Capítulo 2

Habían transcurrido cinco años desde aquel día.

Everleigh se encontraba en un prestigioso hospital de Prario.

Vestida con su uniforme de doctora, se hallaba en la sala de conferencias, analizando el informe de un caso junto a otros especialistas.

Llevaba el cabello corto, en un peinado pulcro y elegante. Un maquillaje discreto acentuaba su piel impecable y sus delicadas facciones. Sus ojos refulgían como diamantes.

"Disculpe, doctora Lewis, ¿está diciendo que la paciente no necesita cirugía porque usted puede tratarla con acupuntura?", preguntó uno de los médicos.

"Así es", respondió ella, "siempre que confíen en mí".

Everleigh ojeó los expedientes con una leve sonrisa.

Ahora era Nancy Lewis.

Everleigh no había muerto en aquel hospital. Cinco años atrás, el obstetra le salvó la vida. Fue ella misma quien le rogó al médico que anunciara su muerte.

Prefería la muerte antes que volver con la familia Harris.

Después, llegó a Prario, donde, gracias a las técnicas de medicina tradicional heredadas de sus ancestros, los Lewis, consiguió un puesto como doctora.

Sus colegas en la sala se mostraron escépticos ante su conclusión.

Pero Everleigh no tenía tiempo que perder esperando una respuesta. Consultó el reloj en su muñeca y se excusó antes de salir.

"Doctora Lewis, ¿ya se va a recoger a sus hijos?", le preguntó un colega mientras ella bajaba las escaleras a toda prisa.

"Sí". Everleigh sonrió.

Iba a recoger a sus pequeños.

Diez minutos más tarde, llegó al jardín de infantes de la zona.

"¡Mami, por fin llegaste! Te estuve esperando una eternidad".

Apenas Everleigh llegó a la entrada, una niña con un vestido rosa y dos moños altos corrió hacia ella, chillando de emoción.

Everleigh bajó del auto de inmediato.

"Perdón, mi amor, se me hizo tarde. Te prometo que de ahora en adelante llegaré a tiempo".

"No te preocupes. Mi hermano estuvo conmigo, ¡y me trajo muchos bocadillos!".

La pequeña, Millie Lewis, le sonrió con dulzura a su madre mientras esta la estrechaba entre sus brazos.

El corazón de Everleigh se inundó de alegría.

El hermano de Millie era un niño muy atento que siempre la cuidaba.

Everleigh sonrió. "¿Ah, sí? Vamos a buscar a tu hermano, ¿de acuerdo?".

"Está bien, mami".

Minutos después, Everleigh encontró a su hijo.

Sin embargo, se quedó perpleja al verlo rodeado por varias maestras. Everleigh no entendía por qué su hijo estaba en la sala de profesores.

"¡Dios mío! Este niño es idéntico a nuestro Sam".

"¡Es verdad, se parecen muchísimo!".

Una de las maestras colocó una foto junto al rostro de Samuel Lewis, comparando sus facciones con las del otro niño.

Samuel miró la foto con picardía.

"No me parece. ¿Acaso él tiene la cara tan redonda como la mía?".

"Pues no, la verdad es que no".

"¿Y es tan guapo como yo? Miren bien la foto. ¿De verdad creen que se parece a mí?".

Samuel sonrió con picardía y se inclinó hacia las maestras.

Todas las maestras soltaron una carcajada, pues se dieron cuenta de que el niño de la foto no se parecía en nada al que les hacía pucheros.

El niño de la foto no aparentaba ser mayor que Samuel, pero tenía un aire meditabundo y distante, casi como el de un adulto. No era, en absoluto, tan adorable como Samuel.

"¿Qué haces ahí, Sam?", preguntó Everleigh al ver lo que estaba pasando.

"¡Mami! ¡Mami, ya llegaste! Yo no hice nada".

Samuel reaccionó al instante. En cuanto escuchó la voz de su madre, sonrió y saltó del escritorio donde estaba sentado.

Su sonrisa era incontenible.

Samuel tenía un parecido asombroso con Weldon, pero su personalidad era cálida y amable. Jamás era frío y distante como aquel hombre; por el contrario, siempre saludaba a todos con una sonrisa.

Capítulo 3

"¿Me dices la verdad, Sam? No se te ocurra mentirme", le advirtió Everleigh. "¿O ya se te olvidó que por tu culpa se dañó la computadora del salón y suspendieron las clases el otro día? No te hagas el inocente".

"Pero...", Samuel frunció los labios y la miró con ojos suplicantes.

No comprendía por qué su madre siempre asumía que hacía travesuras, cuando en realidad era un niño brillante y de buen corazón.

Sus maestros le pedían ayuda constantemente y a él no le quedaba más remedio que aceptar con resignación.

"Mami, no hice nada malo, te lo prometo", aseguró él. "Solo jugaba con ellos. Ya tengo hambre, vamos a casa".

Everleigh se quedó sin palabras.

Soltó un suspiro, se despidió de los maestros y se llevó a sus hijos.

Apenas llegaron a casa, Everleigh fue a la cocina a preparar la cena, pero su teléfono sonó antes de que terminara de cocinar.

"Doctora Lewis, el hospital aprobó que usted se haga cargo del caso. ¿Podría venir de inmediato?".

"¿Ahora mismo?".

"Sí. La familiar del paciente ya está aquí y, al enterarse de la decisión del hospital, exige hablar con usted de inmediato", explicó la enfermera al otro lado de la línea.

Everleigh puso los ojos en blanco, fastidiada. Detestaba a esa clase de gente adinerada que se creía el centro del mundo y pensaba que todos debían estar a su entera disposición.

Sin otra opción, aceptó.

"Sam, tengo que ir al hospital. ¿Puedes cenar con tu hermana en casa?".

"Claro, mami. No te preocupes. La cuidaré muy bien".

Samuel agitó la mano con la seriedad de un adulto, indicándole a su madre que se quedara tranquila.

Everleigh sonrió. Con un hijo tan atento, no tenía de qué preocuparse.

Se cambió de ropa rápidamente y salió.

Tan pronto como Everleigh se fue, su hijo corrió hacia el estudio.

"Sam, ¿qué haces? Mami nos dijo que cenáramos".

"Shh... Necesito entrar a la computadora del director. Hoy los maestros mostraron una foto de un niño que es idéntico a mí. Parece que se unirá a nuestro kínder y tengo que averiguar quién es".

En cuestión de minutos, Samuel logró acceder a la computadora del director y encontró de inmediato la información sobre el nuevo alumno.

"¡Wow! Sam, ¿ese eres tú?". Millie ahogó un grito de sorpresa en cuanto el documento apareció en la pantalla. Se quedó con la boca abierta.

Samuel frunció el ceño. "No, no soy yo. Se llama Zayn Harris. Mira".

Señaló el nombre en el documento y negó con la cabeza, desalentado.

Los ojos de Millie se abrieron como platos.

"¿Zayn Harris? Pero ¿por qué se parece tanto a ti? ¿También es hijo de mami?".

Samuel abrió los ojos de par en par. De pronto, recordó las veces que su madre abría una pequeña caja para mirar una camisa nueva de niño pequeño, con los ojos llenos de lágrimas.

En ese instante, decidió que tenía que conocer a ese niño que se parecía a él.

"The Hill Hotel", murmuró Samuel al recordar la dirección que había visto en el formulario de inscripción.

Media hora después, Everleigh llegó al Hospital Klyre.

"Doctora Lewis, qué bueno que ya está aquí".

"¿Dónde está la familiar del paciente?".

"La está esperando en la oficina del director. Doctora Lewis, es una persona bastante difícil. Le recomiendo que tenga cuidado al tratar con ella", le aconsejó la enfermera en voz baja.

Everleigh se puso rápidamente la bata y la mascarilla quirúrgica antes de dirigirse a la oficina del director.

Luego, respiró hondo y tocó la puerta. "Señor Watson, soy yo".

"Everleigh, pase. La familiar del paciente está aquí. Venga a conocerla".

El director sudaba profusamente mientras intentaba conversar con la mujer sentada frente a él, de actitud visiblemente tensa y demandante.

Al oír la voz de Everleigh, el hombre exhaló un suspiro de puro alivio y se apresuró a abrir la puerta como si ella fuera su salvación.

A Everleigh le sorprendió que el director le abriera la puerta en persona, pero su atención se desvió rápidamente hacia la otra mujer en la habitación.

Sus ojos se abrieron de par en par al observarla con más detenimiento, y el asombro se reflejó en su rostro.

"¿Ella es la doctora competente de la que me habló? ¿De verdad es capaz?".

La mujer se puso de pie al oír abrirse la puerta.

Era alta y llevaba un maquillaje impecable. Su cabello castaño caía en ondas perfectas y su atuendo de diseñador le confería un aire de arrogancia.

Era Raelynn.

Everleigh nunca esperó que esa mujer fuera el primer rostro conocido que vería después de cinco años.

Entonces se preguntó si Weldon era su paciente.

La mirada de Everleigh se tornó gélida al observar a su enemiga.

El matrimonio de ella con Weldon fue arreglado en su niñez. Apenas nacida, las familias Lewis y Harris pactaron su unión con Weldon, que entonces tenía solo cinco años.

Al principio, Everleigh pensó que era una broma y no le dio mucha importancia al acuerdo, aunque desde pequeña siempre sintió un cariño especial por él.

Por desgracia, la familia Lewis murió en una noche fatídica. Trevor tomó a Everleigh bajo su protección y le pidió que se casara con su hijo, con la intención de ofrecerle una vida segura y tranquila.

Solo entonces ella comenzó a considerar el matrimonio seriamente.

Lo que no imaginaba era que esa unión sería el comienzo de una vida de desdicha.

"Lo siento, cometí un error", dijo Everleigh de repente.

"¿Qué?". El director frunció el ceño, confundido.

"No puedo curar esa enfermedad. Deberán buscar a otro médico".

Sin añadir nada más, Everleigh se dio la vuelta y salió de la oficina.

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