Capítulo 2

Fue en una cuestión de segundos en que ambas se giraron y se miraron a los ojos, los golpes cada vez se escuchaban más cerca y nadie contestaba al otro lado del teléfono, Beian veía paliqueada su celular y cómo las rayitas sólo mostraba una de las tres, no había señal.

ーHay que irnosー fue lo único que pudo pronunciar Beian a lo bajo, sujeto a Heibrid por la mano, pero ella estaba tiesa, cómo si estuviera desbloqueando un recuerdo y eso era justo lo que ella estaba haciendo ーHeibrid yaー volvió a tirar de su mano, esta vez la muchacha respondió quitando su mano de su agarre.

ーNo podemos dejar a Melaniー habló entre sollozos, las lágrimas se hicieron presentes, Heibrid miro a los ojos a Beian y sabía que aunque ellas no quisieran se tenían que refugiar en la otra e irse de inmediato, dejando atrás de Melani, dejando detrás a su vida que era ella.

ーNo tenemos opciónー chillo Beian, sujeto a Heibrid de la mano y ambas, con dolor y a la vez con miedo de que los gritos de Melani pararon pero los golpes se hacían cada vez más fuertes cómo si se estuvieran acercando, cómo si estuvieran subiendo, llegaron hasta la ventana, la primera en pasar fue Heibrid, detrás de ella Beian, quien tiró el teléfono en la cama aún sin nadie en la otra línea.

ーEsta muy alto para saltarー sentenció Heibrid mirando hacia abajo, empezaron a golpear la puerta de la habitación, era cosa de segundos para que entrasen.

ーDe cualquier modo al parecer vamos a morir, podemos vivir con una pierna rota, pero no podemos vivir si estamos muertasー esta vez, si se le noto todo el miedo que tenía Beian aunque las últimas palabras estaban llenas de sarcasmo, la voz, las lágrimas, Heibrid se dio cuenta que su amiga había caído en la realidad y que la adrenalina no estaba sirviendo asi que agarro Beian por la mano y saltó junto a ella hacia el vacío del segundo piso, ambas cerraron los ojos esperando la caída pero inesperadamente sintieron que algo las agarraba, ambas abrieron los ojos con miedo y para sorpresa de las dos eran las ramas que estaban pegadas a la pared de la casa, que extrañamente la sujetaron e hicieron indolora su caída en cuanto las plantas llegaron abajo ellas no pensaron en eso, solo corrieron lo más veloz que podían agarradas de la mano, hacia la estación de policías más cercana.

Un año después

—Nos tenemos que ir— escuché a Beian entrando a la habitación, bufé estaba tan cansada de esto, sabía porque no nos quedamos tanto tiempo en un solo pueblo pero… estás dos semanas fueron suficientes para acostumbrarme a este pequeño cuarto que compartimos. No sabía que había visto ahora en este pueblo pero al parecer está suficiente para que no hiciese caso a mis quejidos y armara su mochila, desde esa noche ninguna de las dos vivió en paz,había pasado un año y el cuerpo de Melani no se encontró y solo nos quedó a nosotras arreglarnos, Beian y yo decidimos mudarnos de pueblo pero cada vez que sospechábamos nos mudamos a otro, tanto que ya no sabía qué tan lejos estaba ese lugar que una vez llamamos hogar.

—No somos de ningún lado y a la vez todo— repetí frustrada la frase que nos había dicho una señora de uno de los tantos pueblos, levantándome de la cama, recogí las pocas cosas que tenía fuera y las empaque en lo que ahora se había convertido todos mis años de vida «una maleta».

—Heibrid— susurro, la mire, negué con la cabeza antes de que lo hiciera.

—No tienes nada de qué disculparte Bei, solo nos estás protegiendo— le asegure, puse la maleta a andar y me coloque a su lado, a diferencia de mí, ella tenía una maleta y una mochila, ambas suspiramos al mismo tiempo, en un punto de estos meses pensé que solo era Beian pasando por el duelo y está era su manera, pero también me sentía perseguida por lo que fuera que estuviera esa noche en la casa. Ya no sabía distinguir que era real y que no, nunca supimos qué pasó esa noche, solo escuchamos gritos y golpes pero ¿Que en realidad nos hizo hacer esto? Es cómo si fuera una intuición. Beian dio el primer paso y salió de la habitación, yo fui detrás de ella, le eche una última mirada al pequeño cuarto en el que residimos solo una cama matrimonial, y un baño, cerré la puerta de madera y fui directo al Lobby donde estaba Beian esperándome, ambas fuimos afuera sin decir ni una palabra, la brisa de invierno, hizo que toda mi cara se enfriará, mis manos temblaran por lo descubiertas que estaban.

—Creo que debemos dar una vuelta por el instituto de este pueblo...ya sabes— alegó intentando fingir alegría, pero la conocía tan bien que sabía que era eso lo que a ella en realidad le alegraba, pasar tiempo con personas cosa que nunca hacemos, por eso nos permitía recorrer cada instituto de cada pueblo que íbamos, ella era nostálgica, le gustaba recordar cómo vivíamos hace un año y el instituto era lo más cercano que la hacía recordar a eso, asentí poco convencida, el clima estaba completamente nublado, ni rayo de sol había el día de hoy. Ambas caminamos directo allí.

—No nos tardemos mucho, hay que tomar un autobús, por favor— le pedí, intentando ocultar que no quería ir, ella asintió sin prestarme atención no hablaba de esto con ella, pero no me gustaba ir a los institutos a ella le gustaba socializar y recordar, para mí era distinto solo me había recordar cómo vivía antes de conocerlas, lo que tenía y lo que volví a perder por culpa...de la vida supongo, un golpe bajo de la vida. Caminamos rápido hasta el instituto, de reojo podía ver la gran sonrisa que tenía Beian cada vez que nos acercábamos más, era temprano por lo que muchos estudiantes estaban en la entrada. Unos estudiando otros en grupos riendo, Bei parecía fascinada cómo si viera lo mejor del mundo, se detuvo haciéndome detener.

—Voy...a ya sabes...solo un rato ¿Quieres.?— negué antes de que terminara la pregunta, a ella le gustaba hacer amigos cómo y donde fuera, algo a lo que me rehusaba completamente era hacer amigos o algo en los pueblo, no iba a tener contacto con esas personas después así que no valía la pena, ella emocionada me dejó la maleta y su bolso, desapareció entre los alumnos. Junte las dos maletas.

—Solo quiero ir a casa— susurré para mí misma, en estos meses que Beian se quebraba, había entendido que los papeles se habían cambiado, yo era la fuerte por las dos y ella se permitía hacer estas cosas. No me molestaba para nada, pero me preocupaba cómo se estaba quebrando Beian últimamente, nunca la vi así, en los primeros meses, con miedo, perseguida. Un empujón hacia delante me hizo mover ambas maletas, el dolor en el hombro que me habían golpeado, me giré hacia el causante apenada. —Lo siento no me di cuenta que estaba en el medio— hable rápidamente al ver sus cosas en el suelo, el chico levantó sus cosas y aún en cuclillas me miró, deje de respirar impresionada y di un paso hacia atrás, seguramente mi cara lo reflejaba lo confundida que estaba: sus ojos eran rosados.

—Tranquila fue culpa de e...— hablo una voz ronca llegando al lado del chico, intentando recomponerme mire al chico, mi corazón empezó a latir a mil por el miedo, sus ojos eran naranja, trague saliva, el chico solo tenía el ceño fruncido cómo si estuviera confundido, aparte la vista de sus ojos, «tenemos que irnos de aqui» sonreí intentando actuar con normalidad, tal vez y solo son lentes de contacto y me estoy poniendo en ridículo.

—Igual disculpa— dije fingiendo calma, pero cada segundo ahí tenía más miedo de los chicos, el que estaba en suelo se levantó y me miraba fijamente, tomé ambas maletas y sujete la mochila y velozmente sin despedirme, me perdí entre los alumnos hasta encontrar a Beian en un grupo de chicos, me acerque a ella, con el corazón el la boca —tenemos que irnos— le susurré con la voz quebrada y temblorosa ignorando a los chicos a su alrededor, ella se tenso. La mirada expectante del grupo iba solo a mi, cómo si esperarán a que me presentará o algo.

—Adiós— se despidió Beian risueña, tomo la maleta con su mano izquierda, se puso su mochila y camino tomándome de la mano, mis manos temblaban pero ya no era por el frío, era por esos chicos que había visto. Mientras más caminamos más pensaba en lo que acababa de pasar, ya el miedo se había ido completamente «que idiota» seguro había reaccionado exageradamente por unos lentes de contacto.

—¿Qué pasó?— termino de preguntar cuando estábamos bastante lejos del instituto.

—Unos chicos raros...solo eso— me limité a decir, ella solo sonrió, llegamos a la estación de autobuses.

Capítulo 3

—Heiii te pusiste nerviosa por unos chicos— chilló risueña, asentí poco convencida pero era suficiente para que Bei no se preocupara, negó divertida —Eso esta bien, no lo puedes evitar toda tu vida, voy recoger los boletos— me recordó, y antes de poder debatir eso de que “no lo podía evitar” se fue dejándome ambas maletas.

—SI PUEDO, APUESTALO— le grite, no estaba tan lejos de mi, escuche su carcajada, la podía visualizar desde aquí cómo caminaba rápido hasta la casilla donde estaba una mujer no muy feliz, el cielo estaba nublado, y el olor a tierra mojada me hipnotizaba, el sonido de los autobuses pasar a toda velocidad a unos pocos metros de mí, en la entrada de la estación había un solo chico de seguridad que estaba metido en su celular. De resto la avenida y la estación estaba casi desiertas, una que potra familia o personas solas estaban dentro de la estación. Beian de espaldas parecía hablar animadamente con la mujer de la casilla.

—¿Qué las trae a este pequeño y anticuado pueblo— escuche la voz de alguien mayor hablarme por detrás, me tense, no me importaba si iba a parecer una completa imbécil sin educación pero no me atrevía a darle la espalda a Beian y perderla de vista. —Es raro ver a personas nuevas por este pueblo, solo turistas y ustedes no parecen turistas— habló de nuevo. Beian se giró con una sonrisa en la cara y ambos boletos en la mano, los alzó mostrándome.

—Lo siento, no me puedo girar— le conteste al hombre que por su voz suponía que era alguien mayor. No escuche una respuesta, ni pasos, así que intentando no ser paranoica

sujete ambas maletas y camine hasta Beian, le tendí la suya y me gire hacia donde estaba antes, pero para mi sorpresa en toda la calle no había señal de un hombre mayor o de alguien ≪no hay manera posible que se haya ocultado o corría cómo maratonista o me lo había imaginado todo≫ Beian le mostró lo pasajes al guardia y este nos dejo entrar, entre a la estación aún confundida pero intentaba no asustarme, tal vez era una cosa o era otra aún más lógica.

—No falta mucho para que llegue— hablo Beian dejando sus maletas y sentándose en una de las banquetas que estaban solas, deje la maleta a mi lado y me senté junto a ella, las montañas le daban un toque cursi a esta partida, o mejor dicho a este nuevo viaje.

—Fue en el lugar en el que más tiempo duramos sin escapar como delincuentes— suspire cansada y apoye mi cabeza en su hombro, desde su hombro mire cómo hacia un gesto nostálgico, estaba recordando seguramente lo que un día llamó hogar.

—Cierto, pero nosotras escapamos por gusto y ellos por necesidad— sonrió, y cerró los ojos apoyando su cabeza en la mía, cerré los ojos y respire profundo, ya no había ningún aroma a tierra mojada, pero si había frío y olor a gasolina por los autobuses. Abrí los ojos velozmente pero fue más un reflejo que por quererlo, mire a un punto fijo a lo lejos, en la estación en la punta opuesta a nosotros había dos chicos y una chica, no podía distinguir si habia visto sus caras o no porque estaban bastante lejos, pero si podía distinguir que constantemente cada uno giraba su cara hacia nosotras, mire hacia el frente, ya el autobús estaba estacionando, me moví un poco para que Beian quitara su cabeza de la mía, y eso hizo. Ambas nos levantamos y agarramos las maletas sin decirnos ni una palabra, ya habíamos pasado por esto tantas veces, que solo entrar en el autobús nos deprimía. Le tendí la maleta a la chica, que cómo de costumbre la agarro sin cuidado y la lanzó junto al otro equipaje, éramos las primeras en la fila pero detrás de nosotras no había más que tres personas, la chica hizo lo mismo con la maleta de Beian, ya no decíamos nada, y en el primer viaje habíamos aprendido a no llevar cosas de cristal o que posiblemente se rompa en ellas, entre en el autobús con Beian detrás, busque el lugar del medio y me senté, Beian acomodó su bolso arriba y se sentó a mi lado, los asientos estaban alfombrados y eran bastante grandes y altos cómo para sentirme cómoda y no ver lo que pasaba adelante. Beian acomodo su cabeza en mi hombro. y yo me recosté del asiento bastante cómodo, aunque pasó sin darnos cuenta y viéndolo desde afuera era bastante triste que nuestro lugar de confianza fueran estos autobuses de viajes, no se cuando paso pero en cuanto nos sentamos en estos asientos nos sentíamos seguras, Beian nunca me lo había dicho pero su semblante relajado lo demostraba.

—¿Crees que hacemos lo correcto? se sincera— la pregunta me había tomado con la guardia baja.

—Por algo estamos metidas en este autobús, si pensara que no fuera lo correcto no estaría aquí— le respondí con la mayor sinceridad, la mire solo un poco, tenia lagrimas corriendo por sus mejillas rosadas que resaltan por su piel morena, tenía los ojos cerrados intentando parar el llanto, pero sus pestañas estaban mojadas de lágrimas, esto era normal, éramos una bomba de tiempo de lágrimas, puse mi cabeza sobre la suya y fije mi vista en el pasillo del autobús esperando a que los demás pasajeros entraran, con el sentimiento de corazón roto una vez más por ver a Beian así, el autobús estaba bastante iluminado por las cortinas abiertas menos la de nosotras que seguramente Beian había tapado, no había música, y el suelo era de una alfombra decorada, cómo en los cines, espere a que se escuchara al menos una voces de personas entrando con mis pensamientos dispersos, pero no se escuchó ninguna voz, ni pasó nadie por el pasillo del autobús que podía visualizar, lo que me parecía raro, ya que cuando nosotras entramos había una cantidad de gente considerable detrás de nosotras esperando para entrar.

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