Capítulo 2

— ¡Voy a cerrar todas tus puertas, morirás como un indigente, nadie te dará trabajo— había dicho Alvin— lo juro! 

— Gracias papá, también te quiero— le había respondido Alex— ¡Ya veremos cuánto poder tienes! 

— ¡Te juro que vas a arrepentirte de esta afrenta, Alexander! — había gritado su padre. 

— ¡Ya callate Alvin! ¡No te das cuenta que no lograrás nada por esa vía!— había  gritó su madre— te dije que Alex no es fácil de manejar, es idéntico a ti, elevado a la mil.

Esas habían sido las últimas palabras que había escuchado de su padre cuando salió de la casa de ellos. 

La discusión había seguido en casa mientras Alexander O' Sullivan salía a enfrentar su destino sin la ayuda de su poderoso padre. 

— Déjame en paz Evie, ve y convencelo de que se quede y acepte, porque le irá  muy mal en la vida— dijo Alvin, enojado.

— ¿Convencerlo? — dijo ella— ya salió de casa Alvin, se llevó todas sus cosas, por lo menos debiste esperar a que tuviera una semana con nosotros, e ir poco convenciendo al muchacho, pero tu siempre estás apurado. 

— ¡Era urgente la respuesta que debía dar Evie!— se justificó Alvin. 

— ¡No quiso escuchar, se fue de casa, el malagradecido ese! — dijo despreciativa. 

Aquella mujer dulce que había llorado frente a su hijo, no estaba en ninguna parte, era mucho más fría que su propio esposo. 

— Te dije que me dejaras a mi hacer la propuesta— dijo ella— se consigue más con miel que con hiel, Alvin, Alex ya es un hombre, además se crió lejos de nosotros. 

— Él se crió con nosotros, pero por tu culpa se fue a Inglaterra,— dijo Alvin— lo dejaste que decidiera, cuando pudo quedarse acá obedeciendo. 

— ¡Tú sabes muy bien, que él nunca obedeció nada!— dijo ella— es tan o más terco que tú, y si lo dejé que se fuera a Europa, es porque pensé que éso lo iba a acercar más a nosotros. 

— Ya ves que no, ahora que hago yo con Simone Martin, como le explico que mi hijo, despreció a la hija de ella— dijo Alvin— ni siquiera dejó que le mostrara la foto de la muchacha. 

Evie la madre de Alex era una mujer muy hábil para manipular, pero esa habilidad no le había  funcionado para convencer a su hijo, porque Alexander O'Sullivan estaba muy enojado, aunque él ya pensaba venir a América, le fastidio la bienvenida que le había dado su padre,

él no estaba en venta, ni mucho menos desesperado. 

Había infinidad de maneras para convencer a las personas, pero obligándo y ordenando, eso no va con él; ¿que se creía Alvin O'Sullivan? ¿Que él era un títere para manejarlo a su antojo? 

Nadie, ni siquiera su padre  a quien amaba lo iba a hacer cambiar de opinión, había salido de la lujosa mansión de sus padres para no volver, había visto cómo su madre había apretado la mandíbula con impotencia, viéndolo salir. 

— ¿Para ver a la joven? — dijo Evie pidiendo ver la fotografia— ¡Es muy bella!  Ese hijo tuyo, es tan tozudo e indomable, parece un caballo salvaje. 

— Cuando cerremos todas sus puertas, ya veras como viene— dijo Alvin— manso y dispuesto a aceptar lo que sea, lo veré comiendo en mi mano. 

— ¡Ay Alvin O'Sullivan! Creo que te vas a llevar una tremenda sorpresa!— dijo Evie

— ¿Por qué lo dices?— dijo Alvin. 

— Alexander es un hombre adulto, con mañas y actitudes iguales a las tuyas, será un hueso duro de roer— dijo ella. 

Alex salió de la mansión de su padre y tomó un taxi, tampoco usaría un auto de la familia, él era un hombre sin prejuicios, si tenía que barrer las calles para mantenerse lo haría. 

Buscó un lugar cómodo donde vivir, no podía ser un hotel, se iba consumir sus ahorros, buscó una pensión familiar, antes buscó sacar dinero del cajero, su padre lo más seguro era que iba a bloquear sus cuentas. 

Llegó a un lugar medianamente limpio y confortable, era una casa de dos pisos, afuera estaba una dama de mediana edad a quien le preguntó:

— ¿Hay alguna posibilidad de que haya alguna habitación disponible?

 La mujer de rostro agradable lo vió y dijo:

— ¿De dónde vienes tan guapo, muchacho? ¡Tú no eres de éstos lugares! 

— Circunstancias de la vida— dijo él— necesito un lugar decente y económico dónde vivir por un tiempo. 

Ella se quedó pensando unos segundos y dijo:

— Tengo una habitación, la desocuparon ésta mañana, pero me la dejaron fea y pensaba repararla antes de volver a rentarla— dijo la señora. 

— ¿Puedo verla? — preguntó Alex. 

— Pasa y ve— dijo ella. 

La habitación necesitaba pintura y reparar algunas manijas en la puerta y ventana, también el baño tenía detalles, pero tenía una amplia cama, se veía cómoda y entraba buena luz. 

— Me gusta, mientras busco trabajo, se puede ir reparando— dijo él. 

— Si estás de acuerdo, por mí no hay problema— dijo ella. 

Le dió el precio mensual del arriendo, además si comía allí pagaba también una cuota mensual de un ala de la casa vivian los caballeros y del otro las damas. 

Alex quedó complacido con él lugar y la mujer, era como una gran dama, muy dulce y jovial, pagó el importe del mes y adelantó dos más por previsión. 

— ¿Cual es su nombre muchacho?— preguntó ella. 

— Alexander— dijo él

— Yo soy Ava Coleman— dijo ella con una gran sonrisa. 

Salió y buscó las manijas para la puerta y ventana, quería llevarlas para repararlas  y también arreglar la taza del baño, compró algo de comer, estaba hambriento  y se dispuso a explorar el lugar en busca de trabajo. 

Llegó nuevamente a la pensión y le entregó lo comprado a la señora Ava, ella le sonrió y agradeció el gesto. 

Él había estudiado Finanzas y  buscó en el ramo que le competía  en la ciudad que vivía, tenía muchos años fuera y no contaba con amistades que lo ayudaran, iba a ser bien duro empezar de cero.  

Cuando se vino de Europa, pensaba hablar con su padre para que lo ayudara a impulsarse, pero al conocer las intenciones de su papá, lo mejor era mantenerse alejado. 

Ese día caminó sin lograr nada, no fue fácil conseguir un empleo de contador, sólo dejó su currículum en varios lugares, con la promesa de que lo llamarían. 

Cuando llegó a casa estaba cansado de caminar, al entrar a la habitación se dio cuenta que la señora había reparado la puerta y ventana y colocado los herrajes para que funcionara bien la taza del baño. 

Al día siguiente, nuevamente salió en busca de trabajo y nada, se sentía frustrado, quizás debería volverse a Europa. Revisó su cuenta para saber si contaba aún con dinero. 

Como lo sospechó su padre había bloqueado todo lo que tenía en su cuenta personal, solo le quedaban unos cuantos miles que cargaba encima.

Afortunadamente, había cancelado el arriendo adelantado para solventar mientras conseguía un empleo. 

Llegó en la tarde nuevamente agotado, la señora le invitó a que comiera algo, no era bueno andar sin comer tanto tiempo. La señora Ava había pintado las paredes de la habitación, se veía bien decente. 

Mientras comía la cena, le comentó lo rudo de no conseguir trabajo, ella se interesó y dijo:

— ¿Qué trabajo estás buscando?— preguntó ella. 

— Soy contador, — dijo él— pero no consigo nada. 

— Tengo un buen amigo que tiene oficinas contables, creo que puedo ayudarte con eso— dijo ella.

Capítulo 3

— ¡Gracias señora Ava!— dijo él. 

Llamame, mamá Ava— dijo ella— así me llaman todos acá. 

— Está bien, mamá Ava— dijo él— estoy muy agradecido de su ayuda. 

— Todavía no me des las gracias— dijo ella— cuando tengas el empleo me las das. 

Le dió un nombre y un número telefónico en un papel para que fuera hasta allá, al día siguiente pensaba ir y hablar con la persona que ella le sugería; estuvo pensando en la discusión que había tenido con su padre.

No le gustaba estar enemistado con él, lo amaba, pero no le agradaba que le obligarán a hacer algo, quizás si hubiera usado otro método, ya no importaba, había sucedido de esa manera; esa noche se acostó con grandes esperanzas. 

A la mañana siguiente volvió a la calle, después de dejar su currículum en más oficinas contables, se dirigió hasta la dirección que le había anotado mamá Ava. 

Al llegar al lugar, vio un hermoso edificio de varios pisos, se veía que era una empresa contable muy sólida, en la entrada había un guardia al que preguntó por el señor Thompson.

El hombre le indicó dónde dirigirse, tomó el ascensor, unos minutos después, una chica le pidió que esperara, pasó más de media hora, cuando por fin fue recibido. 

— Buenos días, señor Thompson, soy Alexander O'Sullivan, la señora Ava Coleman me dió su nombre y dirección— dijo Alex. 

— Si, ella me llamó anoche mi querido amigo, déjame ver tu curriculum— dijo Thompson.

Lo revisó y al ver el nombre dijo devolviéndole la carpeta. 

— O'Sullivan, el problema que tengo, es que eres hijo de Alvin  y hay una advertencia para quienes te demos trabajo en éste condado— dijo Thompson. 

Alex se sorprendió al escuchar la explicación de éste hombre, "tanto era el  miedo a su padre, que le obedecían como si fuera un rey" Pensó. 

— Entonces, mi padre manda en todo éste lugar— dijo Alex. 

— Es un hombre poderoso, puede arruinar cualquier empresa con solo una llamada— dijo él— no deseo enfrentar la ruina, arregle su situación con su padre, tendrá una mejor vida con él  su padre de su lado. 

Alex apretó sus dientes ante la impotencia de no tener una respuesta lógica para éste hombre atemorizado ante el poderío de Alvin O'Sullivan, ¿que podía hacer?  No tenía idea. 

— Quizás, si usted no tuviera ese nombre, el que lo identifica como hijo de Alvin O'Sullivan, todo sería diferente— dijo Thompson. 

— Usted me ha dado una idea señor Thompson— dijo Alex— si cambio mi identidad, ¿usted me daría la oportunidad de tener un empleo en su empresa? 

— Es un riesgo que podría correr, puedo pensarlo y ver cómo engañamos a tu padre— dijo el hombre. 

Mientras en casa de Samantha,  desde la discusión que tuvo con su madre, se había encerrado en su habitación, aunque Simone tocó y tocó ella no le abrió por nada del mundo. 

No le quería faltar el respeto y por eso mejor se quedaba allí hasta que se le pasara la intensidad, estaba segura que ya al otro estaría más calmada. 

Así era ella toda explosion, pero en el fondo era una mujer buena, solo que intensa, demasiado para su gusto. 

En la noche cuando bajó a cenar, su madre no se veía por ninguna parte, solo cenaron ella y su padre, quizás estaba en alguna reunión de negocios. 

Pasaron varios días sin que se tocará el tema, se sentía tranquila, sabía que solo había sido una explosión de su madre, la conocía muy bien, esa mañana bajó como siempre, cuál fue su sorpresa, que al llegar al comedor, su madre estaba sentada esperando. 

—¿Te tengo que montar cacería para poder seguir conversando contigo Samantha? — dijo Simone. 

— ¿Me has estado montando cacería a mí? Yo no me he escondido,  he estado todo el tiempo aquí en casa, la que no he para acá, eres tú mamá— dijo Samantha. 

— Eso no importa, lo que realmente importa acá, es que me dejaste con la palabra en la boca la última vez, y necesitamos hablar seriamente del asunto, Samantha— dijo Simone. 

— Mamá, pensé que el tema ya había sido superado, sí es tocar nuevamente el asunto de un matrimonio por contrato, conmigo no cuentes, no voy a casarme con alguien que tú me impongas, ¡Ya te lo dije!— dijo Samantha. 

— Y yo te digo, niña mantenida qué no acepto un no por respuesta, te casas porque yo lo digo, porque yo soy quien te doy el dinero para mantenerte, porque pago cualquier gasto tuyo,— dijo Simone— así que tienes que obedecerme porque yo lo decidí así. 

— Lo siento, no soy tu esclava, ni eres mi dueña, tengo libre pensamiento y acción, mi albedrío está intacto, no tengo porqué obedecer, aparte de eso, soy mayor de edad,— dijo Samantha— tengo veintitrés años no quince, ya tengo una carrera universitaria, así que; ¿cuál es tu problema? 

— Mi problema es, que necesito una alianza comercial y tú eres mi as bajo la manga, muchachita terca— espetó Simone fastidiada. 

— Lo siento mamá, ya te dije que no, no voy a hacer tu voluntad, y si tengo que irme de la casa, y vivir mi propia vida lo haré, no voy a soportar tus órdenes— dijo Samantha. 

— ¡Excelente, hazlo! ¡Vete de casa, a ver cuántos días vives sin los lujos que aquí tienes, anda toma tu maleta y sal a la calle!— exclamó Simone— ¡Te doy veinticuatro horas, para que vuelvas pidiendo ayuda, rogando casarte con el hombre que escogí para ti! 

— ¡Cómo quieras, te tomó la palabra, vamos a ver, quién se rinde primero Simone Martin!— exclamó también Samantha. 

Simone se quedó mirando como su hija subía a su habitación, no podía creer que ésta muchacha terca no quisiera obedecerla, buscó a Arnold y le dijo:

— ¡Hazme el favor y ve a hablar con tu hija,  no quiere obedecer lo que le estoy exigiendo!— la voz de Simone estaba llena de preocupación— porque si no, vamos a estar en problemas; ya le di mi palabra Alvin O'Sullivan. 

— Simone,  debiste primero hablar con Samantha, no puedes obligar a tu hija a hacer tu voluntad, es una mujer hecha y derecha, no ninguna niña— dijo Arnold. 

— Tú y ella, deben apoyar lo que yo digo, porque de eso depende nuestro éxito económico,— dijo Simone, preocupada— Arnold, ve y habla con ella, convencela de que acepte casarse con el hijo de O'Sullivan. 

— Lo intentaré, pero no te prometo nada— dijo Arnold— conozco más a Samantha que tú y una vez que decides algo, no hay manera de que cambie de opinión. 

Salió hacia la habitación de su hija y tocó antes de comprobar si podía entrar, la puerta estaba abierta, la vió metiendo ropa en su maleta, escogiendo lo más práctico que podía usar lejos de casa sin lujos. 

— Papá, espero que no vengas a pedirme que obedezca a mamá— dijo ella. 

— Eso es lo que ella cree— dijo sonriendo— solo vine a preguntarte; ¿qué piensas hacer? 

— No lo sé, por los momentos irme de casa, hacer mi vida, buscar un trabajo— dijo Samantha— vivir de lo que gane, demostrar a Simone Martin que no soy ninguna mantenida. 

— Mira, tengo una buena amiga que tiene una casa de renta familiar al otro lado de la ciudad— dijo Arnold— ésta es su tarjeta, tengo años sin hablar con ella, pero allí está sujeta dirección. 

— ¡Gracias papá, eres mi ángel Salvador! — dijo ella— ¿cómo conoces a ésta mujer? No es de tu círculo social. 

— Lo fué, se reveló de las órdenes de sus padres, se casó con un buen hombre, ellos la desheredaron, pero ella salió adelante,— dijo Arnold— de vez en cuando hablabamos por teléfono, es una mujer con excelentes contactos para trabajar. 

— ¡Me encanta tu amiga, es de las mías! 

— dijo Samantha— ¿Mamá la conoce?

— Si, pero obviamente la execró de sus amistades por casarse con alguien inferior en clase social— dijo el padre de Samantha— ¡Toma ésta extensión  tarjeta, úsala si la necesitas! 

— ¡No papá!— dijo ella— sí mamá se entera nos mata a los dos. 

— Ella no sabe que la tengo— dijo Arnold— también tengo mis mañas. 

— ¡Te amo papá!— dijo Samantha—cuida a la intensa de mi madre. 

El le guiñó un ojo y dijo:

— ¡Siempre lo hago!— dijo él— arma tu show, mientras bajas. 

Samantha salió del cuarto gritando a su padre. 

— ¡No papá, no me vas a convencer! ¡Me voy, haré mi vida! ¡Jamás me volverán a ver!— gritaba Samantha a todo pulmón. 

Detrás Arnold también decía:

— ¡Samantha, tu madre y yo deseamos lo mejor para ti! ¡Piensa en nuestro futuro financiero! 

— ¡Adiós papá!— exclamó Samantha. 

Salió hasta la calle ya había llamado un taxi y la estaba esperando fuera de la gran mansión, Samantha salió, se quedó unos segundos mirando la fachada de la casa de sus padres y lágrimas rodaron por sus mejillas. 

— Vamos señor, lléveme a ésta dirección— dijo ella. 

Atrás quedaba una vida de veintitrés años, llena de lujos y mimos, renunciaba a todo eso, con tal de ser libre de escoger su destino con el don más grande que había recibido al nacer, la libertad de escoger. 

Unas horas más tarde llegaba a la dirección, donde estaba la casa que su padre le había recomendado, era una bonita casa, tenía una fachada que invitaba a sentirse cómodo. 

Llamó a la puerta y esperó unos minutos,  le abrió una mujer que a leguas se notaba que era una dama. 

— Buenas tardes señora, busco una habitación en éste lugar— dijo Samantha— vendo de parte de Arnold Martin. 

La mujer alzó las cejas y dijo:

— ¡Mi gran amigo Arnold!

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Irónico Destino

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