Capítulo 2

Sentía que aquel hombre me seguía mirando desconcertado, pero yo seguía sumida en mis pensamientos, es que realmente no podía creer la noticia que me había dado Leandro. ¿Qué diablos pasaba por su cabeza? ¿Los años lo habían terminado por enloquecer? Había pedido una copa de vino, queria llegar a Londres lo mas ebria posible.

-¿Y ahora qué? -Comencé hablar en voz alta -¿De repente me llamas y me dices que te vas a casar? -Miraba a la nada, y de mi boca seguían saliendo preguntas -¿Crecer juntos no significo nada para ti? -Era como si lo tuviera al frente y le estuviera diciendo todo esto, en ocasiones me daba risa y movía mi copa, las personas a mi alrededor pensarían que estaba loca, pero eso era lo que menos me importaba -¿Así tratas a tú mejor amiga? -Me sentía indignada -¿Me lo avisas así no más? ¿Me preguntaste si la aprobaba? -En ese momento me exalté tanto que tiré la copa de vino, y le cayó justo en toda la cara al chico que iba a mi lado… no sabia que hacer, no sabia donde meterme, hasta ese momento pude volver en sí y regresar de mis pensamientos. Me giré lentamente, con la boca abierta de la sorpresa y algo avergonzada.

-¡Ah! -El chico grito cuando el vino empapó todo su rostro y su ropa.

-¡Perdón! -Me acerqué rápidamente, queria poder limpiarlo.

-¡Señor! ¿Necesita ayuda? -La aeromoza se acercó tambien rápidamente cuando notó aquel vergonzoso momento.

-Sí, unas servilletas -Yo no podía salir de mi asombro, miraba para todos lados, queria que en ese momento la tierra me tragara.

-Enseguida señor… -La aeromoza se alejó para buscar las servilletas.

-¿Estas bien? -Le pregunté rápidamente, no sabia que hacer en ese momento -¡De verdad lo siento mucho! -Volvía a decirle, intentando ayudarlo.

-Esta bien… -Me tomé la cabeza con las manos tratando de arrancarme el cabello – Y creo que sé te acabó el trago -Dijo con una sonrisa- ¿Qué es? ¿Vino? -Comenzó a mirar para todos lados buscando nuevamente a la aeromoza, saboreó sus labios, como tratando de descifrar lo que estaba tomando, yo no podía decir nada de la vergüenza que tenía, solo lo miraba aterrada y avergonzada -¿Me da otra copa de vino por favor? -Dijo alto para que la aeromoza lo escuchara.

-¡Lo siento! -No podía dejar de decirlo, cuando por fin pude volver a pronunciar palabra, el alcohol que ya tenía en la cabeza se me había evaporado en ese momento.

-Esta bien. No es nada… -Me volteó a ver, rascó un poco su cabeza y me dio una sonrisa -¿Quieres mi chocolate? -Me preguntó yo tenía mi cara tapada con la chaqueta que llevaba, queria desaparecerme en ese momento, lo miraba aterrada, pero él solo me sonría.

-No, gracias -Le dije, sin quitar la chaqueta de mi boca. queria esconderme. El chico volvió acomodarse en su asiento. Podía sentir como se reía de mi y del momento, yo solo me escurrí en ese asiento de avión. Seguía con mi boca tapada, le había dado la espalda ya que no podía ni mirarlo por la vergüenza. Comencé a sollozar nada me estaba saliendo como queria, todo estaba siendo un caos. Intentaba no hacer mucho ruido, pero no podía dejar de llorar. El llanto comenzó a hacerse más fuerte, era algo que no podía evitar.

-¡Oye! -Sentí como me tocaron el brazo. Era aquel chico, así que me comencé a girar mi cabeza lentamente, pero sin quitar la chaqueta de mi boca -Trata de leer si estas ansiosa- Me dijo con cara de preocupación.

-¿Hablas italiano? -Le dije aun sollozando. Todo este tiempo me había hablado solo en ingles por lo que deduje que no hablaba italiano.

-¡Si! -Con una sonrisa volvió a decir -Puedo decir que tú ingles no es malo -Yo lo miré a los ojos, y comencé a llorar nuevamente…

-Dime si hice algo malo -No sabia por qué le decía esto a un extraño, pero en ese momento no estaba bien -El chico me miraba desconcertado y como si estuviera loca -¿Por qué se tiene que casar con otra chica? -No podía calmar mi llanto -Aquel chico miraba para todos lados, como si no supiera que hacer o como si quisiera salir corriendo de ahí, creo que era la segunda opción.

-¡Prueba esto! Te ayudará a tranquilizarte -Me entregó una hoja de un periódico con un crucigrama. -¡Tómalo! Pruébalo -Volvió a decir desesperado por hacer que dejara de llorar y de decir cosas sin sentido. Lo tomé y comencé a resolverlo. El chico se giró nuevamente, se acomodó en su asiento y comenzó a mirar por la ventana.

Yo comencé a resolver muy enérgica aquel crucigrama, la verdad es que si logró tranquilizarme un poco. No sé cuánto tiempo había pasado, pero mis pensamientos se habían calmado. El chico dormía plácidamente. Cuando terminé de resolver aquel crucigrama se lo regresé. El chico asombrado comenzó a revisarlo.

-¡Que rápido! -Dijo asombrado.

-¿Ahora puedes responder mi pregunta? -Le dije haciendo un puchero.

-Dicen que las mujeres inteligentes generalmente se quedan solas… -Me dijo sin mirarme, seguía viendo el crucigrama sin poder creerlo. Yo lo miraba con ganas de asesinarlo, iba a seguir hablando, pero apenas vio mi mirada se calló un poco.

-¿Cómo puedes decirme eso? -Le dije alterada y tirándole todo lo que llevaba encima, el chico me miraba asustado y sin entender nada. Él miraba para todos lados, como esperando a que nadie estuviera viendo esa escena, cuando pude volver en sí, comencé a bajar un poco la voz.

-¡Lo siento mucho! -Comenzó a decirle el chicos a los demás pasajeros -¡Lo siento mucho! Todo está bien -Seguía diciendo y yo volví a esconderme, esta vez me tapaba con mis manos, para que nadie pudiera ver mi rostro.

-No era enserio -Cuando por fin pude alzar mi rostro, lo tomé entre mis manos, tratando de asimilar la vergüenza y sollozando nuevamente. El chico bajó suavemente mis manos -No puedo controlar mis emociones -Seguía diciendo, mis lagrimas volvieron a salir. Él con una servilleta limpiaba mi rostro y trataba de que yo me acomodará bien en aquel asiento. Sentí como puso mis manos en mis piernas y las aprisionó con el cinturón de seguridad, como si de un loco se tratara y le estuvieran colocando una camisa de fuerza.

-¡Respira! ¡Respira! -Me decía mientras hacia todo eso y ponía una manta en mis piernas, tratando de esconder que me había amarrado a esa silla. Yo comencé a hacer lo que él me decía, comencé a respirar tranquilamente. Él seguía haciendo señas de cómo debía respirar y poco a poco volvía a acomodarse en su asiento, como si ya pudiera volver a su tranquilidad. Yo poco a poco me fui quedando dormida. El resto del viaje dormí.

Por fin aterrizamos, comencé a caminar hacia la salida del aeropuerto, no había traído maletas ya que apenas me enteré de aquella noticia corría hacia el aeropuerto y no me dio tiempo de empacar. Iba pensando como iba a mirar a Leandro, que le iba a decir, como reaccionaria al conocer a su novia, tomé una bocana de aire para intentar calmarme un poco, ya había hecho un papelón en el avión, así que mi cuota de vergüenza ya había sido copada.

Apenas salí lo vi ahí, estaba de pie apoyado en una baranda esperándome. Tomé otra bocanada de aire, y me forcé a poner una gran sonrisa. Apenas Leandro me vio salir por esa puerta comenzó a correr hacia mí. Me detuve le di una gran sonrisa y le oí decir.

-¡Tu tu! -Así me decía desde que éramos niños.

-Lea… -Le dije abriendo los brazos para darle un gran abrazo. Apenas lo tuve mas cerca me le tiré encima y me aferré a él con ese abrazo, eran tan cálidos aquellos brazos, que hizo que mi corazón comenzara a galopear -¡Cuánto tiempo! -Le dije cuando por fin me puso en el piso.

-Te extrañé un monto -Leandro siempre había sido como un sol en mi vida, era una gran luz para aquellos tiempos de oscuridad -¿Me extrañaste? -Me preguntó emocionado.

-¡Si! -Mi sonrisa no se podía borrar…

-¡Increíble! -Me dijo, pero mi felicidad no iba a durar mucho tiempo. Cuando miré hacia un lado vi a una chica, con sonrisa dulce e inocente, sosteniendo un ramo de flores y batiendo sus manos. Leandro se giró rápidamente -¡Déjame presentarte! Vamos -Leandro me tomó de la mano y comenzó a jalarme hacia donde se encontraba aquella chica -Ella es mi prometida Lia Durand -Me dijo colocándose a lado de la chica, cabello negro y ojos café. Yo trataba de salir de mi asombro, queria sonreír, realmente me estaba obligando a sonreír. Esta chica es hermosa, tiene una cara inocente como si fuera un ángel -Está es mi mejor amiga… Ema Santorini alias ¨Tu tu¨ – Leandro, ahora se encontraba de mi lado, poso un brazo sobre mi hombro y decía mi nombre con orgullo.

-¡Deja de decirme así! -Lo empujé con enojo.

-¡Debería llamarte señorita Ema! Estoy encantada en conocerte… -La chica me extendió el ramo de flores y me dio una gran sonrisa. ¡Dios! Detener este matrimonio no seria nada fácil.

Capítulo 3

Me esforcé en darle una sonrisa amable, debo admitir que me estaba costando mirar a esta chica, sin querer borrarle la sonrisa de su rostro con un golpe.

-Puedes llamarme Ema -Le dije con la sonrisa más falsa que había hecho en mi vida.

-¡De acuerdo! Eres muy hermosa Ema… -Tomé las flores que me daba -Y tú equipaje -Me preguntó mirando para todos lados, buscándolo.

-Vine tan rápido. Que olvidé traerlo -Le dije, restándole importancia a eso.

-¡Eres tan buena amiga! -Me dijo Leandro mientras me señalaba con su dedo y me daba una sonrisa. Debo decir que nunca me había detenido a mirar la sonrisa de Leandro, pero ahora que lo hacía, podía decir que es tan hermosa, sus hermosos ojos verdes, se bello cabello n*egro como la noche, su cuerpo bien formado, su altura, todo de él es impactante.

-No es de extrañar -Le dije, dándole una mirada asesina, a pesar de que todo de él me volvía loca, no podía negar que me enojaba la decisión que había tomado.

-No te preocupes. Puedes probarte ropa mía mañana -Dijo la chica, con esa sonrisa amable e inocente -Mientras no te moleste vestirte muy de chica -Blanquee mis ojos, aunque la chica no se vestía nada mal, no era nada mi estilo, la ropa que usaba.

-Es directora de redacción de la industria de la moda. No le costará nada conseguir vestidos lindos – Dijo Leandro. Di un largo suspiro, para seguir manteniendo mi amable y hermosa sonrisa.

-Si. Puedo conseguir cualquier ropa con una sola llamada -Dije orgullosa de mi trabajo.

-¿Y si vamos a mi casa primero y luego te llevamos al hotel en la noche? -Dijo Lia entusiasmada, yo solo podía ver como Leandro la miraba como si estuviera hipnotizado y con una gran sonrisa.

-¿Vamos? -Dijo Leandro cuando pudo volver al planeta tierra, yo moría por darle un golpe en su cara.

-¿Puedo negarme? -Dije con una sonrisa algo sarcástica.

-Claro que… -Leandro me abrazó -No… -Dijo después de acercarme a él y mirar a su prometida.

-¡Vamos! -Dijimos todos en una sola voz. Yo tomé una bocanada de aire, conté hasta diez y me dispuse a seguirlos. Mientras Lia caminaba un poco adelante yo me quedé atrás con Leandro.

-¿Qué tal te parece mi prometida? -Su sonrisa lo decía todo. Realmente esta chica le gustaba.

-Es muy joven, totalmente linda y totalmente bonita -Le dije, con una cara de pocos amigos, pero tratando de fingir una sonrisa, desde que llegue no había hecho otra cosa que esconder mis deseos y mis pensamientos y eso me estaba agotando.

-¿Por qué hablas como las personas de los 90? Totalmente esto, totalmente aquello ¿Qué pasa contigo? -Leandro se detuvo para verme al rostro por unos momentos.

-¿Solo lo usan lo de los 90? ¿Qué dices? -Le respondí algo desafiante.

-¡Bueno! Lo siento… -Leandro alzó sus manos en muestra de rendición.

-Soy totalmente linda… -Le dije, alterándome un poco.

-¿Qué pasa? -Lia se giró para vernos y vi como Leandro huía rápidamente a donde ella se encontraba. ¡Tonto! ¿Qué le ve a ella? Yo soy mas linda. En ese momento pensé en el chico del avión. ¿Habrá llegado bien? La vergüenza me invadió de nuevo, estaba totalmente fuera de control allí.

-¡Abramos el techo convertible para Ema! -Oí a Leandro decirle a Lia… blanquee mis ojos, esto no sería una tarea fácil para mí, pero había venido aquí con un propósito y no me iría hasta no conseguirlo. Seguía sus pasos lentamente, los escuchaba hablar cariñosamente, así que hice una cara de fastidio, miré las flores que llevaba en mis manos, y las arrojé al piso con desprecio.

Después de llegar al parqueadero y buscar el auto de Leandro por fin lo encontramos, no podía creer lo que veía era un convertible. Aquel chico que había perdido a toda su familia, que muchas veces no tenia ni para comer, ahora había triunfado y eso me llenaba de orgullo, saber que a pesar de todas las dificultades que le puso la vida, había logrado conseguir todo aquello que alguna vez me dijo.

-Mírate. Conduces un convertible -Le dije emocionada.

-Siéntate bien Ema… -Me dijo con una gran sonrisa mientras se subía al auto.

-¿El auto es tuyo? -Le pregunté en forma de broma.

-¡Por supuesto! -Me dijo Leandro orgulloso -Un auto elegante, para una directora de redacción elegante… -Eso ultimo no pude evitar que hiciera que acelerara mi corazón. Leandro condujo el auto por las largas calles de Londres, yo miraba para todos lados apreciando lo hermosa que era esta ciudad, era realmente maravillosa.

-¡Ema! ¿Te gusta el auto? -La voz de Lia llamó mi atención -Leandro lo compró cuando lo ascendieron en la compañía -Decía mientras lo miraba como una tonta. Yo solo podía mirarla y forzarme a sonreír, tengo que admitir que la chica no me desagradaba de un todo, su inocencia eran algo que sentía que me iba a poner las cosas difíciles.

-¡Increíble! -Le dije a Leandro cuando noté que me miraba por el retrovisor.

-¿No es linda mi amiga? -Le pregunto Leandro a Ema.

-¡Claro! Es preciosa -Le dijo Ema con una sonrisa y volteando a mirarme. Yo blanqueé los ojos y le di las gracias.

-Crees que porque ahora te ves elegante… olvidé lo tacaño que eras antes -Le dije jugando con Leandro.

-Puede que haya sido pobre, pero nunca tacaño -Me respondió Leandro con una mirada asesina, a lo que me reí, me hacia falta estar así con él, jugarme de esta manera, verlo reír, era algo que me hacía mucho bien -¿Alguna vez titubee al comprarte tres hamburguesas? -Me dijo mientras me miraba por el retrovisor, Lia solo estaba callada viendo como nosotros dos teníamos una discusión.

-Sí, pero en el viaje ¿Quién quiso compartir cuarto para ahorrar dinero? -Le refuté a lo que había dicho antes.

-¡Agradéceme! Tú dormiste en la cama y yo en el piso. Si el viaje hubiera durado mas hubieras empeñado mis cosas -Me dijo con una sonrisa, luego se giró hacia Lia para hablarle -Sabes Ema cree que siempre debo ser quien paga las cuentas -Mientras le decía eso Lia me señalaba a mí.

-No es cierto -Le refute. Iba a decir algo mas cuando Lia me interrumpió.

-Sabes, la compañía lo ascenderá a productor en Estados unidos… -Me decía mientras se aferraba al brazo de Leandro -Leandro se está destacando, puede hacer lo que quiera -Decía con su gran sonrisa. Me volví a acomodar en el asiento un poco incomoda.

-¡Ya basta! Ella sabe lo genial que soy -Le dijo Leandro con una gran sonrisa tambien -Deja de alardear o no tendré lugar para mejorar -Volvió a decirle Leandro, yo me mantenía en silencio, no podía evitar sentir celos, y me maldecía por haberme dado cuenta tan tarde de mis sentimientos por él.

-Pero eres genial -Seguía escuchando la conversación que ambos tenían.

-Sí, lo soy -Leandro le hizo una caricia en el cabello a Lia con una de sus manos.

-¡Basta! Tengo ganas de vomitar -No pude aguantar más, y solté lo que pensaba.

-En el futuro seré aun mejor -Leandro tomó la mano de Lia, al parecer no me estaban escuchando a mí, ellos estaban sumidos en su mundo de amor.

-¡Genial! -Le decía ella con una sonrisa….

-¿Me crees? -Yo solo podía despeinar mi cabello con mis manos, los celos me estaban matando. Yo me sumí en mis pensamientos, en el resto del camino. Después de un rato más, llegamos a una enorme casa, su fachada era algo impresionante, parecía esas casas que salen en las películas de la realeza.

-¿Tú casa? -No pude evitar preguntar asombrada.

-Si -Me dijo Lia.

-¡Ayúdame a salir! -Le dije a Leandro.

-Siempre estas apurada -Me dijo tomando mi mano y dando una de esas sonrisas que hacían que mi corazón se aceleraba. ¡Piensa en otra cosa Ema! Me decía a mi misma para sacar todos aquellos pensamientos de mi cabeza.

-¡Quiero ver tú casa! -Le dije con una sonrisa de vuelta, no podía evitar sentir curiosidad por saber cómo vivía Leandro ahora.

-¡Que mala razón para estar apurada! -Me dijo Leandro mientras salía yo del auto.

Cuando entre a la casa no podía cerrar la boca, era realmente hermosa, había muchos cuadros, sus puertas eran de madera, los grandes ventanales hacían que la casa se viera muy iluminada, en el techo las grandes lámparas le daban ese toque de elegancia.

-¡Que elegante! -Pude decir cuando había terminado de reparar cada detalle de la enorme casa. Iba a seguir dándole un vistazo a la casa cuando de repente.

-Ema, ven conmigo -Lia me tomó del brazo y comenzó a jalarme. Entramos a una hermosa habitación, Leandro venia detrás de nosotras cuando iba a entrar tambien Lia lo detuvo.

-¡Oye, espera! Es el probador de mujeres. Sal de aquí -Le dio un corto beso en los labios y lo empujó suavemente, yo no entendía nada de lo que estaba pasando ¿Qué hacíamos en esta habitación? Lia cerró la puerta y camino unos cuantos pasos -Ema, te ves aun más linda en persona, que en las fotos que me mostró -Me sentía alagada -Eres muy joven y talentosa -Lia hizo una pequeña pausa, y soltó una sonrisa -Me habría enamorado de ti, si fuera él… -Debo decir que eso me golpeo fuerte en el pecho.

-Yo tambien lo creo -Me recompuse y le dije.

-Pero tiene razón. Eres demasiado buena para él -No entendía eso que había dicho ¿Soy demasiado buena para él? ¿Eso es lo que Leandro pensaba de mí?

-¿Dijo eso? -Le pregunté curiosa.

-¡Mira! -Ella evadió mi pregunta, y camino hacia otro lugar…

-¿Qué te parece esto? -Me mostro un traje n*gro. -¿Es lindo? -Volvió a preguntarme.

-¡Lo es! ¿Es para el novio? -Le reste importancia a lo que me estaba mostrando.

-No, es para el padrino -Me dijo -Está hecho para ti -Le estaba dando la espalda en ese momento, pero al escuchar eso, me giré rápidamente sorprendida por lo que acaba de decir Lia.

-¿Qué? ¿Yo? ¿Padrino? -No podía cerrar mi boca, de lo sorprendida que estaba.

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