Capítulo 2

Eddie secó sus lágrimas después de media hora, no tenía tiempo para deprimirse, mucho menos el día en el que Steve llegaría a verlo. Era su aniversario. Y debían pasarlo bien, al menos durante esa noche. 

Preparó una gran cena y destapó la botella de vino en cuanto sintió que la puerta principal se abrió. Steve no dudó en cargarlo por detrás, tomándolo por sorpresa mientras repartía cortos besos alrededor de su cuello.

-Te extrañé tanto, mi amor. Feliz aniversario- susurró antes de tomar su rostro para unir sus labios en un beso más profundo. Eddie se dejó llevar y se aferró a su cuerpo, mientras se repetía a sí mismo que todo estaba bien.

-Feliz aniversario, cariño - respondió con una sonrisa tímida. Steve se percató de los ojos brillosos e hinchados de su novio, e hizo un pequeño puchero, sabía lo mucho que le afectaba el tema de la boda, así Eddie no midiera enteramente las consecuencias. El rizado se dio cuenta de que el castaño le preguntaba con la mirada lo que estaba sucediendo, pero él negó con su cabeza - Estoy bien, Steve. En serio. 

-Tus ojos me cuentan otra historia, bebé, por favor hablemos ¿sí? - le pidió acariciando sus mejillas con cariño. Lo amaba tanto, y odiaba herirlo con sus actitudes, pero debía ser fuerte por ambos, al menos hasta que estén a salvo. 

-No quiero que pasemos nuestro aniversario hablando de tu boda - respondió abrazándolo, apoyó su cabeza sobre el hombro de su novio, se sentía tan seguro entre sus brazos- ¿podemos obviar ese tema, al menos hoy? Solo quiero que seamos dos tontos enamorados esta noche. No sé cuándo volveremos a estar juntos. 

-Trataré de que pasemos muchos más días juntos ¿sí? Te amo, nunca lo olvides - dijo tomando la mano de su novio para besar el anillo que le regaló en su tercer aniversario. 

-Yo también te amo, Steve, te amo tanto- respondió imitando la acción del castaño. 

Durante la cena lograron mantener un ambiente calmado y armonioso, ambos recordaron distintos momentos de su relación, desde que eran dos torpes adolescentes dándose cuenta de sus sentimientos por primera vez. 

Ellos eran la definición contraria de “amor a primera vista” en un inicio existía una gran rivalidad entre ambos en la escuela. Eddie era un chico nuevo que acababa de mudarse a la ciudad y fue inscrito en aquella secundaria, por lo que empezó a llamar la atención de la mayoría-incluidas las chicas- no sólo por su aspecto físico, sino por lo talentoso que era. 

Parecía ser perfecto para todo. Arte, música, literatura, debate, karate, y ni qué decir sobre sus calificaciones perfectas. Steve no entendía la razón por la que todos lo admiraban, Eddie Munroe no era sólo un chico lindo o atractivo, todo lo contrario, era un completo idiota que se burlaba de él en cada oportunidad que tenía.

Como aquella vez en la que Lucy y él caminaban por la feria escolar en busca de algodón de azúcar, cuando una fuerte bocanada de viento despeinó a su amiga, y la mayoría de personas, sin embargo, Steve permanecía perfectamente peinado, lo cual lo hizo sentir tranquilo, hasta que lo escuchó tan cerca de él decir:

-"¿Eres modelo acaso? Ni con todo el viento se te mueve un solo cabello, Harrinson, no cabe duda que Dios tiene sus favoritos" - Steve estaba realmente irritado, hasta que le entregó el último algodón de azúcar de la feria, y le pareció gracioso verlo todo despeinado con pequeñas hojas que caían de los árboles en su cabello. 

O esa otra ocasión cuando visitó al club de música durante una corta temporada, y quiso afinar su guitarra, sin tener mucho éxito en el proceso, el rizado apareció sin ser llamado, para ayudarlo rápidamente.  

-"Cuidado con lastimar tus finos dedos, niño bonito, sería una pena que arruinaras una mano tan suave, deja que yo me encargue" - susurró guiñándole un ojo. Steve se sonrojó, otra vez ese idiota intentaba humillarlo. 

También esa vez en la que ambos se ofrecieron como voluntarios cuando la maestra de historia solicitó apoyo para corregir los exámenes de los niños de primaria, con la promesa de obtener créditos extras, pero sólo necesitaría a un estudiante, a lo que Eddie le cedió su puesto.  

-"No hay problema, señorita Young, Harrinson se encargará ¿no es así, grandote?" - Steve se removió de su asiento al sentir el aliento del otro chico chocar en su oído. Sencillamente era un tonto que vivía burlándose de él. Pero no era lo peor. 

Eddie parecía ser mejor que él en todo, no faltaba clase o taller en el que los profesores lo pongan como un ejemplo a seguir, y lejos de ser considerado un ñoño ¡la gente lo amaba más! Steve decidió que debía relajarse en el momento que tomó conciencia de que pensaba todo el día en ese chico. 

Sin embargo, cuando vio que Eddie quería inscribirse en el equipo de baloncesto fue suficiente para él. No se creía el cuento de que necesitaba obtener una beca para mantener un buen promedio y poder ir a la universidad en el futuro. Ya tenía suficientes extracurriculares y créditos extra. ¿También tenía que quitarle lo único en lo que Steve sentía que era realmente bueno haciendo?

Cuando las prácticas acabaron sólo quedaban ellos dos, porque claro, el chico perfecto también era jodidamente amable y se ofreció a ayudar con el orden después del entrenamiento, así que decidió encararlo. 

-¿Se puede saber qué diablos planeas? - le preguntó enojado. 

-¿Ordenar las toallas y las pelotas? - contestó confundido el rizado encogiéndose de hombros. 

-No te quieras hacer el listo conmigo, Munroe, ¿qué pretendes? - volvió a preguntar acercándose a él. 

-El equipo de baloncesto da más créditos extra que el de natación, me falta una disciplina deportiva más para mis antecedentes escolares y encestar bolas no se me da mal ¿no crees? - Steve bufó, ¡era un maldito presumido!

-Karate, debate, arte, música, literatura, ¿ahora también baloncesto? - Eddie abrió sus ojos sorprendido, para después dedicarle una sonrisa ladina - ¿de qué te ríes, idiota?

-No sabía que andabas tan pendiente de mí, Stevie - bromeó quedando frente al castaño - ¿Algo que tengas que compartir con el resto de la clase?

-¡Eres un idiota! - exclamó - ¿por qué tienes que buscar derrotarme en todo?

-Wow. Harrinson, cálmate un poco, lamento decepcionarte, pero tú mami mintió. El mundo no gira en torno a ti - respondió haciendo un falso puchero. 

-¡Pura mierda! Haz lo que quieras, inscríbete a todos los jodidos clubs que quieras, pero no entres al equipo de baloncesto - le pidió. 

-¿O qué? ¿Me vas a acusar con tu mami? - se burló del otro chico - ¿O es que no podrías concentrarte con mi presencia? 

-¿Por qué me odias tanto? - se quejó. 

-No te odio. Steve, el que parece obsesionado conmigo eres tú. 

-Eres un tan presumido, arrogante, idiota… - el castaño lo sujetaba fuerte de la camiseta, y sin darse cuenta lo estaba empujando para acorralarlo contra la pared. 

-¿Sí? ¿Qué más soy, Steve? Dime - las respiraciones de ambos iban a un ritmo más acelerado de lo normal, mientras sus miradas permanecían fijas una en la otra. 

-Un tonto, insolente… - su voz parecía perdida a medida que examinaba el rostro ajeno, desviando la mirada hacia sus labios. 

-¿Algo más? - parecía saber perfectamente lo que hacía, porque en el instante que relamió sus labios, Steve perdió la última gota de cordura que le quedaba en su cuerpo, y se dejó llevar por el impulso para jalarlo hasta acortar la distancia entre ambos. Se separó al instante temiendo que el rizado fuera a burlarse de él o golpearlo. 

- Mierda. Yo… Lo siento, no debí - pero Eddie no lo dejó terminar, fue él quien se acercó de inmediato, besándolo con mayor profundidad, sintió gemir a Steve dentro de su boca, lo que lo hizo sonreír mientras lo tomaba del cuello buscando más cercanía. El castaño desvió sus manos hacia la cintura del chico para aferrarse a su cuerpo. Tuvieron que separarse debido a la falta de oxígeno en sus sistemas. 

-Joder… - suspiró Steve agitado. 

-Eso fue intenso - afirmó Eddie en un estado similar al suyo - ¿Quedó demostrado que no te odio? - preguntó con una sonrisa - Aunque claro, para convencerme de irme del equipo de baloncesto necesitaré más incentivos como los de hace unos segundos. 

-Tonto - Steve sonrió golpeando su hombro amigablemente - En realidad no me molesta si es que quieres seguir en el equipo.

-Oh no, definitivamente esto no es lo mío. Debo darte la razón en eso, quería sacarte de tus casillas - admitió guiñando un ojo - Bueno, supongo que nos vemos mañana, Harrinson. 

-Eddie, espera… Emmm… ¿Te gustaría ir a comer algo? - preguntó y sintió que su rostro ardía de lo rojo que estaba.

-No creas que planeo evitarte o algo así, pero no traje dinero hoy, tal vez podamos dejarlo para otro día. 

-No… No estás entendiendo lo que quiero decir - Steve lo miró detenidamente, esperando que el rizado comprendiera - quiero… invitarte a salir… 

-¿Como una cita? - dudó.

-Exacto. Una cita… Si no te parece raro, claro - Eddie no pasó por alto los ligeros temblores que emanaba el cuerpo del otro chico,  así que tomó su mano, intentando tranquilizarlo - ¿Eso es un sí?

-Supongo que tendremos que ducharnos primero, ¿no? ¿O pretendes que nuestra primera cita sea con nosotros llenos de sudor? - preguntó bromeando. 

-Sí, tiene sentido. 

-Es que soy el más listo entre los dos - dijo con suficiencia. 

-¿Y yo qué soy?

-Tú eres el bonito. 

-Oh, cállate.

Capítulo 3

De aquel inesperado encuentro surgieron más salidas, en las que fueron conociéndose más, Steve sabía que le gustaban los chicos, aunque nunca había besado o salido con alguno hasta que Eddie llegó y fue tan comprensivo con él durante ese nuevo proceso. 

Ahora, nueve años y seis meses después, seguían juntos, aunque no podían ser libres todavía. Eddie se dispuso a lavar los platos pese a las quejas de Steve, hasta que sintió unas conocidas manos posarse en su cintura con firmeza. 

-Tengo mucha suerte de tenerte a mi lado, amor - susurró besando el lóbulo de su oreja - la cena estuvo deliciosa, siempre preparas platillos distintos para mi. 

-Me gusta hacerlo - respondió suspirando por las atenciones que su novio tenía con él, se sentía tan bien con sus manos explorando por encima de su camisa sin pudor alguno - ¿que pretendes, chico travieso?

-Te necesito tanto, Edd - gimió rozando su erección en el trasero del rizado - Deja eso, yo lo lavaré después ¿si?  

Eddie rió ante la desesperación de su novio, a pesar de los años seguía siendo tan caliente y hormonal. Dio la vuelta rápidamente para darle un beso que subió rápidamente de intensidad, su lengua rozaba la otra mientras sus manos torpemente buscaban un mayor contacto, sintiendo el cuerpo ajeno, ambos se dirigieron hacia la habitación  en la que Eddie posó al castaño con algo de brusquedad, lo cual le gustó.

Lo ayudó a quitarse su camiseta y pantalones, después hizo lo mismo con la suya. Admirando al hombre que tenía frente a él, su fornido cuerpo, su espalda ancha y los vellos en el pecho eran un espectáculo digno de apreciar.

-Eres tan guapo, cariño - susurró antes de colocarse encima suyo. Empezó un movimiento suave y marcado, moviendo sus caderas debajo de su novio, quien no dejaba de gemir ante la placentera fricción que creaba. 

-Mierda, amor, me estás matando- gimió Steve moviéndose de acuerdo al ritmo de Eddie.

-Entonces mejor paro - dijo bromeando, a lo que el castaño sostuvo sus muslos con fuerza.

-Por favor sigue - pidió mordiéndose el labio.

-Como usted ordene, su majestad - jadeó moviendo sus caderas más rápido. Le gustaba tanto sentir a su novio retorcerse debajo suyo, no negaría que le prendía tener el control en momentos así, saber que sólo él era capaz de satisfacer a Steve Harrinson en la cama lo excitaba más que nada. 

-Eddie, mi amor, por favor-le pidió mientras apretaba su trasero.

-¿Qué quieres, cariño? Usa tus palabras.- preguntó a la vez que sus manos presionaron sus pezones, amaba tanto escucharlo gemir. 

-Móntame, mi amor, por favor - dijo en apenas un hilo de voz. 

-Como usted ordene, su majestad -Eddie sonrió con lujuria para bajar del regazo de su novio, lo empujó para que se siente contra la cabecera de la cama, y Steve tiró de él trayéndolo de vuelta a la cama. 

-Déjame prepararte, bebé, ¿puedo hacerlo?

Eddie asintió tomando posición, y gimió al sentir los largos y gruesos dedos de su novio entrar en él cubiertos de lubricante mientras repartía besos húmedos por su cuello, sin temer en morder la piel o dejarle marcas. Lo acompañó con sus caderas hasta que lo vio quitarse la prenda restante. 

-¿Estás listo, mi amor? - preguntó mientras alineaba su miembro en la entrada de su pareja. 

Lo escuchó gruñir mientras ingresaba, jamás se acostumbraría a él, era tan grande que ocupaba todo en él. Cada vez que Steve entraba en él se sentía tan lleno. El castaño sostuvo sus caderas hasta que estuviera listo para moverse. Eddie empezó con movimientos circulares lentos, pero profundos mientras jadeaba el nombre de su novio, al mismo tiempo, Steve no dejaba de gemir en su oído mientras alcanzaba el ritmo del rizado. Jaló su cabello para buscar su rostro y empezar un desordenado beso. 

-Steve… Cariño, no voy a durar mucho -advirtió cuando sintió cerca su orgasmo, y el castaño aprovechó el tomar su miembro con una de sus manos para masturbarlo -Mierda…

-Eso es mi amor, te ves tan hermoso, tan mío, solo mío - gimió y supo que estaba cerca- Joder Eddie, te amo, te amo tanto - gruñó hasta sentir cómo se corría fuerte llenándolo por completo.

Ambos permanecieron en la misma posición en silencio mientras se reponían de su orgasmo. Eddie disfrutaba tanto de los momentos que venían después de hacer el amor con Steve, cuando sólo estaban ellos dos abrazados, disfrutando de caricias tiernas, besos cortos en el rostro, y sonrisas cómplices. 

-¿Ducha o cama? - le preguntó Steve. 

-¿Segunda ronda en la ducha? - propuso el rizado obteniendo un largo beso como respuesta. 

Una sesión apasionada bajo la ducha más tarde, la pareja se acomodó en la cama para ver una película antes de dormir, Steve lo tenía abrazado por la cintura mientras apoyaba su cabeza en su hombro, le gustaría que pudiera ser así siempre. 

-Te amo, Eddie, eres el primer y gran amor de mi vida, por favor no dudes de eso ¿si? Sé que es un gran sacrificio el que estamos haciendo ahora, pero prometo que valdrá la pena, solo serán unos cuantos meses más y podremos ser libres - dijo buscando los labios de su novio. 

-Eso espero, cariño, eso espero. 

La mañana siguiente Steve fue el primero en despertar, con mucho cuidado se levantó de la cama para dirigirse hacia la cocina y preparar el desayuno, mientras buscaba los ingredientes para cocinar, se entretuvo leyendo la correspondencia, aunque hubiera deseado no hacerlo. 

La gran mayoría de cartas eran deudas y recordatorios de pagos vencidos, ¿por qué Eddie nunca aceptaba su ayuda en momentos así? Se supone que ambos eran un equipo, sin embargo, el rizado jamás permitía que le dé dinero bajo ninguna circunstancia. 

En parte lo entendía, desde muy pequeño Eddie aprendió a ganarse las cosas con su propio esfuerzo, pero Steve nunca pretendía ofenderlo, simplemente era un fiel creyente que todos necesitamos un poco de ayuda algunas veces. 

Era otra motivación implícita para aguantar el tiempo necesario hasta que pudiera reclamar la herencia: deseaba ayudar a Eddie a alcanzar sus metas personales, y ayudarlo un poco en su agobiada vida financiera - así este no lo quiera admitir-. 

Dejó todo tal cual lo encontró en cuanto sintió los pasos de su novio. Para Steve, ver al rizado a primera hora del día debía ser considerado como una maravilla del mundo, jamás podría cansarse de admirarlo. Era simplemente perfecto. 

-Despertaste temprano - dijo aún con la voz ronca antes de besarlo. 

-Es mi turno de cocinar, amor, siéntate, verás que terminaré en un minuto - dijo y Eddie aprovechó en salir a la pequeña terraza a fumar un cigarro pese a sus quejas, ¿cómo pretendía curarse de la terrible gastritis que padecía si lo primero que hacía al despertar era fumar?

Terminaba de servir la comida en platos cuando sintió que el teléfono de su novio vibraba incesantemente una y otra vez en la encimera de la cocina, frunció el ceño extrañado, Steve no era un novio excesivamente celoso, mucho menos cuando Eddie y él tenían confianza plena en el otro, sin embargo, no era usual recibir tantos mensajes seguidos. 

-¿Amor? Tu teléfono no deja de sonar - le avisó, esperando que pronto Eddie viniera y confirmara que se trataba de un asunto sin importancia. 

-Debe ser el banco, deja que suene, ya se cansarán - respondió desde la terraza. Pero el aparato siguió vibrando, y no lo resistió más, no estaba desconfiando en sí, sólo quería saber quién le escribía con tanta vehemencia a su novio. Apretó la mandíbula al leer las notificaciones de mensajes.

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