Capítulo 2

Eugene ante la negativa de su padre de viajar al país natal de la emperatriz, se escapó a escondidas.

Antes de ese incidente, el día en que escapo del palacio, viajaba solo hacia la academia de magos, sin embargo no estaba preparado para enfrentar lo que le bloqueó el camino.

Tres criaturas de tres metros de alto, envueltos en capas negras hasta los pies, con máscaras de calaveras y armados con guadañas atacaron a la gente que viajaba en la carreta junto a él.

Al escuchar los gritos y que el carro no avanzaba se bajó encontrándose con la aterradora escena; todos estaban muertos.

Las criaturas flotaban envueltos en un humo oscuro y picante que no le permitía respirar.

Petrificado por el miedo y el irrespirable aire, trató de sacar su espada para protegerse, su voz no salía de la impresión, nunca había visto criaturas como esas, los tres persecutores se lanzaron contra él, temblando puso la espada enfrente como un torpe intento de protegerse

- “Voy a morir”- pensó-

En ese instante, en su mano izquierda apareció un anillo de oro blanco, los diseños inscritos en él brillaron y de esa luz un campo de energía se desplego envolviéndolo en una especie de cápsula transparente. A medida que chocaban en ella, comenzaron a desintegrarse sus atacantes, la imagen de una mujer de cabello negro largo y ojos morados como los de él, sostenía un báculo blanco, le dedico una cálida sonrisa y murmuro- “ Cuídate hijo mío”-

- ¡Mamá!- exclamó tratando de tocarla, pero junto con el campo energético ella se desvaneció. El príncipe tomo uno de los caballos y volvió al imperio del sur.

Comentó lo sucedido al mago imperial y a su padre, quienes parecían escépticos. La única prueba a su favor fue el anillo en su dedo, el emperador lo reconoció al instante.

Luego de ese incidente Eugene volvió a la academia, su tío logró convencer al emperador de que llevarlo era lo más seguro, el joven se comportaba bien, a pesar de ser inquieto y muy preguntón, pero sus compañeros de cursos superiores, supieron de su origen y no le dejaron estudiar tranquilo, la magia y la maldición entraron en batalla en su interior y lo hicieron perder la cordura, no recordaba lo que hizo en realidad.

Para volver, debía ponerse al día y demostrar ser digno de recibir las enseñanzas de los magos, por supuesto, la maldición tenía que ser erradicada antes de esa fecha.

Hace 2 semanas el mago imperial le presentó a su nuevo tutor de magia. Estaba convencido que no necesitaba instrucción, si estudiaba solo sería suficiente para ser aceptado por segunda vez en la academia de Galia, eso pensaba él. No confiaba en las instrucciones recibidas por el mago imperial de parte de su padre.

Deseaba entrar en la academia para descubrir el potencial del anillo que apareció en su dedo de esa forma tan curiosa. El desconcierto del mago y su padre cuando se los mostró sólo aumentó las dudas.

En verdad era contradictorio, odiar su origen como mago y a la vez querer ser uno de ellos.

El maestro Mads Kross, su piel blanca como el jade le recordaba a la suya misma, sus ojos de un azul oscuro nunca vistos en el imperio le llamaron la atención, tenía una apariencia peculiar, cabello gris casi blanco, de estatura con suerte le llegaba al pecho a su tío. ¿De verdad era un mago digno de instruir al príncipe heredero?

El mago imperial debió escogerlo a propósito, se veía como un mago de segunda, ni siquiera parecía un hombre fuerte como sus tíos, era una trampa, sólo aumento la ira en su interior.

Una maldición que cargaba desde su nacimiento, cada día la mancha en su hombro izquierdo aumentaba de diámetro y aunque fingía no notarlo, se sentía más irritable con el paso de los días.

- Saludos príncipe… soy su nuevo maestro de magia, Mads Kross…- se presentó delante de Eugene, el joven ni siquiera lo miró, siguió jugando con el anillo.- Joven Eugene…- le llamó por segunda vez.-

- Usted no puede llamarme por mi primer nombre.-

- Lo siento, creí no me habría escuchado.- se acomodó sus lentes, los ojos azul oscuro brillaron de forma extraña.

- No necesito un maestro, puedo aprender magia yo solo.- expresó desafiante.

- ¿Quién le dijo ese disparate?- le preguntó el maestro.-

- ¿Disparate? No ve que puedo controlar este anillo.-

Mads suspiró molesto.- Esa no es la forma real del anillo… no está usando ni la mitad de su verdadero poder.-

- Está mintiendo, puedo mover objetos y destruirlos sólo con un movimiento.- le mostró

- ¿Le ha ganado a su tío en una batalla de magos?-

- No deseo dejarlo en vergüenza.- dijo orgulloso.

- ¿Se ha enfrentado al mago imperial?-

- No es un oponente digno…-

- ¿Qué me dice de sus anteriores maestros?- el chico expelía confianza.

- No son dignos de recordar.-

Definitivamente, el joven príncipe estaba siendo manipulado por la maldición, su comportamiento era demasiado irritable y confiado.

- ¿De qué trata?- preguntó interesado.-

- Si Ud. Puede vencerme usando el anillo en esa forma, aceptaré que está en condiciones de volver a la academia y que puede controlar su problema-

- ¿Me está retando a un duelo de magos?- no ocultaba su entusiasmo, le ganaría sin problemas, su apariencia era demasiado frágil, con un solo movimiento de su mano lo derrotaría y sería libre.

- Algo así… ¿acepta mi propuesta?- estudiaba sus expresiones el mago.

- Usaremos el salón de entrenamiento militar.- le guio entusiasmado, Sir Arthur los escoltaba en silencio, pero su expresión cambio ante la palabra duelo.

- Cómo usted desee majestad.- le siguió el tutor en calma.

De camino al salón, se encontraron con un grupo de criadas, contemplaban embobadas al nuevo maestro del príncipe.-

Es verdad que los hombres de ese país son hermosos…- comentaba una de las criadas.-

- Me dejaría hechizar por ese bello hombre.- sonreía la segunda.-

- ¿Usaran algún hechizo para lucir tan atractivos?-

- ¡Qué tonterías dicen!”- expresaba en su cabeza con las orejas rojas.- No soy un hombre musculoso y alto… no usamos magia para vernos perfectos…- Refunfuñaba el mago avergonzado-

- ¿Que herramienta mágica suele utilizar Sr. Kross?- le preguntó Eugene.

- La llevo conmigo- respondió sin cuidado.

El rumor del duelo entre el nuevo maestro y su alteza corrió por el palacio, algunos tutores y sirvientes llegaron a observar.-

- Es una vergüenza que tenga testigos de su derrota maestro.- se río complacido.

- Lo de hoy… lo tomaremos como su primera clase… - se mantuvo relajado, sin hacer guardia, lo invitó con el dedo a comenzar.- Si el mago imperial nos descubre seremos castigados, así que debemos apurarnos.

- Le ofrezco un trato.- le anuncio Mads.

Capítulo 3

El joven, acarició el anillo de su mano izquierda y reaccionó emitiendo una luz violeta, los ojos del príncipe brillaron, un rayo se disparó desde su mano, el maestro lo esquivó.-

- Ese es el color de su magia… interesante…- comentó en voz baja.-

- ¡Vamos maestro! Quiero que se defienda!!!- le gritaba el príncipe.-

- Seré amable con usted alteza.- cerró los ojos y chasqueo los dedos con su mano izquierda, luego los volvió a abrir, su iris cambio de color por instantes, era el mismo color de los del príncipe, el joven se congeló, su cuerpo no se movía, algo frío recorrió su espalda.

- ¿Qué me hizo?- logró decir.-

- Encantamiento de inmovilización- sonrío.

- No… lo vi… sacar su varita…-

- No la necesito- esbozó una sonrisa tranquila.

- ¡Quéee!!- eso era sospechoso, su tío, el mago imperial y hasta su madre usaban una herramienta mágica.-

- Mi herramienta… es mi propio cuerpo alteza- se levantó la manga hasta el codo, un tatuaje emitía una luz clara, los trazos envolvían su antebrazo como anillos- … ¿Príncipe sabe controlar ese anillo sin mover su mano?- Mads fue cuidadoso en que los observadores no vieran su tatuaje, apenas lo vieran lo asociarían a magia negra y se armaría un malentendido.

- No… todavía…- luchaba por moverse.

- No siga intentándolo sólo se desgarrará los músculos-

Mads sabía que mantener ese encantamiento por más tiempo, le generaría daño, rogaba porque el príncipe anunciara que se rendía, se concentró para aumentar la fuerza del encantamiento.-

- ¿ Qué son esos dibujos en los brazos?- se esforzó en preguntar.

- Se lo explicaré más tarde.-

- Usted es un mago débil… lo sé por su apariencia…- se quejaba.

- Primera lección, no juzgue a los magos por su apariencia.-

- Aún no lo acepto como mi maestro.-

- ¿No piensa rendirse alteza?- preguntó, la visión se le nubló, Eunice le advirtió que no usara magia hasta que cumpliera un mes de tratamiento.

- “ Usar magia te genera dolor, es un estrés para tu cuerpo que se mantuvo inactivo por más de una década, sólo usa encantamientos sencillos o las consecuencias serán graves”- Su cuñada fue enfática en ese punto, le regañaría si le viera en estos momentos, la maldición atacaba su magia como si fuese un alérgeno, un duelo era muy arriesgado aunque usara un encantamiento tan simple.

Los observadores parecían no respirar, no había un solo sonido en el salón, estaban impresionados por la habilidad del maestro, no veían magia hace muchos años.-

- El mago imperial nunca realiza magia ante nosotros… los magos de Galia son impresionantes…- murmuró una de las criadas.

- Cuando el emperador se entere de esta humillación…¿ se quedará tranquilo?-

- Siento que el maestro lo hace con un buen propósito, yo creo que lo respaldará.-

- Además es el primero que logra controlarlo de esa manera.- manifestó la criada.

- Príncipe… por favor… ríndase, puede dañar su cuerpo si no sabe como controlar el poder de ese anillo.- le advirtió suavemente el maestro.- No era el poder del anillo el que le causaba miedo, era que se activara la maldición y Eugene se volviese violento.

El chico se veía avergonzado, no podía rendirse así tan fácil, sabía que lo ocurrido llegaría a oídos de su padre, no quería admitir su derrota.

- Acepto… que necesito un maestro…-

- Debe decir “ me rindo” o no podré romper el encantamiento.-

El príncipe hizo sonar los dientes furioso, estaba muy humillado.- ¡!Me… rindo…!!!- gritó entre dientes.

Apenas terminó la frase su cuerpo recuperó el movimiento.

Mads por su parte suspiró agotado, disimulo el dolor en el pecho inclinándose hacia el príncipe.- Le prometo mi señor que lo ayudaré a regresar a la academia… es un honor para mí… servir a un descendiente de la familia Stone.

- El maestro hizo esa promesa delante de todos… además parece saber mucho de la familia de esa mujer…- analizaba Eugene.

Ese niño le había hecho la vida de cuadritos desde el primer día, le regalo una serpiente como bienvenida, metió una araña gigante en su cama, si no hubiese estado Odín se desmaya, llenó sus zapatos con aceite, le lanzó borradores que esquivó sin problemas, hasta su gato fue víctima del príncipe, un sin número de travesuras típicas de un niño, le daba escalofríos recordarlo- “ ¿Cómo pudo heredar ese temperamento?”- pensaba Mads fingiendo tranquilidad.- “Debemos sumar que creció sin disciplina… y la influencia de esa magia oscura…”

El gato blanco que se abrazó a su cuello le respondió:

- Ese niño no la ha pasado bien… ¿en verdad querrán negarle su derecho al trono?-

- Si es cierto… la familia Stone le recibirá sin duda, puede ser un gran mago si se lo propone.-

- Sería injusto que sea discriminado por el origen de su madre.- se quejaba el felino.

- Por favor cuídalo fuera de los horarios de las lecciones, siento magia negra moverse en su cuerpo, mi tatuaje reacciona, puede atacar a un inocente.

- Sí amo, me encargaré de tragar esa energía- se lamió lo bigotes- aunque no tienen un buen sabor.

- Lo sé… espero no tener que llevarme al príncipe a la casa Stone para siempre… pero si no lo quieren como heredero, su padre se casa y tiene un hijo de sangre noble, no permitiré que se le humille.- manifestaba decidido.

- Debemos comentar esto con el ministro de magia, como tío del príncipe debe saber más detalles de ese rumor.- le sugería el gato.

- Quisiera saber… si el emperador en verdad desconfía de ese chico.- Mads recordó su encuentro con él luego del duelo con el niño.

Mads se recuperaba del uso de magia, miraba el techo sumido en sus pensamientos, acariciaba la cabeza de Otis y bebía una de las pequeñas botellas de cristal que le dio su madre como tratamiento.

- Excelencia debe cuidarse, usar la magia aún puede ser peligroso para Ud.- le aconsejaba con voz lastimera el gato.

- Lo sé, pero debía enseñarle una lección…lo pensará dos veces antes de desafiar a un maestro.-

- Puede ser… ¿no la meterá en problemas con su majestad?- estaba realmente preocupado.

Llamaron a la puerta de Mads, él se sentó por la sorpresa, el gato escondió la cola. Abrió la puerta segundos después.

- Maestro, siento la hora, pero el emperador desea hablar con usted.- era Sir Arthur

- ¿Tan tarde?- preguntó sin querer.-

- No podemos discutir las órdenes de su alteza.- le dijo el joven caballero.

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