Por la tarde Marianne acudió a su cita con Christopher, se verían en la iglesia, Marianne ayudaba con el catecismo así que cuando termino de dar las clases Christopher paso por ella.
—Christopher
—Marianne
Christopher tomó las manos de Marianne y les dio un beso, la llevó hacia una banca en el patio de la iglesia para poder platicar.
—Christopher, te extrañe tanto
—Yo también, amor mío, mi Marianne. Necesito hablar contigo, ha surgido un imprevisto, mi batallón partirá en unos días del pueblo
—Pero Christopher…
—Marianne, quiero pedir tu mano cuanto antes, no quiero irme sin antes saber que te convertirás en mi esposa a mi regreso
—Christopher. Me haces tan feliz
—¿Tú crees que me pueda presentar ante tus padres mañana por la mañana?
—Si claro que sí, Christopher, mis padres son especiales, pero cuando vean que tus intenciones son serias conmigo no tengo duda que te aceptaran
Christopher tomó suavemente la barbilla de Marianne y le plantó un dulce beso, que a ella le llegó al alma, lo amaba tanto en tan poco tiempo, ella se fue rápidamente a su casa, no sin antes mandar una nota a Amanda con las buenas nuevas y platicarle a su hermano de las intenciones de Christopher. La noche pareció larguísima para Marianne, quien por la mañana se levantó muy temprano, se puso uno de los vestidos más hermosos que tenia y bajo a desayunar con sus padres, un poco después del desayuno, la campana de la puerta sonó y Maria el ama de llaves abrió la puerta, todos estaban en la sala así que cuando Maria anuncio al Teniente Christopher Blackburn hubo una sensación extraña en el ambiente, pedía hablar con el Sr. y la Sra. Cooper, quienes lo pasaron al estudio.
—Buenos días Sr. y Sra. Cooper
Charles Cooper se sentó detrás de su elegante escritorio y su esposa Julianne se colocó junto a él, de pie.
—Buenos días Teniente Blackburn? Disculpe, pero a que debemos su visita, no lo conocemos ¿o si?
—No Sr. Cooper pero yo conozco a su hija Marianne y he venido aquí a hablar de ella
—¿Marianne?
—Si Sra. Cooper yo… su hija y yo estamos enamorados y he venido aquí a pedir su mano
Julianne Cooper inspeccionó el aspecto de Christopher, aunque este era bien parecido y portaba ropas militares, se dio cuenta de que no contaba con una gran fortuna, por lo menos a primera vista eso es lo que parecía.
—Casarse con mi hija, Teniente Blackburn. ¿Usted que puede ofrecerle a mi hija?, porque como vera ella está acostumbrada a los lujos, a la buena vida
—Lo sé, Sra. Cooper, y aunque por el momento no cuento con una fortuna, solo con una finca en el interior del país, le aseguro que haré mi mayor esfuerzo por cuidar y amar a su hija, además estoy próximo a ser ascendido a Coronel y entonces…
—Lo siento, Teniente Blackburn pero no podemos permitir que mi hija se case con usted! Usted no está al nivel de mi hija, Coronel, ¡y no permitiremos su matrimonio!
—Pero Señores, su hija y yo estamos enamorados…
—Silencio, Teniente, puede usted abandonar mi casa y no quiero volver a verlo cerca de mi hija, ¡me entendió, váyase!
Julianne Cooper había hablado que no permitiría que ese coronel sin fortuna se casara con su hija, le buscaría un mejor partido o dejaría de llamarse Julianne Cooper.
Christopher salió triste del estudio de los padres de Marianne lo esperaba afuera con una sonrisa que se desvaneció al ver el rostro derrotado de Christopher.
—¿Christopher que paso? ¿Porque tienes esa cara?
—Tus padres se han opuesto a nuestro matrimonio, Marianne
—Pero…
—Han dicho que no estoy a tu altura y que me aleje de ti. Pero no lo haré, te amo, Marianne y te voy a hacer mi esposa, así sea contra la voluntad de tus padres, te veré mañana al amanecer, vendré por ti y nos iremos juntos
—Pero Christopher….
—¿Me amas Marianne? ¿En verdad me amas?
—Con toda mi alma Christopher
—Entonces nos vemos mañana al amanecer
Christopher había dejado a Marianne con una promesa de que volvería y ella la abrazaba fuerte en su corazón, pero no sabían que Julianne había escuchado todo y estaba planeando separarlos definitivamente.
…
—Edgard apenas puedo creer que seas Conde —Jason, el mejor amigo de Edgard, multimillonario, se burlaba de su amigo que siempre había creído que la nobleza y los títulos estaban de más.
—Deja de burlarte, Jason, solo lo acepté por Carl y Helena, ellos prácticamente me obligaron a aceptar el título y la fortuna, además que pretendo ayudar a mucha gente con ese dinero, no como mi padre que era un rufián —el padre de Edgard, el Conde de York había sido un hombre cruel que nunca había ayudado a la gente de su ciudad, además había abusado de la madre de Edgard quien había muerto al nacer él.
—Eso me parece excelente, amigo Conde
—Deja de llamarme así, Jason o…
—¿O qué? señor Conde de York ¿me mandara a arrestar?
—¡Podría hacerlo, pero sabes que jamás utilizaría el poder de esa manera, Jason!
—Lo se Edgard, oye y ¿cuándo iremos a ver la hacienda de tu padre y sus negocios en ese pueblito?
—¿Te parece bien salir mañana?
—Claro que sí, Edgard, estoy ansioso de salir de aquí, no te ofendas, pero no hay mucho que hacer, además no sé porque tengo el presentimiento de que ese viaje resultara provechoso.
Edgard el nuevo Conde de York llegaría al día siguiente al pueblo donde vivía Marianne Cooper, quien en estos momentos se encontraba en su habitación llorando su desgracia, no podía decirle a nadie que pretendía escapar con Christopher, Amanda la reprendería, y Emmanuell lo impediría, pero su madre ella tenia sus propios planes y los estaba llevando a cabo.
El día que Marianne huiría con Christopher era domingo así que toda su familia acudió a misa, Marianne buscaba a Christopher entre la gente, pero no lo encontró, lo cual le pareció sumamente raro, ya que siempre lo veía ahí.
Al salir de la misa una mujer joven más o menos de la edad de Marianne con dos niños de la mano y uno en brazos se acercó a ella.
—¿Usted es la Srita. Marianne Cooper?—
—¿Si de donde me conoce?
—Usted no me conoce a mi pero si a mi esposo, el Teniente Christopher Blackburn
Los ojos de Marianne se llenaron de lagrimas, no podía creer lo que estaba escuchando, esa mujer decía ser la esposa de Christopher, tenia 3 hijos los cuales se parecían mucho a él, cabello negro y tez morena.
—Debe de haber un error, el Teniente Christopher Blackburn no puede estar casado ¿estamos hablando de la misma persona?
—Esta es su fotografía, mire señorita
La joven le mostró una fotografía de Christopher, de su Christopher, era él, le había mentido, pero no podía creerlo, debía verlo a la cara y saber la verdad, lo esperaría esta noche y lo enfrentaría.
—No puede ser, es una mentira, mentira —Marianne corrió y Emmanuell la siguió, cuando se perdieron de vista, su madre se acercó a la joven y le entrego un fajo de billetes.
—Bien hecho muchacha, aquí está tu pago, aléjate del pueblo y no vuelvas jamás
—Julianne ¿no crees que llegamos demasiado lejos, con esto y con el arresto del teniente? —Charles Cooper había hablado con el General del Batallón de Christopher y había logrado que lo acusaran de un crimen y lo arrestaran llevándoselo preso a una isla.
—No, no llegamos demasiado lejos, esto es justo lo que necesitamos para lograr que Marianne se alejara de ese patán muerto de hambre
Marianne lloró y lloró y esperó, tenía la esperanza de que Christopher llegara como lo había prometido pero no lo hizo, se sintió destrozada, pasó un par de días llorando hasta que su madre la hizo bajar.
—Marianne, hija, sé que estas dolida, pero por algo no permitimos que ese joven se casara contigo, era un cazafortunas que solo quería tu nombre y apellido
—Mamá
—No quiero oír más. No quiero verte así hija, ¡así que arréglate porque esta noche iremos a una fiesta!
—Mamá, no estoy realmente de humor de ir a ninguna fiesta
—Marianne, debes distraerte, además no te estoy preguntando, es una orden
Marianne subió a su recamara, mientras su madre se quedaba platicando con su padre.
—Julianne ¿por que obligas a Marianne a ir a esa fiesta?
—A esas fiestas solo acude lo mejor de la sociedad, y he escuchado rumores que un Conde está en el pueblo, ¿no te parecería maravilloso emparentar con alguien de la nobleza?
—Pero Julianne, no estoy tan seguro que la idea de casar a Marianne funcione
—Funcionará, Charles, funcionará
Marianne se había vestido muy a su pesar, se había puesto un hermoso vestido de brocado rosa con beige, había recogido su cabello en una media cola con bucles cayendo por toda su espalda, su cabello oscuro contrastaba con su pálida piel, no ocupaba colorete ya que usualmente se sonrojaba mucho, sus labios eran rosas y sus pestañas negras, largas y espesas, parecía toda una muñeca de porcelana, con esos profundos ojos color chocolate.
Los cuatro Cooper llegaron juntos a la fiesta. Marianne sabría que no se divertiría ya que Amanda usualmente no era invitada a este tipo de eventos de sociedad, se sentó en una orilla del enorme salón junto a su hermano Emmanuell quien ya estaba buscando que tomar, que comer y con quien bailar.
Julianne se encontraba platicando con otras mujeres del pueblo, todas hablaban de una sola persona. El Conde de York, joven heredero de una gran fortuna, en cuanto Julianne lo vio, supo que seria el candidato ideal para Marianne, así que se acercó a él disimulando chocar accidentalmente.
—Oh discúlpeme ¿se encuentra bien? Oh si, fue una torpeza de mi parte. No lo había visto antes por aquí, señor ¿es usted nuevo en el pueblo?
—Este si, vine a arreglar unos negocios de mi padre. Pero soy muy descortés no me he presentado mi nombre es Edgard Barrington!
—El Conde de York, Edgard William Barrington querrá decir, ¡querido amigo! — Jason lo molestaba de nuevo con ese titulo, que tan engorroso le parecía a su amigo.
—¿Conde? Entonces disculpe mi torpeza debería llamarlo su majestad o algo así — repuso Julianne en un tono lambiscon que no le gustó nada a Edgard.
—Claro que no, mi señora, solo llámeme Edgard Barrington, ese es mi nombre
—Entonces, mucho gusto Sr. Edgard Barrington yo soy Julianne Cooper, y es usted bienvenido a mi hogar cuando guste
—Muchas gracias por su invitación Sra. Cooper pero no pasare mucho tiempo en el pueblo
—Es una lastima realmente, me hubiera gustado que conociera a mis hijos. Ah, mire ahí están Marianne y Emmanuell —Julianne les hizo una seña a sus hijos quienes acudieron hacia donde ella se encontraba.
En ese momento Edgard la vio, venia caminando como un ángel hacia él, tenia los ojos más hermosos que jamás haya visto, y la piel de un hermoso color porcelana, era un ángel caído del cielo, hermosa e inocente, no podía dejar de mirarla, hasta que Julianne se la presentó.
—Ellos son mis hijos Emmanuell y Marianne! Hijos, les presente al… ! —Edgard la interrumpió tomando la mano de Marianne para besarla, no permitiría que ese ángel lo conociera por su titulo primero que por su nombre.
—Edgard William Barrington, a sus pies, Srita. Marianne Cooper