Capítulo 2

Esta era la décima vez que Máximo y yo rompíamos.

Estaba en una tienda de lujo en Madrid, comprando un cochecito de bebé carísimo con su amante, Sabrina.

"Lina, te he alquilado un apartamento de servicio, múdate allí," me dijo por teléfono, su voz mezclada con el ruido de la tienda.

"Cocina mis platos favoritos y prepárate para cuidar del bebé de Sabrina cuando nazca."

Hizo una pausa, como si me estuviera haciendo un gran favor.

"Volveré contigo cuando el bebé crezca un poco."

Un amigo suyo, que estaba con él, se rio a carcajadas.

"Máximo, la has domado a la perfección."

Máximo respondió con una arrogancia que me heló la sangre.

"Es tan patética que hasta aceptaría ser mi amante con tal de no perderme."

Soporté la humillación, como siempre. Nueve años de una relación tóxica me habían enseñado a tragarme el orgullo.

Nuestras familias, la suya poderosa en el mundo del fútbol y los negocios, la mía con el prestigio del toreo, estaban unidas por acuerdos de patrocinio. Mi padre, una leyenda retirada y con la salud delicada, confiaba en este arreglo para asegurar mi futuro.

Pero ya no podía más.

Mientras él seguía hablando, envié un mensaje de texto a otro número.

"Ya hemos roto. ¿Cuándo nos vemos para firmar los papeles?"

La respuesta fue inmediata.

"Mañana. Tomo el primer vuelo a Madrid."

Un segundo después, recibí una notificación de mi banco.

Una transferencia de 5.2 millones de euros.

El concepto: "Para nuestro nuevo comienzo".

Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios. No pude evitarlo.

Máximo lo notó a través de la videollamada.

"¿De qué te ríes? ¿Te has vuelto loca por el dolor?"

Su tono era de pura rabia. Odiaba cualquier cosa que no pudiera controlar, y mi reacción era una de ellas.

Antes de que pudiera responder, la voz chillona de Sabrina interrumpió.

"Máximo, quiero ese brazalete que lleva puesto. El de oro."

Era la pulsera de mi abuela, mi posesión más preciada.

"Dámela," ordenó Máximo.

"No," respondí con firmeza, cubriendo mi muñeca con la otra mano.

"Lina, no me hagas repetírtelo. Dámela ahora."

Su voz se volvió peligrosa. Sabía lo que venía después. La humillación pública era su arma favorita. Pero esta vez, algo dentro de mí se negó a ceder.

"Es de mi abuela. No te la daré."

"Bien," dijo con frialdad. "Entonces vendré a buscarla yo mismo."

Colgó.

Me quedé paralizada, el teléfono aún en mi mano. Sabía que cumpliría su amenaza.

Mi corazón latía con fuerza, no por miedo a él, sino por la decisión que acababa de tomar.

Esta vez, la décima, sería la última.

Capítulo 3

Máximo no tardó en llegar.

Entró en mi apartamento sin llamar, como si fuera de su propiedad. Sabrina venía detrás de él, con una sonrisa triunfante.

"¿Dónde está?" preguntó él, sin rodeos.

No respondí. Me quedé mirándolo, desafiante.

"Te lo advertí, Lina."

Se abalanzó sobre mí. Luché, pero era inútil. Era mucho más fuerte. Agarró mi brazo con una fuerza brutal y me arrancó el brazalete de la muñeca.

Un dolor agudo recorrió mi brazo. La piel estaba roja y arañada, sangrando ligeramente.

Le entregó el brazalete a Sabrina como un trofeo.

"Aquí tienes, mi amor."

Sabrina lo tomó, lo examinó con desdén y luego, mirándome directamente a los ojos, lo tiró al suelo.

"Es feo. No lo quiero."

El sonido del oro golpeando el mármol resonó en el silencio.

Mi corazón se rompió en mil pedazos. No por el objeto, sino por el desprecio, por los nueve años de humillaciones concentrados en ese gesto.

"Ahora, recoge tus cosas y lárgate al apartamento de servicio," ordenó Máximo, como si nada hubiera pasado. "Y no te olvides de pasar por el supermercado. Quiero lentejas para cenar."

Se dieron la vuelta para irse, dejándome sola con mi dolor y el brazalete abollado en el suelo.

Me arrodillé para recogerlo, las lágrimas nublando mi vista.

Mientras lo hacía, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Roy.

"Estoy en el aeropuerto. ¿Estás bien?"

Leí el mensaje y sentí una oleada de fuerza.

"Estaré mejor cuando te vea," respondí.

Me levanté, guardé el brazalete en mi bolso y salí del apartamento sin mirar atrás. No iba a ir a ningún apartamento de servicio. No iba a cocinarle lentejas a nadie.

Iba a empezar mi nueva vida.

Caminaba por la calle, sin rumbo fijo, tratando de procesar todo lo que había sucedido. La adrenalina me mantenía en pie.

De repente, un coche deportivo rojo frenó bruscamente a mi lado.

Era Sabrina.

Me sonrió con malicia desde el asiento del conductor.

"¿A dónde vas, niñera?"

Aceleró de golpe. No tuve tiempo de reaccionar.

El coche me golpeó. Sentí un impacto terrible y luego todo se volvió negro.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED