombre será el que se meta entre mis piernas?

—¡Basta! Vanessa Coldwell, has crecido y te has educado entre puras mujeres, a excepción de tu hermano, por eso es que no tienes idea de lo cruel que puede ser un engaño, y creeme, no hay hombre sobre la tierra que no engañe y haga sufrir a una mujer, ni siquiera Darius, por mucho que lo amemos, debemos ser realistas, lo trae en la sangre, es como si el ADN masculino no les permitiera ser fieles, siempre me he preguntado sí estarán programados.

—Tiene razón tu abuela, Vanessa, yo fui una tonta y creí en el amor de tu padre, mientras yo lloraba su ausencia en casa, él se revolcaba con otra, no debí de permitir que pasaras tantas horas viendo esas estúpidas series, ahí se maneja un romanticismo ficticio porque eso es lo que vende, es la historia que toda mujer desearía tener al lado de un hombre, pero hija mía, eso no existe.

Vane quería salir corriendo, perderse, le hubiera gustado desde muy chica emanciparse, así no tendría poder sobre ella su madre, y aunque era mayor de edad, había crecido escuchando que era su obligación aceptar su destino por ser una Coldwell.

Todas volvieron a fijar su mirada en la imagen del hombre que aparecía en la pantalla, después un breve video empezó a reproducirse, el hombre aquel besaba a una mujer que después bajaba de su auto, al marcharse de ahí, se dirigía hasta el otro lado de la ciudad para recoger a otra.

Era un hombre muy atractivo, de piel clara y cabello negro como el ébano, cuerpo fornido, y facciones casi perfectas, como todos los que elegían las Coldwell, al ver el caro auto que llevaba, se notaba que era millonario.

—Evenus Baltimore, como pueden ver, es guapo el hombre, un playboy incorregible, material dispuesto para lo que queremos, una chica nos ha contactado, la pretendió por meses jurando amor eterno, pero solo jugó con ella, en cuanto la chica se enamoro, se deshizo de ella, no sin antes obligarla a realizarse un abort*.

Las chicas miraron la pantalla con profundo odio.

—Sí no es el elegido, yo me encargaré de este. —Dijo Tanya, una chica que traía tintado en ese momento el cabello de un color azabache que era un poco mayor que Vanessa, tan solo había tres años de diferencia entre ellas.

—Pasemos al siguiente, Dominicus Vermont, hombre de mediana edad, coqueto y risueño, este fue elegido porque engaño a la hija de una amiga de la peor manera, pero el muy cínico se acostaba con las dos sin ellas saberlo, la madre y la hija compartían el mismo hombre, cuando se dieron cuenta, se burló de ellas, la chica intentó suicidars*, afortunadamente falló en el intento.

La abuela Greta pasó en la pantalla las imágenes de tres hombres más, era claro que a todos ellos les tocaría el turno de pagar lo que habían hecho, pero ahora estaban enfocadas en encontrar el que sería el primer objetivo y trofeo de Vane.

—Por último, él es Dante Damasco, Dadá como le dicen desde su juventud sus amigos.

Al ver al hombre que aparecía en la pantalla, las chicas dejaron de parpadear, tenían su mirada clavada en el rostro del hombre, incluida Vane, era un rubio con un rostro perfecto, en la fotografía se veía a través de la ventana de su auto.

Cuando el video comenzó a correr, las chicas suspiraron, sus madres y su abuela, voltearon a verlas a manera de reproche, ellas bajaron la mirada avergonzadas, en las imágenes que pasaban en la pantalla, Dante estaba en el gimnasio.

Llevaba puesta una playera sin mangas, que dejaba ver sus musculosos brazos, el pantaloncillo ajustado que llevaba, debido a la tela, permitía observar su duro y abultado trasero, se encontraba levantando pesas.

Cuando el hombre volteó, quedando de frente a la cámara, todas lanzaron una exclamación involuntaria de asombro.

—Este chico es, no hay más que buscar. —Dijo rápidamente Katrina.

—Sí, es perfecto, es el hombre que nuestra Vane merece. —Exclamó Sara.

Todas las demás dijeron lo mismo, Vane permanecía callada.

—¿Te ha gustado, muchacha? —Preguntó una de sus tías.

—No niego que es muy guapo, pero a ustedes tan solo bastó que le vieran el paquete para elegirlo, ¿Acaso han preguntado por qué lo han elegido para ser candidato? ¿Qué tal si resulta ser algún tipo de maniático?

—Es verdad, ¿Por qué lo han elegido? —Preguntó Tanya con curiosidad.

—Bueno, pues este chico, ha tenido la suerte de ser realmente guapo, y de pertenecer a una de las familias más poderosas que existen en Italia, aquí en el país también tienen un gran poder, los Damasco, son dueños de grandes empresas en Estados Unidos, pero es un secreto a voces que es un clan de mafiosos.

—¿Y no será peligroso para Vane meterse con ese tipo de gente? Recordemos que es inexperta, apenas empieza, no me gustaría que nada le pase.

—Niñ*, las Coldwell no conocemos el miedo, ¿O me equivoco? —La abuela volteó a ver a sus nietas, ellas bajaron la cabeza —Sé que Vane cumplirá con su misión a la perfección, por ser su primer trabajo, sí lo cumple satisfactoriamente, debido al riesgo, su trofeo tendrá un diamante más grande.

—¿Lo eligieron tan solo por ser mafioso?

—No, hija, ahora les cuento, este chico estaba comprometido con una chica muy bella, fueron novios por varios años, el día de la boda, él la dejó plantada en el altar, ni siquiera tuvo la valentía de darle la cara, tan solo le mandó una nota, ella ya se encontraba dentro de la oficina de la iglesia.

—¿Qué decía la nota, abuela? —Katrina como siempre de curiosa deseaba saber el contenido de aquella misteriosa nota.

—Calma, curiosa, ¿Qué decía aquella nota? No tengo la más mínima idea, la chica salió corriendo de ahí, no pudieron alcanzarla, la buscaron incansablemente, la encontraron días después en el fondo de un acantilado, la madre de la chica es la que me ha buscado.

Todas las Coldwell sabían que debían de cuidar que ningún hombre se enterara sobre su trabajo, a excepción de Darius, las mujeres que se acercaban a ellas, debían de firmar un acuerdo privado, sí se atrevían a revelar lo que ellas hacían, deberían pagar millones de dólares de indemnización, una mujer, las recomendaba a otras, pero siempre cuidando que no fueran a hablar de más.

Además ninguna de las mujeres que las conocían lo harían, les temían, sabían que podían acabar con ellas en un abrir y cerrar de ojos.

—La vida no es fácil para nadie, chicas, nosotras simplemente cumplimos un trabajo, un trabajo que nos permite vivir bien, con los mejores lujos, creo que ya es tiempo que dos de ustedes vayan buscando al hombre que será el padre de su hija, saben bien que cuando queden embarazadas, el hombre no debe enterarse, o tienen la opción de recurrir a inseminación artificial, ustedes deciden, pero a mi parecer, es mejor disfrutarlo.

—¿Quienes serán las próximas que se embaracen? —Preguntó Vane.

—Creo que está demás decirlo, serán las más grandes de edad, y no estoy diciendo con esto que ya están por convertirse en unas ancianas como yo, no, para nada, pero necesitamos asegurar que nuestro legado seguirá por generaciones, después de que se recuperen del parto volverán a su trabajo, entre todas cuidaremos a esas bebés, como siempre lo hemos hecho.

Katrina y Sara sabían perfectamente que la abuela se refería a ellas, y tenía razón, tenían que asegurar su legado.

—Bueno, es hora de terminar la reunión, creo que el ganador del premio es Dante Damasco.

—Pero yo no lo he aceptado. —Vane volteó a ver a la abuela.

—No es necesario, hija, ya todas han votado, y debido a tu inexperiencia, tendrás que aceptar la decisión que hemos tomado, aquí encontrarás la información necesaria sobre él —dijo la abuela, extendiendo hacia ella un sobre — está escrita información relevante sobre su vida, también hay algunas fotos que deberás observar muy bien, y una memoria con algunos videos, debes prepararte muy bien, analiza la información con detenimiento, en una semana se llevará a cabo tu exámen, espero puedas pasarlo.

La abuela no estaba jugando, se tomaban muy en serio su trabajo, el examen al que se refería, efectivamente se llevaría a cabo, le harían preguntas verbales sobre su objetivo, y el castigo por cada falló era duro, Vane lo había visto innumerablemente, desde que cumplió quince años la dejaban asistir al entrenamiento, debía de prepararse.

No tan solo le exigían rendimiento escolar, del cual había obtenido grandes logros, a su corta edad había terminado dos carreras, debido a su alto coeficiente intelectual, siempre la adelantaban de grado, era lo menos que se esperaba de una Coldwell, era lo que repetía la abuela constantemente.

Greta era amorosa con sus nietas, pero no por eso era blanda, dura como el hierro en cuanto a sus obligaciones.

Al terminar la reunión, una a una se despidió para después abandonar la mansión Coldwell, ahí solamente vivían Greta, Vane y su madre.

—Hija, espero que no me decepciones, anhelo que algún día puedas ocupar mi lugar, te he elegido como mi sucesora, por lo que debes saber que te exigiré un poco más que a las demás.

—Gracias por tu confianza abuela, pero siento que mis primas están mejor preparadas.

—Shhhh calla, no habrá discusión sobre esto, ya todas lo saben.

La abuela salió a paso lento de la sala de reuniones, dejando a Vane sin asimilarlo, la noticia le había caído como una bomba, ella que quería viajar por el mundo, conocer países, ciudades y paisajes, deseaba convertirse en una exitosa fotógrafa, todo eso antes de enamorarse, pero por lo visto no podría cumplir su sueño más grande.

Capítulo 3

Vane se dirigió hacia su habitación, llevaba el sobre entre sus manos, sentía que le temblaba sin poder controlarse.

Al entrar, colocó el pasador a la puerta, después se dejó caer sobre su cama, mirando hacia el techo, con los brazos abiertos, su mirada estaba fija sobre el techo.

El techo era una gran pantalla, donde todo el tiempo se reproducían imágenes del espacio en tiempo real.

La chica parecía hipnotizada, su mente iba de un pensamiento a otro, no entendía por qué no se le preguntaba sí estaba de acuerdo en llevar esa vida, para ella era difícil aún entender muchas cosas, aunque había crecido en medio de ese ambiente.

Así permaneció por algunos minutos, inmóvil, después se sentó para revisar la información sobre aquel hombre, tomó una de las fotos entre sus manos, en verdad que era guapo, atractivo y exitoso, un ideal hecho hombre.

—Así que tu eres mi objetivo, demasiado guapo, y no es mi mayor deseo que un hombre como tú me termine odiando, pero tengo que hacerlo, te pido disculpas de antemano, creo que tendrías alguna razón de peso para hacer lo que hiciste, nadie actúa sin tenerla.

Vane se dedicó los días siguientes a revisar la información detalladamente, no quería que su madre se molestara con ella por fallar, mucho menos su abuela, le tenía mucho respeto.

El día del examen, Vane se dirigió hacia la sala de reuniones, al entrar, ya se encontraba ahí todo el clan Coldwell, solo faltaba Darius, que había avisado que llegaría días después, debido a un retraso con documentos personales que eran importantes.

—Sí me siguen viendo de esa manera, me pondrán aún más nerviosa, y no podré hacer el examen. —Las chicas voltearon de inmediato hacia otro lado.

—Adelante, hija, toma el lugar que te corresponde al frente, será mejor que iniciemos de una vez el examen, haré la primera observación, la manera en la que te has presentado vestida, no es la adecuada, te has atrevido a presentarte ante nosotras en pijama.

—Lo siento, abuela, estamos en casa, y yo pensé que podría estar cómoda.

—Has pensado mal, para mujeres como nosotras, la imagen lo es todo, ¿Alguna vez has visto que aun con mi edad, me presento mal vestida a alguna de nuestras reuniones o eventos.

—No, abuela, lo siento. —Vane se sintió avergonzada, su abuela tenía razón, jamás la había visto mal vestida, ni siquiera en pijama, solo la usaba dentro de su recámara, y sus tías y primas eran iguales.

Vanessa pensaba que tenía que haber sacado mucho más de su padre que de su madre, eso respecto a su comportamiento, porque físicamente, las Coldwell eran muy similares, rubias de pelo largo ondulado, y de facciones parecidas, aunque ella se destacaba entre las demás por que era la menos exuberante, su cuerpo era natural, no se había hecho cirugías, y esperaba no hacerlo en el futuro.

—Ve a tu habitación a cambiarte, y regresas aquí vestida debidamente. —Ordenó con voz seria la abuela, la chica obedeció de inmediato, minutos después estaba de regreso.

—¿Lo ves? Así es diferente, toma tu lugar.

La chica tomó su lugar, era un pequeño sillón que habían puesto a medio lugar, las otras integrantes de la familia estarían sentadas al frente, era como una especie de interrogatorio, más que un simple examen.

Vane moría de los nervios, sentía las miradas inquisitivas de las mujeres sentadas frente a ella, solo harían preguntas las mayores, sus primas solo observarían su desempeño.

—Empecemos, por ser la cabeza de la familia, haré la primera pregunta, ¿Cuál es el nombre de tu objetivo? Describe su apariencia y gustos. —Vane pensó que esa era más que una pregunta, eran tres realmente, suspiró profundamente antes de contestar.

—Dante Damasco, conocido por sus amigos como Dadá, tiene 30 años, es rubio, ojos azules, corpulento, de los hombres es el más chico de su familia, gusta de ir al gimnasio, suele ir al club, ha participado en torneos de tenis, así como en la fórmula uno, que es otra de sus pasiones, las carreras de autos, gusta de hacer deportes extremos.

—Perfecto, veo que has cumplido con tu tarea, continuemos.

—¿Qué sabes sobre su familia? —Preguntó su madre.

—La familia Damasco es originaria de Italia, aquí en el país tienen varias empresas de diversos rubros, pero es un secreto a voces que su familia pertenece a un clan de mafiosos italianos, Procida es el lugar donde nacieron todos ellos, una pequeña isla en las aguas del Mediterráneo de tan solo 16 kilómetros de longitud.

—¿Quienes son los integrantes de su familia? —Preguntó la madre de Sara, su tía Caroline.

—Su padre es Dionisio Damasco quien tiene 60 años, y su madre, Claire de 56 años, Donatello es el hermano mayor 36 años, los gemelos Diego y Daniel 35 años, David 32 años y la más pequeña, Dina, de 19 años.

—Madre mía, esa familia ama los nombres que empiezan con la letra D. —Exclamó Katrina.

—¡Silencio! —Ordenó la abuela, la mujer se tomaba muy en serio aquello.

—Parece que has estudiado muy bien los archivos que te dimos sobre la vida de tu objetivo, eso es bueno, ¿Qué harás para acercarte a él? —Preguntó la madre de Katrina, su tía Constanza.

—Entraré a trabajar como su secretaria ejecutiva, he logrado investigar que la secretaria actual es la que trabajaba con su padre, está por jubilarse, así que me he proclamado para el puesto, tendré la entrevista en unos días más.

—Perfecto, se han terminado las preguntas, no deseo tampoco hostigarla con esto, creo que está preparada para su primer trabajo, las chicas deberán hablar con ella y darle consejos, aunque creo que no es tan necesario, Vanessa se ha educado para esto desde que cumplió los 15 años, pero bueno, deberán enseñarle sobre otros temas.

—Claro que lo haremos, abuela. —Dijo Tanya, al ser mayor solo unos cuantos años que Vane, sabía que en algunos temas era inexperta, así había ocurrido con ella.

Las Mujeres se dirigieron al comedor, después del supuesto examen acostumbraban una gran comida, poco después, llamaron al timbre insistentemente, el ama de llaves de mal humor se acercó a la puerta para ver quién era el atrevido que hacía que llamaba de esa manera.

—Mujer, pensé que no abrirías. —Un atractivo chico estaba parado frente a la puerta.

—Niño, Darius, que bien que ha llegado. —Exclamó la mujer, Darius la abrazó efusivamente.

Las Coldwell hicieron un gran revuelo al ver que el único integrante hombre de la familia había llegado, Darius era muy apuesto, rubio como todas ellas, alto y con un cuerpo lleno de músculos, resultado de extenuantes horas en el gimnasio.

—Mi divino hijo, has llegado. —Su madre se acercó a abrazarlo, él correspondió al abrazo.

—¿Y dónde está mi princesa? —Dijo refiriéndose a Vanessa, la chica se acercó a él sonriendo.

—Pero mira cuanto has crecido, me fui por cinco años, deje una niñ* y encuentro una hermosa dama.

Darius abrazó a Vanessa, alzandola entre sus brazos, comenzó a dar de vueltas, mientras ella reía, acostumbraba a hacer eso cuando era pequeña.

Después saludó también efusivamente a sus tías y a sus primas, por último a la abuela que observaba complacida lo que ocurría.

—Venga para acá la mujer más bella del mundo, pero mira nada más abuela, cada día más bella.

—Salamero que eres con tu abuela, hijo, cada día estoy más vieja.

Esa tarde fue de fiesta en casa de la familia Coldwell, hasta que a Katrina se le ocurrió decir que sería el debut de Vane.

—¿Qué estás diciendo? Mi hermana no hará nada de eso, ya lo he hablado contigo, madre.

—No puedes impedirlo, ella también pertenece a esta familia, ella y tú nos deben respeto y tienen que obedecernos, el que no lo haga, dejará de pertenecer a la familia Coldwell.

La abuela estaba sumamente molesta, era prácticamente una tradición entre ellas, y no pensaba dejar que terminaran con ella.

—No te preocupes, Darius, todo está bien, no hay problema. —Vane intentó calmarlo.

—Pero me has contado sobre tus sueños, ¿Qué hay de ellos?

—No importan, haré lo que me pide la abuela.

Darius era un rebelde, pero sabía que la abuela hablaba muy en serio, era una mujer amorosa, pero la peor enemiga si no se le obedecía al pie de la letra.

El chico salió a la terraza para fumar un cigarrillo, necesitaba calmarse, Vane salió un poco después.

—¿Desde cuándo fumas? —No sabía que lo hacía, él le contaba todo, pero había omitido ese detalle.

—Desde que trataba de hacerme a la idea de que debo cumplir con lo que la abuela me ordene, por un momento pensé en no regresar, en alejarme, pero eso sería no volver a verte ni a nuestra madre, y eso no podría soportarlo, por eso tardé algunos días más en regresar, lo estaba pensando.

Vane se acercó para abrazarlo fuertemente, Darius era tan soñador como ella, quería viajar, conocer el mundo, enamorarse de una buena chica, casarse y tener hijos, pero eso solo se lo contaba a ella, sus sueños eran similares.

—¿Entonces has pasado el dichoso examen?

—Lo hice, aunque fue más un interrogatorio que otra cosa, solo quieren asegurarse de que cumpliré bien mi trabajo, desde que murió la madre de Marianne, la abuela no permite que haya errores.

Dos integrantes de la familia habían muerto años atrás, la madre de Marianne a manos de su amante, y la madre de Tanya, que murió cuando ella nació, durante el parto, fue criada por la abuela y la madre de Vane.

—Hubieras hecho lo posible por no pasarlo, ¿Cuándo empezarás el trabajo?

—Sabes que eso en nuestra familia sería humillante, en unos días más conoceré al objetivo.

—Necesito que me des los archivos para estudiarlos, necesito saber que estarás a salvo.

—Te los daré más tarde. —Regresaron para unirse a las demás integrantes de la familia, ellas charlaban animadas como si nada pasara, era normal entre ellas la forma de vida que llevaban.

Por la noche, Darius revisó cuidadosamente los archivos, al hacerlo se sintió furioso, ¿Cómo demonios enviaban a la más pequeña de la familia a lidiar con un clan de mafiosos?

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