Capítulo 3

Brian se incorporó de un salto en la cama.

Los recuerdos del pasado volvieron a aflorar en su mente.

Con apenas siete años, se vio obligado a dejar a su familia y a valerse por sí mismo.

Brian tenía prohibido usar cualquier recurso familiar. Incluso le prohibieron utilizar las habilidades que había aprendido cuando estaba con su familia.

Ahora, finalmente, parecía que su familia estaba a punto de levantar la prohibición.

La voz de Carlos Bailey al otro lado de la línea interrumpió sus pensamientos.

"Señor Tennant, una pequeña empresa ha sido transferida a su nombre." "Lo que habrían sido sus gastos de manutención de la última década ha sido depositado en Citibank. " "Solo tiene que ir al banco para retirarlo." "El número de su bóveda privada es el 001."

"De acuerdo."

Colgó el teléfono, en un estado de confusión.

Sonrió con amargura y masculló: "¿Solo una asignación? ¿Para qué tanta parafernalia con una bóveda privada? ¿Cuánto podría ser? ¡Qué ridículo!".

Aun así, dinero extra nunca venía mal. Brian se lavó rápidamente la cara y salió.

Se dirigió a Citibank y se acercó al mostrador más cercano. "Buenos días, quisiera acceder a mi bóveda privada."

La empleada miró a Brian y levantó una ceja con incredulidad.

Luego se burló: "Es obvio que no tienes dinero... ¿Cómo te atreves a decir que tienes una bóveda privada aquí?". "¿Y ahora qué? ¿Me vas a decir que eres el dueño del banco?".

Para sorpresa de Brian, reconoció a la empleada: era Ana Stevens, la hermana mayor de su exnovia, Rosy.

Ella siempre lo había menospreciado por considerarlo que no estaba a la altura de su hermana y había insistido hasta el cansancio para que Rosy terminara con él.

Así que, en cierto modo, Ana fue una de las razones por las que Rosy lo engañó.

Brian ciertamente no sentía la necesidad de ser cordial con ella.

Repitió impacientemente: "Quiero acceder a mi bóveda privada."

Ana se levantó de su escritorio y lo señaló con el dedo con rabia. "¡Miserable! ¿Cómo te atreves a venir aquí?".

Luego gritó: "¡Seguridad!".

"¿Qué sucede aquí?".

Justo en ese momento, una voz agradable resonó a sus espaldas.

Brian se dio la vuelta y vio a una hermosa mujer que se acercaba. Vestía un traje sastre elegante, medias de seda negras y tacones altos. Su blusa de seda se ceñía a su busto.

Al ver a su gerente, Ana esbozó de inmediato una sonrisa halagadora. "Señorita Dockery, conozco a este tipo. No tiene dónde caerse muerto, pero insiste en que tiene una bóveda aquí. Pensé que solo venía a causar problemas, por eso llamé a seguridad."

Lisa Dockery miró a Brian de arriba abajo.

Como directora de sucursal de Citibank, se enorgullecía de su habilidad para calar a la gente de un solo vistazo. Aunque mantuvo una sonrisa cortés, en el fondo de su corazón, despreciaba a Brian.

¿Cómo podían las bóvedas privadas de Citibank tener algo que ver con este pobre tipo?

Lisa le indicó a Brian que la siguiera y, a regañadientes, lo condujo hacia la zona de bóvedas.

Si la política del banco no exigiera recibir cuidadosamente a cada cliente, ya habría ordenado a seguridad expulsar a Brian.

Al ver que la propia gerente lo atendía, Ana no se atrevió a decir nada más.

Mientras los veía alejarse, murmuró para sí misma con una sonrisa siniestra: "A ver en qué acaba todo esto."

La gerente llevó al joven a la zona de las bóvedas y preguntó cortésmente: "¿Cuál es el número de su bóveda?".

"001."

La respuesta la dejó atónita. ¿La 001? ¿No era esa la bóveda de máxima seguridad?

Aunque llena de dudas, mantuvo una sonrisa educada. "Por favor, coloque la palma de su mano en el escáner. Necesitamos verificar su identidad."

Brian presionó obedientemente la palma de su mano contra la pantalla de la cerradura inteligente.

"Identidad no reconocida. Por favor, intente de nuevo."

Lisa detestaba aún más a Brian. Pero siguió sonriendo y volvió a señalar la cerradura inteligente. "Por favor, intente de nuevo."

Brian pensó un momento y decidió usar la otra mano.

La paciencia de Lisa se estaba agotando y estaba intentando encontrar una excusa para echar a Brian.

Sin embargo, la voz mecánica de la cerradura inteligente interrumpió sus pensamientos: "Identidad verificada. Acceso concedido."

Lisa se quedó estupefacta. ¿Cómo diablos era posible? ¡De verdad había desbloqueado la puerta de su bóveda suprema! ¿Quién diablos era este hombre?

Pero no era el momento de averiguarlo. La gerente se enderezó la ropa y esbozó la sonrisa más sincera.

Si este hombre tenía acceso a una bóveda suprema en Citibank, entonces tenía que ser alguien a quien no podía permitirse ofender.

La puerta de la bóveda se abrió lentamente.

Cuando Brian vio lo que había dentro, las piernas le flaquearon y estuvo a punto de caer al suelo.

"Señor, ¿qué le pasa?", preguntó la gerente, ahora con voz solícita.

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