Capítulo 2

[Hassim Haram]

Hay un dicho que me dijo mi amigo Armando: “No hay fecha que no se cumpla ni hora que no se llegue” y la hora de la fiesta de mi cumpleaños se ha llegado. Toda una gran colección de auto de lujo en el jardín frontal de la mansión Haram junto al desfile de personalidades de todo tipo, políticos, jeques, empresarios y demás, todos llegan con regalos ostentosos. De manera irónica el más emocionado con esta fiesta es mi hermano al ver todos los regalos que estoy recibiendo mientras no para de decirme que espera que su próxima fiesta de cumpleaños sea al menos la mitad de grandiosa que la mía, no puedo evitar poner los ojos en blanco.

Reconozco a aquel hombre que una vez vi discutiendo con mi padre en el comedor de la casa. Se acerca caminando hasta donde estoy, no aparta la vista de mí. Siento la presencia de mi padre a mi lado. Aquel hombre de unos cincuenta años muy bien conservado, una barba perfectamente cuidada y muy bien vestido se acerca saludando con un abrazo afectuoso a mi padre.

—¿Dónde se encuentra el próximo heredero de la familia Haram? —pregunta como si no supiera. Agudizo la mirada puesto que es obvio que si ha venido a la fiesta sabe que soy yo quien está cumpliendo años. Papá se limita a apuntarme con la mirada. El hombre me saluda con un abrazo, felicitándome por mi día.

—Hassim, él es Omar Khan uno de los empresarios emergentes de Abu Dabi más exitosos de la actualidad, propietario de la naviera Khan Marine Corp, Khan… él es mi hijo Hassim Haram, próximo heredero de la familia y cabeza de mi empresa petrolera.

—Un gusto, Hassim, tu padre y yo hemos platicado sobre algunos planes que pueden beneficiarnos a ambas familias, espero que el día de mañana podamos reunirnos los tres para tratar este tema, podríamos triplicar la fortuna de nuestras familias.

Mi padre carraspea.

—Ese tema lo trataremos en otro momento Khan, no creo que un invitado deba acaparar la atención de mi hijo por demasiado tiempo, hoy es su fiesta de cumpleaños —mi padre analiza con la mirada al señor Khan —también creo que es falta de respeto presentarse sin ningún presente.

Aunque parezca ruda la actitud de mi padre, no me sorprende tanto como le sorprende al señor Khan escucharlo, es normal de mi padre ser altanero frente a las personas que considera son inferiores a él. Sin embargo, el señor Khan se limita a sonreír sin desaparecer el entusiasmo de su rostro.

—Lo sé Samir, hoy sólo vine a conocer a tu hijo, pero estoy seguro que el obsequio de cumpleaños que tengo preparado para ti Hassim es mucho más valioso que cualquiera de los regalos que recibas hoy —él hombre le guiña un ojo a mi padre esbozando una sonrisa traviesa, frunzo el ceño, no entiendo nada de lo que dicen pues pareciera que hablan entre sí en forma de clave, sólo ellos se entienden y eso me genera demasiada intriga. Mi padre le corresponde con la misma sonrisa.

—Ya entendí mi amigo, estoy seguro que será del agrado de mi hijo —el señor Khan se despide de mi con una palmada en el hombro y con mi padre con un gran abrazo mientras dice que lo considera como si fuéremos familia, me han desconcertado, escuchar eso de mi padre es realmente raro.

La fiesta da inicio, vemos como los artistas contratados para encargarse del entretenimiento comienzan el mientras que algunos invitados se acercan a mí para presentarse. Esta noche he conocido muchas personas que tienen interés con la empresa de mi padre ya que es una de las más cotizadas de los países de oriente y al estar él a punto de retirarse eso me convierte ahora en el blanco perfecto de los que buscan hacer negocios con la petrolera de la familia. Mi padre siempre ha sido muy precavido, todas las inversiones que hace siempre son seguras para no tener pérdidas, él espera mucho de mí, desde niño tuve una educación especial, una agenda llena de clases de inversiones, estadística y administración por ello es que soy tan bueno con los números. Nos sentamos todos alrededor de la mesa principal, en este tipo de fiestas sólo somos hombres, no hay mujeres por lo que me siento algo cómodo en este ambiente. Para mi sorpresa dos empleados instalan rápidamente un proyector donde se pueden ver fotografías de mujeres jóvenes, en cada una de ellas se puede ver la leyenda del apellido familiar al que pertenecen.

—Cada una de estas jovencitas, ésta preparada para cuidar de un hombre como tú, ahora son las opciones que tengo para elegir a la adecuada para ti Hassim —dice mi padre acercando su rostro a mi oído. Frunzo el ceño, no conozco a ninguna de ellas. Ninguna ha llamado mi atención.

—¿Por qué no puedo elegir yo a mi esposa, Padre? —pregunto sin si quiera pensar en mi error.

—Es costumbre que familias poderosas concreten matrimonios entre sí, ya lo deberías saber hijo, son las tradiciones de nuestro país, cada una de ellas ha sido educada para formar un hogar, cuando cumplas veintiún años estarás listo para contraer matrimonio y ser el nuevo sucesor del negocio familiar.

De pronto siento un vacío en mi interior, nunca he pensado en matrimonio, no quiero casarme con alguien que no conozca, que tal si no hay una conexión entre los dos. Mi estomago se revuelve con tan solo pensarlo. Pero también sé que no tengo muchas alternativas si me opongo, las costumbres de mi país son muy arraigadas. Suspiro abatido.

Muchas ideas pasan por mi mente deseando que esta noche termine pronto. Cientos de preguntas recorren mi cerebro No me siento contento de cómo es la vida Emiratí. Me pregunto si acaso mi padre alguna vez también sintió este temor que siento ahora, si alguna vez quiso huir de las tradiciones familiares, sé que nunca lo dirá.

—Padre, con todo respeto, quisiera retirarme a mis aposentos, estoy agotado —me disculpo esperando que me de el permiso para irme a mi habitación.

Al parecer esta de buen humor. Fija su mirada en mí.

—Bien, pero aún falta un regalo por recibir, aún no me has dicho que es lo que deseas que yo te obsequié.

Es verdad, no le he dicho que es lo que decidí que quiero como regalo de su parte, pero no puedo decírselo frente a nuestros invitados, tendrá que ser en privado porque existe la posibilidad de que no me lo conceda, sin embargo, quiero arriesgarme a pedirlo.

—Padre, lo que más deseo es que me cumplas un pequeño capricho que tengo desde hace varios años —mi padre me mira con profunda intriga, sonrío levemente.

—Dime que es y haré todo lo posible por cumplirlo —agrega.

Niego.

—No ahora, podríamos hablar sobre esto mañana por la mañana, quisiera que fuera en privado.

—Está bien, puedes retirarte, descansa hijo mío.

Asiento, dándole un beso en la mejilla.

Cuando llego a mi habitación lo primero que veo es una caja pequeña y sencilla sobre mi mesita de estudio, alzo una ceja al descubrir una tarjeta a lado de ella. La tomo en mis manos, la observo.

“Espero hayas pasado un feliz cumpleaños Hassim Haram, olvidaste decirme que es lo que deseabas de cumpleaños de mi parte, al no saberlo, esto fue lo único que pude darte, es sencillo, pero tiene mucho valor sentimental para mí, espero te haga feliz tanto como un día me hizo feliz a mí”

Sin dudarlo abrí de inmediato aquella cajita. En el interior se encontraba un antiguo pasaporte con el emblema de un país que reconocí de inmediato. No sé porque mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Una felicidad inexplicable me embargó por completo. Al hojear las primeras páginas del pasaporte salieron fotos de lugares que conocía, algunos por fotografías, lugares llenos de magia más que de lujo, tan sencillos, pero tan especiales. De las páginas finales cayó una hoja blanca doblada en cuatro. La recogí del suelo desdoblándola. Era una carta de Armando.

“Espero algún día volver a encontrarte en el camino de la vida”.

Mis manos temblaron al igual que mi labio. Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Un vacío en mi interior apareció. Dejé el pasaporte y la cajita sobre mi cama. Corrí lo más rápido que pude hasta la cocina.

Cuando llegué allí pregunté por él. Volteé a todos lados, pero no lo veía, mi desesperación se acrecentó. Los cocineros se miraban unos a otros, pero no decían nada. Hasta que al ver mi cara de súplica uno de ellos al fin me explicó que Armando había renunciado que hoy era su último día de trabajo, pero ya no se presentó.

—No puedo creerlo… —murmuré pensando en las razones que él tendría para irse de esta manera tan repentina. Él no era así, debió tener una muy buena razón para hacerlo. No lo entendía, en muchas ocasiones él me hizo saber que estaba más que feliz siendo chef en nuestra casa. ¿Por qué se fue de esta manera? ¡No! Me negaba a aceptarlo. Lleve mis manos al cabello sacudiéndolo con frustración. Los demás cocineros me veían con lástima, ellos sabían lo mucho que le apreciaba a mi amigo. No pude soportar más esas miradas. Regresé corriendo a mi habitación. Sentía demasiada impotencia. La tristeza invadió mi corazón, lloré intensamente hundiendo mi rostro en una de las almohadas. Pensé que Armando y yo éramos amigos. No comprendía que fue lo que paso para que él se hubiera ido, me había abandonado. Recordé como nos hicimos amigos, todo lo que aprendí de su cultura, de sus comidas, de su vida. Sentía como si hubiera perdido a un ser muy querido, a alguien de mi familia. No sé en qué momento el cansancio y la resignación me venció.

Los primeros rayos del sol de la mañana entraron por la ventana chocando con mi rostro, me volteé al otro lado de la cama tratando de escapar de ellos, no quería ni levantarme, no tenía ánimo de nada. El sonido fuerte del golpeteo en la puerta hizo que me levantará, era una orden que no podía rechazar, al abrir la puerta mi padre estaba frente a mí.

—Te espero en diez minutos en mi estudio, báñate y cámbiate rápido, no me hagas esperar —su voz era gruesa y seca, ya no parecía el mismo hombre amable y agradable de ayer en mi festejo, había regresado a ser el hombre serio que siempre era. Apenas dijo esa oración, se alejó caminando por el pasillo en dirección a la primera planta de la mansión.

Capítulo 3

[Hassim Haram]

Como mi padre lo ordenó, me bañé y vestí lo más rápido que pude. Salí corriendo de mi habitación hasta llegar a su estudio. Cuando llegué ahí, me tomé unos minutos para recomponer mi respiración.

Toco la puerta y asomo mi cabeza para ver que está hablando por teléfono con alguien. Me hace una seña de que pase, me siento junto a él en la sala blanca con detalles bordados en oro donde recibe personas importantes.

Cuelga, sin escuchar la voz ronca y cruda de mi padre la habitación se envuelve en un recalcado silencio que es incómodo para mí, lo miro, él me mira con seriedad.

—¿Te preguntaras la razón por la que te llamado tan temprano? —pregunta sin dejar de mirarme, yo asiento con curiosidad. Debe ser algo importante. Aunque también podría tratarse de la petición que dije ayer en la fiesta que le haría —en muchos países los dieciocho años representan la mayoría de edad, sin embargo en Emiratos Árabes es hasta los veintiún años, aún faltan tres años para que se llegue este tiempo sin embargo considero importante que tengamos esta charla ahora para recordarte que como primogénito de la familia Haram tu principal prioridad debería ser estar atento a tus estudios preparándote para el día en que yo te ceda la dirección de la petrolera.

Un haz de culpa atravesó mi pecho en ese instante. Algún día tomaría la empresa de la familia, me haría cargo de ella, estaba consciente de todo eso, pero por ahora solo quería ser Hassim Haram el chico que le gustaba pasar tiempo en la cocina experimentando con platillos de otros países, los platillos que Armando me enseñaba a cocinar. Pero él ya no estaba, se había ido.

Alzo la vista hasta cruzarla con la de mi padre.

Trago saliva antes de hablar.

—Padre, ¿Qué pasará con Emir cuando yo tomé la empresa? ¿Él a que se dedicará? —pregunté exaltado.

—Emir trabajará en la empresa, pero no en un puesto tan importante como el director, es la tradición familiar, así ha sido generación tras generación.

Me quedo pensando, Emir debería ser quien se quede con la petrolera, no yo. Estoy seguro que si mi padre se lo propusiera, él no vacilaría en aceptar. Él debió haber sido el primogénito de la familia, así yo hubiera tenido más libertad al elegir mi futuro. Siento la mano de mi padre en el hombro.

—No te preocupes por tu hermano, que de eso me encargo yo, preocúpate por estar preparado para el futuro que te espera por eso es que te he llamado, he estado pensando en cuál de todas las candidatas que han ofrecido sus familias es digna de ser tu esposa, prometo que la elegiré con el mayor cuidado para que estes complacido de tenerla.

Arrugué mi frente. No tenía otra alternativa más que aceptar mi destino, un destino que no quería. A menos que…

—¡Papá! —exclamé como si se me hubiera ocurrido una fantástica idea —te prometo que haré lo que tú quieras, me encargaré de la petrolera cuando cumpla veintiún años, me casaré con la esposa que elijas para mí, tendré una familia numerosa y seré un digno sucesor del cuál puedas estar orgulloso.

En el rostro de mi padre apareció una sonrisa amplia llena de satisfacción.

—Tus palabras significan mucho para mí, Hassim —dijo con un tono de gran orgullo.

Sonreí al verlo complacido.

—Pero antes de eso, quiero pedirte algo, una inquietud que tengo desde hace tiempo, concédeme esta petición padre, después hare lo que tú me pidas —dije con desesperación.

Él endureció sus facciones, había tocado una fibra delicada, ahora tenía que convencerlo de aceptar mi trato.

—¿Qué es lo que tu corazón anhela? —pregunta con un tono de voz apacible.

—Antes de tomar la dirección de la petrolera y casarme como es la costumbre de nuestra religión, quisiera poder viajar por el mundo, conocer lugares con los que solo puedo soñar a través de las fotografías de los libros que hay en la biblioteca de nuestro hogar, por favor padre, concédemelo.

—¿Viajar? ¿A dónde y con quién? ¿para qué? —exclama sorprendido al saber finalmente que era lo que estuve intentando pedirle estos últimos días, la noticia le ha sorprendido por completo, mi padre parece enfadado, se pone de pie mirándome con reproche —¡lo que quieres es ir a buscar a ese cocinero!

También me pongo de pie apenas lo menciona.

—¡No papá! Prometo que no… yo… mi intención no es ir a buscarlo, no, yo quiero viajar, conocer otros países, sé que cuando tome la empresa no podré hacerlo nunca padre, por nuestras costumbres, concédeme este pequeño capricho, por favor, te lo pido.

—¡No! —espeta con enfado —tú no puedes irte solo, viajando por el mundo, ¡eso es una! ¡Jamás dejaré que dejes este país!

—¡Papá, por favor! —le suplico poniéndome de rodillas.

—¡Fuera! —grita con furia, el estruendo de su voz hace que me estremezca de temor.

Es imposible, mi padre jamás dejará que viaje por el mundo como siempre lo he soñado. Aprieto mis puños con fuerza. No tiene caso seguir con esta discusión. Salgo corriendo del despacho directo a mi habitación. Cuando llegó me hundo en la cama, me siento el más desdichado. No he salido de mi habitación durante dos días. He comido un trozo de pan con leche que Emir ha dejado en la puerta de mi habitación, pero nada más. Es suficiente, debo aceptar mi condición como Emiratí. Jamás seré un hombre normal.

Decidí aceptar mi destino. Salí de mi habitación, bajé por las escaleras, pero no vi a nadie. Camine hasta el comedor, pero cuando pasé por la puerta principal de nuestra casa para ir al exterior me llamó la atención ver que bajaba de un hermoso auto Bentley color blanco, lujoso, el señor Omar Khan, lo recordaba muy bien, del día en mi fiesta, dijo que después me entregaría mi presente de cumpleaños. Al verme, alzo la mano con una sonrisa en forma de saludo, caminé hasta él recibiéndolo con un afectuoso saludo tradicional árabe.

—Hassim, que gusto verte, ¿cómo has estado? —pregunta de manera amable.

—Estoy bien gracias —espeto con sequedad.

Este señor no me da mucha confianza porque no lo conozco, lo analizo con la mirada.

—Te ves distraído, porque no me platicas que te atormenta —lo miro extrañado, no entiendo como este señor que apenas conozco sabe que estoy triste, ¿mi padre le habrá contado?

Niego.

—Estoy bien así —respondo —será mejor que regrese al interior de la casa.

—Espera Hassim, porque no caminamos por el jardín lateral —Omar Khan pone su mano en mi espalda invitándome a caminar junto a él. Estoy confundido, al final acepto el paseo con él —ahora dime que es lo que te mantiene pensativo Joven Hassim —dice cuando nos mantenemos lo suficientemente alejados de la residencia de mis padres.

Titubeo un poco, pero al final decido platicarle que es lo que me pasa. Pienso en Armando, siempre era el amigo que me escuchaba en mis momentos triste pero ahora él no estaba, no tenía a quien contarle mis problemas, tal vez el señor Khan podría aconsejarme.

—Lo que pasa es que le pedí a mi padre que me dejará viajar por el mundo un tiempo mientras cumplo mis veintiún años ya que después de eso mi vida se volverá demasiado ocupada —digo con tristeza.

El señor Khan me mira con compasión. Después sonríe, como si hubiera recordado algún chiste. Frunzo el ceño.

—Tu espíritu libre me recuerda mucho a mi hija Rania, ella es una jovencita enérgica, inteligente, inquieta, siempre queriendo devorarse al mundo, a pesar de nuestra religión y costumbres, de mis ideas y crianza acepté que se fuera a estudiar a Inglaterra con la condición de que cuando regresara se tenía que casar con el hombre que yo elegiría para ella y trabajaría para mi empresa naviera.

Abro por completo los ojos del asombro.

—¿Cómo es que usted la dejó ir tan lejos siendo ella mujer? —pregunto pasmado aún sin poder creerlo.

Sonríe de nuevo.

—Es complicado, por mis negocios he tenido que viajar mucho por todo el mundo, esto ha hecho que miré de manera diferente a la vida, es decir, mis barcos llegan a miles de puertos así que aprendí a tratar con personas de muchas nacionalidades, es algo muy difícil de administrar y si espero que mi futuro yerno y mi hija trabajen en mi naviera, quiero que ella esté preparada para poder tratar con los negociantes de la misma forma que yo lo hago.

Asiento.

Siento más curiosidad por saber de la vida del señor Khan, al parecer me había equivocado al juzgarlo sin antes conocerlo. Es una persona admirable. Es el primer árabe que conozco que ha enviado a su hija a estudiar al extranjero.

—Como quisiera que mi padre pensará un poco más como usted —espetó sin pensar, pero es lo que siento. El señor Khan ablanda sus facciones frente a mí que en ese instante tengo mis ojos cristalinos, por el hecho de recordar como mi padre rechazó la petición que tanto anhela mi corazón.

—Vamos a hacer una cosa, esta será la primera negociación que tengamos tú y yo, querido Hassim —frunzo el ceño —si tu aceptas desposar a mi hija Rania en matrimonio, prometo que hablaré con tu padre para que te permita hacer ese viaje que tanto deseas —todo mi cuerpo se tensa —no me veas así, es una negociación justa, he estado buscando el candidato perfecto para que tomé en matrimonio a mi hija y lo he encontrado en ti, piénsalo, tu familia es dueña de una petrolera, yo soy propietario de una naviera, juntos podemos fusionar nuestras empresas en el conglomerado más poderoso de todo oriente, tendrías tu vida asegurada, mi hija y tú podrían viajar por el mundo como tanto lo deseas, ella será la esposa perfecta para ti —explica con entusiasmo, veo el brillo que aparece en sus ojos.

Aprieto los dientes. Me siento impotente, que es lo que debo elegir, pensé por un momento que el señor Khan estaba escuchándome de manera interesada pero ahora veo que todo en la vida son negocios y decisiones, ¿seré capaz de escoger el camino correcto?

Tragó saliva.

Tal vez la propuesta del señor Khan no sea tan descabellada después de todo, tras analizarlo un par de minutos, me doy cuenta que una petrolera junto a una empresa naviera podría ser el inicio de un excelente negocio y si su hija realmente es como él la describe, yo no tendría problema en desposarla. En mi país se acostumbra concretar matrimonios arreglados a beneficio de ambas familias. Todos saldremos ganando de esta manera. Tampoco soy un mal hombre por lo que su hija estaría bien conmigo, viajaremos por el mundo, seré esposo de una mujer con el pensamiento aventurero e independiente como el mío. Eso es.

—¿Por qué mi padre aún no ha concretado un compromiso con su hija? —pregunto acusándolo con la mirada, mi padre siempre hace negocios seguros. Mi pregunta es porque si el negocio que el señor Khan sugiere es tan seguro como él dice, porque papá no ha concretado la unión de ambas familias, eso es raro.

—Te diré porque, espero que no me lo tomes a mal Hassim, tu padre es uno d ellos hombres más tradicionales que he conocido, al tener la petrolera más valor que mi naviera, él es quien debe decidir si acepta o no mi propuesta, tu padre ha visto de mala manera el hecho de que mi hija este estudiando en el extranjero, ha dicho que una mujer debe estar en casa, preparándose para ser una buena esposa y madre, no jugando a tratar de ser igual que un hombre, por eso es que no considera a mi Rania digna del primogénito de su familia, le estoy presentando el negocio de su vida frente a sus ojos y no lo ve.

El señor Khan parece sincero. Esta podría ser la única oportunidad que tenga para que mi padre acepte que realicé ese viaje, la única esperanza que tengo de poder volver a ver a Armando, estoy seguro que tuvo una muy buena razón para irse de esa manera, pero no sé cuál fue y eso me preocupa.

—Está bien señor Khan, acepto, desposaré a su hija Rania cuando cumpla mis veintiún años si usted logra que mi padre acepte que salga del país durante los tres años que faltan.

—No te preocupes Hassim, de convencer a tu padre me encargaré yo.

El señor Khan me extiende su mano para sellar nuestro trato, la recibo con un fuerte apretón. El trato esta hecho.

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