Capítulo 2

La intensidad de la mirada de Rodrigo me hace querer desaparecer. Esto se me está yendo de las manos. Mi objetivo de esta noche solo era seguirlo, permaneciendo en la sombra, como acostumbro hacer desde hace un tiempo. Sin embargo, aquí me encuentro, sentada en el suelo, con cientos de ojos depositados en mí, el corazón acelerado y a la persona que más odio a punto de rozar mi piel por primera vez.

Tengo la boca seca. Estoy nerviosa, pero a la misma vez molesta conmigo misma por permitirme este tipo de error.

Rodrigo se coloca sobre sus rodillas y sin perder su sonrisa, se reclina sobre mí. Por instinto, me alejo hacia atrás, utilizando mis manos y mis pies para desplazarme por el suelo lejos de él, hasta que mi espalda choca contra una pared, impidiéndome avanzar.

¡Maldición!

- No sabes cuánto me gusta perseguir mujeres, Princesita – dice con voz varonil, avanzando hacia mí con paso lento, como si estuviera a punto de cazar a su presa. Y quizás, así es, me he convertido en su presa de esta noche.

- No quiero que me beses – susurro.

- Te creí más valiente. Accediste a jugar, ahora solo tienes que dejarte llevar.

- No quiero – le digo, negando con la cabeza e intentando que olvide este estúpido juego y que se aleje de mí.

- Sí que quieres, no mientas. Todas quieren – responde con aires de superioridad.

- Yo no soy como el resto.

- Puede que tengas razón, pero ahora mismo cumpliré con las normas del juego y luego volveremos al círculo con los demás – niego nuevamente con la cabeza. – Hagamos algo, si mis besos te desagradan, te daré la oportunidad de abofetearme con todas tus fuerzas. Si por el contrario, te gustan, me darás tu número y tendremos una cita. ¿Qué me dices? Sé que me deseas, no lo pienses demasiado.

No respondo. Me avergüenza admitir que tiene razón y que deseo que lo haga.

Al ver que no consigo decir ni una palabra, sonríe ampliamente antes de acercarse más. Cierro los ojos y giro mi rostro a un lado.

Él deposita un beso en el dorso de mi mano y suspiro, abriendo los ojos. ¿A quién quiero engañar? La verdad es que quiero verlo. Rodrigo continúa ascendiendo por todo mi brazo, rozando mi piel con sus labios y la punta de su nariz, antes de continuar el recorrido por mi hombro derecho, la cima de mis pechos y se detiene en mi cuello, donde muerde, chupa y besa en esa zona, haciendo que salga un jadeo desde el fondo de mi garganta.

- Es más que suficiente. Volvamos al juego – grita una voz femenina hacia nosotros, pero Rodrigo la ignora, volviendo a besar ese punto sensible detrás de mi oreja.

Cubro mi boca con una mano, antes de que pueda escuchar cuánto estoy disfrutándolo.

- Hueles delicioso, princesa – susurra y mi piel sensible se vuelve de gallina. – Me gusta tu olor y me gustas tú – saca la cabeza de mi cuello y me mira directamente a los ojos, con esa sonrisa suya lobuna en el rostro. – Me debes tu número telefónico – asume que me ha gustado y está en lo correcto, pero no pienso admitirlo. Se reclina hacia adelante, besa la comisura de mis labios de forma fugaz antes de alejarse por completo y regresar a su sitio junto al resto.

Me quedo durante unos minutos en el mismo lugar, con mi pecho subiendo y bajando con cada una de mis respiraciones y mi corazón destrozado. ¿Cómo es posible que me deje llevar por el momento y no por la razón?

- ¿Vienes? Aún hay más, nena – grita él hacia mí y toda razón queda olvidada.

Vuelvo a mi sitio, con mis mejillas ardiendo y evitando su mirada.

El pico de la botella apunta hacia otra chica y vemos cómo se besa con la que tiene a su lado.

Gracias a Dios por darme un poco de tregua.

Transcurren varias rondas en este juego estúpido, en las que me toca besar a Feliz y cantar un fragmento de una canción. En cambio, Rodrigo ha tenido que besar a dos chicas y lamer el vientre de otra de ellas de forma sensual. Al parecer, él es muy popular aquí y todas mueren por una pizca de él. A medida que avanza la noche, los castigos van subiendo de nivel y comienzo a sentirme incómoda. Estos chicos sudan feromonas.

Él hace girar la botella y para mi desgracia, el pico apunta hacia mí.

- Tienes que besar sus labios durante dos minutos enteros – dice la chica de mi lado derecho, apuntando hacia Rodrigo, luego que digo la palabra ¨reto¨.

Él arquea una ceja y sonríe de medio lado.

No pienso hacerlo. Entre todos los presentes, él es el único con el que jamás me atrevería a besar. Lo odio demasiado. Ya ha invadido mi espacio personal en una ocasión.

- No.

La palabra sale de mi boca con rotundidad.

- No puedes negarte. Son las reglas del juego.

- No jugaré más – me encojo de hombros y me pongo de pie.

Él hace lo mismo. Intento alejarme, pero me detiene por el brazo.

- Lo siento, princesita, pero tienes que cumplir tu castigo – murmura, rodeando mi cintura con su brazo. El contacto de su piel quema la mía, a pesar de la tela de mi vestido.

Sé defenderme perfectamente. Usaré la violencia contra él si es necesario. Justo cuando levanto mi mano para apartarlo de mí, alguien entra corriendo con cara de espanto.

- ¡La policía! – el grito hace que todos comiencen a correr como locos.

¿Qué ocurre?

Me mantengo en el lugar, viendo como todos salen disparados hacia diferentes lugares como si de repente hubieran perdido la cabeza. No sé qué hacer.

- ¿Qué ocurre contigo? ¡Corre! – gruñe Rodrigo, apareciendo entre las personas que escapan por las ventanas y puertas. Toma mi mano y me hace correr hacia la puerta de salida, pero se detiene abruptamente al ver dos policías entrando con sus armas en alto. - ¡Maldición!

Me hace retroceder, subimos las escaleras de dos en dos hasta el piso superior y nos encerramos en una de las habitaciones desoladas.

Se gira hacia mí furioso.

- Si me detienen por tu culpa, te mataré – me acusa con su dedo índice.

- Yo no te pedí que me rescataras – le digo cruzándome de brazos. – Además, no le temo a la policía. No he hecho nada malo.

- ¿Ah no? Estás en una casa deshabitada, llena de drogas, alcohol y adolescentes. ¿Te menciono los delitos? Allanamiento de morada, posesión de drogas, desorden público…

Su forma de hablar me recuerda que es abogado. ¿Qué tipo de abogados permite esto? ¿También se drogó?

Abre la ventana de cristal y cuela su cabeza por ella.

- Tenemos que salir por aquí.

- ¿Qué? ¡Ni hablar! – me niego.

- Subirán en cualquier momento. No tenemos otra opción.

- Prefiero la cárcel.

- Créeme que no. Vamos – extiende su mano hacia mí.

Escucho ruido en el pasillo. No me conviene tampoco que me apresen. ¡Demonios! ¿Cómo se me ocurre venir aquí?

Me acerco a la ventana y miro hacia abajo. Trago saliva con fuerza y retrocedo.

- ¿Te has vuelto loco? No pienso salir por ahí.

Él gruñe y rueda sus ojos.

- Como quieras. Al menos lo intenté – se encoge de hombros y sale por la ventana con cuidado.

Me acerco para ver cómo coloca sus pies en el borde de un pequeño muro. Es un segundo piso, pero de igual forma es mucho el daño que se haría si cayera.

El ruido del exterior de la puerta se intensifica. Alguien está llamando. Mis ojos se encuentran con los de Rodrigo, quien me extiende una de sus manos.

- ¿Confías en mí?

- No – respondo a su pregunta y es la verdad. Nunca podría confiar en él.

Se ríe.

- Me alegra que no lo hagas.

Suspiro y acepto su mano. Con cuidado, salgo por la ventana, colocando los pies el estrecho muro.

- Voltéate – exige él y hago lo que me dice. – No mires hacia abajo. Mira mis ojos. Solo mis ojos.

Estamos cerca. Demasiado cerca. Sus ojos color café se encuentran fijos en mí, con sus pupilas dilatadas.

Mi corazón late a gran velocidad. Una de sus manos viaja a mi boca, obligándome a callar. Su proximidad me molesta y me perturba a partes iguales.

Escucho a alguien en la habitación. Supongo que sea uno de los policías. Cierro los ojos e intento relajarme.

- Me debes un beso de dos minutos – susurra Rodrigo e inmediatamente abro los ojos para encontrarme con su sonrisa de medio lado.

- Ni en tus sueños – respondo en el mismo tono de voz.

- Si salimos ilesos de esta, tendrás que dármelo, al igual que tu número.

Cuando voy a responder, alguien desde abajo nos grita, proyectando sobre nosotros la luz de una linterna.

- ¡Bajen de ahí ahora mismo!

- ¡Maldición!

Estamos en problemas.

Capítulo 3

Estamos rodeados. No creo que podamos salir impunes de este lugar.

Miro hacia todos lados. Debemos salir de aquí antes de que caigamos al suelo y seamos arrestados. Solo tengo que pensar la mejor manera de conseguirlo y me es imposible hacerlo, teniendo a Rodrigo Cromwell tan cerca de mí.

Cierro mis ojos por unos instantes, intentando concentrarme en lo que realmente es importante y cuando los abro, hay algo que llama mi atención.

- Hay una escalera ahí. Tendremos que saltar a la casa de al lado – le digo, señalando con el mentón.

- Buena idea. Camina despacio.

Sosteniéndome a la pared, avanzamos hacia donde dije. Rodrigo se lanza al suelo, cayendo de rodillas.

- ¡Salta! ¡Date prisa!

- ¡No mires debajo del vestido!

- Lo siento, nena, pero es imposible no hacerlo. Me pasa siempre con las chicas tan sexy como tú.

Ruedo los ojos y salto.

El entrenamiento que he hecho en estos últimos meses me sirve para caer en perfecta forma en el suelo.

De inmediato, nos lanzamos a correr con rapidez por el jardín hacia la casa de al lado.

- Debemos seguir. Este es el primer lugar en el que buscarán.

Asiento. Él tiene razón.

Continuamos corriendo hacia la casa siguiente. Entramos por el jardín trasero, mirando a todos lados, asegurándome que no haya ningún policía en la zona.

- Eso estuvo cerca – le digo, doblándome y colocando mis manos en las rodillas para coger aire debido a la carrera que hemos tenido.

- No cantemos victoria todavía. ¿Dónde vives? ¿Tienes tu auto por aquí o viniste en taxi?

No puedo darle mi dirección. De hecho, según mis planes, no debería estar hablando con él ahora mismo. Lo he estropeado todo.

- No te preocupes por mí. Sé cómo llegar a casa.

- Puedo llevarte si quieres. Vine en mi auto – se ofrece, caminando por el borde de la piscina.

- No, gracias.

Rueda los ojos, exasperado.

- Me gusta esta piscina, aunque es más pequeña que la de mi casa.

Camino hacia él. También me gusta la piscina. El agua cristalina brilla por las pocas luces que adornan el jardín.

Me giro para enfrentarlo, pero de repente me empuja hacia el agua. Aguanto la respiración en el último segundo antes de sumergirme. Siento cómo él también entra al agua.

¿Se ha vuelto loco?

Salgo a la superficie con miles de improperios formulados en mi mente, pero luego veo cómo una luz en la casa se enciende.

¡Maldición! ¡Seremos descubiertos!

Vuelvo a sumergirme y le hago señales para que se mantenga en el lugar. No podemos llamar la atención.

Cuando siento que no puedo aguantar más la respiración, emerjo a la superficie y él me sigue, aprisionándome al borde de la piscina.

- La casa está iluminada. No te muevas – susurra en mi oído y asiento, tragando saliva. Él rodea mi cuerpo con sus brazos y cuela su cara en el hueco entre mi cuello y mi hombro. Intento apartarme, pero me sostiene con más fuerza. – Debes permanecer tranquila o nos descubrirán.

Su aliento baña mi piel y mi corazón amenaza con salirse del pecho. Odio a este hombre, sin embargo, mi cuerpo responde a él de forma diferente.

Huele muy bien. Sus hombros son anchos y musculosos. Su respiración hace cosquillas en mi piel. Lo aparto un poco, pero me arrepiento de ello. Sus ojos se encuentran con los míos.

- ¡Suéltame! – murmuro con la voz entrecortada.

- ¿Estás segura que es eso lo que quieres? – asiento ante su pregunta. – Mentirosa. Tu respiración me dice que estás nerviosa. Tus mejillas están sonrojadas y tus ojos no se apartan de mis labios. Me debes un reto. ¿Deseas cumplirlo ahora?

- Ni aunque fueras el último hombre sobre la faz de la tierra – gruño, aunque la verdad es que en estos momentos, mi cabeza ha abandonado mi cuerpo, liberándome de todo tipo de pensamientos y haciéndome dueña de todas las sensaciones que asaltan mi sistema.

- Vuelves a mentir – susurra, llevando sus grandes manos a mis glúteos por encima de mis bragas.

- Saca tus manos de ahí – intento sonar convincente, pero no lo consigo. Si realmente lo quisiera, lo apartaría yo misma.

¿Qué me pasa?

Él las aparta durante un par de segundos, pero luego vuelve a colocarlas en el mismo lugar, presionando con más fuerza.

- No – gruñe en voz baja y suelto un jadeo involuntario.

Sin que yo sea consciente de lo que hago, mis piernas rodean su cintura por debajo del agua.

- Voy a hacer que cumplas el reto y vas a dejar que lo haga – me avisa acercándose ligeramente.

- No.

- Sí.

Pierdo la batalla. Colisiono nuestros labios en un beso fuerte y apasionado, dejando de lado todo tipo de pensamiento lógico y haciendo que mi cuerpo actúe con libertad. Él gruñe en mis labios y utiliza su lengua para explorar cada rincón de mi boca. Sabe lo que hace. Besa muy bien. Rodeo su cuello con mis manos y lo acerco más a mí, profundizando aún más nuestro beso.

¡Dios! Nunca antes había sentido algo como esto.

Estoy que ardo. Me urge tocarlo y besarlo, sin embargo, finaliza el beso, dejándome con ganas de más.

Intento controlar mi respiración acelerada.

- Besas increíble, nena – susurra con su media sonrisa de pícaro. – ¿Qué te parece si vamos a mi casa? Podríamos prologar esto más de dos minutos.

¿Me está proponiendo sexo?

De golpe, mi cerebro vuelve a hacerse cargo de mi cuerpo. Lo empujo lejos de mí. Con rapidez, salgo furiosa de la piscina. El frío me invade, pero no me importa. Solo deseo salir de aquí.

- Espera, no te vayas así. Lo siento. No quise ofenderte. Déjame llevarte a casa – escucho sus palabras, pero estoy decidida a marcharme. Me da igual que la policía me detenga o los dueños de esta casa.

Él continúa llamándome, pero salgo del jardín y corro en dirección a mi auto que se encuentra a casi una cuadra de distancia. Apenas estoy sentada en el auto, lo pongo en marcha, dejando a un Rodrigo en la acera, aturdido y con su ropa mojada por la piscina.

Esto ha sido un error. Todo ha sido un error. He besado a una de las personas que más daño que ha hecho en esta vida.

Llevo una mano a mis labios y los restriego con fuerza, intentando deshacer sin sentido ese beso. Sus palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza. Me ha comparado con el resto de las mujeres con las que se acuesta. No sé si me siento ofendida por ese hecho o enojada conmigo misma por ser tan ilusa y haberme dejado convencer.

Estaciono el auto a un lado de la carretera, cuando las lágrimas inundan tanto mis ojos que me dificultan la visión. Alargo una mano hacia la guantera y tomo entre mis manos la libreta de apuntes. La sostengo contra mi pecho. Me da igual que se pueda humedecer por mi ropa. Necesito volver a sentir que mi venganza se mantiene en pie. No puedo tener distracciones.

Hice una promesa y debo cumplirla. Pase lo que pase. Nada ni nadie me lo impedirá.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED