Capítulo 2

El olor a almendras tostadas y azúcar quemado debería reconfortarme, pero esta noche me revuelve el estómago. Llevo seis años con Máximo Lawrence, el arquitecto más prometedor de Sevilla, y esta noche se suponía que celebraríamos nuestro futuro, el de nuestra boda.

Pero ahora estoy aquí, en el silencio de nuestro apartamento con vistas a la Giralda, y la única compañía que tengo es la luz azulada de su portátil.

Lo dejó abierto. Un descuido impropio de él.

Y ahí estaba, una carpeta llamada "Proyectos Personales". La curiosidad no fue lo que me impulsó a hacer clic, fue una sensación fría que se instaló en mi pecho, una sospecha que llevaba meses ignorando.

Dentro no había planos ni diseños de edificios. Había otra carpeta, con un nombre que me heló la sangre: "Sofía".

Sofía Ramírez. Su exnovia de la universidad. La influencer de moda a la que, según él, no había vuelto a ver en años.

Hice clic.

Cientos de fotos. Sofía en París, Sofía en una playa de Ibiza, Sofía sonriendo con un cóctel en la mano. Fotos que no eran públicas, fotos que parecían robadas, tomadas desde lejos. Y luego, el archivo que lo cambió todo: un diario digital.

Mis dedos temblaban mientras lo abría.

15 de junio, hace seis años.

"Hoy la he visto. Sofía. Besándose con ese idiota rico en la Plaza de España. Me ha destrozado. Necesito una distracción. Luciana, la pastelera, parece dulce. Quizás ella sirva".

Esa fue la noche en que nos acostamos por primera vez. La noche que yo creí mágica.

Mi corazón latía con fuerza, un tambor sordo contra mis costillas. Seguí leyendo, pasando páginas y páginas de mi propia vida, contada a través de su obsesión por otra.

3 de mayo, hace cuatro años.

"Sofía se ha ido a Roma. Dice que necesita espacio. He reservado dos billetes a Roma para Luciana y para mí. Le diré que es una sorpresa de aniversario. Tengo que verla, aunque sea de lejos".

Recuerdo ese viaje. Recuerdo sentirme la mujer más afortunada del mundo mientras paseábamos por el Trastevere. Ahora, la memoria se sentía sucia, contaminada.

Y la última entrada, la de hace apenas dos meses.

12 de septiembre.

"Sofía se divorcia. Está volviendo. Esta es mi última oportunidad. Le pediré a Luciana que se case conmigo. Se lo propondré en el restaurante más caro de la ciudad, me aseguraré de que Sofía se entere. Te doy una última oportunidad para que vuelvas a mí, o me casaré con otra".

El anillo de diamantes en mi dedo de repente pesaba una tonelada. No era un símbolo de amor, era un ultimátum para otra mujer.

Seis años. Seis años de mi vida, de mi amor, de mis pasteles hechos con devoción para él. Todo era una mentira. No era su amor, era su peón. Era el premio de consolación en un juego que yo ni siquiera sabía que estaba jugando.

Cerré el portátil con un golpe seco. El sonido resonó en el apartamento silencioso. El frío que sentía antes ahora era un hielo que me recorría por dentro, congelando cada emoción.

Ya no había amor. Solo un vacío inmenso.

Capítulo 3

El sonido de la puerta abriéndose me sobresaltó. Máximo entró, sonriendo, con esa confianza que siempre me había parecido tan atractiva. Ahora solo me producía náuseas.

"Cariño, estoy en casa. ¿Qué tal el día en la pastelería?"

Se acercó para besarme, pero me aparté instintivamente.

"¿Qué pasa? ¿Estás bien? Estás pálida".

Su mano se posó en mi frente, su toque familiar de repente se sentía como el de un extraño. El olor de su colonia, mezclado con el perfume de otra mujer, me golpeó con fuerza.

Era el perfume de Sofía. Lo reconocí de sus redes sociales.

Una arcada subió por mi garganta. Corrí al baño, arrodillándome frente al inodoro, y vomité la cena que apenas había probado. Vomité la bilis amarga de la traición, el asco que sentía por él, por mí, por la farsa que era nuestra vida.

Oí sus pasos detrás de mí.

"Luciana, ¿qué te ocurre? ¿Has comido algo en mal estado?"

Su voz, llena de una falsa preocupación, solo empeoró las cosas. Sentí otra oleada de náuseas.

Cuando por fin pude levantarme, temblando, me apoyé en el lavabo. Mi reflejo en el espejo era el de una extraña, con los ojos enrojecidos y la cara demacrada.

Él estaba detrás de mí, su imagen borrosa.

"Quizás estás embarazada", dijo con un tono ligero, casi una broma.

La idea me golpeó con la fuerza de una bofetada. ¿Embarazada? ¿De él? ¿Ahora? La posibilidad era tan horrible que sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

"No digas tonterías", susurré, la voz rota.

"Vamos, cariño, no sería tan malo. Un pequeño arquitecto corriendo por la casa".

Intentó abrazarme por la espalda, pero me zafé de su agarre.

"No me toques".

Mi voz sonó más firme de lo que me sentía. Me miró, confundido, una sombra de irritación cruzando su rostro perfecto.

"Vale, vale. Estás de mal humor. Iré a comprar una prueba de embarazo, por si acaso. Así salimos de dudas".

Salió del baño, dejándome sola con mi reflejo y el eco de sus palabras. La repulsión era tan intensa que tuve que volver a inclinarme sobre el lavabo, respirando hondo para no volver a vomitar.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED