Capítulo 2

La misión había fallado, habían buscado pista, pero no habían encontrado nada. El mafioso este, el gran Walter, se había marchado, y Dana, no puedo encontrar a sus amigos. Sus dos amigos que fueron al trillado no había encontrado sus cuerpos. Y la tristeza la lleno y volvió con su equipo, estaba desolada, no había completado su misión. Y para empeorar perdió a dos de su escuadrón. Sus personas más cercanas, Felipe y Marcos.

Desde que llegó, entrego el sello y se había encerrado en su recámara. Nadie la podía sacar de tal lugar. Salía solo para entrenar. Entrenaba dobles veces más cuando estaba triste. Los chicos buscaban la manera de aliviar su pena, pero esa era Dana fénix. Se culpaba por su incompetencia, y se reusaba a aceptar tarea que involucraba personas. Todas las misiones que le entregaban fueron rechazadas. Todos buscaban la manera de reanimarla y que olvidara lo que sucedió. Esos dos eran sus más cercanos después de Eduardo, Félix, Albert.

_ ¿Teniente si se deprime de esta manera, y nosotros, no somos importante para ti? Crees que a marco le gustaría verte, de esta manera, te castigas demasiado. Ellos se sentirían de igual forma, pero lo tratarían de superar. Eres la primera en reprimirnos cuando nos desanimamos. Pero ahora y tú?!

_ Teniente, sin ti nuestra base cae a picada. No, nos acostumbramos a seguir órdenes de nadie más. Habló Albert al verla sin ánimo a responder a ninguno de ellos.

_ Felipe, donde sea que está. Ahora mismo debe estar pensando en ti. ¿Crees que no se molestaría verle así? Sabemos lo que sientes, son nuestros compañeros, pero esta es la milicia, debemos seguir y ayudar. Si se quiere castigar nosotros también, todo fuimos a la misma misión, eres la teniente, pero nosotros fallamos también. No cuidamos a nuestros hermanos lo suficiente que lo perdimos.

Ellos hablaron con ella, en ese instante sonó el timbre de llamada del general a cargo.

_ ¡Teniente Dana, la necesito en el edificio!

_ Sí, señor enseguida Voy!

Se arregló y salió del edificio de rumbo al edificio A dónde estaban los más altos rangos. Ella es parte de ese edificio, pero prefirió mudarse con sus chicos. Los capitanes, los tenientes mayores, estaban el edificio AB Llorona. Cuando llego subió las escaleras hasta la oficina, toco la puerta del despacho.

_ Adelante!

_ Señor?!

_ Dana toma siento!

_ Sí señor!

_ Dana, nos llegó una noticia y lamento decirle que no es una buena noticia!

_ De todas formas tendré que escucharla señor!

_ Ante todo mis condolencias y espero que puedas soportarlo y que puedas superar lo que está pasando.

El teniente no había terminado de hablar, ella tenía el presentimiento que el dolor se estaba poniendo mayor. Su cara no mostraba el pánico, de la noticia que estaba por recibir. Pero solo tenía en mente a sus dos amigos. Si se reporta sus muertes, no sabría como asimilarlo. Solo guardo silencio y espero a que el mayor terminara.

_ Condolencias, señor?! _ fueron las palabras que le salieron de los labios que intento apretar.

_ Dana, tu abuelo ha fallecido.

Colapso, sentía que todo en ella se había partido en pedazos. No hablo, todo vieron como las pupilas de sus ojos se abrieron de par en par. Hasta que esas lágrimas que oprimía no se pudieron detener.

Todo lo que le quedaba en este mundo también se había marchado. Perdió a sus amigos, ahora su abuelo. Ella era militar por su abuelo, era su sueño. Ella le cumplía el sueño a su abuelo. Solo faltaba una semana para ir a visitarlo y pasar tiempo con él.

Se quedó en silencio, ni siquiera pudo responder, estuvo mirando el capitán a los ojos. Las de ella ya estaban rojos. Solo sabía que se había derramado lágrimas, ni siquiera emitir un pitido o un sollozo, su silencio decía mucho, solo lágrimas corrían por sus mejillas. Estaba desolada, había perdido amigos, parte de su equipo. Ahora un pedazo de su mundo se ha ido, será que sé Irán todo uno por uno.

Dana quedó huérfana desde temprano.

_ Lamentamos, su perdida Capitana Dana Fénix, teniente en mayor rango en batallones. Un ejemplo en la milicia de que se puede lograr todo lo que uno se propone con esfuerzo. Estás en un momento crítico, la acompañamos en su dolor.

Todos se agacharon delante de ella. Había ascendido al mismo tiempo, lo que la destrozo aún más. Sentía que ninguno de esos logros ahora tenían algún valor. Luchaba por ser la mejor para proteger lo que ella tenía. pero todo se le escapaba de la mano. Sentía que su corazón ya no respondía, que la sangre dejo de fluir. Ella bajo la cabeza en respeto a todo en la sala. Como una mujer fuerte, todo sabían que ella no hablaría sin ser necesario. Su silencio era más que un sello, a no demostrar su debilidad. Ni las numerosas balas, y cortada que ha recibido, fueron tan doloroso como este dolor que sentía. Se armó de valor y respondió.

_ ¡Gracias, señor!

_ Una vez más, lamento por lo que estás pasando Dana. ¡Eres una chica fuerte, yo sé que podrás superarlo!

_ Gracias, señor!

_ Dana, también tenemos que contarte. Ya sabíamos sobre la partida de tu abuelo, él nos exigió guardar silesio hasta que se fuera.

_ ¿Qué?

_ Dana, solo cumplimos con su pedido, todo teníamos prohibido hablar! Él no quería que estuvieras en el momento de su partida. Pero también es momento de que partas y vayas a casa.

_ Sabían, es eso lo que me dicen verdad?!

La ira cubrió el dolor que ella sentía. Y hablo, no le importo el rango que pudo haber en a sala. Todos sabían lo importante que era su abuelo para ella. Cada palabra que prosiguió saliendo de su boca era como una espada afilada que cortaba la carne en pedazo.

_ Lo ocultaron verdad, toda por esa maldita misión. Me ocultaron que mi abuelo estaba por morirse, arriesgue mis hombres, he perdido parte de ellos y ahora me dicen que sabían que él estaba por morir.

_ Le queríamos contar, pero se opuso, era nuestro juramento, lo siento Teniente Dana.

_ A la mierda todo esto. De que me sirve ser una teniente mayor si la persona por la que lucho, por los logros, se ha marchado. De qué sirven?!

_ Lamentamos todo lo ocurrido.

Había más rango superior al de Dana. Pero no tenía pelos en la lengua para maldecir a cada uno de ellos. Se inclinaron en disculpas por lo sucedido. Y habló el capitán mayor.

_ Mañana a primera hora el helicóptero te dejará en el aeropuerto y hay un jet privado que la llevará hasta su ciudad.

_ ¿Tienes, todo planeado, verdad? ¿Ya todo está listo es eso?!

Ella se rio, y dio paso para salir del despacho, porque las siguientes palabras que saldrían de su boca no serían gentiles.

_ ¡Era la orden de tu abuelo! ¡No podemos retractar nada Dana!

_ Que tengas un feliz viaje Dana y que pueda resolver todo como tu abuelo. ¡Él fue quien hizo todos los arreglos, solo cumplimos la orden!

En la salida uno de los mayores la alcanzo y le dijo.

_ Hay cosas que tendrás que manejarlo por ti misma Dana. Sé discreta, Dana, muchas cosas tendrán que mantenerse en secretos. Tus secretos serán cosas que solamente tú sabes. Hay cosas que no podrás decir a nadie, Dana, hasta que llegue el momento.

_ Guardar esta carta hasta que llegará el momento también ha sido su secreto Señor, gracias por cumplir con él.

Escucho la puerta ser tocada, pero no tenía ánimo de pararse y abril, pero ya que la otra parte insistía, ella se levantó y fue a abril a puerta. Albert y los demás chicos, no la dejaron hablar, entraron todos, la abrazaron. ella estalló en lágrimas como una niña pequeña. Sabían que se limite, ya se había alcanzado. La consolaron y ella dio la noticia de su partida. Ellos estuvieron de acuerdo con acompañarla para protegerla encubierto. Que fueran de la milicia sería su secreto más guardado.

_ Si chiquita ya tuve la noticia del capitán. Tomamos nuestra decisión. Fuiste quien fundo ese edificio, este batallo. ¡No te dejaremos sola en ninguna circunstancia!

_ Muchas gracias, chico, pero tengo que partir mañana en la primera hora.

_ Descansa, ya es tarde, tendremos que levantarnos, mañana a primera hora en la mañana, ya estaremos listo para arrancar. Tienes que estar a tiempo.-dijo Albert con sentido del humor

Capítulo 3

La mañana había caído, y después del vuelo una brigada llegó directamente a la villa loto dorado.

El coche de lujo, que la recogió en el aeropuerto. Llego a la gran villa Fénix. Dana bajo, junto con sus tres amigos, que la acompañaban. Ella, llevaba una gafa oscura para ocultar sus lágrimas, que no paraban de salir.

Han pasado tan parido los dos años, en el servicio militar. En su ausencia, han hecho muchos cambio en la villa. Cuando los sirvientes la vieron, todos mantenían la cabeza gacha. Su presencia era poder, y acompañado de sus amigos su fuerza se hacía presente. Ellos le sostenían el brazo. Los demás del batallón, se quedaron en la puerta y Eduardo la siguió junto con Félix, hasta la el gran salón.

Cuando entro por la gran puerta. estaban todos los familiares que nunca lo visitaban. Que no sabían de él, que solo aparecían algunos en su cumpleaños. Ella los miró bajo la gafa, y dijo para sí misma «Esas caras de hipócritas, solo vienen porque saben qué hay vienes en juego».

La gran villa, Fénix, era inigualable, aun así el abuelo Fénix tenía una peque cabaña a lo largo en la colina, donde le gustaba pasar tiempo y mirar el hermoso paisaje. Ella, se apresuró allí corriendo. Sus hombres y sirvientes, tuvieron que ir tras ella. Nadie en la mansión, tenía tanta cercanía con su abuelo que ella.

Por encima de la Colina, cuando llego, había una brigada de sirvientes. En el medio del salón estaba el ataúd. Ella miró el lugar donde él solía sentarse y leer libro, no estaba el sofá, sino un ataúd.

Sin poder contenerse se abalanzó sobre el ataúd. Sus lágrimas brotaron como rio en flujo. Fue tanto su llanto desde hace días atrás que se desmayó.

Después de un chequeo de médico y la medicaron quedo dormida, cosa que no hacía desde hace tiempo.

En la mañana se había despertado temprano y fue a la colina. La cabaña con tono marón y verdes turcos estaba en un aspecto desolado. Le hablo a unos sirvientes que le trajeran las cortinas, blancas, que le gustaba a su abuelo. Sus flores favoritas y su incienso. Ella misma se tomó el tiempo con la ayuda de los sirvientes, decoro el lugar. Gotas de lágrimas rebosaban por su mejilla. Terminado la decoración se sentó al lado del ataúd, y hablo. Hablo con el cadáver como si el fuera responderle. Pero no encontró respuesta de vuelta como lo hacía su abuelo vivo.

Eduardo, noto que no bajaba de la colina y la fue a buscar. La encontró apoyada en el ataúd. Él la sostuvo y la trajo de vuelta. Camino por la colina con ella para que bajara y tomara aire fresco, pero toda la belleza de la colina no pudo ser notado por ella. La tristeza la consumía. Volvieron la gran villa donde estaban todos los demás. Como primos, primas, otras personas, familia del abuelo. Nunca tuvo cercanía con ellos, él nunca habló de ellos porque ellos siempre lo dejaban abandonado y solo.

Ella no necesitaba ser amigable con ellos. Tampoco lo necesito a ninguno de ellos. Desde la muerte de sus padres, ellos no cuidaron de ella. El abuelo se hizo cargo de ella y la educo, termino su carrera y luego entro a la milicia. Eduardo se sentó con ella y la mantuvo apoyada de él. Los demás en la familia chismeaban de porque no lo conocían, tampoco sabia de su procedencia familiar.

_ ¿Saben quién es ese hombre que la sostiene? Es tan guapo, será algún CEO.

_ Ya pregunté, los sirvientes dijeron que es la primera vez que lo ven. ¡Ella nunca había traído un hombre a la villa!

_ Aprovecho la muerte del viejo, para entrar un hombre a la gran villa que descarada!

Dana, tenía un oído agudo, escuchaba sus chismes, su puño estaba cerrado. Eduardo la presiono en el asiento para que no se parara. Su tía Beatrice la miro desdeñosamente y dijo.

_ ¿Dana, el abuelo, se ha ido, pero crees que no queda ningún mayor en esta familia? Cómo puedes traer a un desconocido a un asunto de familia?!

Ernesto, uno de los hijos mayores de Beatrice, la reprendió y dijo

_ ¡Madre, no le pongas las cosas difíciles, el abuelo murió, es normal tener el apoyo de sus amigos!

Beatrice se enojó al no encontrar respuesta de parte de ella. Nadie en la familia sabia que hacía exactamente, ya que no le prestaron atención, no sabían quién era ella. Qué poder tenía y que podía hacer. Eduardo miró a Beatrice con una mirada asesina y ella dejó de hablar.

Los demás solo miraban como Beatrice mostraba sus garras sin decir nada. Ellos son todo parte de esta familia, pero son todos unos completos desconocidos. Solo saben vivir en el nombre del abuelo. Su prestigio es debido al abuelo y Dana. Sin decirle unas palabras, Eduardo le hizo seña a Félix para que la sostuviera, él tenía una llamada que atender.

Félix es alto, guapo y fuerte. Las chicas en la villa no dejaban de mirarlo y guiñarle el ojo. Cuando vieron que Eduardo se paró y le agarro la mano Dana en un sentido de pésame y le dijo unas palabras y Félix tomo su lugar donde estaba sentado. Él le tocó el hombro y ella se apoyó en él. Las chicas se mostraban furiosa porque no sabían qué tipo de relación tenían con ambos hombres, la protegían como una reina. Como Félix le toco el hombro y ella se apoyó en él, las molesto. Para ella ese lugar solo se podían apoyar ellas.

_ Mírala, ¿qué tipo de relación tiene con ellos? ¡Porque la tratan tan bien!

_ Eso lo tendremos que descubrir!

_ Que tiene ella que nosotras no, es molesto verla tan bien acompañada!

La única que no hablaba mucho era Pria. Se mantenía callada, consumida por su deseo de ser Dana. Sus ojos mostraba la enviada y el enojo de no estar en ese preciso momento— Dijo para su adentro «Porque tuviste que ser tú la que eligió el abuelo, somos todas sus nietas. Solo te tuvo compasión porque perdiste a tus padres, pero porque te favorecía tanto hasta cuidarte y mandarte al extranjero, ¿quién crees que eres Dana?»

Félix habló con ella, y se pararon la encamino hasta el barcón y un sirviente le trajo una tasa de té. Félix se la tomo de la mano y se la dio a Dana. Todos observaba esos movimientos. Dana tomó un sorbo del de y suspiro. Pensaba para sí misma con la mirada perdida en el jardín.

«Ahora no tengo cerca al abuelo para hablarle, para que me cuente chiste, para qué me hablé cosas de la vida. Quien me dirá lo que tengo que hacer. Más que me hable de sus experiencias, los tiempos que ha servido en las milicias. Los negocios, todo, ahora hacía falta. Escuchar lo que me diga algo, que cuando yo no escucho me amenace, con que me va a mandar en un Batallón cerca del ejército ruso. ¿Ahora no está ahora con quién voy a pelear y a cada rato a? ¿A quién desobedeceré para que me castigue? ¿O a quién me dará chocolate cuando no me siento bien? Mis amigos estaban conmigo, me han apoyado en todo y ellos están siendo mi mano en todo. El recorrido más con el entierro quería marcharme, quería irme, pero era la orden de mi abuelo, no podía dar un paso más hasta que todo esto termine.

El entierro fue lo más duro para ella. Sus compañeros la sostuvieron y apoyaron, nadie de la familia pudo hacer un movimiento cuando vieron a tanta seguridad. No sabían quién demonio era Dana porque tenía tanto apoyo, se preguntaban.

_ Crees que el viejo trajo a estos hombres aquí, es una brigada completa?!

— El abuelo fue militar, es normal, ver a todo estos hombres es su muerte, vienen a despedirse!

_ Mejor que así sea, porque me huele que esta mosca muerta tiene algo bajo la manga, tiene tanta protección que no la podemos tocar ahora!

_ Solo mantente alejada, ya con el viejo hicimos mucho!

_ Tardo tanto para irse, esperé ese momento ya hace 20 años!

_ Pues, deja que todo salga como lo planeamos, no vayas tú a dañarlo!

 Ernesto miró a su madre con una mirada severa.

El entierro terminó y todo volvieron a la mansión. Dana y sus hombres se quedaron un rato más con ella. Y todo el ejército de hombres se inclinó y despidió de ella. Alguno que marchaban vieron esa acción.

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