Capítulo 2

Piper se deleitó al escuchar las palabras de Ezrah, pero la realidad era que Stela seguía siendo la señora Gannon, el título que ella había anhelado durante tanto tiempo.

Ojalá esa noche no hubiera ocurrido. Si ese inútil no se hubiera cruzado en su camino justo cuando iba a subir al jet privado, ahora sería ella quien despertaría en la cama con Ezrah.

Sentía un profundo dolor al vivir bajo la sombra de Stela. "Ezrah, ¿de verdad piensas divorciarte de ella?".

El hombre odiaba que pusieran su palabra en duda. "¿Acaso no me crees? La única razón por la que sigo con ella es porque espera un hijo mío. En cuanto nazca el bebé, me divorciaré de ella".

Satisfecha, Piper sonrió. Como había memorizado el número de Stela después de contestar la llamada, le envió el audio.

Recordando que el mayordomo había llamado informando a Ezrah que Stela estaba enferma, preguntó después de borrar el audio de su teléfono: "¿Me acompañas de compras? No traje suficiente ropa".

Piper lo negaría, incluso si Stela le mostraba el audio a Ezrah, ya que había utilizado un número que el hombre no conocía para enviarlo.

"Tengo otra reunión en dos horas, así que tienes una hora y media para terminar de comprar", dijo él suavemente.

El corazón de Stela se apretó en su pecho al escuchar el audio. El mayordomo, que manejaba, se sintió impotente e, igualmente, decepcionado de su jefe.

Stela preguntó desde el asiento trasero del lujoso auto en el que estaba sentada: "¿De verdad te dijo que venía en camino al hospital?".

Al empleado se le secó la garganta. Siempre lograba inventar excusas para su jefe, pero esta vez, todo salió mal. Ese audio destruyó todo.

"Lo siento, señora. Solo quería evitarle este dolor".

El corazón de Stela se estremeció y una sonrisa amarga se curvó en la comisura de sus labios; se sintió como una tonta mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. No era nada. Las pequeñas sorpresas enviadas para encender su esperanza no eran más que simplemente preparadas por el mayordomo.

Por mucho que lo intentara, no podía recuperarse del dolor cuando sintió una fuerza golpear el auto, haciendo que se desviara de la carretera y volcara tres veces.

El mayordomo perdió el conocimiento al instante. Stela sintió un dolor insoportable. La sangre brotaba de su boca y nariz y, luego, sintió un cálido torrente escurriéndole entre las piernas.

Ninguna palabra podía describir la agonía mientras veía cómo la vida se le escapaba con cada punzada que se le clavaba en el vientre.

Con un esfuerzo sobrehumano, alcanzó su celular, que había salido disparado tras el impacto, y marcó el número de su esposo.

Incapaz de llevarse el teléfono al oído, activó el altavoz. "Stela, estoy ocupado", fue lo que dijo Ezrah en cuanto contestó, sin esperar a oír lo que ella tenía que decir. Para él, nada relacionado con Stela era urgente.

Antes de perder el conocimiento, escuchó la risa de una mujer con las palabras: "Ezrah, quiero estos zapatos".

"Pruébatelos. Si te quedan, son tuyos".

'Así que eso es estar ocupado, ¿ir de compras con una mujer?', pensó Stela antes de caer en la inconsciencia.

Cuando despertó, se encontraba en el hospital, después de horas de cirugía. Su rostro estaba tan pálido como el de un fantasma, su semblante lamentable. El mayordomo, Rudolph, se sentó junto a su cama de hospital. Había sufrido algunas heridas, pero no eran graves, y ya había sido dado de alta, con una sonrisa en el rostro.

"¡Señora, por fin despertó! ¡Gracias a Dios!", exclamó.

Él se sintió aliviado al ver que ella estaba bien. Solo había moretones en su rostro. Rápidamente salió corriendo a llamar a un médico.

"Señora Gannon, ¿cómo se siente?", el médico preguntó mientras la examinaba y anotaba algo en una libreta que llevaba consigo.

Pero Stela solo tenía una pregunta en mente: "¿Cómo está mi bebé?".

La expresión del médico se apagó. "Lo lamento mucho, pero su bebé no sobrevivió al impacto".

Las lágrimas se acumularon en el fondo de los ojos de Stela, pero las contuvo. Sentía que lo había perdido todo. Abandonó la empresa de su padre para trabajar para su marido, cuidando su negocio, soportando las constantes burlas de su arrogante familia política.

A los veintitrés años, no tenía nada que mostrar por el hombre al que había amado en secreto durante cinco largos años. "Está bien. De todas formas, habría sufrido de todos modos".

"¿Disculpe?", dijo el médico, sorprendido. Esperaba verla llorar, como cualquier mujer en su situación, pero Stela lo reprimió. Podía soportar toda la indiferencia de Ezrah hacia ella, pero nunca le perdonaría la pérdida de su hijo.

Esa mujer apareció, y Stela de repente se vio envuelta en un accidente. ¿Era una coincidencia? El caso tenía que ser investigado, pero en cuanto a Ezrah, ya no tenía lugar en su corazón.

"Perdón, eso no era para usted". Su disculpa carecía de toda calidez. El médico forzó una sonrisa, terminó su revisión y se fue. Stela miró al mayordomo, que permanecía junto a la puerta. Había estado allí desde que llegó el médico. Ella estaba a punto de romperse, pero se contuvo.

Había sido débil durante demasiado tiempo, lo que llevó a la muerte de su hijo. Si hubiera tenido el valor de irse cuando Ezrah le pidió el divorcio, esto nunca habría sucedido.

En ese entonces, ella le había rogado, antes de descubrir que estaba embarazada de él. Cuando descubrió que estaba embarazada, había decidido consentir el divorcio y marcharse. Al menos, tendría a su hijo para recordarle.

Desafortunadamente, el resultado de la prueba se cayó de su bolso y él lo vio. Aunque él decidió que esperaran hasta después de que diera a luz, su trato hacia ella no mejoró en lo más mínimo.

"¿Dónde está Ezrah?", preguntó ella. Rudolph, sintiendo la presión, intentó evitar la pregunta.

"Señora, el hombre que nos golpeó estaba ebrio y murió en el acto. La policía tampoco ha podido contactar a su familia", informó Rudolph, tratando de evitar responder a su pregunta. Stela no creyó en lo que le decía, pero lo guardó para sí misma.

Su confianza en el mayordomo, el hombre al que tanto respetaba, disminuyó al descubrir que también él le mentía. Encontrará la manera de investigar el asunto por sí misma.

"Esa no es mi pregunta".

"El jefe se fue hace unos minutos", respondió Rudolph. Stela se enfureció esta vez. No solo Ezrah, sino también Rudolph, el mayordomo que Ezrah le asignó, la estaba tomando por tonta.

"No vuelvas a mentirme en la cara". Su voz era severa y llena de desprecio. Rudolph, avergonzado, bajó la cabeza.

"El jefe dijo, y cito: 'Es bastante desafortunado. Dejen que los médicos se ocupen de ella. Estoy muy ocupado en este momento'".

Stela no necesitaba escuchar más. Ya sabía con qué estaba ocupado Ezrah. Estaba con la mujer cuya voz escuchó en el audio. Pensó que era lo bastante fuerte para soportarlo, pero una lágrima cayó de sus ojos antes de que pudiera detenerla. Avergonzada de su debilidad frente a Rudolph, lo despidió.

"Gracias, y por favor, retírate".

Él no podía dejarla sola nunca, así que se mostró reacio. "Señora...".

"¡Dije que te retires!", la voz de Stela se alzó. Rudolph decidió esperar frente a la puerta.

"De acuerdo".

Tan pronto como salió de la sala, Stela marcó un número. "Stel...".

"Papá, lo siento tanto. Cometí un error y ahora lo he perdido todo", sollozó, mientras las lágrimas caían sin cesar. Su padre se había opuesto al matrimonio en el momento en que se dio cuenta de que Ezrah no sentía lo mismo que Stela por él, pero ella era optimista e insistió en que él cambiaría.

La mujer esperaba que él la regañara y le dijera una y otra vez "Te lo dije".

Sin embargo, en vez de eso, le preguntó en un tono suave: "¿Qué pasó, Stela?".

"Tuve un accidente y perdí al bebé. Vuelvo a casa".

El silencio al otro lado de la línea fue ensordecedor. Sabía que su padre estaba entristecido por la pérdida de su nieto. Cuando estaba a punto de colgar, él dijo de repente:

"Oh, Stela. Voy a buscarte. Solo envíame tu ubicación".

Stela rechazó la idea. No podía irse hasta estar legalmente separada de Ezrah. "No, papá. Tengo algunas cosas que hacer primero".

"¿De qué se trata? ¿Puedo ayudarte?", dijo su padre con entusiasmo, pero ella no estaba de humor para preocupar al hombre de mediana edad. La pérdida la había forzado a madurar a pasos agigantados, haciendo que la realidad de la vida la golpeara.

Ya no dependería de nadie más. Era hora de hacer algo que valiera la pena con su vida, pero antes, tendría que enfrentarse a Ezrah por última vez. "No te preocupes. No es nada que no pueda manejar".

"Está bien. Prepararemos tu fiesta de bienvenida. Le avisaré a tu madre".

Stela sonrió y no rechazó la amabilidad de su padre. Tres días después de que fue dada de alta del hospital, la joven preparó los papeles del divorcio y esperó el regreso de Ezrah.

Él volvió en plena noche, con aspecto cansado, aunque sus atractivos rasgos permanecían intactos a pesar de su fatiga. Stela había perdido el sueño, esperando a Ezrah la mayoría de los días, y rápidamente bajó corriendo las escaleras en cuanto oyó el ruido de su auto.

Se detuvo en lo alto de las escaleras cuando el hombre entró por la puerta del salón.

Al llegar a casa, Ezrah ya no se encontró con la mujer que siempre lo recibía con una sonrisa. Ella se paró en lo alto de las escaleras y gritó con una expresión fría: "¡Buenas noticias, Ezrah! Nuestro bebé murió en un accidente de auto. No hay nada entre nosotros, así que divorciémonos".

El hombre, que siempre había sido tan indiferente con ella, se congeló. Por primera vez, su rostro mostró una expresión de pánico.

Capítulo 3

La noticia dejó a Ezrah completamente desconcertado. Ya le había pedido el divorcio en dos ocasiones, y en ambas había visto cómo ella se entristecía al escucharlo.

Y aunque ahora ella se lo ofrecía, no podía evitar la inquietud que le llenaba el corazón. ¿Era porque Stela era quien lo pedía? ¿Estaba intentando arruinar su reputación con la pérdida del niño? Ezrah estaba confundido.

Stela bajó las escaleras y se dirigió hacia la mesa del comedor. Su esposo no dijo nada frente a la solicitud de divorcio, simplemente subió las escaleras y regresó diez minutos después, vistiendo ropa cómoda de estar en casa.

Parecía que no iba a salir. ¿Sería por el impacto de la noticia? Al ver la mesa llena de diferentes manjares, la emoción llenó su corazón mientras el hombre tomaba asiento. Creía que, si su esposa realmente quería el divorcio, no habría cocinado para él.

En ese momento, Piper quedó olvidada. Ezrah evitó la mirada de Stela; era la primera vez que ella se mostraba tan fría con él. A pesar de que no le avisó de su llegada, ella se había asegurado de que su cena estuviera lista.

Al destapar uno de los platos, sus ojos se oscurecieron mientras la miraba fijamente. No era la comida que esperaba, sino los fríos papeles del divorcio, con un bolígrafo a un lado, esperando a ser firmados.

"¿Qué es esto?", preguntó Ezrah, furioso y con hambre, pues no había tenido tiempo de comer. En el pasado, Stela se habría preocupado e intentado calmarlo, pero esa Stela había desaparecido con el aborto.

Después de llorar a mares durante días, esperó para servirle a Ezrah estos fríos documentos. Ya no tenía más lágrimas que derramar, pero sus ojos estaban peligrosamente rojos.

"¿Te traigo un par de gafas?", dijo con tono burlón al ver la expresión de sorpresa en su rostro. Debía de haber tomado su petición como una broma la primera vez, pero ahora los documentos dejaban al descubierto la realidad. "¿Por qué? ¿Esperabas que cocinara sin saber siquiera cuándo volverías a casa?".

El rostro de Ezrah era inexpresivo. Podía haber hecho que las criadas lo hicieran. A Stela le ardía no poder descifrar sus emociones, pero ya no le importaba. "Por favor, firma los papeles. Y si la letra es demasiado pequeña, aquí tienes una lupa", dijo, dejando caer el objeto sobre la mesa.

Ezrah no era irracional. Cuando él pidió el divorcio, se había asegurado de que los medios no tuvieran nada de lo que alimentarse. Pero ahora, ahora que acababan de perder un hijo, ¿qué pensaría la gente? Sus padres querían a Stela; excepto sus dos hermanos mayores, que siempre la vieron como una amenaza.

El aborto espontáneo solo había complicado la situación. Nunca imaginó que ella se apoyaría en ello para pedirle el divorcio, sobre todo porque siempre decía que lo amaba, sin importar si la trataba con frialdad. Necesitaba tiempo para pensar.

"Hablaremos de esto más tarde", dijo finalmente, y estaba a punto de levantarse cuando Stela reprodujo un audio desde su teléfono. Con determinación, quería que la decisión se tomara en ese momento, aquí y ahora.

La mujer frente a él era tan diferente a la que siempre encontraba cuando volvía a casa. Siempre llevaba ropa atractiva y se maquillaba para seducirlo, lo que a veces funcionaba, pero después de su liberación, Ezrah volvía a ser apático.

Hoy, sin embargo, Stela no llevaba maquillaje, ni siquiera se había peinado. Estaba en pijama, con su largo cabello oscuro, que ahora lucía apagado, en contraste con Ezrah, quien se veía tan atractivo como siempre.

Él aún tenía ese físico y esa presencia que la hacían perder la cabeza, pero ya no más. Todo lo que sentía por él ahora era resentimiento. De repente, había madurado. Ya no solo se fijaba en la apariencia o en lo brillante que pudiera ser un hombre. ¿De qué servía ser tan atractivo como el infierno y un genio de los negocios si no tenía conciencia ni empatía?

Stela acababa de ver que el hombre con el que siempre había estado obsesionada no era más que un monstruo egoísta, que sólo se preocupaba por su imagen, su dinero y su pasión. Lo que antes le había cegado los ojos fue retirado en el momento en que se despertó en aquella cama de hospital.

La voz del audio era tan clara como la luz del día. Una mujer y un hombre, pero la voz masculina era, en efecto, la de Ezrah.

Mujer: "Lo siento. Pensé que era urgente".

Hombre: "Nada relacionado con Stela es urgente".

Mujer: "Ezrah, ¿de verdad piensas divorciarte de ella?".

Hombre: "¿Acaso no me crees? La única razón por la que sigo con ella es porque espera un hijo mío. En cuanto nazca el bebé, me divorciaré de ella".

Stela captó una expresión de culpabilidad en su rostro, pero no había remordimiento. Él la cuestionó con dureza: "¿De dónde sacaste eso?". Piper no pudo haber hecho esto, pues no tenía contacto con Stela.

Pero solo había los dos en la habitación. ¿Había cámaras secretas? Aunque confundido, su expresión volvió a ser inexpresiva. "Destruye ese audio antes de que firme los papeles", la amenazó.

Stela no sabía cómo se las arreglaba para fingir que estaba bien. Hasta ahora, ni siquiera se había molestado en disculparse por compartir su información privada con cualquier nombre que llamara a la mujer de su vida.

¿Qué demonios pudo haberla hecho enamorarse de un hombre así? Era diferente de aquel joven que, hace mucho tiempo, la había salvado de la piscina cuando unas amigas celosas la acosaban.

Ezrah no recordaba ese día, pero fue entonces cuando Stela se enamoró de él. Con calma, le mostró otro titular en su teléfono. 'El señor Ezra Gannon admite haber reavivado su amor con su antiguo amor, la señorita Piper Henshaw'.

Esta vez, Ezrah palideció, pero sus ojos estaban oscuros y cogió su teléfono al instante. No podía encontrar al fotógrafo y cómo se habían hecho virales esas fotos, pero tenía que conseguir que alguien las retirara. El hacker también podría averiguar quién filtró la información a la prensa.

Stela se había endurecido tras escuchar una y otra vez el audio y leer esa noticia en su teléfono. Ezrah ya le había dicho lo mismo antes, así que no debería dolerle.

"No importa. El obstáculo ya no existe y tú ya tienes a una mujer esperándote. Solo firma los malditos papeles".

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