Capítulo 2

El día estaba hermoso soleado y no hacía mucho calor, era la última temporada de verano en un automóvil negro Francisco Florenciano se dirigía hasta la Mansión de su padre Fabricio Florenciano, en su rostro una expresión muy seria.

La vida de Francisco no era, como pintaba en los medios de farándula nadie conocía su verdadero yo, él que odiaba ver a su padre, y prefería estar encerrado en su habitación para no tener que lidiar con él o su esposa, él que se sentaba en la oscuridad mirando el cielo estrellado con una taza de café en manos, para pensar en las palabras de su abuelo, al que le gustaba leer en silencio muchos libros.

En su interior lo único que deseaba era alejarse de su padre e independizarse económicamente, quería crear su propia empresa aún si fuera pequeña, sin tener que obedecer a ese hombre a quien llamaba padre, para eso se dedicaba mucho a su estudio y aprendió muy rápido como manejar una empresa, su abuelo lo había enseñado bastante bien.

Francisco era conocido como un playboy, heredero de una gran fortuna, único hijo de una de las familias más poderosas de la capital para muchos tenía la vida ganada, según rumores de la prensa estaba comprometido con la hermosa señorita de la familia Llanes, pero él nunca confirmó ese rumor, aun cuando se los veía juntos en muchas ocasiones como eventos familiares o cenas, nunca se pronunció al respecto. También estudiaba en la capital, era uno de los alumnos más destacados, vivía en un lujoso departamento que recibió cuando cumplió sus 18 años, presente de su abuelo paterno don Francisco, tenía 5 automóvil para su uso personal, también regaló de su abuelo quién era alguien muy importante para él.

Su abuelo siempre lo consintió y apoyo, a diferencia de su padre el sr. Federico, quién siempre lo trató con mano dura, desde que se divorció de la madre de Fran, él había cambiado radicalmente su comportamiento y actitud hacia su hijo.

En muchas ocasiones sentía, que su padre lo culpaba por la ruptura de su boda, fue por eso que decidió mudarse a la mansión de su abuelo, quién lo acepto con gusto, vivió ahí desde los 8 años, y solamente convivía con su padre en fiestas y reuniones familiares.

Ahora que ya era un hombre tenía que cumplir con más responsabilidades, a parte de la Universidad se encargaba de una cadena de hoteles y una empresa dedicada a las telecomunicaciones, que eran específicamente negocios de su abuelo.

Ese día tenía que reunirse con su padre, para nada era de su agrado, pero como en este día se leería el testamento de su finado abuelo Franco, tenían que enfrentarse.

Por más que pudiera olvidar los recuerdos se cruzaron en su mente.

Todo comenzó cuando Francisco apenas era un niño de 8 años.

Hace 10 años atrás el tenía una familia perfecta, su madre una dama fina y sofisticada era muy conocida en la sociedad la señora Sofía Viñanez, estaba casada con el empresario Fabricio Florenciano, tuvieron a un hermoso hijo varón que era criado como un príncipe. Los medios siempre escribían algo relacionado con la familia Florenciano.

En esa época eran el icono de la élite.

Relato de Francisco.

Pero todo eso cambió por mi culpa, yo Francisco Florenciano destruí el matrimonio de mis padres.

10 años atrás…

—Joven Francisco, ¡Ten mucho cuidado!

—No dejes que la pecera se resbale y se rompa de usted.

Eran los encargos de mi nana Libia, ella era una joven de 23 años me cuidó desde que nací, la mayor parte de mi tiempo pasaba con ella, mis padres tenían muchas ocupaciones en los cuales yo no estaba incluido.

Ese día, estaba muy feliz, un día antes papá me prometió que me llevaría al acuario, así que vine directamente al edificio FS, después de salir de mi colegio, le había pedido a Libia que me trajera a mi pez dorado Zamy, ella era mi única amiga la cargaba por todos lados.

Mi abuelo Franco, me lo había regalado en mi cumpleaños número 7, fue el regalo más sencillo que me dio pero el que más me ha gustado.

Cuando me trajo, me explicó que accidentalmente había llegado a una pequeña tienda, tenían muchas cosas raras para vender pero la más rara era ese pez color rojizo, en momentos parecía sonreír, dijo con una voz muy animada.

Eso llamó su atención, pero no fue sólo ese pez que cautivo a mi abuelo, sino, también una niña, según lo que me había dicho era una niña muy amable hablaba con mucha fluidez y era muy bonita con su pelo rojizo rizado, tenía una gran semejanza a ese pequeño pez, me dijo sonriendo.

—Así que la llamé Zamy, ¡como la niña de la tienda ¡—¿Qué te parece, Fran?

Yo estaba enfocado en todo lo qué mi abuelo me estaba contando, acepte ponerle Zamy a mi pez.

Me encantaba escuchar sus historias,

Mi abuelo me prometió llevarme junto a esa nena, para que pudiéramos jugar juntos. El día que pasmos por la tienda, lastimosamente ella ya no estaba se había vuelto a su casa, solo estaba de vacaciones en la casa de sus tíos.

Salí algo desanimado de la tienda había escuchado muchas cosas sobre ella y realmente quería que fuéramos amigos. Tal vez sea por eso que amaba mucho a ese pez, me imaginaba que era la pequeña niña de la tienda.

Pero para mí desgracia, ese día mi felicidad terminó muy rápido, me dirigí con Zamy a la oficina de mi papá, la recepcionista me saludó y me dejó entrar sin ningún problema todos en la empresa me conocían.

Caminé hacia la oficina, para mi sorpresa la puerta estaba semi abierta, empujé en silencio y despaciosamente, porqué quería darle una sorpresa a mi padre, pero él que llevó la gran sorpresa fui yo.

Papá estaba besando a su asistente Laura, ambos parecían estar muy enamorados por la forma en que se besaban, me quede en Shock, nunca antes le había visto besar a mi madre, no quería hacer ningún ruido, ni mucho menos a que me vieran, pensé volver en silencio, pero no pude evitar que mi pecera cayera de mi mano, el vidrio golpeando el piso hizo un gran ruido, así que se rompió en pedazos y mi pequeña Zamy, salió volando hacia la pared.

Con ese ruido ambos se asustaron y voltearon hacia mí.

Yo estaba muy asustado, pero solamente quería recuperar a mi pez, camine hacia donde estaba y me resbale por el agua que escurría en el piso, fue entonces que sentí que algo pinchaba la palma de mi mano, lo miré y vi que mi sangre escurría de ella, aún así intenté levantarme, solamente quería recuperar a mi amiga, papá al notar mi presencia empujo a Laura a un lado.

Se dirigió hacia mí, pero antes que me alcanzará, pude levantarme, corrí junto a mi pez y la agarré con mi mano ensangrentada, papá me hablaba, pero yo en ese momento no podía escuchar nada.

En mi cabeza de niño solo pasaba una idea, de llevar a mi pez y conseguirle agua.

Entonces grite como un niño de 8 años —¡No quiero que muera! Lloré ¡

Mi papá miró mi mano que estaba sangrando, aún tenía dos pedazos de vidrios en el, pero yo no lloraba por el dolor, sino por mi pez, que parecía estar casi muerta.

—Claro hijo, no se va a morir. Dijo con un tono nervioso

Me sujeto del brazo.

-Pero antes, escúchame hijo—¡Lo que viste aquí, no lo digas a nadie! —Sólo olvídalo…sabes algunas veces los adultos hacen cosas que los niños no entienden.

Aun siendo un niño, me di cuenta que lo único que quería era ocultar su traición.

Capítulo 3

Detrás de él Laura sonreía victoriosa.

Yo la mire, y en ese preciso momento supe que la odiaría por toda mi vida.

— Hijo, respóndeme. Gritaba nervioso.

Lo empujé y me safe de sus manos, que sostenían mi brazo, salí corriendo con mi pez en una mano y en la otra el pedazo de vidrio.

Justo en el corredor me tope con Cristina, la otra secretaria de mi papá, ella me vio y se asustó.

Mi ropa estaba toda mojada y salpicada de sangre.

—Cariño, ¿Que te paso?

Ella siempre fue muy atenta conmigo.

—Mi pez, mi pez. Fueron las palabras que salieron de mi boca.

Ella miró una de mis manos y vio que mi pez estaba casi muerta, se veía muy agotada.

—Tráeme rápido, le pasé rápidamente y ella salió corriendo hasta su oficina yo la seguía con mis lágrimas chorreando.

Para mi sorpresa ella tenía un acuario, tiro a Zamy en el agua, nos quedamos mirando por unos momentos, como Zamy se hundía en el fondo del acuario, al ver que no reaccionaba mi corazón acelero y sin poder más me puse a llorar, Cristina me abrazo para consolarme, fue entonces, que notó la herida en mi mano.

—Cariño. ¿estas herido?

Te llevaré a la enfermería, dijo sujetando mi otra mano, antes de salir con ella voltee a mirar con mucha esperanza al acuario donde pusimos a mi pez, para mi sorpresa, y por un milagro mi pez se estaba moviendo.

—¡Mira Cris, mi pez no murió! Dije emocionado.

Nos acercamos, al acuario para mirar a mi pequeña amiga.

Mi corazón se puso tan feliz, me acerque a mirarla de cerca.

Cristina también se puso feliz, acaricio mi cabeza —Espera, voy a buscar un recipiente para llevarla sanamente contigo.

Ella salió, pero al rato, vino acompañado de mi tío Luis, él era primo de mi padre y trabajaba en un hospital muy grande.

Corrió junto a mí, me abrazo—Pequeñín, ¿cómo te hiciste esto?

Me dijo en un tono muy cariñoso.

Mi tío siempre jugaba conmigo, me trataba muy bien, decía por todos lados que yo era su sobrino favorito.

Cristina estaba preocupada—Doctor Luis, ¿puedes cuidar de su herida?

—Claro Cristina, lo llevaré a la enfermería.

Me cargo cuidadosamente y nos fuimos a la enfermería.

Después de 20 minutos mi mano ya estaba esterilizada y tuve 7 puntos, a la salida mi tío, me dio un chupetín de naranja.

Al rato, pude ver que Cristina, traía a mi pez en un recipiente pequeño.

Me pasó a Zamy me puse muy feliz.

- Cuida muy bien de tu amiga…

- Me dijo sonriendo.

Le pedí a mi tío que me regrese a casa, pero papá llegó justo a tiempo y escucho todo. —Luis, ¿Qué sorpresa?

Dijo en un tono incómodo.

A papá no le agradaba mucho mi tío.

—Ya ves, vine a hablar contigo, pero me topé con esto.

Le señalo mi mano.

La conversación que tenían era sobre la construcción del nuevo hospital.

Papá me miró fijamente, —Hijo, ¿cómo te pasó esto? ¿te duele?

Sus palabras sonaban preocupadas el fingió no saber como me corte la mano.

Simplemente bajé mí mirada, y preferí quedarme callado.

Antes que el pudiera volver a hablar, le pedí a mi tío que me llevara a casa.

Para mi suerte él acepto, cuando íbamos saliendo mi padre me estiró y me dio un abrazo, para los demás era un abrazo amoroso de un padre preocupado, pero sin embargo no era eso.

Papá ese día me amenazó —Si dices algo, de lo que viste a tu mamá o a tu abuelo, me encargaré de ti, no seas estúpido.

Lo empujé y salí corriendo detrás de mí tío, Cris y él no se habían dado cuenta de nada.

Cuando llegue a casa mamá salío corriendo hacia mi, me abrazo y miró mi mano estaba muy preocupada.

—Mi bebé, ¿Cómo cortaste tu manito?

Dijo besando mi mano.

Mi tío se despidió y se retiró.

Entramos tomados de la manos, dentro de mí quería decir lo que realmente había sucedido, pero aun era un niño y no quería que mi madre sufriera por mi culpa.

—Fran, la próxima vez no lleves más a tu pez en la empresa.

Asentí obediente —ok, mami.

Subí a mi habitación, le puse a mi pez en su pecera aún se veía agotada.

Me recosté en la cama y con mi mente de niño me quedé pensando, si decirle a mamá lo que había visto, o seguir callado.

Me había quedado dormido, escuché un ruido en el piso de abajo eso me despertó, salí silenciosamente de mi habitación. Era mamá que estaba discutiendo por teléfono, no fue difícil adivinar de quién se trataba.

Ella colgó la llamada y se sentó en el sofá estaba llorando.

Me acerqué a ella, la abracé y quise consolarla no era la primera vez que esto sucedía. Entonces decidí ser valiente, y decir toda la verdad, le conté a mamá lo que había sucedido en la empresa de papá.

Ella se quedó callada escuchando atentamente, solo me detuve cuando escuché un sonido aterrador que venía de la entrada de nuestra casa.

Una explosión que tiro la puerta muy lejos.

Mamá me apretó con su cuerpo, quería protegerme, pero quien debería ser protegida era ella, me sentí un inútil.

Yo estaba temblando en los brazos de mi madre, ella me pidió que no haga ningún tipo de ruido.

_ Bebe no haga ningún ruido.

Asentí la cabeza y la obedecí.

Escuché que los hombres estaban buscando a mi madre, realmente no era un intento de asalto, sino más bien un intento de secuestro.

No había nadie cuidando nuestra casa, estábamos solos, pensé como podría pedir ayuda así que recordé el pequeño celular que mi abuelo me había dado para usar en caso de emergencias.

Me solté se mama y agaché la cabeza, le hice una señal para que no se preocupara, caminé hasta el escritorio busqué en uno de los cajones y simplemente apreté el botón rojo. Volví corriendo junto a mamá, no quería dejarla sola, estaba escondida en un pequeño pasadizo secreto, también idea de mi abuelo.

Nos seguían buscando hasta que escucharon el sonido de las patrullas, fue ahí que tuvieron que salir corriendo por detrás de la casa. Mi tío Luis entró corriendo, a buscarnos detrás de él mi abuelo.

Menos mal esa noche no nos pasó nada. Pero después de algunas investigaciones, se encontraron a los hombres quienes asumieron estar actuando por órdenes de Laura.

Mi abuelo estaba furioso, recuerdo que mi mamá estaba llorando en la sala y papá no paraba de gritar.

- Maldición…

- Últimamente era su palabra favorita.

Todos ya sabían que mi papá y su secretaria eran amantes, fue por eso que mi mamá decidió divorciarse de él. Papá no quería aceptar, la agarró de su brazo y la golpeó en el rostro, fui corriendo a defenderla pero mi tamaño no me ayudaba.

También recibí unos golpes, pero eso no me dolió lo que realmente me había dolido era ver el rostro ensangrentado de mi madre y no tener la fuerza física suficiente para defenderla.

Para nuestra suerte, mi abuelo llegó con mi tío Luis, al ver lo que pasaba mi tío golpeó a mi padre con mucha fuerza.

Lo tiro al piso, y se echo encima de él.

Mi abuelo me cargo del piso y me llevo a mi habitación.

—Todo terminará pronto!—¡Prepara tus cosas nos iremos!

Él salió otra vez, sim embargo yo me quedé estático, no había nada que quisiera de éste, lugar solamente mi pez.

Cuando el ruido terminó salí de mi habitación con Zamy dentro de una pecera, la sujetaba muy fuerte en mis manos, pero grande fue mi sorpresa.

Me topé con mi padre en la escalera. Lo miré con mucho miedo, el parecía estar loco su mirada era de mucha rabia hacia mí.

Mis ojos se cerraron al escuchar su voz.

—¡Maldito niño! Todo esto es tu culpa. —¿Estás satisfecho?

Me gritó furiosamente.

No pude decir nada, estaba temblando de miedo.

—Te haré pagar, ¡Maldito niño inútil, nunca debí tener un hijo con esa mujer!

Sin darme cuenta, arrancó la pecera de mi mano y lo tiro en el piso con mucha rabia, solo pude ver que se rompió en pedazos.

Quise correr hacia Zamy, pero mi padre me empujó y se bajo las escaleras primero, para mi desgracia. Lo miré y en medio de mi desesperación grité pidiendo ayuda, pero eso no le detuvo de pisar varias veces a mi pez Zamy.

Con cada pisada miraba su cara, tenía un rostro de satisfacción, no podía aguantar mas así que me baje como pude y agarré sus piernas con mis dos manos, eso no sirvió de nada el me piso la mano y me dio una patada en mi vientre.

Me quedé tirado en el piso, hasta que escuché los gritos furiosos de mi abuelo.

-Enloqueciste… ¿Como puedes golpear a tu hijo?

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