— ¡Te ordenó que me liberes! — Exclamó la princesa enojada mientras era llevada a la fuerza sostenida de sus brazos por dos soldados del Reino de Maita. — ¡Dije que me dejen ir! ¡Mi padre es el Rey Jhon Wiztan! ¡Si no me dejan ir se meterán en muchos problemas!
Virginia Wiztan no dejaba de gritarle molesta a los dos soldados que la llevaban captura uno de cada brazo apretaban con más fuerza ante el constante forcejeo que les proporcionaba la princesa del Reino de Gorian.
Tres hombres más iban caminando frente a ella y cuatro más detrás, todos con el único propósito de asegurarse que la princesa no pueda huir muy lejos en caso de que logrará librarse de los que la llevaban sostenía.
Sin embargo, era algo que veían muy poco probable ya que Virginia era frágil, hermosa y delicada, esa era la expresión que ella le causaba a cualquiera, la hija amada del Rey de Gorian, cuyas manos jamás habían tocado daga o espada alguna, piernas que jamás habían tenido que correr buscando huir, era débil.
Ella lo sabía, ella sabía que no tenía oportunidad alguna de escapar de sus captores, pero esperaba que sucediera, rezaba a todos los dioses que su padre enviara a alguien a rescatarla y que ese alguien llegara a tiempo.
Anteriormente, cuando el Rey la encontró y sus miradas se toparon, el llamó a varios de los hombres que iban acompañándolo para después irse y dejarlos a ellos ocuparse del asunto.
¿A dónde se había dirigido el Rey enemigo?
¡Ella no tenía ni la menor idea!
Tampoco era algo que le importaba cuando el sufrimiento que sentía era tanto que la estaba llevando a sus límites rápidamente.
"No, no, no, no… ¡No quiero que me lleven! ¡Que alguien venga! Por favor… ¡Quién sea! ¡Ya!… Tengo miedo, mis pies duelen por el roce de mis zapatillas de tacón, estos hombres me sostienen tan fuerte de los brazos que siento que me los van a romper, no puedo respirar bien, es demasiado lo que me han hecho caminar tan rápido y mi corset me está dando dificultades… ¡Alguien! ¡Quiero a mi padre! ¡Quiero verlo! ¡Ethan! ¡Quiero ver a mi prometido Ethan!"
Los pensamientos de agonía de la princesa no se detenían y ella comenzaba a sentirse más mareada, sus piernas comenzaron a temblar y seguidamente lo hizo su cuerpo, ella guardo silencio mientras caminaba casi siendo arrastrada por los soldados de Maita, hasta que finalmente se desmayó.
— ¡Maldición! ¡Se ha desmayado la princesa! ¡Mi comandante! ¡¿Que haremos?! — Decía uno de los soldados que llevaba a Virginia de su brazo derecho.
— Tomen turnos, carguen a esa niña y salgamos rápidamente de aquí, ya falta muy poco, nuestro Rey quien se adelantó ya debe estar en posición para el ataque desde la montaña sur, pronto este lugar será reducido a cenizas. — Dadas las órdenes del comandante, todos los soldados que iban con el comenzaron a apresurarse y tomaban turnos para sacar a la princesa desmayada de ese palacio.
Solo media hora después el ataque al palacio de la princesa había iniciado, los cañoneros comenzaron su trabajo y en poco tiempo todo se había vuelto un caos, lleno de gritos de sufrimiento, fuego y humo.
**********
— ¡Su majestad! ¡Oh mi Rey! ¡Le tengo malas noticias! — Gritó el informante de las torres quien había llegado al escondite de emergencia en una montaña cercana al palacio principal de Gorian.
El hombre tenía un rostro aturdido y el cansancio era notable, después de todo había cabalgado lo más rápido que pudo y corrió por todo el camino empinado de la montaña, el intentaba calmar rápidamente su tembloroso cuerpo y su voz agitada, pero no había tiempo que perder y comenzó a explicarle al Rey lo sucedido en el palacio de la princesa, uno que el Rey de Gorian, había enviado a asegurar el triple de lo que normalmente lo hacía, uno donde se supone todo estaría bien y su hija esperaría en la habitación de emergencias.
¿Cómo era posible?
¿Cómo todos sus hombres habían fallado tan fácilmente?
¡¿Que demonios paso?!
Eran más preguntas que se hizo en unos instantes el Rey de Gorian sin si quiera parpadear, su tesoro, su amada hija Virginia había sido atacada por su enemigo. El Rey se levantó de su asiento furioso.
— ¡¿Cómo es posible?! ¡No! ¡Primero mató a mis mujeres y mi Reina en los pasados tres meses! ¡Luego asesina a sangre fría a mis hijas enviándome sus cadáveres a las puertas del castillo principal! Ahora… ¡Ahora lo hace con mi amado tesoro Vini!
El Rey ya mayor de Gorian comenzó a sentirse mareado, no podía creerlo, su pequeña y amada hija no podía estar muerta, cualquiera menos ella, incluso entregaría a su hijo heredero pero no a su amada, adorada y primogénita Virginia.
— ¡De haber sabido que destruyendo tres de sus centros militares y una de sus bases y palacios, no solo habría matado a la Reina Casandra en el proceso! ¡También habría enviado a la tumba al maldito hijo único de ese Rey de Maita! ¡Maldito seas Lance Lamparth! — Gritaba furioso el Rey de Gorian arrepentido de no haber podido infligir más daño cuando tuvo la oportunidad.
Un año después la estaba pagando más del triple en el contraataque el Rey de Maita, pero antes de que el Rey de Gorian se permitiera exclamar más maldiciones o arrepentimientos, uno de sus hombres llegó con un nuevo aviso.
— ¡Mi Rey! ¡Oh mi glorioso Rey de Gorian, el gran Jhon Wiztan! El enemigo a enviado una carta. — Dijo el hombre haciendo la reverencia apropiadamente y entregando al padre de Virginia la carta enviada por el enemigo.
Sus manos enguantadas rápidamente abrieron el sobré sacando de el la carta y comenzando a leerla de inmediato, sus ojos azules se abrieron de par en par releyendo una vez más, el Rey dejó caer la carta sintiéndose mareado, todas las energías de su cuerpo desaparecían sintiendo una inmensa vulnerabilidad.
— ¡Su majestad! ¡¿Se encuentra bien su majestad?! — Preguntaba uno de sus fieles consejeros ayudando al Rey a sostenerse, pues este parecía que se iba a desmayar en cualquier momento, su rostro pálido y el sudor frío delataban la gravedad de la situación que vivía.
— Mi niña, no, mi pobre niña… — Dijo el Rey una vez fue ayudado a sentarse en su cómodo sofá, su mano derecha se movió hacía su rostro cubriéndolo y el silencio tomó por completo la habitación.
Los consejeros, así como los comandantes que estaban con el Rey protegiéndolo y guiando en ese ataqué enemigo que sufría Gorian, leyeron la carta. No tenían palabras para el Rey, por unos momentos todos se veían a los ojos en silencio con gran pesar y después de una charla calmada y un poco lejos del Rey Jhon, tomaron la decisión del siguiente paso a dar.
— Por decisión mayoritaria, creemos que nuestro glorioso Rey Jhon tercero Wiztan de Gorian debería aceptar la tregua momentánea y preparar un nuevo plan más elaborado y en calma para deshacernos del Reino de Maita y recuperar a la princesa Virginia Wiztan. — El ministro de asuntos internos había sido quien dió el veredicto final de los consejeros y jefes de la milicia en el lugar.
El Rey Jhon dió un largo suspiro, uno doloroso, cansado y de derrota.
Seguía sin entender como sus hombres cayeron tan rápido bajo el control de Maita, como lograron irrumpir abruptamente en el palacio de la princesa Virginia, el Rey Jhon tercero no entendía en qué falló y que salió mal, quién era el responsable si es que había alguien a quien culpar.
Cientos de veces lo había dicho, pero no lo escucharon, se negaron a qué trajera consigo a la princesa Virginia para seguridad de ella, sus tercos consejeros decían que el palacio dorado, donde vivía "Vini" era muy seguro.
"Ella estará bien"
"Todas sus mujeres estarán bien"
"No se preocupe por su familia su majestad, estarán bien"
Esas eran las palabras que se le habían dicho al Rey de Gorian meses atrás cuánto las fronteras cayeron y el ataque de Maita en territorio suyo creció.
Lance Lamparth no se iba a rendir tan fácilmente, no después de que Jhon logrará destruir parte de su fuerza militar y enviar a la tumba prematuramente a su amada esposa la Reina Casandra dejando a su hijo de solo tres años en ese entonces sin madre.
— Tregua… Pero… Se llevarán consigo a Virginia como prueba de dicho pacto y si se rompe mi niña morirá… Yo… ¡No puedo arriesgar así a Vini! ¡Cualquiera menos ella! ¿Que hay de mis otros hijos? Creo que tengo tres hijos varones ¿No? ¿Ellos están con vida? ¡¿Por qué no se lleva a uno de ellos?! ¡Maldición! — Gritó el Rey Jhon finalmente exclamando más maldiciones y paseando sus manos por su cabellera castaña clara con ya suficientes canas visibles.
La frustración se apoderaba de él y la furia que sentía tomaba control de sus palabras.
— Todo estará bien su majestad, Gorian jamás se rendirá tan fácilmente, mientras "respetemos el acuerdo" la princesa Virginia estará a salvo en Maita, podemos elaborar un ataque mejor que el que ellos nos han causado. — Decía el consejero más viejo del Rey Terrian Phamton quien era uno de los que le guío en su camino de gobernante desde que era un adolescente y al cuál John escuchaba atentamente.
**********
— ¡Hay una respuesta mi Rey! — Dijo entregando el sobre rápidamente uno de los soldados de vigilancia en la frontera entre Gorian y Maita.
Cuando el Rey Lance Lamparth leyó la respuesta una leve sonrisa llena de malicia curvó sus labios.
— Aceptan el trato que les ofrecí, aunque claro está que no tenían otra alternativa. — Decía Lance altivo mientras pasaba el sobre al hombre de más confianza y mano derecha.
El Barón Allen Jones, no solo era uno de los consejeros del Rey Lance de Maita, también era un importante amigo confiable para este, el hombre de treinta años de edad, cabellera rubia y ojos marrones claros había conocido al Rey desde que ambos entrenaban en la academia militar a sus ocho años, desde entonces la amistad de ambos comenzó y hoy en día seguía siendo un hombre de confianza para su Rey.
De no haber sido por los consejos de venganza de Allen, Lance no se habría animado a atacar tan pronto a un Reino tan poderoso como lo era Gorian, pero tenía estrategas muy buenos de su lado que le habían ayudado a conseguir la victoria.
La muerte de la Reina Casandra había hecho gran daño a la vida del Rey de solo veintinueve años de edad, quien nunca pensó que su amada mujer sería asesinada de forma tan atroz, sin embargo, Lance no era un hombre que se tiraría a llorar, mucho menos alguien que que se pasara en cama lamentando perdidas y haciendo lutos.
No lo hizo con sus padres, tampoco lo haría con Casandra, sentía pena por su hijo que no dejaba de llorar pidiendo ver a su madre sin saber que ya no existía más en el mundo, pero lance fue cegado por la venganza, la humillación causada y el dolor sentido por la perdida de su amada le dieron nuevas fuerzas y serenidad para aceptar los consejos de guerra y venganza de Allen.
— Nos vamos de aquí, el trabajo ya finalizó.— Dijo el Rey Lance anunciando su retiro de la frontera de Gorian, eso sí, llevándose consigo a su rehen de tregua, la princesa de dieciocho años, Virginia Wiztan.
……
Virginia, quien aún seguía inconciente, pero más estable, estaba recostada al tronco de un gran árbol de roble, cuando abrió sus hermosos ojos azules, tan azules y bellos como un par de diamantes de rubí.
Estaba aturdida, no era para menos, después de todo lo que había sucedido, la hermosa joven deseaba que fuera una pesadilla, ni siquiera podía cruzar por su mente el hecho de que la agonía vivida había sido real, pero para su desgracia, lo fue; cadáveres por doquier de sus soldados y sus sirvientes en los pasillos de su palacio, el olor intenso a sangre, los soldados apretando con fuerza sus brazos, su respiración agitada acompañada del intenso dolor de sus pies al estar cortándose con las zapatillas altas de tanto caminar.
Miedo, desesperación, agonía, dolor, cansancio…
Virginia abrió sus ojos solo para ver qué estaba en medio bosque rodeada de hombres de Maita con armaduras, caballos de guerrero y equipamiento militar.
Su pesadilla, era su realidad.