Capítulo 2

Como era de esperarse en la facultad de filosofía y letras casi siempre había seminarios relacionados a temas de interés para ambos, pero incluso así era imposible que se dieran a conocer dada la cantidad de estudiantes que componía el enorme edificio, lo cual rodeaba la cifra de miles de futuros profesionales. Era mucho más difícil concebir esta idea considerando que ambas carreras estaban a cuatro pisos de distancia, mientras que Erick utilizaba el ascensor para evitarse la molestia de los escalones, la alegre damisela tan solo caminaba unos cuantos metros desde la entrada del edificio hasta su salón de clase, entre el gentío que se formulaba por los pasillos jamás nadie hubiera pensado el inicio de esta amistad. Para empezar la universidad en si tenía un largo terreno para diferentes actividades, pero la facultad donde residían sus clases era tan solo un viejo edificio de 10 pisos de altura, por lo que algunos docentes debían aventurarse en el ascensor una y otra vez para impartir clases en diferentes asignaturas, este ajetreo de licenciados y magísteres se debía a la reducida cantidad de docentes para cada carrera, esto mientras que algunos siendo únicamente de contrato simplemente se iban por otras lances laborales.

En el pasillo del primer piso de la facultad se encontraba la carrera de ciencias sociales, todo el piso tenía salones enormes que albergaban estudiantes en historia, filosofía y demás temáticas dignas de un profesor de sociales, aunque era una carrera muy respetada por su asignatura, de hecho la mayoría de estudiantes en sí no deseaban ser profesores y por ciertos motivos habían terminado allí como castigo divino del destino o un juego del azar más bien, sin embargo, el caso de Luperca era distinto como el de muy pocos que realmente habían escogido el camino de la docencia, ella siempre soñó ser la guía de sus futuros estudiantes al mismo tiempo que sentía una enorme curiosidad por la historia, su ánimo parecía contagiar a los demás estudiantes haciendo que la ilusión de ser buenos profesores influyera en sus vidas, pero pese a eso su alegría siempre mantenía una oscuridad escondida, pues sí; tenía el mal hábito de esconder sus emociones negativas ante las demás personas, no era igual que Erick quien fingía ser sociable cuando realmente era frío, sino que ocultaba sus tristezas y enojos con la excusa de no preocupar a sus allegados, así pues era muy difícil interpretar la sombra oculta entre tanta luminosidad, pero dado el tiempo de experiencia al lidiar con sus problemas personales mejoró exitosamente su máscara hasta engañarse a sí misma.

Por otro lado, en la carrera de Lengua y literatura todos allí tenían sus diferentes propósitos por los cuales deseaban ser licenciados de aquella especialidad, pero el caso de este muchacho era algunas veces considerado trivial por sino extraño, un misterio de ese nivel lo tachaba de mentalidad simple pues su respuesta ante el por qué quería ser profesor simplemente se rebajaba en un “solo quiero leer más libros” y pues así este joven de alegre sonrisa era considerado el más reservado de los estudiantes, pese a ello fue foco central de toda conversación que se iniciaba en los salones dejando grandes risas entre sus compañeros, su sonrisa gentil y mirada cálida hacían brotar un gran valor entre sus colegas y todo aquel que conociese en cuestión de segundos, su gran carisma encantaba a sus compañeras al igual que conseguía llevarse bien con todos, pero algunas veces disfrutaba de pasar tiempo a solas como lobo solitario caminando de lado a lado hasta encontrar lugares tranquilos donde poder escuchar sus propios pensamientos ¿Qué podría estar pensando allí en solitario? En realidad ese era su tiempo consigo mismo sin tener que fingir ser alguien más, porque sí, su verdadera personalidad era realmente de un ser impávido al igual que mantenía una actitud distante y en algunas ocasiones incluso su tono de voz era grave como si te sumergieras en un profundo océano tras escucharlo, su mirada era intimidante bajo los cristales de sus redondos anteojos que casi siempre debía acomodarlos mientras respiraba hondo y perdiéndose en el paisaje que miraba con tanta atención imaginaba como sería si no tuviese que fingir tanto.

Eran mundos tan distintos que casi siempre terminaban fluyendo paralelamente por lados contrarios, el destino entre ellos los distanciaba lo suficiente para tan solo verse a lo lejos y prestar la misma importancia que cualquier otra persona, por ejemplo: si Erick ansiaba ir por una hamburguesa, Luperca iba por una ensalada de frutas, siempre cruzándose en el camino, pero nunca fijándose entre sí ¿Entonces cómo llegaron a conocerse? Todo empezaría en el tercer semestre cuando ambos mundos chocaron por primera vez.

El tercer semestre llegó como un relámpago luego de tantos meses, fue en ese momento cuando se decidió hacer un cambio de profesores en toda la facultad y para la asignatura de didáctica de la pedagogía, uno de los profesores de la carrera de literatura renunció, luego de tantos años trabajando para la institución finalmente estaba pensando en su retiro dejando a su compañero de didáctica también a cargo de sociales, este hombre para evitar tener que subir las pesadas escaleras hasta el cuarto piso de literatura decidió indicar que ambas clases se unirían cuando él lo necesitase, era mucho más sencillo dado que ambas clases coincidían en horario y facilitaría para los estudiantes de literatura la gran tarea de hacer fila para el ascensor durante las atosigadas mañanas.

La primera vez que cruzaron miradas fue cuando el profesor hizo el anuncio sobre las futuras clases, dada la cantidad de estudiantes se optó por el salón más grande de filosofía con apenas sesenta asientos, podría haber sido su primer encuentro; claro si no fuese porque en realidad querían ir al lugar del otro y es que los primeros días fueron un caos: ambas clases peleaban por los mejores asientos como fieras contra su presa dado la poca adecuación de estos para más de cincuenta alumnos, llegar temprano era el delirio para ganar un puesto que permitiera recibir las clases de manera adecuada en lo que ambos personajes se mantenían como siempre a conseguir su objetivo, ella buscaba asientos junto a la ventana para disfrutar del paisaje en lo que él buscaba asientos junto a la pared y cerca de la salida, dos posiciones diferentes que se dieron a notar enseguida dado que pasaron así por dos semanas consecutivas sin chocar entre sí.

Los demás solo podían imaginar que alguno de los dos gustaba del otro y por ello justificaban absurdamente su esquiva actitud, de que otro modo estarían tan perfectamente sincronizados para absurdamente ser antagónicos, los rumores sobre esto solo era una excusa más para continuar con los incesantes conflictos de los dos grupos. Pero no era del todo convincente para una persona en especial, se trataba de la compañera de Erick cuyo nombre era Luna, una bella joven de cabello corto que demostraba mucha seguridad en su vestimenta y actitud, igual que el satélite su brillo peculiar llamaba la atención de quién admirase su intrépida personalidad, al mismo tiempo era muy difícil de convencerla, desde luego debían mostrar pruebas contundentes para poder verificarle cualquier novedad y por su puesto fue la única que notó la supuesta relación entre estos incompatibles seres. La perspicaz señorita notaba la cómica forma de ser de ellos, pero algo en Lupe le parecía tierno e incluso curioso de ver, la distracción de Luperca le facilitaba ignorar el mundo entero cuando se sumía en sus pensamientos, por otro lado, aquel popular muchacho seguía llamando la atención de sus compañeras de Carrera sin sentirse especialmente atraído por alguna en especial, pensaba que Luperca era bonita a diferencia del extraño nombre que tenía pero solo lo llegaba a notar por comentarios de sus amigos, aun así no bastaba con que fuera bonita para que la mayoría de estudiantes la admiraran como un cuadro del mejor pintor a la lejanía, por mucho que él la observaba no hallaba nada de especial más que el de saber sobre su esparcimiento mental que la protegía de sus pretendientes.

Uno de esos atareados días el profesor dejó libre el salón para acudir a una reunión entre las demás autoridades, Erick solo pensaba en aprovechar ese momento y escapar a su auto para descansar de la obligación social a la que se había condenado, por lo que entre el apuro olvidó su bolígrafo en la mesa mientras los demás desalojaban el lugar como si fuesen liberados del cautivo salón, pronto el lugar quedó desértico dejando solo a Luperca quien se había quedado dormida.

— ¿Te gusta viajar a la fantasía? —interrogó Luna sacando de su meditación a la joven y estirando su mano frente a ella se presentó con un semblante suave— Soy Luna.

Luna siempre fue muy hábil para interpretar la personalidad de alguien con solo ver su rostro, con Erick ella era la única que sabía de su verdadero rostro por lo que mantenía cierta distancia, el mentir de otros era algo tan normal para ella que casi siempre se aburría de lo predecibles que podían llegar a ser, luego de un tiempo se adaptó hasta que finalmente dejó de creer en los demás, al menos así fue hasta que algo atravesó su pecho como una bala perforando todas sus inhibiciones.

— Le haces honor a tu nombre —contestó suavemente, pero impactando a Luna con una sonrisa gentil en lo se mantenía inmóvil— ¿quieres que te ayude con algo?

— No, Solo me estoy presentando —indicó titubeante bajando la mano y mirándola con cierto recelo— ¿Cómo te llamas?

— Luperca.

— Es un nombre raro —bromeó levemente mientras tomaba asiento junto a ella esperando que se molestara— ¿no te incomodan por eso?

— Lo sé, pero me gusta —sonrió de nuevo— si quieres puedes decirme Lupe.

La indescifrable mujer era capaz de burlar los intentos de Luna por fastidiarla, sin embargo, al poco tiempo estas insinuaciones se esfumaron y comenzó una charla sobre otros asuntos, la joven que antes no creía en nadie de pronto sentía la confianza de sonreír e incluso soltar una que otra carcajada frente a las gracias que su acompañante hacía, el miedo y la suspicacia que conservaba en tan solo unos minutos se había dispersado entre que los demás continuaban con sus actividades. Las clases continuaron mientras Erick miraba por el rabillo de su ojo a las dos muchachas ahora buenas amigas, de pronto una ligera sonrisa se dibujó en el rostro del joven, era la primera vez que miraba a Luna disfrutar de una charla y le parecía muy tierna la forma de ser de Luperca, pero tan pronto como se dio cuenta de aquella satisfacción el joven cubrió su boca con la mano, en lo que su pensamiento intentaba disimular semejante reacción de su parte ¡acabo de alegrarme por ellas! Pensó por segundos en lo que volvía a la conversación de sus supuestos amigos, ligeramente sacudió su rostro y se dejó llevar como siempre de su excelentísima actuación de chico agradable.

Capítulo 3

Había algo curioso que a Erick le atraía de Luna, en el fondo sentía que ella sabía su secreto y por ello casi no se relacionaban, aun así, un alma que siempre se ocultó bajo una máscara como aquella, esperaba que Luna lo comprendiese o por lo menos lo aceptara, de entre muchos estudiantes, Erick tan solo quería que la intuitiva mujer fuera su amiga. La intriga que antes tenía por su compañera pronto comenzó a desvanecerse como todo el interés por los demás, pues luego de un tiempo la atención que este recibía del sexo opuesto se volvió agobiante, tal fue el hastío que inconscientemente dejaba salir por segundos su verdadera cara, aunque trataba de disimularla más adelante con la excusa de ser una broma lo cierto era que Erick estaba llegando a su límite, debía encontrar a alguien con quien ser el mismo para desahogarse, pero la idea le aterraba, hasta que finalmente un día llegó a su punto crítico.

Las clases de didáctica habían finalizado alrededor del mediodía y se dispuso terminar con la jornada por reuniones entre los docentes, animados por poder regresar a sus casas más temprano, los jóvenes se apresuraron en salir mientras que las señoritas como siempre rodeaban a Erick para invitarlo a comer, salir, bailar ¡lo que sea, con tal de tener la oportunidad de estar a solas con él! Pronto la disputa entre ellas se volvió implacable entre que el gentío abandonaba el ahora campo de batalla, por su parte el apuesto muchacho aprovechó el ajetreo para escabullirse lo más rápido posible, pero tan pronto como dejó el salón; uno de sus bolígrafos quedó abandonado entre las mesas, casualmente cerca de donde Luperca se encontraba, al estar dormida las últimas clases ni siquiera notó la pelea campal de sus compañeras por llamar la atención del prófugo y mucho menos cuando fue despertada por su nueva amiga quien aprovechó para despedirse.

— Lupe —dijo— yo voy directo a mi casa —indicó mientras recogía sus cosas y la joven junto a ella continuaba algo desorientada— ¿quieres que vayamos juntas a la parada?

Luperca estaba por levantarse de su mesa cuando un pequeño brillo la deslumbró, en el suelo estaba el bolígrafo con una pequeña etiqueta que lo identificaba como objeto de su compañero, curiosa lo recogió en lo que se despedía de su compañera y notaba el escándalo de las demás señoritas ahora buscando al desaparecido pretendiente.

— Descuida —susurró amablemente al bolígrafo mientras lo limpiaba con un pañuelo— encontraremos a tu dueño.

La joven tomó sus cosas y serena buscó entre los pasillos sin hallar al dueño, de pronto su vista se posó en el paisaje de una de las ventanas cerca del pasillo principal y vio a lo lejos como su objetivo iba de camino al parqueadero con un semblante diferente al que antes había visto en clases, pero eso no la sorprendió, por el contrario se alegró tanto que sin pensarlo emprendió carrera hasta el lugar donde estaba, sin embargo, tan pronto como llegó con su objetivo su instinto de supervivencia la frenó estrepitosamente como si hubiera impactado con una barrera invisible.

La imagen que Luperca presenció fue tan sorprendente que incluso sus palabras se quedaron atascadas en un suspiro indetectable, el aire cálido que rodeaba el espectro de aquel joven de pronto se desvanecía ante una ráfaga fría que parecía emanar de su interior como un demonio invernal que buscaba entre sus cosas con irritación, sus ojos parecían oscurecerse detrás de los cristales de sus anteojos al mismo tiempo que su semblante pasaba a sostener una mueca de disgusto que jamás antes visualizó en alguien, por segundos su cuerpo tembló y pensó en la huida más silenciosa al temible ser que aún no se percataba de su presencia, estaba por retroceder unos pasos cuando algo de aquel joven le llamó la atención, de pronto un susurro se levantó en el aire del joven estresado ¿En dónde está? Cuestionó el muchacho en voz alta esperando recibir una respuesta que jamás llegó, mientras la joven pestañeaba abiertamente para aclarar su vista y entender lo que observaba.

Aquel joven estaba frustrado por los coqueteos incesantes de las jóvenes pretendientes que sin querer ahora tenía haciendo fila por verlo, su tiempo a solas se había reducido considerablemente y su verdadera personalidad estaba al límite de la poca paciencia que realmente tenía, no era casualidad dado que en el poco tiempo había sido perseguido de un lado a otro en la universidad, al igual que sus cosas habían comenzado a perderse de diferentes maneras, por préstamos o robos de estas locas acosadoras que coleccionaban sus pertenencias como valiosos premios sus objetos se reducían al mismo tiempo que su juicio estaba por romper barreras hasta el punto de explotar mentalmente.

— ¡Maldición! —vociferó irritado y asustando aún más a su espectadora— es el quinto que pierdo en la semana.

Habló para sí mientras molesto pateaba su auto, pero para sorpresa de la joven vigía el muchacho apagó su enojo en lo que su rostro moldeaba una preocupación intensa y tiernamente se disculpó con su querido transporte rogando un "lo siento" repetitivo. La mujer al ver el acto tan curioso intentó contener su risa sin resultado, pues las carcajadas fueron tan ruidosas delatando su presencia ante el muchacho que avergonzado reclamó por que se detuviese.

— ¿Qué se te antoja, además de burlarte de mí? —interrogó con una mueca de disgusto mientras la joven trataba de controlar su risa.

— Lo siento, solo vine a entregarte esto —intentó decir mientras apagaba su risa poco a poco y estiraba indicando el bolígrafo que tanto estaba buscando el joven.

De un momento a otro el rostro de Erick pareció iluminarse tras hallarse con su bolígrafo como si se tratara de un memorable encuentro de película, pero este solo duró unos segundos en lo que su dueño lo arrebataba de las manos de la muchacha y con indigna mirada agradecía con un tono agrio, su rostro miraba incomodo la puerta del auto mientras la joven solo mantenía un semblante gentil e inmutable ante la reacción brusca y distante de su acompañante.

— Quieres que te lo obsequie ¿verdad? —farfulló tratando de evitar cruzar miradas con la joven mientras su mano estiraba sin gana el esferográfico y esperando que ella también reaccionara como las demás jóvenes que lo perseguían.

— Claro que no, pero gracias —respondió sin saber lo que pasaba— yo tengo varios en casa, y se ve que lo necesitas —mantuvo su aire animado sin notar el ambiente mientras emprendía su partida del lugar.

— ¡Espera! —advirtió sorprendido por su reacción tan natural al punto de ahogar sus propias ideas— puedo…acercarte hasta tu casa ¿Dónde vives?

— Vivo en las afueras de la ciudad ¿estás seguro?

— Si, de hecho, yo también vivo por allí —comentó esta vez de mejor manera e invitando a la joven para que subiera en el auto.

La joven un tanto confusa subió en el auto lentamente mientras él trataba de interpretar lo que estaba haciendo, a su parecer tenía la impresión de que Luperca solo estaba intentando acercarse a él como había sucedido en otras ocasiones con varias mujeres, pero tan pronto como emprendieron el viaje, se dio cuenta de la personalidad alegre y gentil de su acompañante, tiernamente sus ojos seguían cada detalle del paisaje mientras se sorprendía de aquellas cosas que Erick ignoraría como algo común, solo se concentraba en conducir al punto de olvidar fingir su personalidad con ella, ya no había necesidad luego de la embarazosa situación que experimentó, pero también era por otro motivo aún más peculiar, extrañamente con la carismática dama podía ser tal y como era sin necesidad de sentirse aislado o reprochado, la aceptación de aquella joven, a ratos le hacía olvidar su teatro y se comportara como era en realidad y aun así no sentía arrepentimiento alguno, puesto que la joven intrigantemente comprendía que sus intenciones no eran la de herirla, él simplemente era así y no había nada más por explicar.

Las calles se alargaban en una gran autopista llena de coches que continuaban su trayecto con cierta dificultad, el embotellamiento se volvía inaccesible para los conductores y por minutos estos se quedaban estacionados en el lugar que menos se esperasen, aun así ambos estudiantes continuaban silenciosos ante diferentes escenas que se presenciaban en los demás automóviles, algunos riendo por anécdotas inaudibles, parejas peleando por algún problema que desconocían, niños jugueteando mientras los padres presionaban la bocina cual deporte olímpico, pero la escena que llamó la atención de Luperca era de un par de ancianos escuchando música suave a todo volumen mientras ambos tarareaban la letra de aquella bella melodía de recuerdo, sus ojos se ondearon en un profundo suspirar que llamó la atención de su acompañante quien tan solo espió por el rabillo del ojo escapando una sonrisa leven en su rostro "Es como ver a una niña impresionarse del mundo en sí" pensó manteniendo la vista al frente, de pronto un peso comenzó a disiparse, el estrés que había acumulado parecía diluirse como el hielo mismo entre más tiempo pasaba con ella, curiosamente notó que en ningún momento ella lo acosó ni tampoco hizo intento alguno por iniciar una plática, y para Erick eso era reconfortante pues no tenía que obligarse a unirse en los gustos de ella, ni tampoco continuar una conversación a la cual no se sintiera interesado, pasar con ella era placentero por que respetaba la paz que tanto anhelaba desde pequeño y extrañamente ella parecía comprender este humilde anhelo.

El viaje continuó por unos minutos mientras el silencio sepulcral indicaba no importunar a los jóvenes que se complementaban enormemente sin necesidad de charlar para matar el tiempo, Lupe miraba los paisajes como quien admira una realista pintura de alta clase en un marco de cristal fino y Erick solo se mantenía al pendiente de conducir pero con la sensación de estar mucho más aliviado, era como desahogar sus penas sociales sin necesidad de continuar con su vieja costumbre de estar aislado, por segundos incluso volteó para verificar que su acompañante estuviera bien y su mirada se estremeció al instante luego de ver el rostro iluminado de la muchacha por pequeños rayos de sol que se filtraban por la ventana. La silueta de la joven parecía distanciarse como si estuviera por fundirse con el aire que la rodeaba y una sensación de alejamiento recorrió el cuerpo del muchacho que por primera vez experimento semejante cosa, un pequeño sorbo de aire sonó en la boca de Erick en lo que volteaba de nuevo al camino esperando que su copiloto no descubriera lo que ni el mismo sabía interpretar, se enloqueció por la ilusión de verla desaparecer frente a sus ojos ¿Cómo es posible sentir algo así? Se preguntó tratando inadvertidamente controlar el palpitar acelerado que por unos instantes casi sale de su pecho.

— ¿Estás bien? —interrogó la joven con un tono suave mientras su mano rozaba ligeramente el brazo del piloto— te noto algo pálido.

— Solo tengo una ligera jaqueca —respondió automáticamente sin voltear— avísame cuando estemos por llegar a tu casa.

— No hay necesidad de que me dejes en la puerta —indicó un tanto preocupada— puedo quedarme más adelante y caminar un poco.

— Como quieras —advirtió sin vacilar en lo que paraba el auto cerca de una acera— No me haré responsable si te sucede algo en ese trayecto.

— Eres muy considerado —sonrió levemente— pero es suficiente con que me dejes aquí, mi casa está a solo una cuadra y se te facilita dar la vuelta o continuar.

La joven bajó del coche y con un ligero movimiento de su palma se despidió cortésmente mientras el muchacho en el vehículo continuaba vigilante de sus movimientos, un sentimiento de soledad invadió el cuerpo de ambos, como si un vacío inmenso devorara sus corazones entre más separados se encontrasen, Luperca se detuvo unos segundos aterrada por un sentimiento que por primera vez experimentó en lo que trataba de traducirlo, su pecho se inflaba tratando de inhalar el aire que no conseguía llegar a sus pulmones, intentando disimular dio la vuelta a su cuerpo para ver al conductor que también parecía experimentar una sensación similar, aquel muchacho en sus anteojos mantenía una mirada profunda bajo unas cejas ligeramente arqueadas que delataban su sorpresa por el acto de la mujer que observaba.

— ¡Gracias por el viaje! —gritó de repente junto con una dulce mirada que impactó como una fuerte ventisca al muchacho frente a ella.

— ¡Espera! —soltó el joven por la ventana para bajarse y dirigirse hasta ella, pero tan pronto como quedó cara a cara sus palabras quedaron contenidas enmudeciéndolo por completo.

— ¿Qué pasa?

— Es que…vives cerca de mi casa —trató de decir con temblorosa voz— ¿puedo traerte cuando quieras?

— Me ahorras el pasaje del autobús —soltó una leve risa ante el joven avergonzado— en ese caso te compraré un obsequio con lo que ahorre.

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