Durante el resto de la fiesta, Sandra rechazó a más de una docena de hombres que quisieron acercarse a ella. Eduardo la miraba con furia. A Sandra eso la tenía sin cuidado. Ella tenía mejores planes para celebrar sus 25 años. La razón por la que ella había querido ir a Dubai era porque quería hacer una expedición en las World Islands. Era cierto que aún no estaban terImándas y que muchas estaban aún desiertas y que le habían advertido que era peligroso que fuera sola pero eso a ella no le interesaba en absoluto. Quería ver el mar. Quería estar sola. Quería estar en territorio virgen. Quería gritar y saber que estaba libre de presiones, de su hermano, que nadie la molestaba por su carácter o nadie la buscaba por su cuantiosa fortuna. Eso es lo que buscaba y decididamente iba a tener. Otro caballero la sacó de sus pensamientos, cosa que la molestó de sobremanera.
- ¿Sandra Casablanca?
- ¿Hay otra? – contestó con altivez.
- Permítame presentarme… Mi nombre es Ali Hassan. Es usted la mujer más bella que ha pisado estas tierras…
- Vaya al grano… - Sandra lo apuró - ¿Qué quiere?
- Disculpe… no vengo a pedirle un baile… soy la persona que usted contrató para su expedición por las World Islands en tres días…
La mueca de fastidio de Sandra cambio en un instante. Súbitamente, se paró y dio un brinco como si fuera niña pequeña y abrazó a Ali Hassan ante la mirada atónita de todos.
- Creo que todo mundo nos mira, señorita Sandra…
- Déjelos… no tienen vida propia… siéntese a mi lado… ¿Usted será mi guía?
- Así es… Partiremos de aquí de la playa Jumeirah, llegaremos a la bahía de lo que es la isla que corresponde a Inglaterra que es donde están los hoteles y la isla que está más poblada y a partir de ahí empezaremos la expedición hasta cubrir en su totalidad todos los países que conforman las World Islands. En total, la duración de su expedición será de un mes y medio, dependiendo de cuánto tiempo quiera acampar en cada isla…
- ¡Me parece perfecto! Esto sí que es digno de ser celebrado… ¡Eduardo! – gritó Sandra y el rubio corrió al lado de su hermana menor.
- ¿Ahora qué, querida?
- Te presento a mi guía de mi expedición por las World Islands… Ali Hassan, le presento a mi medio hermano, Eduardo Villalba…
- Mucho gusto señor Villalba, un placer…
- Me gustaría decir lo mismo, señor Hassan pero sigo en contra del capricho de mi hermana…
- Y como ya te he dicho, Eduardo, yo tomo mis propias decisiones. Yo nada más cumplí con informarte… - dijo Sandra con orgullo y desdén.
- De cualquier manera, me gustaría mañana tener una reunión con usted, señor Hassan… quisiera saber cuáles son las medidas de seguridad que se adoptarán…
- Por supuesto, señor Villalba…
Sandra se alejó dejando a su hermano con sus conversaciones "de adultos". A final de cuentas, ella ya sabía lo que le interesaba. Tronó los dedos a su guardaespaldas Franco que se colocó detrás de ellas.
- ¿Sí, Sandra?
- Vámonos a la playa. Consígueme un Martini seco y dile al DJ que quiero la música allá abajo. Quiero una fogata para mí sola… todo este bullicio ya me hartó…
- A la orden.
En menos de media hora, Sandra estaba sola, como más le gustaba estar, en la playa, sin sus tacones, sin importarle estarse mojando el vestido negro de Armani, caImánndo y correteando entre las olas mientras Franco sostenía sus zapatos, su Martini y el DJ tocaba una canción que le había encantado a Sandra: Language of Love de Cee Lo Green.
- ¿Franco?
- ¿Sandra?
- ¿Soy odiosa?
- A veces… - admitió el guardaespaldas.
- ¿Eres mi amigo?
- Para eso me pagas…
- Por eso me caes bien… porque eres honesto… - rio Sandra mientras giraba sobre sí misma – no como esa bola de lamebotas que están allá arriba queriendo quedar bien con mi hermanito Eduardo… ¡Súbele al volumen DJ!
Sandra cantaba y bailaba mientras chapoteaba con las olas del mar y Franco la vigilaba pero a lo lejos unos ojos azul zafiro habían cantado también la última frase "Esa bella extraña me pertenece" sin que ninguno de los dos se hubiesen dado cuenta. El extraño se acercó con cautela. Observó el cuerpo sugerente de la rubia, la belleza de su cara, la manera desenfadada en que se movía. Notó que tenía guardaespaldas, que por su manera de cantar, bailar y juguetear con las olas era una chiquilla caprichosa. La miró con deseo y se tomó su tiempo para pensar en todo lo que haría cuando la tuviera con él. El extraño sonrió al oír lo que Sandra cantaba a todo pulmón. Si tan sólo esa rubia supiera su destino.
Sandra se carcajeó y aventó al mar su copa de martini vacía y brincó como una chiquilla y de pronto sus ojos se toparon con los de aquel extraño que la miraba. Sus ojos celestes con aquellos ojos zafiros que se confundían en la oscuridad del mar. El tiempo se detuvo y Sandra se quedó inmóvil pero sintió que aquellos ojos la desnudaban y gritó con terror.
- ¡Franco!
El guardaespaldas soltó los tacones de la muchacha y la abrazó y sacó una pistola para apuntar hacia donde Sandra le señalaba. Pero Franco no vio nada. Los ojos zafiro habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos y Sandra se restregó los ojos. ¿Acaso estaba borracha? ¿Había alucinado?
- ¿Qué viste, Sandra?
- Te juro, Franco… te juro que creí que alguien me estaba mirando… podría jurar que alguien me estaba observando…
- Sandra… ¡No hay nadie!
La rubia se llevó la mano a la boca. Seguramente era la adrenalina de su próxima expedición, el Martini, la playa… Pero si aquellos ojos zafiros hubiesen sido verdaderos, no los hubiera desechado como tantos otros ojos que se posaban en ella con adoración.
Sandra se levantó de su cama con ideas encontradas. Por una parte, maldijo la idea de no citar a Ali Hassan más tarde en el restaurante del hotel para dormir un poco más pero por otro lado, se alegraba de acelerar su expedición por las World Islands para, al fin, poder estar sola. Tomó una ducha rápida, se puso un vestido corto verde, se hizo una coleta y se puso solamente rímel y algo de color en los labios. La misma Sandra sabía que no necesitaba mucho. Era bella, había heredado la belleza de su madre y había sido mejorada con los genes de su padre. Sandra sonrió. ¡Pobre idiota! ¿A quién se le ocurre suicidarse tan sólo porque el amor de su vida se muere?
- No cabe duda que el amor está sobreestimado… - Sandra se dijo a sí misma mientras se observaba una última vez en el espejo y salió tropezándose inmediatamente con Franco.
- ¿Dormiste bien? – preguntó el guardaespaldas de cabello platino que a petición de la rubia, siempre vestía de blanco.
- Por supuesto… ¿Eduardo ya bajó?
- Sí. Vas tarde a tu cita.
- No te preocupes, Franco… Estoy acostumbrada a que me esperen…
Franco la guio hacia su elevador privado y cuando cruzaban parte del lobby, Sandra se detuvo cuando oyó a Leticia hablando de ella. Hizo un gesto a Franco para escucharla.
- Al menos, Eduardo nos pagó este espléndido viaje a costa de la perra… habrá que disfrutarlo… ¿vamos a la piscina o al spa?
- Leticia… - contestó Ana - no deberías expresarte así… al menos deberías ser agradecida… Por lo que fuera, por tapar apariencias o lo que sea, pero se te invitó… ninguna de nosotras, ni tú, ni Teresa ni yo hubiéramos tenido dinero suficiente para venir y hospedarnos en este hotel por una semana y menos con todo pagado…
- Creo que Ana tiene razón esta vez…
- ¿No recuerdan como estaba anoche la fiera? – Leticia cada vez se sulfuraba más pero en ese instante, Daniel Torres cruzó rumbo al restaurante. Leticia también había sido compañera de él y la saludó.
- ¡Hola Leticia, gusto en verte, te ves bien!
- ¡Hola Daniel! ¿Cómo estás? – Leticia levantó la mano y ya iba a correr en dirección hacia donde Daniel se alejaba cuando Sandra empezó a aplaudir escandalosamante.
- ¡Maravilloso, Leticia! ¿Qué esperas para ir corriendo detrás de las migajas de pan que suelo dejarte?
- ¿Qué estás diciendo? – Leticia se volvió con ira.
- La verdad, queridita… nunca has tenido estilo y siempre estás recogiendo las sobras amorosas de lo que a mí no me gusta… ¿Cómo prefieres que te llame? ¿"Desesperada por amar" o "Incapacitada para conquistar"?
- Te voy a… - Leticia se quiso abalanzar sobre Sandra que sonreía con suficiencia mientras Teresa y Ana la detenían y Franco se interponía. Sandra movió a Franco.
- No hace falta que la detengan… Perra que ladra no muerde… ¿verdad, Leticia?
Sandra se retiró carcajeándose mientras Leticia hacía el coraje de su vida y todavía la rubia volteó y le gritó.
- ¡Hey, Leticia! Pide un masaje en el spa… ¡Te lo pago yo! Porque con las mascotas también hay que ser espléndidas…
Sandra oyó los gritos a sus espaldas pero para ella sonaban como música en sus oídos.
- ¿Quién me asegura que mi hermana efectivamente tendrá toda la seguridad que me está diciendo, señor Hassan? – Eduardo preguntó mientras Paloma, callada, desayunaba.
- La señorita Sandra me contrató desde España. Yo represento lo mejor en seguridad de Dubai. Disponemos de todo lo necesario para que la señorita haga lo que le plazca sin que nadie se le acerque a menos de 200 metros. Todos portamos armas. Los trayectos por las islas los hacemos en auto, a caballo o en camello y de isla en isla usamos botes con motor. Por supuesto, hay algunas islas en las que no hay autos porque están demasiado vírgenes o porque siguen en proceso de construcción o de detalle. Ahí sólo se manejan camellos o caballos… Pero son pura sangre.
- Sin embargo, pienso que…
- Lo que pienses es secundario, hermanito… - Sandra llegó, se sentó, tronó los dedos y le sirvieron café y jugo de naranja. – Buenos días, señor Hassan. Paloma…
- ¿Sí? – la novia de Eduardo ya se empezaba a acostumbrar al endiablado temperamento de la pequeña media hermana de su novio.
- ¿Nos disculpas? Esto no es un desayuno social. Franco, que la novia de mi hermano termine de desayunar en su habitación.
Franco se movió deprisa y en menos de cinco minutos, en la mesa solo estaban Eduardo, Ali y ella.
- No tenías por qué echarla así…
- Y tú no tenías por qué traerla a la reunión de mi viaje… - rebatió Sandra. – Supongo que ya discutiste todo lo de seguridad al derecho y al revés… ¿Cuándo partimos, Ali?
- Si usted me da carta blanca… podría ser mañana mismo…
- ¡Hecho! Encárguese de todo… - Sandra sonrió y se levantó de la mesa. – Salimos al amanecer…
Ali asintió y se retiró mientras que Sandra, cuando se disponía a hacerlo, fue detenida por su hermano.
- ¿Qué te crees, Sandra?
- ¿Dónde quedó lo de querida? – dijo la rubia con cierto sarcasmo.
- No estoy dispuesto a tolerarte más caprichitos. No me gusta la idea de que te vayas sola a visitar estas islas que ni siquiera estaban concebidas para existir…
- Me importa un reverendo bledo… ¿es todo?
- Puedo quitarte el dinero y a ver qué haces sin fondos…
- Mi querido hermanito… no seas tonto… - Sandra se rio. – Ni que yo fuera una adolescente para que me amenaces con estupideces… Tu padre te heredó una fortuna considerable, mi padre se dio un tiro al nacer yo y era mucho más rico que el tuyo y si a eso le agregamos que mamá nos heredó la mitad de su fortuna… tú sales perdiendo. Así que cuando quieras discutir, busca mejores argumentos. Dije que me voy y me voy…
- Llévate entonces a Franco… - suplicó Eduardo.
- ¿Para que Franco corra a informarte lo que hago o no hago? – Sandra se carcajeó – No soy tan estúpida. Estimo a Franco muchísimo pero sé que caerá en la tentación de informarte de mis movimientos por una módica cantidad de dinero… así que no, gracias… declino tu oferta. ¿A dónde irás mientras yo me pierdo en World Islands?
- Me iré con Paloma a Estados Unidos. Puedes alcanzarme allá y ahí veremos cómo arreglar nuestras diferencias antes de volver a España para dejar de dar escándalos…
- Me parece bien… hasta luego, hermanito…
Sandra pasó el día ultImándo detalles, comprando pantalones de mezclilla que sabía que necesitaría, empacando maletas, compró un arma en caso extremo de que llegara a necesitarla pero también consideró que estaba exagerando. Estaba eufórica y al anochecer, no tenía nada de sueño. Pensó en irse a despedir de Eduardo pero no quería lidiar con sermones. Salió a los jardines del hotel y empezó a caImánr entre los arcos de mármol que representaban a cada emirato árabe. El aire especiado le llenó los pulmones y de pronto sintió como si alguien detrás de ella hubiera pasado corriendo a velocidad luz. Volteó. Nada. Prendió un cigarrillo y se sentó a ver la luna en el cielo despejado pensando que su aventura empezaría en pocas horas y de pronto oyó a lo lejos una tonada dulce de un hombre que cantaba a capella un verso.
Busco tu amor
dulce sonrisa que
brilla en la eternidad
bello lucero que
siempre me hace feliz
eres mi más grande tesoro
eterna luz de estrella
Aquella voz hipnotizó a Sandra. Era como si fuera una necesidad, un anhelo que debía ser satisfecho. Intentó buscar de dónde provenía la voz pero no tuvo éxito. Al final, se rindió y se fue a su cuarto. Verificó que su arma estuviera cargada y la puso en su bolsa. Cuando su cabeza tocó la almohada se quedó profundamente dormida. No se dio cuenta cuando los mismos ojos zafiros que había visto la noche anterior en la playa, entraron a su suite sin que la alarma sonara, tomaron la pistola, cambiaron las balas y cuando Sandra se revolvió en el lecho, la voz que oyera en el jardín, resonó en voz baja para acunarla.
Busco tu amor
dulce sonrisa que
brilla en la eternidad
bello lucero que
siempre me hace feliz
eres mi más grande tesoro
eterna luz de estrella
Y tras darse cuenta que Sandra seguía profundamente dormida, la sombra salió sin que nadie se diera cuenta que había estado ahí.