Capítulo 2

Amaia

Llegué lo suficientemente temprano como para no coincidir con mi pasado en la entrada. Pero el pasado es algo tan presente, que no vale la pena rehuir de el, porque el vive en nosotros.

Quería verlos a todos desde la distancia y que mi corazón llorara en privado por todos los que iba a ver hoy aquí. Desde los buenos hasta los malos.

La sala estaba bastante llena, pero pude sentarme al fondo, en una esquina alejada.

Cuarenta minutos después no podría explicar cómo, sentí su presencia en la sala. Era algo sobrenatural, no tenía explicación, pero aun sin verlo lo supe.

Aidan había llegado.

Venía de la mano de mi madre, se veían adorables juntos, me hubiese encantado disfrutar de esa cercanía suya en circunstancias diferentes.

Ver a mi madre, me encogió el corazón, llevaba tanto tiempo sin sentir el calor de ella. Mi padre siempre fue frío y distante pero mi madre no. Ella era una esposa sumisa y cristiana fanática pero una madre cercana y cariñosa. No sé si me perdonaría algún día.

Mi hermana abrazada por Ashton, fue la próxima daga que se me clavó en el pecho. Esa niña buena que tanto amaba, que tanto me trató de ayudar y que sabía, de entre todos era la que más dolida estaría. Y ver a Ash, fue recordar la simpatía de su carácter. Así como tantos momentos juntos imborrables.

Si algo tenía que agradecer era la constancia de ese chico. Según me iba informando Douglas, el había estado todo el tiempo soportando el peso de lo que quedaba de mi familia.

Mientras yo entrenaba cada día con más rigor, para ser el agente que soy hoy; pero sobre todo para no volver a pasar por lo mismo una segunda vez en mi vida, Ashton velaba por mi madre y mi hermana, por su sobrino enfermo y su hermano de comportamiento inestable.

Estos ocho meses recibí videos en mi habitación de el cuerpo de entrenamiento, de todos y cada uno de ellos. Fuí consciente, una semana después de despertar de un estado de semi inconsciencia, de lo que había pasado con Aidan, pero yo estaba hospitalizada, no podía hacer nada. Y al saber que todos estaban vivos y bien tomé la decisión que entendí más correcta para mí. Tal vez fue egoísta por mi parte, pero ya no podía remediarlo. Me inscribí a la agencia secreta para trazar y llevar a cabo mi venganza. Sin involucrar a terceros. Y una vez allí, ni el propio Douglas podía decir nada de mí ubicación.

Toda esa gente que formaba parte de mi pasado, estaba sentándose junta, acompañándose en sus independientes dolores, y yo estaba aparte. Lejos. Sola.

Cuando entraron a los acusados, y no ví al objeto de mi tragedia y la diana de mi venganza, me quité los espejuelos para tratar de visualizar bien toda la sala.

Cómo las mellizas que éramos, mi hermana debió tener la misma idea que yo, porque su mirada se encontró con la mía.

Aproveché el factor sorpresa y un pestañazo de mi ángel, para agacharme al suelo.

— No te levantes aún, está mirando hacia acá. — la señora que estaba a mi lado me sorprendió diciendo aquello.

— Ya puedes levantarte Amaia, tu hermana ya no mira— dijo unos minutos más tarde.

Más asombroso me resultó que aquella señora supiera mi nombre.

— ¿ De dónde me conoce?.

— De hace mucho tiempo, desde que mi hijo se enamoró de ti querida.

Quedé aturdida con lo que la señora decía. Aidan en algún momento dijo que su madre se había marchado desde sus doce años y nunca más la habían visto.

Y ahora estaba aquí, esta señora diciendo ser la madre de mi marido y que me conocía desde hace mucho.

Mis preguntas quedaron vacías de respuestas cuando el juicio dió inicio y un fiscal comunicó algo al juez y este dijo para todos...

— El acusado Andrew Miller, está hospitalizado. Durante la noche sufrió una apoplejía y su estado no mejora. Debido a la incapacidad de su condición y a no ser posible su testimonio en este juicio, se suspende su sentencia y se aplaza el mismo hasta que se reorganicen las defensas de los acusados que quedan pendientes a ser condenados. Por favor desalojen la sala.

Esto último lo oí desde el pasillo por el que salí corriendo para que no me descubrieran, dejando atrás a la señora que tanto me había desconcertado y a toda mi familia de la cual, me estaba escondiendo.

Me faltaba el aire, sentía una ausencia total de flujo sanguíneo.

Empecé a hiperventilar dentro de mi auto.

Tomé mi teléfono y llamé a Julia.

— ¿Amaia? — contestó al segundo tono.

— Julia, no puedo respirar, me... me aho.. ahogo.

— Tranquila Amaia, es solo una crisis de pánico, ya sabes que hacer. Busca tu sobre para que respires, están en tu bolso cariño, no desesperes, siempre los llevas.

Poco a poco, con el teléfono en el oído empecé a buscar y encontré el sobre. Lo abrí y comencé a respirar dentro y fuera.

Quince o veinte respiraciones después había calmado mis nervios. Julia esperaba tranquila y alentándome desde la línea.

— Dime que pasó cariño.

Y le conté todo, con la voz entrecortada le conté, como el maldito de Andrew ahora estaría descansando en una cama de hospital mientras yo me ahogaba solo de escuchar su nombre, o peor aún, podría estar ya, cómodamente muerto. Truncando así todas mis ideas de venganzas contra el.

Le dije también lo de la señora, que me reconoció y que dijo ser la madre de Aidan.

Mientras hablaba con ella un mensaje entró a mi móvil de número privado.

* Tenemos que hablar Amaia, yo te contactaré pronto... Lina*

Ese era el nombre de la madre de los chicos.

— Tienes que contarles Amaia, ve a tu casa y busca a tu familia. Ya es tiempo cariño.— me animaba Julia hacia un momento que me daba pavor, pero que se volvía inevitable.

— Lo sé.

Aitana

Creo que de tanto que mi madre repitió una y otra vez que Amaia estaba viva y Aidan la apoyaba, me estaba volviendo loca.

Casi armo un escándalo en pleno juzgado.

Pero es que sería una locura si estuviera viva, y se hubiera alejado de su familia. Y sobre todo, el hecho de estar viva y no presentarse como denunciante para el juicio de Andrew.

Tratamos con el fiscal de sumarle el cargo de homicidio pasional a Andrew, pero el nos dijo que sin cuerpo no hay delito.

Así que como nunca se encontró el cuerpo de mi hermana y a pesar de que la policía sabía de su desaparición, ellos llegaron a la conclusión que mi hermana simplemente se había ido y no quería volver. Dijeron luego de setenta y dos horas buscándola y la negativa de Andrew a haberla matado, que un mayor de edad está en todo el derecho de irse sin decirle nada a nadie.

La investigación seguiría su curso. Pero ya Amaia, no se denunciaría como persona desaparecida. Más bien entendían, que era, un adulto que por motivos cualesquiera se había ido lejos sin decirle a nadie.

Mi madre y Aidan se aferraban a esa posibilidad y por otra parte Douglas dijo no saber nada tampoco. El se mantuvo al tanto de la recuperación de todos, incluso de la rehabilitación de Aidan, pero poco más.

Yo por mi parte era de la teoría de que Andrew había matado a mi hermana, aunque me doliera, no pude jamás creer que mi hermana iba a esconderse de su propia familia.

Me quedé intranquila en mi asiento; pero no tuve tiempo de analizar bien a la persona que había visto, pues el juicio dió inicio tan rápido como finalizó.

— No me lo creo Aidan, no creo que esté así. En serio no lo hago.

Todos estaban en silencio menos Ash, las chicas no pudieron ni ver a sus parejas debido al suceso y yo me había quedado inconforme con la mujer que había visto allí, pretendía acercarme a ella, pero cuando salimos ya no estaba.

— Ash, cállate por favor. Me estás dando dolor de cabeza. Déjame por aquí que tengo otras cosas que hacer. — Aidan estaba particularmente tranquilo, no me tragaba su estado sereno.

— ¿Dónde vas Aidan?— se detuvo Ashton y mi cuñado se bajó del asiento delantero y colando la cabeza por mi ventanilla, besó mi frente y dijo.

— A follar Aitana,¿Quieres venir conmigo también?

— ¡¡Aidan!! — le gritó Ashton pero él, enseñándole el dedo corazón, cruzó la calle y desapareció mientras yo rodaba los ojos molesta.

— Va a tomar un poco de aire mi niña, déjalo tranquilo. Ya volverá.

Mi madre lo defendía ahora, como si fuera su propio hijo.

Las chicas se quedaron en el juzgado tratando de pedir unos minutos para ver a Carter y Muriel.

Llegar a casa era justamente lo que necesitaba. Subí a darme un baño y mi madre se metió en la cocina.

— Cariño, mentiría si dijera que siento lo de tu hermano, pero estoy contigo para lo que decidas. Si quieres ir a verlo al hospital, vamos. — el había soportado tanto a mi lado, que si quería ir a ver a ese maldito, iría con él. Y aprovecharía para encajarle algo a ver si de veras estaba completamente paralizado.

— Eventualmente iré angel, pero no ahora. Esperaré un par de días y decidiré. De todos modos supongo que hay que pedir permisos. Al final sigue siendo un preso.

— Báñate conmigo— le pedí bajito.

— Nena, si me meto allá adentro voy a follarte duro y vas a gritar tanto que tú madre creerá que te estoy asesinando, no sabes la furia que cargo. No me tientes con esas tetas que amo. Por favor.

— Voy a salir cariño, iré a pagar la escuela y pasaré a ver cómo van los preparativos. Pasado mañana inauguramos el club y aún no llegan las alfombras de la entrada.

— Vale amor, yo voy a salir de aquí en cinco minutos y llamaré al fiscal. Cuando vuelvas tendré noticias de todo.

Mi chico se fué y me hundí en la bañera tratando de ahogar la sensación que me dejó el hecho de que Andrew estuviera en esa condición, tan increíble como poco oportuna y sobre todo, la sensación de haber creído ver a mi hermana.

Y justo en ese momento de reflexión interna siento un grito que me asusta , salgo de la bañera resbalando y me pongo un albornoz que me voy amarrando por el camino con el pelo chorreando agua.

Una vez bajo los escalones corriendo descalza, me encuentro con la única persona que no conté encontrar y mucho menos por segunda vez en una misma mañana.

Pero esta vez, sin lugar a dudas era mi hermana, abrazada a Ashton.

— ¿Amaia?

Capítulo 3

Amaia

Los regresos nunca son fáciles. Si te esperan con deseo, sientes mariposas en el estómago de la alegría de volver a los tuyos. Si lo hacen con pesar, sientes unos nervios incontrolables por lo que sucederá.

Pero en mi caso era peor, ni siquiera me esperaban. Sentía un dolor en la boca del estómago que casi no me dejaba pensar como explicarles mis motivos, mi ausencia y mi pena de todo este tiempo sin ellos. Y sobre todo que me creyeran.

Eran demasiados regresos en uno solo.

Regresar a mi familia, a mi madre, mi hermana. Regresar a mi pasado, mis recuerdos mis miedos. Regresar a mis amigos.

Pero sobre todo era regresar a él.

A un amor que se sentía ahora imposible, que sentía lejano pero presente. Regresar al deseo de Aidan.

Un deseo que me consumió desde el inicio, desde la primera mirada por aquella ventana y que se avivaba en mi interior con cada pensamiento.

Con el miedo en la piel conduje hasta la dirección que me había dado Douglas. Mi madre vendió nuestra casa y se mudaron a esta, donde asumía tendrían recuerdos mucho más hermosos que en la anterior plagada de falsa moral y un nefasto final.

No sabía quién me recibiría, ni cómo, pero una vez tomada la desición no daría marcha atras.

Mis manos sudorosas abrieron la reja de la entrada y mis piernas ansiosas me llevaron hasta el umbral de la casa.

No alcancé a llamar al timbre, pues la puerta se abrió ante mí, dejando a mi cuñado pasmado.

— ¿ Dime que no eres una aparición del más allá?— si algo extrañaba de el era su humor y su desgarbada personalidad.

— Una aparición si Ash, del más allá... Bueno depende.

No pude seguir hablando, me cargó como a una niña y me daba vueltas dentro de su abrazo riendo tan alto, que me dió ternura su reacción.

Un grito nos separó y la figura de mi madre se paró frente a mí.

— ¡Oh mi niña, mi niña! Siempre supe que estarías viva, una madre sabe que sus hijos viven. Siempre lo supe. Amaia.. mi nena.

Mi madre me partió el alma con esa frase. Si ella supiera lo hondo que me llegaba. Sus lágrimas mojaban mis hombros y las mías se unieron a las de ella.

Ese abrazo que solo una madre puede dar, me lo estaba dando la mía ahora.

Me hacía muy feliz, me calentaba el corazón. Y a la vez me abochornaba.

Tanto que les hice sufrir con mi desaparición. Tan cerca que estaba pero tan lejos a la vez.

Me sentí miserable y responsable del dolor de otros. Mi único consuelo era pensar que yo necesitaba mi propio espacio para sanar y prepararme para velar por mi misma.

La gente en la que deposité mi mayor confianza me había fallado, pero me había enseñado que hay que fortalecerse y hacerse responsable de su vida.

Era justo lo que yo sentía que había hecho.

Dentro del abrazo de mi madre pude ver a mi hermana, mi propio reflejo humano, a los pies de la escalera. En el piso chorreando agua y envuelta en un albornoz.

Sus lágrimas no se podían ocultar detrás del agua que escurría de su pelo.

— ¿ Dónde has estado mi niña, dónde? — lloraba mi madre marcando mi rostro con sus únicas manos.

— Mamá, hay cosas que no puedo contarte pero prometo que estoy de regreso ahora y no me iré.

— Pues aquí no te quedas Amaia. Si tuviste el valor para echarnos de tu vida todo este tiempo, pues es señal de que falta no te hacemos. Así que aquí, no te quiero.

No podía juzgar a mi hermana. Estaba dolida. Ella como todos estaba feliz y sus lágrimas lo demostraban. Pero su reacción era lo que esperaba.

Sobre todo porque Aitana, no era cualquier persona. Era mi melliza, toda la vida estuvimos juntas y ella se fue conmigo cuando mi padre me mandó lejos. Sin embargo yo la aparté como hice con todos.

— Nena, pero...¿Que dices?— Ash arrugaba su frente mirándola.

— Tu te callas Ashton, aquí no la quiero. Ella nos botó de su vida, no tengo porque recibirla hoy porque simplemente quizo volver.— se levantó del suelo y me encaró, pero mi madre la detuvo.

— ¡Aitana! — la regañó mi madre con voz dura— Está es mi casa y ella mi hija, no te conciento que le hables así a tu hermana.

— Pues me voy yo— y se giró para subir por la escalera con Ashton silencioso recostado al marco de la entrada, de lo que parecía la cocina.

— Tu bajas y besas a tu hermana.

— No quiero.— mi angelito estaba furioso.

— Tranquila mamá, no pasa nada. Mi hermana tiene razón. No debí irme como lo hice pero tengo mis motivos,unos que no les puedo contar y otros que los contaré en su debido momento y cuando Aitana este dispuesta a escucharlos.

— Pues ya puedes esperar sentada.— mi madre iba a hablar cuando ella continúo — es muy fácil venir ahora Amaia, cuando todo pasó a recibir el abrazo y el confort de tu familia. Pero,¿ Dónde coño estuviste cuando todo se fue a la mierda?

¿Cuando yo tuve que lidiar con el sufrimiento de mi madre, con el hospital de tu marido, con su rehabilitación y su alcoholismo?

¿Tu dónde coño estabas cuando la policía venía a la casa a decir nada de ti? ¿ Quien te crees que eres?

Ahora porque decidiste volver, te tenemos que recibir como si vinieras de estudiar un máster en el extranjero. Pues no, de mí no esperes eso.

Porque yo viví una pesadilla por tu culpa. Por irme detrás de tí a apoyarte a aquella maldición de internado y tú ahora necesitabas espacio. No seas cinica.No eres más que una egoísta.— vociferaba sin control apoyándose en los gestos de sus manos para hacer más duras sus palabras.

Mi rostro no tenía espacio para cargar una sola lágrima más. El dolor en el alma de todo lo que me decía era mayor porque sabía, que tenía razón.

— Nena, eso fue un golpe bajo— aportó Ashton con cuidado su opinión y se ganó una furiosa respuesta.

— Ah, la verdad ahora es un golpe bajo. ¿Y que hay de Aidan?

Deberías pensar en tu hermano y todo lo que pasó, todo lo que aún está pasando. Pero no, pobresita Amaia, vamos todos a cargarte como hizo Ashton como si nada hubieras hecho. Cómo si tú no nos hubieras mandado a la mierda ocho putos meses.

Y eso último lo dijo con la voz rota del llanto y se fue sin mirar atrás por las escaleras.

Me recosté en la puerta y llevando mis manos al rostro traté en vano de esconder mi sufrimiento.

Dolía, todo lo que dijo dolía, porque en el fondo era cierto. Y la verdad a veces duele.

— Mi niña, hablaré con ella. Se le pasará. — mi madre secaba mis lágrimas con sus dedos.

— Amaia, ella está dolida, ha sufrido mucho. Pero todo va a mejorar. Lo verás. Yo estoy feliz de que estés de vuelta, sobe todo, porque mi hermano encontrará paz en tu retorno.

— Ash, tengo que hablar contigo pero ahora necesito irme. Volveré a ver a mi madre y hablaremos.

— No te vayas aún, por favor— mi madre tomó mis manos y las besaba sin parar.

— Mamá, es lo mejor. Deja que mi hermana se calme y te prometo que te contaré. Lo importante es que estoy bien, ya empiezo a trabajar y tengo un departamento al que te llevaré pronto, para que lo conozcas y estés tranquila.

— Pero,¿Y la escuela?

— Ya no voy a seguir mamá, tengo otras prioridades ahora mismo. Pero prometo que entenderás todo. Lo prometo.

— Amaia, pasado mañana inauguramos un negocio, ven por favor. Sería un lugar neutral para que vieras a mi hermano.

— No lo sé Ash, deja que las cosas se calmen y te digo .— besó mi mejilla y subió las escaleras de dos en dos justo por dónde se fue mi hermana.

Mi madre estaba con su delantal y un paño en la mano mirando hacia afuera.

— ¿Es tuyo el auto?

— Es mío mamá si, perdóname. Perdóname por todo. Te contaré, pero ahora debo irme— besé su frente en un gesto largo.

— ¿ Dónde estás viviendo? Dame tu número de teléfono para llamarte. — buscó en la mesita del recibidor un papel para apuntar.

— Mamá, si te doy mi número se lo darás a Aidan, y no es momento. No estoy lista. Por eso quiero irme. Yo te llamaré. Tengo el número de la casa. Solo espero que seas tú quien conteste.

Un último abrazo y un beso que extrañaba por demasiado tiempo ya, fue mi salida de aquella casa, en la que mi hermana no me quería.

Por el camino llamé a Douglas y quedé en verlo en su casa. Julia me invitó a comer con ellos y me pidió que me quedara a dormir.

Pero quería estar sola. Tenía tantas cosas que pensar y tantas que reorganizar, que necesitaba la paz de mi espacio. Sola.

Más tarde me fuí a mi casa y cuando estaba bañada, con mi pijama puesto y metiéndome dentro de mi cama sonó mi móvil.

En la pantalla decía comandante, ya me habían asignado a uno y me habían dado su teléfono, pero yo no podía llamarlo hasta que él no se comunicara conmigo.

Un poco molesta por la hora a la que el maldito comandante decidía llamarme dije hosca...

— Dígame comandante.

— ¿ Así le respondes a tu marido?

Pequeña...

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