Capítulo 2

En otro punto del pueblo, Emily estaba recogiendo un par de flores, estas las usaría para hacerle un pequeño ramo de flores a su madre; ella amaba tanto las flores silvestres que sin duda le sacaría una pequeña sonrisa. 

Frente a ella cruzó el auto negro de Maxwell, al ver que era de color negro, su cuerpo se tensó y buscó en dónde esconderse. Los rumores que hablaban acerca de un hombre que tomaba a la fuerza a mujeres para poder venderlas como si fueran mercancía, había recorrido el pueblo entero hace apenas unos días.

Al ver la matrícula, se dio cuenta de que era de la ciudad en la que ella vivía, lucía similar al auto de su jefe, pero… ¿Qué haría Jeremy en este lugar? Este definitivamente no era el estilo de ese joven presidente ejecutivo, si no recordaba mal, él había dicho que jamás pondría un pie en ese sitio.

—Es muy infantil de su parte, por lo menos, no debería utilizar un vehículo tan lujoso en un camino como este, sus neumáticos no podrían resistir las rocas o baches — rechistó la chica al ver que el auto de Maxwell estaba ya un poco lejos.

Por su parte, el conductor había visto por el retrovisor que la joven había salido de su escondite, él pensó que se trataba de Elisa, por lo tanto, frenó su vehículo y descendiendo de él, corrió en su dirección.

Ella lo notó y sin importar que no hubiera detallado el rostro del hombre, no era absolutamente similar al de Jeremy, el cabello de su jefe era color negro, el de Maxwell, por el contrario, era de color claro. 

Las cortas piernas de Emily se movían lo más rápido que podían, tenía miedo de que terminara tropezando con una piedra y cayera al suelo, quedando así, indefensa frente al hombre que él estaba persiguiendo.

—¡Eli! — exclamó Maxwell con la esperanza de que hace unos minutos él hubiese visto mal y se tratara de un espejismo.

Tenía la leve esperanza de que su compañera se decidiera regresar, y que a causa de la vergüenza y timidez por lo que sucedió, ella estuviera escapando de él.

Los pasos de Emily se detuvieron al escuchar algo similar a su nombre ¿Ese tipo la conocía? ¿Quizá se trataría de algún enviado de su jefe? A pesar de eso, un escalofrío recorrió su cuerpo y regresó a su plan inicial de escape, logrando llegar hasta el restaurante de su madre.

—¡Mamá! ¡Mamá! — exclamó la joven sintiendo que su corazón se saldría por la boca, apenas cruzó por la puerta del mostrador, se dejó caer en el suelo mientras sentía que iba a morir.

—¿Qué sucede? — preguntó la señora frunciendo el ceño, no era la primera vez que su hija actuaba de esa manera, y estaba convencida de que tampoco sería la última. —¿El cerdo de tu primo otra vez te estaba persiguiendo? — Una pequeña risa se escapó de los labios de la mayor.

Segundos después, la puerta del restaurante se abrió revelando a Maxwell, quien con desespero buscaba a su Eli, al ver a la señora le preguntó acerca de la chica, sin importar de que ella dijera que no conocía a nadie con ese nombre, el joven presidente ejecutivo no pareció creerle. Por lo que, esperando a que ella no pudiera esconderse más, le pidió una gran cantidad de comida a la encargada del lugar.

Emily permanecía escondida debajo del mostrador, sentía que sus piernas se estaban acalambrando y si continuaba en esa misma posición podría dejar de sentirlas y no serían útiles para correr si era necesario.

—¿Qué hace un joven tan apuesto en un sitio como estos? — cuestionó la señora con su característica y cálida sonrisa, ella estaba esperando hacer un poco de tiempo para que su hija pudiera encontrar la ocasión para escapar. 

Mientras eso sucedía, Emily apoyó mal su brazo y uno de los platos que su madre tenía en el aparador, cayó sobre su cabeza.

—Vengo por ella — sentenció señalando en su dirección.

—¡¿Por ella?! — exclamó la señora bastante extrañada. —¿Por qué la buscas a ella? — indagó sin señalar que era la madre de la joven. 

La seguridad con la que el joven empresario estaba hablando, la llenaba de curiosidad, hasta ahora había llegado a escuchar de Jeremy, por lo que no le extrañaba que él hubiera decidido conocer el lugar de nacimiento de la joven.  

—¿Es usted el jefe de Emily? ¿Cómo era su nombre? Ah ¡Jeremy! ¿Es usted? — preguntó una vez más sin dar el brazo a torcer, si ese hombre quería acercarse a su hija, tenía que pasar por ella primero.

—¿Jeremy? — cuestionó incrédulo —¡¿Es con ese tarado de Jeremy con el que me estás engañando?! — exclamó furioso viendo en dirección de Emily, la cual no sabía de qué manera actuar, pues todo esto era demasiado extraño. En ese momento, Maxwell detalló la frase que había salido de los labios de la señora —¡¿Emily?! — exclamó por segunda vez.

—Sí, ese es el nombre de mi hija, Emily — sentenció la señora elevando una de sus cejas, parecía que el hombre se había golpeado muy fuerte la cabeza, por lo que ya se encontraba delirando —¿Le parece que vayamos al médico? No parece estar bien del coco — comentó la señora con un poco de preocupación.

—Esto es imposible — balbuceó llevando sus manos a la cabeza, se sentía como un completo estúpido. —Su rostro luce exactamente igual al de Elisa — masculló llevando una de sus manos al bolsillo y en ese momento sacó una fotografía en la que estaban los dos.

La señora sintió una gran lástima debido a él; sin embargo, Emily se sentía descansada al no tener parte en ese gran alboroto que se había desarrollado frente a ella.

—Ahora comprendo la confusión… Emi, mira — dijo la señora señalando la fotografía.

Los ojos de la joven se abrieron tanto que parecía que en cualquier momento podrían salir de sus cuencas.

—Son bastante parecidas, pero yo recuerdo perfectamente solo haber dado a luz a esta revoltosa — cuchicheó.

—No comprendo ¿Por qué razón huyó de mí si no me conocía? — preguntó el joven un poco extrañado y levemente ofendido.

—Por esa misma razón, porque no lo conocía… ¿Usted cree que me voy a quedar parada como tonta esperando a que me secuestren? — regresó la pregunta con suma obviedad mientras chasqueaba la lengua. 

Su estadía en la ciudad le había enseñado a no confiarse en nadie; sin embargo, su pasión por descubrir nuevos lugares la había llevado dónde estaba, trabajando para una de las empresas de entretenimiento más populares del país, y, debía admitir que el presidente ejecutivo de esa compañía era bastante amable, además de guapo.

—¿Y usted? ¿Qué hacía persiguiendo a una dama? Sé que no es un pervertido — dijo la señora —bueno, al menos espero pensar eso — levantó los hombros. —Cuéntenos su historia, así llegaremos a saber si nuestra ayuda puede ser útil, quién sabe si sepamos algo relacionado con la mujer que busca.

—¿A ella la secuestraron? — pregunto Emily con curiosidad —la manera en la que usted observó en mi dirección mientras me seguía, me hizo creer que estaba bastante desesperado. Eso solo sucede cuando una persona desaparece… O escapa — masculló eso último desviando la mirada. —No quiero sonar entrometida, pero podríamos ayudar — aclaró sentándose frente al hombre con bastante interés, y era que había aprendido demasiado de su más grande ejemplo: su mejor amiga.

Capítulo 3

Maxwell no se sentía tan cómodo con decirle a todo el mundo lo que había sucedido en esa mañana; sin embargo, también estaba convencido de que Emily necesitaba una explicación de lo que había pasado, por lo menos ella. 

Abriendo sus labios se dedicó a relatar cada uno de los hechos; por cada frase que decía, las mujeres se ponían mucho más cómodas, y Maxwell comenzaba a trazar mentalmente un nuevo plan para poder librarse de dar una mala imagen frente a sus conocidos.

Agradecía el hecho de que ambos se hubieran abstenido de revelar su relación a los medios antes de tiempo, por lo que, lo único que debía hacer era conseguir quien pudiera reemplazar a Elisa; debido a algunas fotografías que rondaban a internet, el rostro de la chica había sido revelado, mas nadie sabía con exactitud de quién podría tratarse. La joven que estaba en frente de él sería la candidata perfecta; sin embargo, ¿Ella aceptaría casarse con él durante un periodo de tiempo?

—Yo creo que sí le montó la cornamenta — masculló Emily elevando sus hombros. —Es una pena, no parece mal chico, solo que tiene un gusto bastante extravagante, como si tuviera suficiente dinero como para arrojarlo por las ventanas.

—Lo tengo — afirmó Maxwell en un tono inaudible de voz.

—Ese tipo de persona no me agrada — confesó la joven sin darle importancia, al fin y al cabo, pensaba ella que esta sería la última vez en la que ellos se verían.

Debido a sus palabras, su madre le dio un golpe en el hombro.

—¡No seas tan irrespetuosa! ¿No consideras que este pobre chico está sufriendo después de enterarse de que lo engañaron y más aún, que lo dejaron plantado el día de su boda? ¿No ves que es un pobre miserable como para que estés diciendo esas cosas delante de él? — la mano de su hija terminó cubriendo la boca de su madre, ahora era la mayor la que estaba haciendo que su hija se avergonzara.

—Me disculpo por lo que dijimos, no se tome en serio lo que escuchó. Le aseguro que para cada encrucijada hay una salida y esto solo le abrirá las puertas a una nueva y sana relación — una sonrisa bastante animada se posó en los carnosos labios de Emily.

—¿De verdad lo piensa? — cuestionó Maxwell observando fijamente a la joven, ella con seguridad asintió. —En ese caso ¿Se casaría conmigo? — preguntó como si se tratara de un asunto de negocios, Emily enmudeció mientras la señora se atragantaba con su propia saliva.

—Señor… ¿Maxwell? — él asintió. —Esto no es a lo que yo me refería, la verdad es que no estoy preparada para contraer matrimonio con alguien que recién conocí hoy. Además de eso, tengo muchos planes individuales que me gustaría llevar a cabo antes de contraer matrimonio — las palabras Emily sonaban tan seguras que le parecían falsas al joven presidente ejecutivo.

—No le estoy pidiendo que se case conmigo para siempre, solo que… finja ser mi esposa por algún tiempo, solamente para proteger mi imagen y la imagen de mi compañía… No solo es eso, mis abuelos están bastante ancianos y esperaban verme casado el día de hoy, de hecho, tomaron un viaje de más de diez horas con la intención de ver a su único heredero poder casarse… ¿Le parece justo que su largo viaje fuera en vano y que además de eso lograran ver la vergüenza en el rostro de su hijo? — Algunas de las palabras que había dicho el empresario eran un poco exageradas. De igual manera, conocía que, si no la lograba convencer, no habría otra persona que luciera tan idéntica a Elisa, además de eso, no había tiempo para que algo más se le ocurriera.

—Creo que no está entendiendo el punto, en mis planes no está casarme de ninguna manera, además de eso, no puedo dejar a mi madre sola — aseguró intentando excusarse. Ese hombre no sabía que ella no vivía aquí, así que por lo menos debía intentarlo.

—No te preocupes por mí, es hora de que mi pequeña avecita extienda sus alas y vuele lejos — contestó la mencionada lanzando a su hija directo al agua.

—Gracias, mamá — se quejó con una muy falsa sonrisa.

—Para eso estamos las madres — sonrió ella imitando la misma acción de su pequeña y única hija.

—¿Entonces? ¿Qué es lo que dice usted, Emily? — intervino el hombre en un tono formal, como si hablara con alguno de sus abogados o trabajadores. —¿Se casaría conmigo? — La joven no podía entender por qué esas palabras salían por sus labios de una manera tan fácil.

¿Acaso le mantenía pidiendo matrimonio a cada una de las mujeres que se cruzaban en su camino?

—Tengo que tomar un poco de aire — sentenció poniéndose en pie. 

El joven presidente ejecutivo, sin pensarlo dos veces, imitó la acción de la pelinegra y caminó detrás de la joven. 

Ella, por más que acelerara sus pasos, no podía escapar debido a las largas zancadas de Maxwell. ¿En qué momento se había metido en una situación como esas?

—¿De verdad soy tan desagradable para usted? — preguntó el presidente ejecutivo intentando hallar una respuesta razonable frente a aquel rechazo.

—Me estoy cansando de esto, señor Maxwell. Le he dicho numerosas veces que no deseo casarme con usted. 

De esa manera le dieron cerca de tres vueltas al restaurante mientras la señora los contemplaba por una de las ventanas soltando ruidosas carcajadas. Maxwell insistía todo lo que podía, mientras veía que el rostro de Emily se había enrojecido por completo. 

¡¿Acaso ese hombre no sabía qué era lo que un «no» significaba?!

—Piénselo mejor, es algo que podría beneficiarnos a ambos… — insistió sin mostrar intención de rendirse.

—¡¿Cuántas veces debo repetirle que no me casaré con usted?! — exclamó Emily lanzando una maceta en dirección del apuesto presidente ejecutivo.

—Todo el mundo tiene un precio, dígame cuál es el suyo — insistió, luego de que la munición de Emily impactara el suelo.

La joven no podía creer que ese hombre estuviera hablando en serio ¡Era una completa locura! ¡¿Quién en su sano juicio se llegaría a casar con alguien que jamás había visto en su vida?! 

Además de que hablara de un precio, ¿ese hombre no tenía conocimiento acerca del valor de la libertad? Era demasiado para tolerar, habían pasado demasiados minutos y él no desistía.

—¿Mi precio? ¡Ja! — se burló bastante exasperada. —No hay nada que valga más que mi libertad — expuso con seguridad, señalándose a sí misma con firmeza.

—¿De verdad? — una de sus cejas se elevó y tomando su chequera escribió una cuantiosa suma de dinero —este será tu salario si aceptas en este momento — Una sonrisa ladina se posó en su rostro mientras veía la expresión incrédula de Emily.

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