Capítulo 2

"De acuerdo, ahora ve a su habitación", ya no había marcha atrás, y enseguida me pidieron que me trasladara a la habitación del extraño esposo.

Me quedé boquiabierta cuando nos dirigimos hacia las grandes puertas de la mansión.

No paraba de mirar por la ventana. Fui detrás de la señora Katherine hasta el interior de la casa.

Thalia, otra criada de la que me había hecho amiga, nos acompañó.

"Ven conmigo, te llevaré a tu habitación", declaró ella.

La seguí en silencio por las escaleras blancas y atravesé dos pasillos antes de llegar a una gran puerta.

Ella empujó la puerta y yo me quedé sorprendida.

La habitación era inmensa.

"Esta es la habitación del señor Percival, pero me informaron de que tú dormirías aquí", comentó Thalia mientras señalaba un diván.

Hice un mohín. Había estado contemplando la inmensa cama. Ya que gran parte del tiempo el hombre no me quería a su lado, ¿por qué no me daba otra habitación para dormir?

Aunque sabía que no estaba en posición de preguntar.

"Thalia, ¿podrías avisarle a la señora Katherine que debo ir a casa a buscar algunas de mis pertenencias?"

Ella asintió con la cabeza. "Por supuesto".

Me di cuenta de que ahora le incomodaba estar conmigo.

Necesitaba hacerle notar que seguíamos siendo amigas.

"Todo esto ha pasado muy deprisa. Aún estoy asimilándolo. ¿Lo puedes creer? Estoy casada con alguien al que no conozco. Con lo extraño que es este acuerdo, creo que podría ser feo de aspecto, quizás hasta barrigón".

Thalia se echó a reír. "Créeme si te digo que está muy lejos de serlo. Es el hombre más atractivo que he visto en mi vida".

Percibí cierta envidia en Thalia.

"¿Lo has visto? Cuéntame de él".

"Pronto también lo verás", tras decir eso, se marchó con rapidez.

Fruncí el entrecejo. Esto iba poniéndome más y más nerviosa.

...

En la noche.

Cuando me eché en el diván para dormir, oí el ruido de la puerta al abrirse.

Tragué saliva sin querer.

¿Se trataba de mi misterioso y repentino esposo?

¿Qué se suponía que debía hacer?

¿Debería pararme y saludarlo?

¿Tal vez presentarme?

Entonces se me vino a la mente que la señora Katherine quería que viviera como un fantasma. Únicamente debería hablar si se me dirigen la palabra.

Pero a pesar de todo, sentía curiosidad. Abrí un poco los ojos y lo vi quitándose la ropa.

Estaba de espaldas y sus músculos se flexionaron al quitarse la camisa.

Me quedé mirando su espalda, la cual tenía un tatuaje.

Moví un poco la cabeza para intentar entender la palabra.

Como si notara que lo estaba observando, se dio la vuelta y enseguida cerré los ojos, cubriéndome la cara con las palmas de las manos.

No sabía muy bien cómo actuar de forma invisible.

¿De qué manera una persona viva actuaría como un fantasma?

...

Desde el punto de vista de Percival.

Esbocé una sonrisa cuando vi a la joven en el diván fingiendo ser invisible.

Examiné su delgada figura con los ojos, no era para nada mi tipo.

Se podría decir que la abuela hizo muy bien su trabajo. ¿Cómo fue capaz de encontrar a una mujer tan poco agraciada?

En cuanto me bañé, bajé a cenar sin ver a la chica que intentaba acurrucarse en el diván.

...

"¿Y quién se ha casado recientemente en la ciudad? Percival Saunders".

Fulminé con la mirada a mi hermano Austin.

Como había imaginado, armaría un escándalo por esto.

"No es mi esposa", le expliqué por enésima vez.

"Ah, perdón", se disculpó sin ser sincero.

"¿Se mostró tranquila y reservada? De no ser así, avíseme para que la sustituyan", contestó mi abuela.

Le sonreí y expresé: "Por ahora no hace falta que la cambies".

"De acuerdo".

"¿Es guapa?", inquirió Austin.

Rodé los ojos. "No le vi la cara. No me importa si es guapa o no. Lo único que tengo que hacer es empezar a prepararla para que conozca al señor Ronald".

Capítulo 3

Desde el punto de vista de Percival.

Me disponía a comer cuando empezó a sonar mi teléfono.

Esbocé una sonrisa cuando vi que era una llamada de Violet.

"Mi prometido se ha casado hoy. ¿Tengo que felicitarlo?", saludó con sarcasmo.

"Ah, por favor, cariño. Ya hemos hablado de esto".

"¿Debería preocuparme por ella?"

"Tú y yo nos tenemos confianza, Violet. Es lo único que importa. No tienes que preocuparte por nada".

"Ponla en el altavoz, quiero conversar con ella", espetó mi abuela con entusiasmo.

Justo cuando hacía eso, Austin lanzó un grito.

"Han sido meses sin saber de ti, Violet. Te echo de menos".

"Ah. Yo también te echo de menos. Háblame de la chica, ¿es guapa?"

Por un momento, cerré los ojos.

Otra vez con lo mismo.

"No lo es y haré lo necesario para que siga siendo fea", contestó la abuela.

Sí, mi abuela fue siempre así. Menospreciaba y despreciaba a la gente de bajos recursos.

"¿Ha comido algo?", le pregunté a mi abuela, la cual negó con la cabeza.

Parpadeé un par de veces, sin poder creerlo. "Ella no es una esclava aquí. Si la tratamos mal, ¿cómo pretendemos que coopere delante del señor Ronald?"

"De acuerdo, que alguien le envíe comida de forma regular, pero no tiene permitido comer en esta mesa. Tal vez te esté ayudando durante un año, sin embargo, no debe olvidar su lugar".

"Hola... Sigo aquí", esa era Violet al otro lado de la llamada.

"Lo lamento, nena", agarré mi teléfono y salí del comedor para charlar con ella en privado.

Desearía tanto que ya fuera mi esposa.

No me gustaba nada tener que aguantar a otra mujer durante un año.

...

Desde el punto de vista de Regina.

Al día siguiente.

Nadie trajo mis cosas.

Nadie.

Había hecho un montón de peticiones para que me enviaran mis cosas, pero fueron totalmente ignoradas.

Hace dos días que me instalé en esta casa. Desde la noche en que solo pude verle la espalda, no volví a encontrarme con mi esposo.

Era frustrante estar en la habitación todo el día.

"¿Cómo se supone que me daré una ducha sin mi ropa?", susurré. Caminé en dirección al cuarto de baño, donde a lo mejor ya estaba todo preparado para mí.

Había dos baños en la habitación, pero supuse que uno era suyo y el otro mío.

Sin darle importancia, abrí los dos baños para saber cuál era más grande. Desde luego, ese sería el suyo.

Me di cuenta de cuál era el suyo porque uno tenía dos albornoces que sin duda le pertenecían y el otro no tenía ni uno.

Ni siquiera tenía jabón.

"Esto es el colmo...", me atreví solo a susurrar mi condena.

Así que tuve que entrar al baño que era de mi "esposo" y darme un buen baño con su gel de ducha. Pero como no tenía albornoz ni pijama, me vi obligada a secar mi ropa limpia con una secadora de cabello y volver a ponerme la vestimenta húmeda.

Luego de bañarme, me dirigí de nuevo a la puerta de mi habitación. Hasta ahora no había podido salir de aquí. Esta mañana tuvieron el tino de traerme el desayuno, pero hicieron que me lo comiera en el cuarto. Si seguía así, me iba a volver loca.

"Sí podía salir, ¿cierto? Únicamente me comentó que no me acercara a él, no que me quedara encerrada", me puse de pie y me dirigí lentamente hacia la puerta.

El lugar era incluso más magnífico de lo que imaginaba, con cada azulejo reluciente. Se notaba lo adinerados que eran...

Cuando estuve por salir de la habitación, ¡una mano me agarró!

"¡Ah!", grité sin poder contenerme. Al levantar la vista, vi a un hombre que me sonreía.

Su cabello era rubio oscuro, pero tenía muy buen aspecto.

¿Acaso era mi esposo? No podía recordar que tuviese el cabello así.

Aunque anoche la habitación estaba un poco oscura, así que no estaba segura de cuál era su color de cabello.

"Y la abuela mencionó que no eras guapa. No creo que sepa lo que significa esa palabra".

¿Abuela?

Seguramente se estaba refiriendo a la señora Katherine.

Entonces, ¿él era mi esposo?

"Ven, aún no se te permite salir de la habitación", susurró él.

"Eres... Mmm, no sé si debo preguntar, pero siento curiosidad. ¿Eres mi esposo?"

Volvimos a la habitación y asintió sonriente.

"Sí", creí que mi misterioso esposo sería alguien difícil de tratar, una persona con la que me daría miedo hablar, pero ahora parecía muy amigable.

"Eres preciosa", añadió, y se acercó más a mí.

Parpadeé ante su comentario.

¿A qué se debía ese repentino cambio en la expresión de su rostro?

"¡Ve a la cama, mi linda esposa!", ordenó.

La señora Katherine había hecho hincapié en que la intimidad no formaba parte de esto.

Me alejé de él, y negué con la cabeza, asustada.

"No."

"No te asustes. Esto te gustará", me susurró.

"Ah...", Cuando intenté huir junto a él, me retuvo y me lanzó sobre la cama.

¡No! ¡No así!

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