Capítulo 2

Pero mientras conducía de regreso a la ciudad, una situación extraña y poco usual se presentó. Todo marchaba bien, el camino estuvo bastante tranquilo, de hecho, él era el único presente en la carretera.

La radio venía encendida con música rock de los ochenta a buen volumen. Pero pronto, Mike tuvo que agarrar con fuerza el volante, y pisó fuertemente el freno del auto cuando vio un destello de luz blanca iluminar con intensidad el cielo.

La luz fue tan cegadora que casi lo dejó ciego, provocando que cerrara sus ojos, y perdiera el control del vehículo.

El vehículo se volcó hacia un lado donde había árboles en la carretera.

Por suerte, el accidente no pasó a mayores.

Segundos después, Mike despertó, había caído inconsciente cuando el vehículo se chocó contra el árbol en donde la parte de adelante de este, quedó totalmente arruinado, gracias al airbag, él no se había golpeado la cabeza, y solamente tenía una pequeña cortada hecha por un vidrio en una de sus mejillas.

Poco a poco, fue recuperando el conocimiento, y aun con la vista borrosa fue cuando lo vio.

Una figura humanoide que medía 2.00 metros de alto, y que era sumamente delgada hasta el punto de que se le veían muy fácilmente las costillas.

Sin embargo, un zumbido aturdió los oídos de Mike, y de nuevo, volvió a quedarse completamente dormido.

-¿Mike? ¿Estás bien? ¿Qué sucedió?-una voz familiar lo estaba llamando con desesperación.

Era una voz masculina, y aunque estaba aturdido por el zumbido que no salía de su cabeza, y Mike reaccionó.

El piloto abrió los ojos de golpe, y miró a su lado izquierdo, allí estaba el señor Reynolds, y otras dos personas más lo acompañaban, un médico y una enfermera que estaban atentos a su evolución. En la cabeza, le habían puesto a Mike una venda quirúrgica que cubría toda su frente. Estaba vestido con una bata de hospital, y encima, le cubría una cobija de su camilla, además de que en los brazos, le habían conectado los aparatos de hospital que medían sus signos vitales, y estos estaban funcionando de maravilla porque la máquina trabajaba sin novedad.

-Señor... Ellos... Lo que han dicho todos hoy, es cierto. ¡Ellos existen! ¡Están aquí!-Mike comenzó a gritar con euforia.

El médico, la enfermera y el señor Reynolds se miraron entre sí. Los profesionales de la salud parecían asombrados, y un tanto confundidos, puesto que ninguno entendía nada acerca de lo que el hombre en la camilla decía. Pero el señor Reynolds sí lo entendía, y ni siquiera se atrevió a decir que, quizás, Mike estuviera loco, y que por eso decía lo que decía, porque el señor Reynolds, en su trabajo, sabía muy bien que lo que su piloto decía, era totalmente real.

-Señores, por favor, déjenos a solas un momento-ordenó el señor Reynolds a los profesionales.

La enfermera y el médico no se opusieron, y asintieron.

-No dude en tocar el timbre de emergencias que está debajo de la camilla para llamarnos por si nos necesitan con urgencia-avisó la enfermera antes de salir junto al médico.

El señor Reynolds asintió.

Cuando finalmente quedaron solos, el señor Reynolds comenzó a hablar con la verdad.

Mike se había calmado un poco, y prestó atención a todo aquello que tenía por decirle su jefe.

-Mike, escúchame bien. Aunque los medios de comunicación han comenzado a hablar acerca de lo que se viene, lo que voy a confesarte es extremadamente confidencial, no podrás decirle nada a nadie, ni siquiera le dirás nada a tu familia hasta que empiece la transmisión en vivo desde la casa blanca esta noche. El presidente ya tiene toda la información, y no queremos ocasionar un caos con rumores falsos, ¿Entendiste?

El señor Reynolds habló en voz baja, casi que para que solamente Mike lo hubiera escuchado, y antes de haber hablado, se aseguró de que, a su alrededor, no hubiera cámaras de seguridad por ningún lado, porque algunas de estas, dejaban que se grabara el audio de fondo, y sería muy peligroso si alguien los escuchaba aunque estuvieran encerrados en aquella habitación de hospital.

Mike tragó saliva, sintió como los nervios recorrían cada extremo de su piel.

En sus años de piloto, trabajando en la base aérea de los Estados Unidos, Mike jamás se imaginó que una situación de tal magnitud pudiera presentarse y confirmarse como original y única en su especie. Si había llegado a ser testigo de muchas cosas extrañas, fuera de lo común, pero nada era parecido a esto.

-Pero señor... Lo que vi, ellos ya están aquí, ¿Cómo podrán evitar que se sepa la verdad si ya merodean por las calles como si fueran humanos comunes y corrientes? ¿Cómo evitarán que la gente los vea?-Mike insistió, preocupado por la gravedad del asunto.

El señor Reynolds lo miró con aquellos ojos fríos y serios de siempre.

-Cálmate y descansa, te dejarán hospitalizado por hoy, solo para descartar que realmente estés bien y no hayas sufrido una secuela por tu accidente. Tu auto quedó declarado en perdida total, ya me encargaré de que te asignen uno nuevo, mientras tanto, recuérdalo, nada de decir algo de esto a nadie antes de la última transmisión en vivo desde la casa blanca, ¿De acuerdo? Me retiro, mañana mandaré al chofer por ti para que regreses a la base, espero que hayas aprendido la lección, y que ahora si puedas convivir en armonía con el freak, porque necesitaré que trabajen juntos después del anuncio de esta noche.

Antes de que Mike pudiera hacer una pregunta más, el señor Reynolds casi que se fue huyendo de la habitación.

A las 7:00 de la noche, Mike cenó en la camilla del hospital, la comida estaba simple, sin sabor, y no era nada parecida a la que solía preparar su esposa en casa, pero al menos fue algo, y cuando la encargada de la cafetería apareció en la habitación, Mike le pidió que le alcanzará el control remoto para ver las noticias, y cuando se lo entregó y se marchó, Mike encendió la televisión.

Efectivamente, el presidente de EE. UU. estaba transmitiendo en vivo desde la casa blanca.

Transmisión en vivo desde la Casa Blanca (decía el título en pantalla antes de mostrar de frente al presidente en su tribunal)

El presidente apareció frente a las cámaras, con el rostro serio, y con la bandera de EE. UU. y la de la ONU detrás de él.

Presidente:

-Ciudadanos del mundo, esta noche me dirijo a ustedes no como presidente de los Estados Unidos, sino como un ser humano más.

Lo que muchos han sospechado, lo que hasta hace unos días era considerado un mito o una conspiración, o una noticia falsa de las redes sociales, hoy debo confirmarlo frente a toda la humanidad: no estamos solos en el universo.

Durante décadas se han ocultado pruebas, se han investigado fenómenos y se han guardado secretos para evitar el pánico. Pero ya no hay tiempo para secretos. Ellos están aquí. Nuestros cielos, nuestros mares y hasta nuestras ciudades han sido visitadas por entidades que no pertenecen a este mundo y que tampoco son humanas.

Y ahora debemos enfrentarlo: la humanidad está al borde de una invasión.

Nuestros expertos han confirmado que lo que hemos visto en las últimas horas no son accidentes ni ilusiones. Son sondas, exploradores, enviados de una fuerza mucho más grande que se aproxima con el único objetivo de colonizar nuestro planeta.

No voy a mentirles. El peligro es real. Pero también lo es nuestra fuerza. A lo largo de la historia, cuando la humanidad se ha visto acorralada, siempre hemos respondido con valentía y unidad.

Por eso, desde este mismo momento, he autorizado la mayor operación de reclutamiento de soldados, pilotos e ingenieros de toda nuestra historia. No importa si eres hombre o mujer, joven o veterano: tu planeta te necesita.

El destino de la Tierra está en nuestras manos. Unidos, no como naciones separadas, sino como una sola humanidad, resistiremos.

Que quede claro: no nos rendiremos, no retrocederemos. Este es nuestro hogar, y lo defenderemos... hasta el final.

Que Dios nos bendiga, y que Dios bendiga a la humanidad.

La transmisión se terminó, mostrando en pantalla el escudo de los Estados Unidos de América.

Mike apagó el televisor, de inmediato, su celular comenzó a sonar, estaba descansando sobre la mesita de centro de la habitación.

Aunque no podía ponerse de pie tan rápidamente, como pudo, consiguió hacerlo, y por suerte, la máquina lectora de signos vitales tenía ruedas en sus patas, así que se le hizo fácil moverse por la habitación hasta que se encontró con la mesita, tomó su celular, y vio que era una videollamada, era una videollamada de su esposa.

Mike estaba inseguro en querer contestar, sin embargo, tenía que hacerlo porque, era evidente que ya se había enterado de lo que sucedería, y él tenía que encargarse de dar explicaciones.

Capítulo 3

Mike tragó saliva antes de deslizar el dedo por la pantalla para aceptar la videollamada, él sabía lo que estaba a punto de suceder al responder.

El rostro de Amanda apareció, iluminado por la tenue luz de la sala de su casa, ella estaba en su habitación, vestía pijamada con una bata de estar en casa encima, su cabello recogido le daba la impresión a Mike de que ella se la había permanecido todo el día dormida y descansando en cama mientas que él trabajaba sin parar.

Pero él vio sus ojos que estaban rojos, quizá de llorar, y su expresión era una mezcla de miedo y furia contenida que desató en cuanto vio a su esposo.

-¡¿Mike?! -exclamó, apenas lo vio-. ¡Dime que no es verdad! ¡Dime que todo eso que dijo el presidente no es cierto!

Al parecer, la ex modelo no había captado nada de lo que sucedía detrás de la pantalla de Mike, y él no la culpaba, había asuntos más importantes para tratar en ese momento que un maldito accidente que no trajo graves consecuencias para él.

Mike bajó la mirada, incapaz de sostenerla por mucho tiempo.

-Amanda... no puedo explicarte todo ahora mismo. Solo quiero que sepas que estoy bien, que estoy en el hospital, pero nada grave salvo la hospitalización de un día.

-¡¿Nada grave?! -ella lo interrumpió, alzando la voz, de verdad estaba furiosa y tenía mucho miedo-. ¡Acabo de escuchar al presidente de los Estados Unidos decir que estamos al borde de una invasión alienígena! ¡Y tú, mi propio esposo, nunca me dijiste nada! ¡Me dejaste como una estúpida mientras tú ya sabías lo que estaba pasando!

Mike cerró los ojos con fuerza. Cada palabra de Amanda se le clavaba como un cuchillo.

-No podía decírtelo -dijo con voz tensa-. Reynolds me lo prohibió. ¡Entiende, Amanda! Esto es confidencial, ni siquiera nosotros, los pilotos, podíamos hablarlo con nuestras familias hasta que el presidente se encargara de confirmarlo con sus propias palabras.

Amanda negó con la cabeza, con lágrimas, cayendo ahora sin disimulo.

-¿Confidencial? ¡Soy tu esposa, Mike! ¡La mujer con la que compartes tu vida, la madre de tus hijos! ¿Y prefieres obedecer órdenes militares antes que decirme la verdad para poder proteger a nuestra familia?

Mike golpeó la baranda metálica de la camilla con rabia contenida cuando se acercó a ella, dispuesto a acostarse nuevamente para descansar, aunque sabía muy bien que sería imposible hacerlo.

-¡No lo entiendes! Si hubiera abierto la boca, no solo me habría arriesgado yo. Nos habrían puesto a todos bajo vigilancia. Podrían habernos desaparecido, Amanda. No es tan simple como crees. Mi trabajo no se trata únicamente de volar un avión de guerra. ¿Lo puedes entender?

El silencio entre ambos duró unos segundos, rotos solo por el pitido constante de la máquina que registraba sus signos vitales.

Finalmente, Amanda susurró:

-Yo... yo ya no sé si puedo confiar en ti.

El corazón de Mike se encogió.

-Amanda, por favor... -su voz se quebró, ella al parecer no comprendía nada, y no solamente estaba furiosa con él porque no le contó la verdad de lo que pasaría, sino porque sintió que ya no había confianza entre ambos. Mike sintió miedo de que su matrimonio fuera a derrumbarse por esa situación-. Todo lo que hago, lo hago para mantenerlos a salvo. Juro que después de esta noche, nada volverá a ser igual. Pero necesito que confíes en mí, aunque sea una última vez.

Amanda lo miró, con el rostro endurecido por la mezcla de miedo y traición.

-Tendrás que demostrarlo, Mike. Porque ya no somos solo nosotros... ahora es toda la humanidad la que está en juego.

La llamada terminó abruptamente. La pantalla se volvió negra.

Mike se quedó con el celular temblando en su mano, sintiendo cómo el peso del mundo caía sobre sus hombros.

El celular cayó encima de la cama, a un lado de Mike, cuando el piloto se acostó sobre ella. Tenía que descansar para recuperarse y que al día siguiente, el médico no le obligara a quedarse una noche más en el hospital, aunque él se sintiera perfectamente bien.

Esa noche, Mike despertó a la 1:23 de la madrugada.

El fuerte sonido de un objeto metálico muy grande lo despertó abruptamente.

No había estado soñando nada, pero había sido el mejor sueño de todas las noches, porque había sido uno de los más tranquilos para él, hasta ese día.

Un resplandor blanco cegador, como aquel que Mike había visto en el momento antes de su accidente al regresar a casa, fue lo que lo había despertado también además del estruendo.

Afuera de la habitación había movimiento.

Sin pensarlo, Mike se quitó los cables de las máquinas que le rodeaban los brazos, por suerte, ninguna había sido inyectada en sus venas, así que no terminó chorreando sangre por doquier y tampoco fue doloroso.

Su ropa estaba guardada en el armario, era una sencilla sudadera negra de ADIDAS, una camiseta azul claro, y unas zapatillas negras de salir a correr. Con prisa, él se vistió, tomó su billetera que la guardó en el bolsillo de su sudadera y así mismo hizo con su celular y salió de la habitación.

Sus expectativas de lo que pasaba afuera habían sido muy bajas para lo que realmente estaba pasando.

El presidente de su país tenía razón acerca de toda la información que había proporcionado esa noche en su última transmisión.

Desgraciadamente, debido al poderoso poder de pistolas láser, figuras humanoides como la que Mike había alcanzado a ver antes de quedarse dormido después de chocar su auto en su accidente, habían invadido el hospital, y estaban asesinando a la gente, sin dejar un solo rastro de ellos. Al lanzar el poder de sus pistolas alienígenas contra un humano, una luz verde esmeralda salía de su interior con potencia, y al golpear contra el cuerpo humano, este se evaporizaba inmediatamente, sin dejar siquiera rastro de sangre donde haya estado antes.

Horrorizado, Mike vio como uno de esos alienígenas asesinaba a una enfermera que cargaba un bebé recién nacido en brazos con su pistola. Antes de desaparecer, la enfermera miró a Mike con ojos tristes, al parecer, lamentándose de que ella no hubiera podido hacer nada para sobrevivir.

Antes de verla morir, Mike se lamentó así mismo no haber podido hacer nada para salvarlos, porque aquel pequeño bebé, no tenía la culpa de lo que estaba sucediendo, solamente había sido un inocente que nació justo para cuando su mundo, la vida que iba a conocer, estaba volviéndose una mierda.

Mike salió corriendo del hospital, tuvo que bajar cuatro pisos por escaleras porque el ascensor no funcionaba, y debía darse prisa si quería sobrevivir. Pero cuando tuvo tiempo de huir, el alienígena se apuró para perseguirlo.

Los alienígenas habían llegado a la tierra con dos propósitos: primero, dar credibilidad a su existencia, darle a entender a la humanidad que de aquello que tanto habían estado especulando acerca de su existencia si era real, y lo segundo, buscaban a personas como Mike, que tuvieran muy buena genética para recrear una nueva raza mezclada con ADN entre alienígenas y humanos.

Mike corrió con la poca fuerza que tenía en ese momento, aunque había descansado lo suficiente, de todas formas, había tenido un accidente reciente, y sentía que su cuerpo estaba más adolorido que nunca, quizás el impacto del choque fue tan fuerte que apenas ahora iba a sentir las consecuencias.

En este momento, lo único importante para Mike, era estar vivo y en perfectas condiciones para salvar a su familia.

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