Capítulo 2

Mientras, en algún lugar de Sao Paulo, una joven llamada Macarena estaba trabajando en un restaurante como mesera.

Como cada turno, iba a atender a los clientes, servirles la comida, hacer movimientos de karatekas a los que querían tocarle el trasero y cobrar propinas. Y mientras hacía todo eso, soñaba con conocer a un millonario, que se enamorara perdidamente de ella y la sacara de la pobreza.

- ¡No veo la hora de tener mi boda de ensueños! – dijo Macarena, en su hora de descanso – Mi futuro esposo será alto, guapo, millonario, dueño de una empresa exitosa y tendrá una mansión en algún país europeo.

- ¡Sigue soñando! – le dijo una compañera de trabajo – Entiende que los millonarios solo se mueven dentro de su círculo. ¡Nosotras estamos fuera de la ecuación!

Aún así, a Macarena le gustaba pensar en esas cosas. Y es que, desde pequeña, veía muchas telenovelas de ese estilo, donde la desdichada heroína conocía a un príncipe que la sacaba de su situación y la trataba como una reina. Con el tiempo, comenzó a leer novelas eróticas y su sueño se intensificó, hasta el punto de que no pensaba en nada más que eso.

Cuando terminó el horario laboral, la joven se cambió su uniforme y salió a las cálidas calles de la ciudad.

El tránsito era un caos. Y hacía un calor de los mil demonios, o eso era lo que pensaba. La gente atropellaba al caminar y casi por poco perdió su ómnibus por no llegar a tiempo en la parada.

Por suerte, consiguió entrar como ninja en un escondrijo secreto al ver que la puerta del bus se cerraba.

Una vez que hubo abonado el monto del pasaje, consiguió un asiento vacío y decidió mirar sus redes sociales.

“¡Guau! ¡Tengo como 329 solicitudes de amistad! ¿Habrá entre ellas algún millonario guapo?” pensó Macarena, con entusiasmo.

Pero la mayoría, o eran puros viejos verdes, o amigos de sus amigos, o adolescentes fetichistas que sueñan con tirársele a una mujer mayor. Y como ninguno era guapo o, al menos, millonario, rechazó sus solicitudes.

“¡Es un crimen ser tan guapa y cotizada!” pensó Macarena. “Pero mi cuerpo solo acepta hombre con plata”

Cuando bajó del bus, caminó un par de cuadras más y llegó a su casa: una pieza rentada de una residencia, donde vivían muchas otras personas (en su mayoría, estudiantes universitarios) que no tenían el dinero suficiente para rentar su propio departamento.

Llegó, se encerró en su pieza y siguió viendo sus redes sociales.

- No hay nada interesante hoy – se dijo la mujer – el otro día recibí muchos mensajes por mi cumpleaños número 28, pero ahora nadie me escribe… ¡Ya sé! ¡Me haré una selfie!

Se sentó en su cama, probó varias poses divertidas (según ella) y comenzó a sacarse varias fotos. Luego seleccionó la que le salió mejor y la publicó como su foto de perfil. De inmediato, recibió varias reacciones y comentarios, alimentando así su ego.

- Bien. Ya me aburrí de esto. Ahora iré a lo interesante.

Salió de sus redes y comenzó a ver un video porno. Ahí, se puso sus auriculares para no alertar a los que vivían en la residencia. Si bien algunos compartían sus cuartos, ella consiguió una habitación para vivir solita, así tendría más privacidad y podría hacer, entre otras cosas, masturbarse sin culpa.

El video que encontró era bastante candente. Se trataba de una secretaria que se le insinuaba a su jefe y, luego, éste procedió a desabrocharle la camisa y penetrarla encima del escritorio.

- ¡Oh, si! ¡Oh, si! – gimió Macarena, cruzando las piernas al ver en primerísima plana el miembro erecto del protagonista.

Cuando terminó, sintió que estaba húmeda y dio un suspiro. A pesar de tener veintiocho años, todavía era virgen debido a que se la pasó gran parte de su vida trabajando y estudiando. Como era huérfana, nunca supo lo que era el amor de un padre y siempre debía trabajar para su subsistencia. Al menos consiguió un trabajo como mesera, pero ella aspiraba algo más grande como casarse con un sultán de riquezas infinitas.

Pero su problema era su altura: Medía como 1,80, por lo que se le dificultaba tener novio ya que los chicos tenían un extraño prejuicio contra las mujeres altas, como si eso les hiriera sus orgullos. También, era muy fuerte y sabía técnicas de karate. Eso era porque la ciudad era muy peligrosa de noche y, a veces, hacía turnos nocturnos. Entonces aprendió defensa personal para evitar ser presa fácil de asaltantes y violadores.

- Cuando conozca a un millonario, todo eso se terminará – se dijo Macarena, dándose un abrazo mientras volvió a frotar sus piernas - ¡Oh, si! ¡Quiero ser penetrada por un millonario! ¡Perder mi virginidad en una cama cubierta por miles de millones de dólares! ¡Es mi sueño dorado!

Escuchó que su celular emitía un sonido. Era una notificación. Así es que lo revisó y vio que una amiga le etiquetó en una publicación.

- ¿De qué tratará?

Cuando lo abrió, descubrió que era una vacante de secretaria en una empresa bastante prestigiosa, situada en Sao Paulo. Su corazón comenzó a latir, ya que ella había estudiado Excel y cuentas, por lo que ese tipo de puestos iban más acorde a ella que el de una mesera.

- ¡Ya sé! ¡Me presentaré a esa empresa con la ropa de oficina más sexy que tenga! – se dijo.

Así es que buscó entre sus cosas y se vistió una minifalda que apenas le cubría el trasero, una camisa blanca de mangas largas al cuerpo y unos sostenes con relleno, para dar la sensación de que sus pechos eran bien grandes.

Se miró al espejo, pero sintió que algo le faltaba.

- ¿Qué tal un par de tacones altos color rojo?

No tenía uno, pero si unos blancos de aguja alta que decidió pintarlas con un esmalte. Por suerte era de usar mucho rojo, así es que de inmediato lo cubrió y quedaron excelentes.

Después, se pintó las uñas, se maquilló siguiendo un tutorial de maquillaje para conseguir trabajo, se alzó sus cabellos y los recogió en una coleta para mostrar su rostro y se puso un par de lentes sin aumento para dar ese aire de intelectual.

- ¡Bien! ¡Con esto soy como Betty la fea, pero en versión bella! – se dijo, con mucho optimismo.

Sintiéndose toda una empoderada, salió de su cuarto para ir en búsqueda de esa empresa donde necesitaban una secretaria.

- Con esto impactaré al jefe. Y, quién sabe, quizás lo enamore con mi carisma y sensualidad y logre salir de la pobreza.

Pero apenas puso un pie fuera de la residencia, un intrépido automovilista pasó delante de ella y casi pasa a mejor vida.

Por suerte, el conductor logró detenerse a tiempo.

Y quien conducía era Richard.

Mientras Macarena se masturbaba, Richard había estado recorriendo la ciudad en busca de una secretaria ideal. Pero mirara donde mirara, no encontraba a la chica perfecta a quien le daría el puesto y la convertiría en su sumisa.

- ¡Todas son especialmente horribles! – pensó el hombre, desanimado – Bueno, supongo que si alguien lee esto me tildará de superficial, pero no me importa lo que la gente común piense de mí. Solo las opiniones de los CEOs de la Asociación son importantes. A todo esto, ¿será conveniente que amplíe la búsqueda? Quizás más allá de la ciudad si consiga encontrar lo que por tanto tiempo ando buscando.

Y fue así que, entre manejando y manejando, vio que un niño imprudente cruzó la calle sin mirar. Así es que lo esquivó y, por poco, no le chocó a una pobre mujer que estaba saliendo de su casa.

- ¡Justo lo que me faltaba! – se dijo el hombre, entrando en pánico - ¡Debo cerciorarme de que no esté herida!

Pero cuando bajó del vehículo, se sorprendió por lo que estaba viendo.

Era una mujer alta, más alta que él. Y estaba vestida de forma muy provocativa, pero, ahora que estaba en el suelo, podía verle su bombacha rosada asomándose debajo de su minifalda. Su corazón comenzó a acelerarse rápidamente, al punto que se llevó una mano en la entrepierna temiendo que su pene lo traicionara en esos precisos momentos.

“¡Tranquilízate, amiguito!”

De inmediato, se acercó a ella, extendió su mano y le dijo:

- Discúlpame, señorita. Deja que la ayude.

Macarena también se sorprendió. Delante de ella había un hombre con un lindo traje, bastante delgado para su gusto pero que tenía un lindo rostro. Su mentón ovalado, con unos pómulos marcados y unas cejas bien perfiladas que lucía encima de sus ojos solo le indicaban una cosa:

“¡Es un millonario!”

Aparte de es, se fijó en su auto cero kilómetros de una marca rarísima que parecía ser sacada de las mismísimas fábricas de Elon Musk. Por un instante, pensó que de verdad murió y ahora se encontraba en el paraíso, pero el hombre la hizo regresar a tierra cuando le preguntó:

- ¡Oye! ¿Estás bien? ¿No te lastimaste? ¿Verdad?

La mujer reaccionó rápidamente tomándole de la mano y le respondió:

- Muchas gracias, caballero. Pero… ¡Ay! ¡Me torcí el tobillo!

Richard entró en pánico

- ¡La llevaré de inmediato al hospital!

- ¡No hace falta! – dijo Macarena, entrando en pánico – lo siento, pensé que se me dobló el tobillo. Pero son mis tacones los que se rompieron.

Richard miró sus zapatos. Notó de inmediato que estaban mal pintados, así es que se le ocurrió una idea.

- ¿Qué le parece si le compro un nuevo par y la invito a cenar? Es para compensarle el daño que le causé en este instante

Macarena sonrió. Ya había conseguido atrapar a ese hombre. Así es que respondió:

- Sí, con mucho gusto, señor. Muchas gracias.

Y, juntos, subieron al auto.

Capítulo 3

Primero fueron a una tienda de zapatos muy chic que, en circunstancias normales, Macarena nunca iría porque cada par costaba lo mismo que el alquiler de su piso. La joven señaló un bonito par de tacones rojos, pero Richard se burló diciendo:

- ¡Esos solo los usaría María la del Barrio! ¡Te compraré un par de tacones dignos de una Kardashian!

Y la chica de la tienda le mostró un par de tacones aguja fina, de un tono rojo pero con diamantes incrustados en las orillas. Y unos hermosos rubíes cosidos al centro era lo que le otorgaban un brillo especial.

De inmediato, Macarena sintió que se le caía baba en la boca. No podía creer que aquel desconocido le compraría unos tacones que ni en sueños pensó usarlas. Desde el fondo de su mente, se propuso conquistarlo a como dé lugar.

- ¡Son hermosos! ¡Gracias, señor!

Richard, de inmediato, se sonrojó. Era la primera vez que se sentía cómodo con una mujer ya que, por lo general, siempre se comportaba tímido con ellas. Y es que siempre se sentía intimidado por ellas ya que, apenas lo veían, sentía que éstas lo juzgaban duramente con tan solo una mirada. Pero Macarena era diferente: espontánea, sincera y directa. Todo eso lo adquirió gracias a su falta de educación y necesidad de sobrevivir en un mundo donde el dinero era lo que mandaba.

- Llámame Richard. ¿Y tu nombre es..?

- Macarena.

- Bien, Macarena. Ahora vamos a cenar. Tengo una oferta que puede interesarle.

- ¡Por supuesto, señor Richard!

Salieron de la tienda y se dirigieron a un restaurante de lujo, cuyo nombre es tan extravagante que no lo voy a escribir aquí. Solo decir que era muy chuchi, donde sirven caviar y platillos hechos con carne de unicornio o algún ser mitológico ya que los precios eran tan exorbitantes que se necesitaría donar un riñón para degustarlos sin culpa.

Cuando el mesero vio a Macarena, alzó una ceja y la miró de arriba y abajo, como si fuese un esperpento. Pero luego se fijó en Richard, quien estaba prolijamente vestido como todo CEO de empresa prestigiosa y, al instante, aligeró su expresión diciendo:

- Bienvenido señor, ¿ha hecho una reserva! Permíteme mostrarle el mejor asiento para usted y su… ¿esposa?

- Gracias, buen hombre. Nos gustaría iniciar con las bebidas, así es que tráigame el mejor vino de la casa

- Enseguida, señor.

Fueron guiados a una mesa, mientras que Macarena no paraba de mirar a los alrededores. Al ser un restaurante de lujo, habían muy pocas personas, pero todas ellas estaban bien vestidas y elegantes. Cerca de su mesa, vio a una dama con un vestido negro al cuerpo, un collar de perlas que rodeaban su cuello y un hermoso anillo de diamantes, cuyo brillo le hacía recordar a una estrella.

El mesero se acercó con el vino y sirvió primero a Richard para que lo degustara. El CEO lo probó y murmuró:

- Perfecto. Dime, Macarena, ¿bebes?

- ¡Si, claro! – respondió Macarena, saliendo de su ensimismamiento.

- Sírvele un poco de vino a la dama, por favor.

- Enseguida, señor.

Una vez que Macarena también tuvo su vino, ambos brindaron y bebieron a gusto.

- Esto es más de lo que había soñado – dijo Macarena - ¿No será algún traficante de personas?

- ¡No! ¡Claro que no! – dijo Richard, entrando en pánico – en realidad, estoy compensándola por casi haberla atropellado y… además…

Richard enmudeció de pronto, ya que no estaba segura de si decirle la verdad de su extraña afición siendo una desconocida. Macarena, por su parte, lo miró expectante para saber qué más quería decirle, dispuesta a aceptar cualquier oferta que la llevaría a mejorar su calidad de vida.

Tras un breve silencio, Richard dio un suspiro y decidió sincerarse con ella, explicándole:

- Estoy en un serio aprieto. Verás, soy un CEO y pertenezco a la Asociación Cultural de CEOs Encuerados. No sé si escuchó sobre eso.

- Sí, escuché rumores. Pero no los tomé en serio.

- Pues los rumores son ciertos: ahí, los CEOs nos reunimos para dar informes de avances en nuestras empresas... y relaciones amorosas. Y estoy en mala racha porque ya llevo tiempo a la asociación y no tuve suerte en el amor.

- ¡Oh, qué lástima!

- Y entonces decidí abrir una vacante de secretaria para, luego, que podamos tener una “relación prohibida” y consumar nuestro amor. Ese tipo de romances es lo que más atrae a la asociación no sé por qué. Quizás por el tema de que lo prohibido siempre atrae, ja ja ja.

Richard, repentinamente, se puso nervioso. No sabía por qué le estaba contando todo cuando ni siquiera sabía quién era. Así es que esperaba que ella lo viera como bicho raro, se levantara y lo dejara plantado ahí con la cuenta en mano.

Pero, repentinamente, vio que Macarena cruzó las piernas, las frotó y, con ojos vidriosos, le dijo:

- ¡Ay, que casualidad! ¡Justo estaba buscando un puesto de secretaria porque me despidieron en mi trabajo de mesera!

Eso último era mentira, pero pensaba que si quería causar un mayor impacto, debía dar una imagen de lástima a su futuro novio millonario. Y, de paso, largarse de ese lugar tóxico, lleno de clientes pervertidos y compañeras de trabajo fastidiosas que eran más falsas que DVD vendido en la calle.

- ¡No te imaginas lo que me pasó! – continuó Macarena, tomando una servilleta que estaba sobre la mesa para enjugarse sus ojos con ella – Yo estaba trabajando tranquilamente en mi trabajo hasta que un niño se cruzó por mi camino, tropecé y derramé la comida a un cliente. El jefe me despidió y ahora vivo en una pieza de una residencia de mala muerte. Pero si sigo así, terminaré viviendo en las calles. ¡Ay, con lo difícil que es conseguir trabajo! ¿Qué será de mí, si solo soy una pobre huérfana solitaria que no tiene dónde caerse muerta? ¿Acaso mi destino es ser mendiga… o prostituta? ¡No! ¡No quiero prostituirme! ¡Quiero entregar mi virginidad solo al hombre de mi vida!

“Pobre, huérfana… ¡y virgen! ¡Es la sumisa perfecta!” pensó Richard, con optimismo.

- Oh, no llores. Si quieres, puedo recomendarle a mi empresa que te den el puesto de secretaria. Les hablaré muy bien de ti. Hasta falsificaré tu CV para que te acepten más rápido.

- ¿De verdad harías eso por mí?

- ¡Claro! Dije que te recompensaría por casi haberte chocado. Y a la vez, me ayudarás a ser el ídolo de la asociación. ¿Trato hecho?

- ¡Trato hecho!

Se estrecharon las manos en señal de cerrar el acuerdo y, mientras cenaban caviar venido de las místicas tierras de la India, cada uno en sus mentes pensaban que habían ganado esta partida:

“Por fin tengo a mi sumisa. ¡Dejaré de ser la burla de la asociación! Aunque es muy alta para mi gusto, pero no importa. A estas alturas, no me conviene ser tan exigente. Por lo menos está guapa, quizás pueda contratar a un asesor de imagen para que la oriente en su vestimenta y quedará perfecta”

“Al fin saldré de la pobreza. No será apuesto y es más bajo que yo pero… ¡a quien le importa! Lo que importa es lo que lleva entre sus piernas… y sus bolsillos. Se ve algo ingenuo, así es que podré manipularlo para que se enamore de mí y quedarme con su fortuna”

Salieron del restaurante, tomados de las manos. Richard la acompañó hasta su casa y Macarena le dijo:

- Muchísimas gracias por su generosidad, señor Richard. Mañana me presentaré en la oficina.

- La estaré esperando, señorita Macarena. Hablaré con los de Recursos Humanos para que te acepten de inmediato.

Macarena entró a su cuarto rentado, se sacó sus tacones recién comprados y comenzó a saltar de la alegría. Todavía no podía creer lo que le acababa de suceder, pero sucedió. Y estaba dispuesta a todo para no perder esa oportunidad de al fin poder salir de la pobreza.

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